EL INFANTE PERDIDO

Texto del mes seleccionado en el Taller Literario “Párrafos Atenienses”

Por MARTA ZAMBUDIO MESEGUER

No parecía real, empero a día de hoy me evoca a una apología del más vívido de los sentimientos vividos en esta vivaz aventura a la que acostumbramos tildar de vida.

Lógicamente, y más todavía siendo una pueril criatura frente a lo desconocido e ignoto, no me situaba en toda aquella convulsión del todo inesperada para mí, aunque me temo que esto es una condición innata a esta nuestra especie, no nos creemos personajes de la trama de la cual somos los protagonistas, no nos creemos preparados para que empiece el rodaje, cuando verdaderamente, estamos más que hechos para triunfar. Pero a decir verdad, en aquel momento esa oferta me llegó sin buscarla, de manera totalmente fortuita, un juego inminente, como un amanecer en el cual tan solo se perciben los pequeños reflejos bermejos de un sol que asoma denodado y audaz. A una parte de mi ser le gustaba aquello, aquello a lo que un tiempo después sería adicta, y lo mejor, que esa adicción sería recíproca.

Allí estaba yo, frente al mar, teléfono en mano, me sentía valiente, con tanta curiosidad como osadía por aquel providencial y onírico muchacho. Él me había llamado esa tarde, pero yo estaba, junto a mi familia, en el apartamento de la playa de mis padrinos; no esperaba su llamada, así que se la devolví, con la naturalidad del que llama a la puerta de su amigo para tomar café los sábados por la tarde, aunque con cierto grado, cómo no, de nerviosismo, pero siendo este último agradable. Ahora me doy cuenta de la importancia de aquella llamada, y es que no me gusta hablar por teléfono, los que me conocen lo saben, son múltiples las excusas y subterfugios que utilizo para procastinar tal empresa, hasta finalmente delegar en alguien, y es que es una de las cualidades de esta personalidad tan introspectiva, aunque no tímida, es más bien que me canso rápido de la gente, preciso de un oasis con barra libre de ambrosía, paz y autoindagación, en el que en ocasiones solo hay cabida para uno, pero en aquella ocasión todo eso no surgió en mi mente, y si lo hizo, no de la manera que hasta entonces lo había hecho, además, parecía que aquella singladura estaba diseñada por y para dos, con elixir más que suficiente para ambos. Me alejé pues, avisando de que iba a llamarle, sí, como si tal, ya que, al mismo tiempo, no soy de esas personas que ocultan su vida personal, soy transparente, lo que me pasa lo cuento, con quien me pasa, lo cuento, y a la misma vez, me canso de aquellos a los que se lo cuento, es una dualidad cuanto menos, peculiar. Tras unos momentos, lo cogió, no recuerdo la conversación exacta, aunque lo que sí quedó grabado fue ese sentimiento del que quiere estar con alguien, sabiendo que ese alguien quiere estar contigo más que tú con él, pero eso de sentirme deseada, repito, me gustaba, y cada vez más. Finalmente, me transmitió sus ganas de volvernos a ver, de una manera tan sutil como osada, que calaba en mí apaciblemente, sin hacerme sentir mal ni un ápice, me sentía bien, muy bien, a pesar de no saber si quería o no ir. Habíamos pasado juntos la semana, y eso era sábado, nos veríamos domingo -un poco pronto pensé, pero por qué no- sorprendentemente frecuentaba con su familia una tetería muy famosa en un pueblo cercano al mío, como a unos treinta minutos en coche de su ciudad, pero todo eso yo no lo pensé. Nos despedimos y volví con mi familia, el contacto con él, de la manera que fuere, no me turbiaba, sin darme cuenta, provocaba situaciones nuevas para mí, y quizás más para él, me hacía experimentar, sin sufrir, por lo que me dejaba sorprender. Lo que he comentado antes de mi relación con la gente, llamo gente a todo los que no sea mi madre, mi padre y mi hermano, y él, no se aplica a cuando necesito tomar decisiones, a pesar de ser asertiva en mi quehacer, comento y pido consejo y asidero a mi familia, por ende, mi madre estaba al tanto de mi amistad, por aquel entonces, con aquel infante, aunque se podía advertir que la relación tenía una complexión y desarrollo hasta el momento algo inusual y al mismo tiempo veraz, por lo que ella arguyó -si no lo quieres, no vayas, no le hagas ilusiones- , profiriendo un vaticinio de los sentimientos profundos que se estaban cocinando, y yo, tras una enteca dubitación, ya pensando en la ropa que vestiría, dije: voy. Tiene gracia, en vez de un café el sábado por la tarde, acabaríamos tomando un té el domingo, también por la tarde.

A eso de las cuatro me estaba acicalando, y debo admitir que, de no ser por la foto que encabezó un año después nuestro primer álbum, no recordaría el modelo que elegí para la ocasión, y es que no necesitaba alardear de cierta imagen, ni resaltar o guarecerme en determinados aderezos o velos sobre mi nítida imagen, tenía la tranquilidad de gustarle; no me cambié cinco veces, ni me pasé horas frente al espejo imaginándome la óptima versión de mí misma junto a él, algo que sí había hecho con chicos anteriores, por lo tanto, llegué a pensar que, verdaderamente, tanta placidez devenía de mi falta de interés hacia él, de hecho, debo reseñar, que en un primer momento no me pareció lo suficientemente atractivo desde el prisma de mi intelecto y bajo mis juicios de valor en comunión con mi analogía a los precedentes amoríos, aunque en un estadio menos prosélito a esa primera oleada de raciocinios, se encontraba ese sentimiento oculto en el que la belleza alcanza unos umbrales de una asombrosa magnificencia, más allá de lo concreto y tangible.

No parece real, empero a día de hoy me evoca a una apología del más vívido de los sentimientos vividos en esta vivaz y apremiante aventura a la que acostumbramos tildar de muerte.

– Señorita, el cementerio cerrará en breve- dijo el sereno del camposanto.

-Enseguida marcho. Adiós cariño, me están esperando para tomar un té.

Era domingo por la tarde

EL ENSAYO QUE HIERE Y SANA DE JORGE FREIRE

Por VICKY MOLINA

El escritor Jorge Freire (Madrid, 1985) es el reciente ganador del XI Premio Málaga de Ensayo “José María González Ruiz” con su obra “La incesante manía”, en la que el pensamiento se muestra como un revólver en la sien de la agitación permanente y casi siempre improductiva en la que vivimos.

Freire habla para el Blog del Ateneo de Málaga de este libro, que pronto publicará la editorial Páginas de Espuma, en el que se reivindica la función de la filosofía y que seguro arrojará algo de luz a nuestro interior.

Cuáles son las bases de la propuesta constructiva sobre las que se asienta “La incesante manía”

Este libro es tanto una polémica de ideas como una consolatio. En primer lugar, analiza uno de los males que aquejan con mayor saña al sujeto contemporáneo, un problema viejo como el mundo que en nuestros días se agudiza hasta el paroxismo. A grandes rasgos, se asemeja a aquello que según Pascal constituía la fuente de todos nuestros dolores: nuestra incapacidad de estar quietos y a solas en una habitación. En segundo lugar, recupera la vieja noción de pharmakon que, a mi juicio, define la función de la filosofía: por un lado, nos ayuda a curarnos las heridas que los sinsabores de la existencia provocan y, por otro, nos infunde valor para acopiar argumentos con que edificarnos una vida razonable. El ensayo trata de ser, en último término, como la lanza de Aquiles, que hiere y sana.

Celebro, por cierto, que lo definas como una propuesta constructiva. Burke escribió que es más fácil desmontar un reloj y convertirlo en un batiburrillo inservible de piezas que tratar de montarlo y hacer que funcione. Robert Burns dedicó un poema a un ratoncito al que un arado había destrozado la madriguera: ese montón de hojitas / te habían costado agotadoras dentelladas… No es casualidad que ambos escribieran esto en plena Revolución Francesa, cuando los desafueros de la Convención comenzaban a ser evidentes. Es más fácil destruir que construir.

Cree que esa diversión obligada puede responder a una necesidad impuesta de abolir la realidad

Así es. Sostengo que la agitación es uno de esos movimientos apotropaicos que, desde la noche de los tiempos, los grupos humanos ejecutan para espantar aquello que les aterra: su condición finita, su mortalidad. Por desgracia, la realidad es tenaz y termina imponiéndose, pero eso da igual. Los pueblos arcaicos danzaban tres días alrededor del fuego para conjurar la fatalidad; nosotros tenemos el campo de fútbol y la rave, el teatro inmersivo y la performance independentista para hacer más o menos lo mismo.

Entronca de alguna forma su idea del eterno movimiento y constante agitación del individuo con la de auto-explotación, del pensador surcoreano Byung-Chul Han

Comparo al sujeto contemporáneo con la figura del mítico Ixión, atado a una rueda ardiente que gira sin cesar en las entrañas de la tierra, aunque quizá se parezca más al hámster que da vueltas y vueltas. La gran diferencia entre ambos y nuestro coetáneo es que éste se unce a la rueda voluntariamente. Respecto a la auto-explotación de Han, si bien comparte un sustrato común con mi concepto de agitación, media un trecho entre ambos. Lo de Han se parece al modelo de explotación taylorista que un personaje de Sueño crepuscular, de Edith Wharton, establecía para su vida privada. En aras de la productividad, cada tarea quedaba establecida con una precisión inusitada: cinco minutos y medio para sacar al perro, seis minutos para bañarse, etc. La agitación, sin embargo, no es especialmente productiva. Más que explotación, es una suerte de borrachera. Si seguimos la metáfora etílica que moteja de workaholic (o trabajólico) al adicto al trabajo, podríamos decir que la agitación equivale al delirium tremens.

Sería esa obligación de diversión una falsa creencia de que uno se está realizando

Más allá de la diversión, “hacer cosas” y “ponerse las pilas” son en nuestro tiempo mandatos de obligado cumplimiento. No es que este concepto de realización, que encuentra su ideal en el conejito de Duracell, nos obligue a imponernos metas altas y exigentes, sino que éstas son directamente estúpidas.

Es posible la diversión completa de forma virtual, sin la incorporación de todos los sentidos

Divertirse significa girar en otra dirección (di-vertere), como los surcos del arado. Para ello no hacen falta los cinco sentidos ni, naturalmente, atenerse al principio de realidad, pues lo virtual es, stricto sensu, lo contrario de lo real. Ahora bien, uno está en su derecho de pasar el rato tontamente; ¡faltaría más! Otra cosa es, por ejemplo, tratar de erigirlo en modelo pedagógico, como viene haciéndose durante los últimos años. Por mucho que bramen los próceres del “aprender jugando”, sintagma tan bobalicón como negligente, el esparcimiento no puede ser simultáneo a la instrucción, pues está solo se produce por confluencia. Sobra recordar que estar disperso es lo contrario de estar concentrado.

Volverán los niños a ser capaces de divertirse jugando en la calle sin hacer un click…

Desconfío de la nostalgia. Nunca me he creído el manriqueño lema de que todo tiempo pasado fue mejor. Aunque sean más sedentarios y se expongan a los peligros de la tecnología, ¿diríamos que los niños de hoy sean más desgraciados que los que antaño jugaban en la calle? No creo. Otra cosa es que un niño no debería pasar todas las tardes solo, con la única compañía de la tablet. Pero convendremos en que el problema en ese caso no es la tablet. Los niños requieren tiempo. Cuando carecen de presencia cercana, acaban pagándolo.

Cuáles son las manías incesantes de Jorge Freire

Están casi todas descritas en el libro. Soy el principal blanco de mis críticas, por decirlo con la expresión que suelen enarbolar quienes confunden la reflexión razonada con una espingarda llena de pólvora. Aun así, lo cierto es que vengo con la cazoleta cargada y que en este libro tiro a dar…

Nos podría recomendar algunas lecturas “curativas” que inviten a un divertimento lúcido

Basta con que esa lectura nos interpele y arroje algo de luz a nuestro interior, que es, en teoría, donde se agazapa la verdad. Y para eso sirve casi cualquiera. ¿No decía el bachiller Sansón Carrasco que no hay libro malo que no contenga algo bueno? Por eso hay que saber leer entre líneas. Eso, y no otra cosa, es lo que la inteligencia (inter-legere) significa. De todos modos, no tengo claro si los buenos libros curan o enferman… ¿Recomendaciones? Siempre es buen momento para leer las Meditaciones, de Marco Aurelio.

 

 

 

Jorge Freire es filósofo de formación. Profesor y escritor. En 2015 publicó una biografía intelectual de la novelista estadounidense Edith Wharton, titulado “Edith Wharton. Una mujer rebelde en la edad de la inocencia”, publicado por la editorial Alrevés. Su segundo libro, un ensayo sobre el “Casanova de las causas,” Arthur Koestler y la Guerra Civil, bajo el título “Nuestro hombre en España”, también publicado por Alrevés. Freire escribe en El Mundo, Letras Libres y El País.

Lleva además un blog de libros en el periódico digital “The Objective” con el nombre de “Geórgicas”:     https://theobjective.com/author/jorge-freire/

 

El Premio Málaga de Ensayo “José María González Ruiz” es convocado por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga en colaboración con la editorial Páginas de Espuma y ha sido ganado en sus primeras ediciones por Vicente Luis Mora, Ignacio Padilla, Blas Matamoro, David Roas, Remedios Zafra, Cristian Crusat, Miguel Albero, Jorge Fernández Gonzalo, Fernando Iwasaki y Martín Rodríguez-Gaona.

 

  

BOCACALLE grupo literario

 

BOCACALLE, literatura en acción

BOCACALLE Grupo de escritoras y creadoras de Málaga se encuentran cada semana con la palabra. Durante la sesión se acercan a autores, autoras, tendencias, técnicas narrativas, compartiendo lo creado. Actualmente la actividad del grupo se centra en la confección y el impulso de proyectos culturales, así como de novela, relatos y poesía.

Bocacalle (Grupo Literario) está compuesto por Ada Valero, Vicky Molina, Lidia Bravo, Christine Félix, María Luisa Balaguer, Cris Miranda, María Victoria Pérez y Mati Morata.

Entra en el Blog del Ateneo de Málaga, un lugar para la información, las ideas, la reflexión y la creatividad: http://ateneomalaga.es/blog/

Coordina Vicky Molina

 

A TRAVÉS DEL ESPEJO Y EL DIABLO QUE ENCONTRÉ ALLÍ

SECCIÓN AL FONDO DEL DESVÁN

Por Mitchie Martín


«Inyección total de «Gerovital»
demoledor de bien, difusor del mal
apodérate, atrévete
nigromántico, necrofílico
miedo, miedo
solo los cobardes tienen miedo
miedo, miedo
nervios de nylon que me dan miedo
sueños, sueños
danzas peligrosas en mis sueños
vete, vete
ácido aliento de la muerte.
»


 La voz de Tino Casal resuena en mi cabeza mientras mis ojos se pierden en el ‘Espejo’ de Chema Lumbreras.

Al otro lado un diablo me clava la mirada mientras baila sobre las llamas del infierno. Su expresión es burlona, desafiante. Cierro los ojos durante un momento y los vuelvo a abrir. Cuando mi atención se enfoca de nuevo en la criatura me doy cuenta de que está quieta. De hecho, acabo de darme cuenta de que carece de rostro.

A pesar de su pequeño tamaño es una obra que da una increíble sensación de inmensidad conforme más te vas acercando, un diminuto balcón donde asomarse a un abismo azul. Sus llamas nada tienen que ver con el rojo infierno que todos tenemos en nuestro imaginario, pero no dejan de tener un significado oscuro. Ese color simboliza paz, meditación o melancolía en Occidente, pero en Oriente representa la muerte. Un color que sirve como disfraz de cordero a este lobo: un infierno con una apariencia casi inocente.


«Yo te invoco Satanás
no me aburras más
booz adonais lux tenebroe
perderos en la Atlántida
aléjate, esfúmate
perderos en la oscuridad.
»

 

Esta obra se quedó fuera de la selección de su creador, Chema Lumbreras, dentro de una serie sobre el concepto del espejo para una muestra que presentó en la antigua sala de la Diputación de Málaga.

Una exposición fruto de la experimentación del artista durante la búsqueda de sí mismo, cargada de humor e ironía como dictaban los cánones de finales de los ochenta. Fue un delirio total. Incluso su catálogo fue escrito por un amigo de juergas del artista. ¿El resultado? Un texto con la misma cordura que la exhibición de la que hablaba: ninguna.

No es una obra que se tome en serio a sí misma, tampoco lo fue la exposición para la que fue realizada y en la que jamás participó. Todo esto le otorga un aura muy kitsch que le da un sabor especial tanto por su estética como por la historia que le rodea.

¿De verdad que no tenía rostro? Juraría que lo he visto.

 

«Infusión mortal de «Pentotal»

diana la iguana, mecánica rana
apodérate, atrévete
psicofónico, «espídico»
miedo, miedo
hoy los niños ya no tienen miedo
miedo, miedo
nervios de nylon que me dan miedo
sueños, sueños
danzas peligrosas en mis sueños
vete, vete
ácido aliento de la muerte.
»

 

Los espejos, más allá de ser objetos banales, son jueces que muestran tanto la luz como la oscuridad de quien se refleja. Aunque peores jueces somos nosotros mismos delante de ellos. En el momento en el que nos enfrentamos a nuestro “yo” del otro lado comienzan a brotar las sombras hasta rebosar por encima de todo lo demás.

La obra se llama ‘Espejo’, y ¿quién no es capaz de verse reflejado en éste en algún momento de su existencia? Probablemente no haya un mejor análogo del ser humano que el mismísimo diablo. Un individuo pecador por antonomasia, incluso para las religiones es así. Si nos paramos a pensar, para las religiones occidentales Satanás no es otra cosa que la personificación de la naturaleza del ser humano, la misma que arrancó a Eva y Adán del idílico paraíso del Edén.

La propia narración del origen de esta temible criatura da las claves para formular esta afirmación tan atrevida. Lucifer se rebeló contra Dios porque no quería estar bajo su yugo, el de la dictadura del “bien” entendido a través de esta figura de perfección. Con este razonamiento por bandera reunió un ejército de ángeles que estaban de acuerdo con sus pensamientos y comenzó la lucha. Al perderla, porque era evidente que no iba a ganar en esta historia otro bando que no fuese el del Todopoderoso, es desterrado al abismo junto a sus soldados. ¿Por qué se les expulsa? Porque han sido humanos. Han tenido la osadía de desarrollar un pensamiento propio y el hacer caso a su curiosidad les ha llevado a la rebelión, y ya sabemos todos qué pasa cuando se cuestiona a la Iglesia seas ángel o seas humano.

Este espejo es capaz de desnudar la parte más profunda de tu ser, ¿te atreves a mirarte en él?


«Yo te invoco, viejo loco
no me comas el «coco»
azufre, incienso, cenizas, sal
«va de retro” Satanás
inyección de «Pentotal»
y punto final.
»

 

 

(Relato inspirado por la obra ‘Espejo’ de Chema Lumbreras, realizada en 1989 y posteriormente donada al Ateneo de Málaga, así como por la canción ‘Miedo’ de Tino Casal, que me he tomado la libertad de reproducir en mi escrito como parte de la atmósfera narrativa).

 

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

 

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

 

*Pie de foto: ‘Espejo’ de Chema Lumbreras | Catálogo del Fondo Ateneo

POESÍA POWER: La blanca ciudad de Zobeida

Por ADA VALERO

En la blanca ciudad aguardabas la imagen de tu sueño.

Cada nueva vigilia,

alzadas por tu mano, las calles

dibujaban el rumbo de una fuga

convertida en ciudad

y en el insomnio armabas

muros de contención,

desvíos nuevos:

la celada precisa para apresar el cuerpo irrepetible

que sostuvo tu sueño.

Cegada en la memoria de la visión fugaz,

repetía la ciudad su terco itinerario,

inmune a la sorpresa.

Abandona Zobeida

antes que por sus calles ovilladas

se te extravíe el móvil de tu empeño.

Cuando salgas de la blanca ciudad,

por la espalda el deseo

tenderá su cabello en la noche desnuda.

Por la espalda, su abrazo,

y de frente, su beso

encontrarán tus labios entreabiertos.

*Ilustración:  Sergey Tyukanov

BOCACALLE (Grupo Literario)

El Tenorio Modernista de Melitón González

La tertulia La Palabra Creadora, revive la tradición de celebrar a Don Juan Tenorio, con el acercamiento a una versión muy particular

 Sesión presentada por Andrés Hueso

En la tercera cuarta parte del pasado siglo, las fechas del 1 y 2 de noviembre, estaban asociadas al encendido en las casas de unas velitas —lamparillas en platos o tazas de aceite— en recuerdo de los santos y los difuntos; además, con la compra de dalias, crisantemos y claveles, que se llevaban al cementerio para depositarlas en las tumbas o nichos de los familiares fallecidos. Y, además, con la representación, bien teatral, bien en televisión, de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla. Pero estamos en 2019 y ahora estas fechas han sido monopolizadas por la estética, celebraciones y demás ritos de Halloween. Ya lo anticipó Dylan —que resultaría premio Nobel— en 1963 al cantar: «Los tiempos están cambiando».

En La Palabra Creadora, se atiende a la “tradición donjuanesca” del 31 de octubre, con una versión muy particular del texto de Zorrilla: Tenorio Modernista, de Pablo Parellada (de seudónimo Melitón González).

Tenorio Modernista es una parodia, pero no al texto de Zorrilla, ni al mito donjuanesco, sino al lenguaje modernista que explotó en el lenguaje poético —pero no sólo ahí— en los inicios del siglo XX.

De modo que el texto de Parellada se sirve del mismo texto, estructura y escenas de Zorrilla, para reescribirlas en un contexto absolutamente paródico que realiza, tanto en el texto del drama —el lenguaje de los personajes—, cuanto en el espacio del propio autor: título —«Remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos»—, acotaciones a las escenas —«El reloj cambia su esfera por otra transparente que, en vez de las horas, tiene diferentes colores y señala el rojo; de este tono se esplendoriza la escena.»—, la descripción del vestuario —«Doña Inés viste olosérica, verdegayante con brillanteces áureas», eso sí, «maguer modernista smart»»— y el propio título        —«Tenorio modernista» – «Remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos»—.

El lenguaje, pues, constituye la esencia de la obra de Parellada. Don Juan es un poeta que combate el habla “premodernista”, la seducción de doña Inés no es sensual, sino que se rinde a su forma de hablar:

«Silenciad, don Juan, por Dios
que tanta palabra glauca
me perplejiza y embauca
labializándola vos.»

Es imposible abordar en esta reseña el análisis del lenguaje paródico que presenta un gran interés. Sólo como muestra se pueden, citar entre los muchos recursos empleados, la exageración de rimas cacofónicas —«fuegaje / cenizaje; un mañano diciembrero / de celaje cenicero; en casa de un millonado / a la industria dedicado»—; empleo de sufijos cultistas —«movibundo, mancomúnido»—; o la conversión en tiempos verbales de cualquier palabra —«patalallanear, fregoplatear»—.

Tenorio Modernista se estrenó el 30 de octubre de 1906 en el Teatro Lara de Madrid.

Siguen unos breves pasajes con los textos de ambos autores, para entender un poco las características del texto de Parellada.

 

Texto de Zorrilla Texto de Parellada
En la Hostería del Laurel, Don Luis narra sus hazañas para compararlas con las de Don Juan para ver quién gana la apuesta.
D. LUIS.

[…] Allá va.
Buscando yo, como vos,
a mi aliento empresas grandes,
dije: « ¿Dó iré, ¡vive Dios!,
de amor y lides en pos,
que vaya mejor que a Flandes?
Allí, puesto que empeñadas
guerras hay, a mis deseos
habrá al par centuplicadas
ocasiones extremadas
de riñas y galanteos.»
Y en Flandes conmigo di,
mas con tan negra fortuna,
que al mes de encontrarme allí
todo mi caudal perdí,
dobla a dobla, una por una.
En tan total carestía
mirándome de dineros,
de mí todo el mundo huía;
mas yo busqué compañía
y me uní a unos bandoleros.
Lo hicimos bien, ¡voto a tal!,
y fuimos tan adelante,
con suerte tan colosal,
que entramos a saco en Gante
el palacio episcopal. […]

 

D. LUIS.

[…] Buscando mayorizar
de mi hálito los expandes,
dije: ¿Qué mejor lugar
tratando de flanear
más indicado que Flandes?
Movibundo y rapidero,
de Flandes tomé el camino
un mañano diciembrero
de celaje cenicero
verdente y melancolino.
Así que flandequicé,
a un esporman-Club subí,
allí treinta cuarenté,
y dobla que yo jugué
fue dobla que yo perdí.
Al verme tan… desdoblado,
me ofrendé como chofer
en casa de un millonado
a la industria dedicado
del cochaje de alquiler.
Bien me amusé, ¡Sacrenón!,
y manejando el volante
fue tanta mi diversión,
que atropellamos en Gante
a una santa procesión;
gasolineando entre gentes
apostólico-creyentes,
aplasté catorce oblatas,
ocho curas negrescentes
y veintisiete beatas […]

Inicio de la seducción de Doña Inés. Brígida le entrega un libro con una nota de parte de Don Juan; Doña Inés comienza a leerla
«Doña Inés del alma mía.»
¡Virgen Santa, qué principio!
BRÍGIDA. Vendrá en verso, y será un ripio
que traerá la poesía.
Vamos, seguid adelante.
D.ª INÉS.
«Luz de donde el sol la toma,
hermosísima paloma
privada de libertad,
si os dignáis por estas letras
pasar vuestros lindos ojos,
no los tornéis con enojos
sin concluir, acabad.»
BRÍGIDA. ¡Qué humildad! ¡Y que finura!
¿Dónde hay mayor rendimiento?
D.ª INÉS. Brígida, no sé qué siento.
BRÍGIDA. Seguid, seguid la lectura.
D.ª INÉS.
«Nuestros padres de consuno
nuestras bodas acordaron,
porque los cielos juntaron
los destinos de los dos. […]
«Inés, flor de Arimatea».
¡Virgen Santa, qué incipiencia!
BRÍGIDA Vendrá escrito en gaya ciencia,
y el pobre ripioplumea.
Vamos, no fragmenticéis.
DOÑA INÉS «Luz que a febea derrumba,
irisácida columba
mártir de encerrosidad,
si, exorable, en este léxico
abrí vuestros miradores,
no los cerréis con temores
místicos, epilogad».
BRÍGIDA      ¡Qué humildez y qué decires
¡Qué sentires y anhelares!
DOÑA INÉS Brígida, siento temblares…
BRÍGIDA      Seguid, seguid los leíres.
DOÑA INÉS
«Nuestros padres, mancomúnidos,
nuestra emulsión acordaron,
porque entrambos bucearon
en las almas de los dos,          […]
Parte de la “escena del sofá”
Don Juan

[…] ¡Cálmate, pues, vida mía!
Reposa aquí; y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría.
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga, llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor? […]

Don Juan

[…] Deja, pues, neurastenura
y perdona si un momento
saboreo del convento
la nostálgica foscura.

(En la anaclítera.)

¿No es verdad, fauno de amor,
que a la orilla del aguaje
fulge más puro el lunaje
y se halitea mejor?
La brisa que errabundea
entre nimbos de colorios
de los boscajiles florios
que ese fluvio regadea;
el río en que ondulantea
por su transpuril color
el cantoso pescador,
monocorde y monorrítmico,
¿no es verdad, fauno aromítmico,
que son hálitos de amor? […]

 

 

Todas la voces de Juana Ríos

Por MARÍA LUISA BALAGUER

Juana Ríos presenta su novela, “La voz de lo que fuimos” (Editorial Huso) el próximo lunes 4 de noviembre en la Sala Muñoz Degrain del Ateneo de Málaga a las 19:00 hrs.

“La voz de lo que fuimos”, resuena en Algeciras más que en otras ciudades de España. En parte porque en Andalucía, lo que fuimos, en casi todos los sentidos perdura, pero sobre todo porque en Algeciras está el mar, que igual en Málaga, da carácter y personalidad a la ciudad. Los puertos cierran fronteras, pero como diría mi admirada Iris Zavala, son también apertura a mundos y formas nuevas, a posibilidades que creíamos impensables. Quienes vienen traen desde fuera los cambios, nos permiten vidas nuevas ante situaciones agotadas, a veces desesperadas, que pueden cambiar a la vista de un barco.

Juana Ríos escribe nuestra historia, en la de Algeciras y en la comarca del Genal, la de la Andalucía del estraperlo, de las mulas cargadas por las veredas de los cerros, de los cruces al Peñón de las matuteras, con el tabaco, los quesos y los coches de línea, el chantaje de los “civiles”, y los pies reventados de los caminos.

Entre alguna literatura culta, se ha tendido a despreciar el género, si puede llamarse así, de la novela rural. Porque parece de poco interés, quizás en el entendimiento de que va contra la modernidad en la que se quiere ver España desde nuestra entrada en Europa. Pese a “Dos días de septiembre”, “Ágata ojo de gato”, y algunas otras novelas del gaditano más andaluz del siglo XX, la novela rural no ha tenido especial acomodo en la literatura más “mainstream”. Ni Alfonso Grosso en su obra “El crimen de los Galindos”, ni siquiera de fuera de Andalucía el mismo Nobel, con su “Familia de Pascual Duarte”, convencen a los escritores españoles jóvenes de la poética de volver al campo, y la escritura de estos años se vuelve urbanita y condescendiente con las grandes concentraciones humanas.

«La voz de lo que fuimos» es sin embargo una obra claramente marinera y rural, poblada de yeguas y de barcas, de los vientos de Tarifa y los castaños de Ronda. De los ecos de la berrea, que desde Jimera de Líbar hasta Genaguacil se oye por los otoños entre los montes.

Y claro que las cosas que pasaron allí, pasarán en todas partes, pero lo que diferencia a una novela de otra no son los asuntos, sino el lenguaje y las formas con que somos capaces de contarlas. Y Juana ha sabido hacerlo.

Juana Ríos nació en Algeciras, ciudad portuaria.  En 2015 publica con Huerga y Fierro Editorial el poemario «Aduanas de agua» y en este 2019 acaba de salir el segundo, «Peces voladores», publicado por la misma editorial. Ha colaborado en el programa de radio de María Quirós en Onda Cero, así como con publicaciones en la revista Hércules Cultural.

«La voz de lo que fuimos» es su primera incursión en la narrativa, aunque su próxima novela ya está en proceso de creación.

 

 

BOCACALLE (Grupo Literario)

 

 

ESCONDIDA

Texto del mes seleccionado en el nuevo Taller Literario “Párrafos Atenienses”, tras ejercicio inspirado en la exposición fotográfica “La Pena Negra”, de Virginia Rota

ESCONDIDA

Por MARÍA DEL CARMEN RAIGÓN BORREGO

 

Escondida,

abrigada entre mi cuerpo marchito,

colocando el cartel de “está ocupado”,

yace la dama oscura,

en esta historia

el final lo escoge ella,

yo solo soy su huésped honorífica,

la que se queda desnuda

con las manos vacías,

la que susurra voces no escuchadas,

ella me mira y me doblega,

¡mañana no vendrás! le digo,

¡mañana no vendrás!,

mañana…,

pero abrochada a mi piel

tiñe mi ropa con lágrimas de ausencia,

frunce mi corazón

entre sombras desbaratadas.

Ya no es fácil quedarse,

aún peor alejarse,

imposible escapar

sin que su aliento me devore,

solo me queda el tiempo

para refugiarme,

entornar los ojos

y dibujar en el cristal húmedo

tu nombre.

Ella se queda en mí tatuada

para después marcharse lentamente,

mientras siento su beso oscuro

posarse en mis labios.


*Título del cuadro: Mar al Anochecer, de María Borrego (
fotografiado por Mariano Aguilera)

AL FONDO DEL DESVÁN: Otra vez delante de ti

 

Por Mitchie Martín

«Otra vez delante de ti», retumbaba en sus pensamientos una y otra vez. Y cada vez le hacía odiarla más. Odiarla a ella y a la historia. La historia que tantos éxitos le trajo y que estaba a punto de acarrearle la mayor de las desgracias.

Ya no podía soportar a esos personajes, sus enredos y las vidas que él les había otorgado. Se burlaban de él en su cabeza: «Eres imbécil, no puedes huir de nosotros, estás condenado a seguir dándonos vida porque nosotros te la dimos a ti».

Sentía que las teclas de la Royal se le resistían más a cada toque, duras como la piedra. «No podrás con nosotros»,  aullaban desde el papel entre siniestras carcajadas. Cada vez intentaba escribir con más fuerza hasta que el teclado comenzó a resquebrajarse como la superficie de un lago helado. Sus dedos comenzaron a sentirse húmedos, la máquina estaba deshaciéndose mientras intentaba teclear entre lo que ya eran escombros. Hilos de papel y metal derretido se deslizaban desde la parte más alta hasta quemarle las manos.

Huyó al cuarto de baño. Se arrojó el agua más fría que pudo en la cara y las manos, que todavía sentía abrasadas. Se miró en el espejo y volvió la cabeza. La Royal estaba intacta,  había sido una alucinación.

Estaba agotado, tan solo quería acabar esa última novela y que todo terminase para siempre. Pero la gente siempre esperaba más, siempre quería más. Y él no aguantaría más. Solo quería escribir a lápiz las últimas tres letras: F, I, N. La palabra que le regalaría lo que más deseaba: su libertad. O no.

 

 

Relato inspirado por la obra Vicente López de Arroyabe, parte del Fondo Ateneo y perteneciente a la carpeta Ciudad del Paraíso, homenaje a Vicente Aleixandre. Esta cuenta con doce serigrafías de los artistas José Aguilera, Gabriel Alberca, Rodolfo Álvarez Santaló, José Bonilla, José Díaz-Oliva, Vicente López de Arroyabe, Diego Santos, Pedro Maruna, Joaquín de Molina, José Parras, Francisco Peinado y José Quero. Editada por la Diputación Provincial de Málaga en 1979. Incluye un poema autógrafo del poeta y estudio de Manuel Alvar. Se tiraron mil carpetas, de las cuales las 150 primeras llevan los dibujos firmados y numerados por los autores. La culpable de este relato es la número 35, donada al Ateneo de Málaga.

 

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

 

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

 

Una Historia del luto

Por VICKY MOLINA

Entro al Ateneo pensando en los temas del orden del día de nuestra reunión literaria semanal y la mirada desde su inconsciencia, de repente, me da un crujido y despierta en otro mundo.

El ojo se turba entre la espesura misteriosa de lo que parecen cuadros para descubrir que el sfumato es fotográfico. Al principio me siento incómoda, interrogada por fantasmas que reconozco.

Unos cascos inalámbricos que cuelgan junto a los marcos me dan respuestas. Y entonces me cuelo en sus historias, una muestra de Historia sobre la tradición aún viva que acompaña a la muerte.

Detrás de esa estética honda, de la lente inquietante de “La Pena Negra” está Virginia Rota, fotógrafa malagueña a la que no dudo en contactar para saber más de su trabajo, de su proceso creativo:

V.M.: Pintura, cine, danza… Reconoces las influencias de estas artes en tu trabajo. ¿Cómo se te ocurrió añadir audio a las fotografías? ¿Sentiste esa necesidad para completar la historia o la comunicación?

V.R.: La Pena Negra es para mí una especie de archivo histórico (muy pequeño, claro está) de una parte importante de la historia de mi país; mi deseo no era otro que reconstruir la tradición del luto a través de personas que, a día de hoy, aún lo llevasen. En ningún momento encontré que tuviese sentido tomar yo sus voces para el desarrollo de este proyecto; me pareció que era necesario que el discurso y las vivencias de estas personas viajasen de manera directa a los sentidos del espectador.

V.M.: Llama la atención el tema elegido en La Pena Negra, reivindicando de alguna forma la autenticidad y sabiduría rural en esta era tecnológica de máscaras felices, obsesionada con posponer indefinidamente la muerte y ocultarla…

V.R.: Algunas personas que conocimos en los distintos pueblos nos hablaban de la tanatofobia (miedo a la muerte, miedo a morir) que parece haber invadido por completo a nuestras sociedades, sepultando prácticamente todo acto y pensamiento que tenga que ver con la muerte humana. Y creo que tienen razón, la sociedad en la que vivimos funciona de manera muy rápida, limpiando los hechos prácticamente antes de que sucedan, y aunque existe un negocio tremendo y horrendo alrededor de la muerte, el miedo a la misma es súper poderoso y un pilar económico importantísimo; por lo que de nada interesa detenerse aquí.

 

V.M.: ¿Crees que ya has encontrado tu estilo?

V.R.: No ando en la búsqueda de un ‘estilo’. Llegué a la fotografía por casualidad y en seguida me conecté. La imagen, los cuerpos, la luz… Todo esto me parece muy atractivo y me permite estar concentrada en esta sola cosa. Así que no sé si he encontrado mi estilo o no, yo siento que encontré un lugar sencillo y noble en el que estar (hablando de la creación, no del circuito que la rodea).

V.M.: Como Gonard, fotógrafo con el que has descubierto conexión, crees que con tu trabajo, como él dice,  se puede reconocer nuestra «part commune d’humanité» (parte común de la humanidad)…

V.R.: Totalmente, el Arte no hace otra cosa que acercarnos a lo que somos, además de manera directa, sin ningún tipo de prudencia.

V.M.: Cine, teatro, danza… ¿dónde más te gustaría sumergir tu cámara?

V.R.: No hay un lugar en el que más. Me fascina trabajar en danza porque he encontrado personas dentro de ese mundo que me vuelan la cabeza, como Luz Arcas (Laphármaco), Janet Novás o Peeping Tom.

 

V.M.: Participas el año próximo en la Factoría Echegaray, vuelves al teatro que vio nacer tu pasión por la fotografía, ¿cómo va a ser ese trabajo?

V.R.: Vuelvo junto a mi amigo Jose Andrés López (director y dramaturgo de la compañía malagueña Viviseccionados), así que estoy muy ilusionada. Jose está escribiendo textos increíbles y yo estoy dándole vueltas a todo lo visual, incluso estamos dejando la puerta abierta a hacer proyecciones. Todavía queda mucho trabajo, pero estoy muy muy muy contenta y con muchas ganas de regresar a Málaga y comenzar a trabajar allí.

V.M.: Cuál es tu próximo trabajo…

V.R.: Cada vez que finalizo un proyecto fotográfico me sumerjo en un vacío inevitable durante una temporada; así que ahora mismo no tengo nada concreto en mente, sólo esbozos. Por ahora estoy centrada, junto a Jose Andrés López, en la creación de la obra que llevaremos al Echegaray.

V.M.: Alguna recomendación de alguna exposición, película, libro y/o artista que hayas descubierto recientemente…

V.R.: Robert Henry es mi obsesión de este mes. En septiembre estuve en Encontros da Imagen (Braga, Portugal) y descubrí el trabajo hipnótico de retrato de Bryan Schutmaat. Allí estaba expuesto Grays the Mountain Sends.

 

Virginia Rota quería ser escritora. Y escribió. En la Revista Modernícolas. Y un día. Accidentalmente. La Fotografía le alargó su mano.

(Málaga, 1989), Licenciada en Psicología y Máster en Cine Experimental y Documental. En el año 2015 se estrena con una serie de retratos ‘Saudade’, que le dan el Primer premio Malagacrea 2015 y Contemporarte2015, expuesta en el Museo de Arte Moderno de Guatemala, Galería Astarté (Madrid), IRJ (Logroño), Festival Incubarte 2015 (Valencia) y Galería La casa Rosa (Málaga). Un año más tarde gana el Concurso Iberoamericano de Fotografía Nexofoto con «Saudade» y en 2018 se hace con el Premio Galicia de Fotografía Contemporánea con ‘El mundo al principio. Infans’. Ahora Ateneo de Málaga alberga hasta el 31 de octubre su exposición ‘La Pena Negra’.

 

ACTIVIDADES EN EL ATENEO en torno a “La Pena Negra”

Hoy 7 de octubre a las 19:30 horas, tendrá lugar la charla del Psicólogo y psicoanalista Pedro Angona, que realizará un análisis psicológico e interpretación de la exposición, a partir del visionado de las imágenes y de la reflexión sobre su obra que la propia artista realizó en su visita guiada en el Ateneo el pasado 18 de septiembre.

El 21 de octubre, a las 19 horas, se celebrará la ponencia “La fototerapia en la gestión emocional del duelo”, por Elena Pedrosa Puertas, fotógrafa, periodista, profesora de Artes Plásticas y Diseño en la especialidad de Fotografía artística, licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo y doctora especializada en Narrativa Audiovisual. En los últimos años se ha formado como Arteterapeuta Gestalt y Fototerapeuta. Imparte los talleres “Mirando hacia adentro”, de fotografía para el autoconocimiento.

 

Reunión Las Tardes de Atenea

BOCACALLE (Grupo Literario)

El primer otoño sin Romero Esteo

Por LOLA ACOSTA

Los años 70 vienen marcados por el “Nuevo Teatro Español” donde encontramos figuras de relevancia y una andadura renovadora  para el mundo teatral de nuestro país. Encontramos en este grupo a dramaturgos de la talla de Francisco Nieva, Miguel Narros, Fernando Arrabal o Luis Riaza, entre otros y, por supuesto, destacable dentro del panorama nacional, pero esencialmente malagueño, a Miguel Romero Esteo, que desarrolla  gran parte de  su labor intelectual y trayectoria profesional  en nuestra ciudad.

El pasado 23 de septiembre de 2019, Miguel Romero Esteo habría cumplido 89 años, en conmemoración de su nacimiento, la asociación que lleva su nombre presentó el “Otoño Miguel Romero Esteo” en el edificio neo-mudéjar, sede de la actual Sala Rectorado de la Universidad de Málaga, ubicada en el Paseo del Parque. Este  acto-homenaje fue llevado de la mano de un grupo de personas que lo admiraron y luchan por preservar su memoria.

Carlos de Mesa y la Vicerrectora Doña Tecla Lumbreras presidieron un acto la pasada semana con textos, contextos, palabras e imágenes contenidos en la vida y dramaturgia del escritor, que comenzó su andadura en Málaga allá por años 70-80, tras un recorrido por festivales nacionales e internacionales, en una época difícil para la creatividad bajo la Dictadura franquista, que prohibió algunas de sus obras, mientras “Pontifical” iba pasando de mano en mano de forma clandestina.

El acto conmemorativo del pasado 23 de septiembre finalizó con un inesperado y original concierto dirigido por D. Luis María Pacetti, la soprano Lourdes Martín Leiva y el cuarteto de cuerda  de la Orquesta Málaga Camerata,  ya que los estudios musicales de composición, órgano y piano de nuestro autor  quedaron plasmados en la musicalidad de sus textos.

Se declamaron fragmentos completos, dando detalles de la terminología musical dentro de la obra de Miguel Romero Esteo y la inclusión de breves partituras en algunos de sus libros, las cuales fueron interpretadas, reviviendo “el espíritu de Miguel”, que estuvo presente durante todo el acto. Una investigación que está siendo llevada a cabo por dos grandes nombres de la lírica malacitana: la soprano Lourdes Martín y el tenor Luis Paccetti.

Si hubiese que describir la obra de Miguel Romero Esteo con algún calificativo, probablemente tendríamos que utilizar términos tales como estrafalarios inclasificables, rebeldes ditirámbicos, esperpénticos e histriónicos, pero sobre todos estos nos quedamos con su imagen humana y su carácter poético, que a pesar de desplantes y silencios se hizo fuerte en su propio camino.

La asociación pretende reafirmar su pensamiento, dada la cantidad de ideas y propuestas que surgen de su creación literaria. Éste pretende también ser el primer otoño que se continúe cada año que nos permitan aprender lo más posible sobre sus disciplinas creativas.

 

Miguel Romero Esteo flirteó, principalmente en sus comienzos, con la poesía con las denominadas “Hierofanías”, dado el marcado acento rítmico de su personalidad, era, pues,  una poesía llena de ritmo y sarcasmo, pero realmente fue el teatro el género literario que lo llegó  a absorber en su última etapa, no en vano fue premio Europa por su obra “Tartessos” y oyéronse voces y comentarios sobre la propuesta de este dramaturgo para el Nobel.

Su legado destila una manera radicalmente personal y diferente de entender desde la escritura a la propia vida. La suya fue una labor creativa abocada a una acogida desigual e intermitente.

No olvidemos que a pesar de la clandestinidad de su obra en nuestro país, “Pontifical” había sido traducida al alemán y puso a Romero Esteo a compartir el prestigioso sello de la editorial Suhrkamp con Samuel Beckett, Bertolt  Brecht o Peter Weiss.

Basta con recordar  las palabras pronunciadas por Fernando Lázaro Carreter en su etapa como presidente de la Real Academia Española de la Lengua: «No hay que olvidar que en algunas de las obras de Miguel Romero Esteo están algunas de las cumbres de la literatura europea de todos los tiempos”

Dado su nacimiento un 23 de septiembre y su fallecimiento un 29 de noviembre, será éste  el período de tiempo otoñal en que se desarrollarán una serie de eventos ya comenzados el 23 de septiembre y que proponen la Universidad de Málaga en colaboración con la Asociación Miguel Romero Esteo (http://asociacionmiguelromeroesteo.es/)

Personalmente, tuve la suerte de “no ser alumna” suya de la universidad, aunque sí de formar parte de aquellas originales aulas de poesía y teatro, así como de conocer en primera fila la arquitectura teatral que urdió en torno a sus grotescomaquias en aquellos  continuos ensayos de “Ivoña, princesa de Borgoña”, porque, eso sí, siempre estábamos inmersos en algún proyecto que mantenía viva la vena cultural de la ciudad en aquellos años en que el conocimiento de las artes y las letras se vertebraba a en torno a “los comedores universitarios”, cuando aún esa cultura no era institucional sino casi, me atrevería a decir,  “underground”. La Universidad aún no tenía Campus, las facultades estaban diseminadas por la ciudad y la creación se fraguaba en torno al patio de San Agustín, Facultad de Filología.

Podíamos pasar jornadas enteras en festivales de teatro venidos de todas partes de la geografía española con las mejores compañías y representaciones del país.

Miguel Esteo creó posteriormente el famoso Festival Internacional de Teatro, que nos dio a conocer la cara de la fama mundial en compañías de teatro traídas desde cualquier rincón del universo: Marcel Marceau, Lindsay Kempt y su  “El sueño de una noche de verano”, oímos los cascabeles del Katakali, y el incienso del Nepal, o el teatro negro de Praga.

Nos preguntábamos misteriosamente: ¿cómo lo habrá conseguido?

Málaga fue una ciudad culta por excelencia de la mano de Miguel Romero Esteo quien, junto a sus ediciones, de entre las cuales recuerdo “Cuadernos de la marinería” o los “Cuadernillos del grumete”, entre otras, nos tenía embelesados a los jóvenes  interesados por la cultura.

La travesía del escritor, que tan presente tuvo a Málaga en sus textos y tanta poesía o teatro enseñó en sus talleres de la UMA, se caracterizó por su capacidad innata para, en una dirección u otra, no dejar indiferente a nadie.

Confío en la asociación y en su empeño de que  en que  este ciclo de actividades se prolongue la estela de una figura genial como el epílogo vital de este dramaturgo.

 

LOLA ACOSTA es colaboradora de la Vocalía de Feminismo

 

*Pie Primera foto: Foto-montaje Romero Esteo (Las tardes de Atenea). Fuente: Asociación MRE

*Pie Segunda foto: «La Oropéndola» se representó en el Teatro Echegaray en 2016

AL FONDO DEL DESVÁN: La Paloma

 

Por Mitchie Martín

La planta más alta del edificio San Telmo nunca está desierta. Aunque no haya nadie, ni en la más profunda quietud de la noche es posible sentirse solo ahí. Lo sabes cuando oyes el crujir de las puertas de madera o cuando te sobresalta el aleteo de una paloma que rompe el silencio nocturno. Incluso cuando, subiendo las escaleras hacia el último piso, el busto de una mujer señala con su mirada casi perdida la puerta que vas a cruzar.

Es una puerta enorme. A pesar de su tamaño, es sorprendentemente ligera. Las sombras inquietas de las palomas que habitan el tejado interrumpen intermitentemente la luz de la luna que entra por los ventanales, dejando intuir una gran silueta que vigila desde el final de la estancia.

Una figura extraña e imponente muestra sus fauces con la boca bien abierta. Su cabeza es extraña, ridículamente descompensada con el gran volumen de su cuerpo y coronada con un único y enorme ojo que atraviesa a todo aquel que entra en su territorio.

Papel maché, tela y alambre es lo único que aguarda allí arriba. Aquella figura que en las sombras se contemplaba sólida e intimidante se convierte a la luz del día en un muñeco de estructura frágil. Los alambres que lo sujetan a la pared no protegen al visitante del ataque de la bestia, que se va haciendo más débil cuanto más te acercas a ella.

En realidad esta escultura guarda un aura revolucionaria. Enrique Brinkmann dio vida a este “muñeco”, como le gusta denominar a los trabajos de la serie a la que pertenece esta obra, bajo el encargo de la galería Vandrés de Madrid a principios de los setenta. Fernando Vijande, su fundador, organizó una exposición con la intención de hacer un homenaje a Pablo Picasso. En la España de entonces, Vijande necesitó sortear la censura que ya le había afectado años antes cuando lo procesaron tras la intervención de la policía para retirar numerosas obras de su galería. Bajo el título “La Paloma”, reunió a un grupo de artistas que conocían sus intenciones y apoyaban su causa.

Ensalzar la figura de Picasso significaba echar sal en la herida del orgullo franquista. Defensor de la República durante la Guerra Civil, fue perseguido cuando Francisco Franco tomó el poder. Aun desde Francia, el malagueño no dejó de manifestar su rechazo por la Dictadura, como ya lo hizo durante el transcurso de la guerra a través de su arte.

El Régimen utilizó el miedo como arma contra los disidentes y una ilusión de paz social para acallar a las masas. La Dictadura era una gran bestia a la que temer. Nada de ideas que cuestionasen sus principios o sus normas, de lo contrario habría un castigo. Y castigando es como esa bestia se hacía más temible para el pueblo. Se alimentaba del miedo para hacerse aún más grande e imponente. Imponente pero frágil, como el muñeco de Brinkmann.

Fernando Vijande cuestionó su poder, no tuvo miedo a la bestia. Tampoco Enrique Brinkmann, ni ninguno de los artistas que se enfrentaron con osadía a la dictadura con “La Paloma”. Un símbolo de paz que se alzó como un arma de guerra contra la opresión. Ahora uno de los soldados que libraron esa batalla descansa en la Pinacoteca del Ateneo protegiéndola con su presencia.

 

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

POESÍA POWER: Regreso

Regreso

Por ADA VALERO

Una vez dispusieron mi camino

las palabras varadas en tus labios

y perdí el mar.

Deshabité mi casa y para siempre

perdura en sus estancias

la impronta enmudecida de la ausencia.

lo que se fue no vuelve: deja

finos estambres de luz en los rellanos,

diminutos fulgores de memoria,

máscaras, voces, sílabas,

paredes descarnadas y las horas,

todas las horas que surqué en mi viaje

malheridas de tiempo.

La que se fue no ha vuelto:

llegó desde la ausencia, sin historia,

saciada de camino y de palabras,

ávida de la mar,

viajera del olvido.

Grupo Literario Atene@s

¿Será el futuro como lo ‘predice’ Harari?

Portada «The New Yorker»

Por ANDRÉS HUESO IRANZO

Tras el éxito obtenido con Sapiens: Una breve historia de la humanidad (Debate, 2014) Yuval Noah Harari (Kiryatt Atta, Israel, 24 de febrero de 1976), presenta en Homo Deus: Breve historia del mañana (Debate 2016) un ‘posible’ mundo futuro no tan lejano del actual en el cual nos veremos enfrentados a una nueva serie de retos. Harari explora los proyectos, los sueños y las pesadillas que irán moldeando el siglo XXI, desde superar la muerte hasta la creación de la inteligencia artificial. Pero en esta exploración se inquieta y nos inquieta por las dificultades que se nos van a oponer para mantener los valores humanísticos que han sido predominantes durante el siglo XX. Los cambios que se avecinan no son sólo tecnológicos, sino también ideológicos. Así pues la libertad, la democracia, los derechos humanos son valores que corren peligro «… las ideas fundamentales de las democracias liberales con las que estamos familiarizados, como “un hombre un voto”, en un mundo con castas biológicas, ciborgs e inteligencia artificial pueden quedar completamente obsoletas […] Cuanto más globalizada y automatizada es la economía, menor es el poder de la clase obrera… ».

A este futuro amenazante le pone un nombre: dataísmo «… es la situación en la que, con suficientes datos biométricos sobre mí y suficiente poder computacional, un algoritmo externo puede entenderme mejor de lo que yo me entiendo a mí mismo. Y una vez existe este algoritmo, el poder pasa de mí, como individuo, a ese algoritmo, que puede tomar mejores decisiones que yo …»

Nos guste o no, la nueva agenda de la humanidad la decide sólo una élite y esto no es previsible que cambie en los años venideros.

Harari se cuida de hablar de profecías o pronósticos. Sus ideas sobre el futuro, que el lector no puede dejar de percibir como amenazas en toda regla, las califica de ‘posibilidades’; y es verdad que —a la vista de la evolución reciente de la tecnología, el estado actual de la industria cibernética y de la galopante desigualdad social mundial— sus ‘posibilidades’ presentan una alarmante verosimilitud.

Tras exponer, en un largo capítulo introductorio, los nuevos desafíos que afronta el ser humano, Harari estructura el ensayo en tres partes. Las dos primeras son de carácter histórico y un resumen de cómo hemos llegado a la situación actual:

Primero, explora qué hay de singular en nuestra naturaleza que nos separa de los animales y nos transforma en dioses. A continuación, se ocupa de cómo el ser humano, al tiempo que conquista el mundo, lo dota de significado. Y, en la tercera parte, aborda cuáles pueden ser los factores claves que determinen el futuro de nuestra especie.

Transcendiendo la más o menos urgencia e inmediatez, los ‘verdaderos’ problemas de la sociedad humana se encuentran en tres procesos interconectados:

  1. La ciencia converge en un dogma universal, que afirma que los organismos son algoritmos y que la vida es procesamiento de datos.
  2. La inteligencia se desconecta de la conciencia.
  3. Algoritmos no conscientes pero inteligentísimos pronto podrían conocernos mejor que nosotros mismos. 

En el análisis de la virtualidad de estos postulados, Harari va desarrollando consecuencias de los hallazgos científicos:

La teoría de la evolución es contraria a la idea del libre albedrío.

No elegimos nuestros deseos, simplemente los sentimos.

Se pueden manipular y controlar los deseos con técnicas bioquímicas, biogenéticas y bioelectrónicas.

Yo somos más de uno. Tenemos un Yo experimentador, pero nuestra memoria conserva un relato de la experiencia desarrollado por el Yo narrador que se separa significativamente de la vivencia experimentada y la hace más confortable. Así pues, el Yo es un relato imaginario.

Una amenaza fundamental para los humanos proviene de que la inteligencia se está desconectando de la conciencia. Harari concluye que «… da que pensar que para los ejércitos y para las compañías comerciales, la respuesta es clara: la inteligencia es obligatoria, pero la conciencia es opcional.»

En el siglo XXI pueden surgir algoritmos que serán mejor que los humanos recordando, analizando y reconociendo pautas. Esto generará una nueva clase social inútil e inempleable: los humanos perderán su utilidad económica y militar, de ahí que el sistema económico y político deje de atribuirles mucho valor. El sistema seguirá encontrando valor en los humanos colectivamente, pero no en los individuos; aunque sí seguirá encontrando valor en algunos individuos, pero estos serán una nueva élite de superhumanos mejorados y no la masa de la población.

Por otro lado, los asistentes cibernéticos (léase Google, Cortana, Siri, …) pasarán de Oráculos a Representantes y, finalmente a ser Soberanos; el progreso tecnológico no quiere escucharnos, quiere controlarnos.

«A pesar de todos los discursos del islamismo radical y del fundamentalismo cristiano, el lugar más interesante del mundo desde una perspectiva religiosa no es el Estado Islámico o el Cinturón de la Biblia, sino Silicon Valley. Allí es donde gurúes de la alta tecnología están elaborando para nosotros religiones valientes y nuevas que tienen poco que ver con Dios y todo que ver con la tecnología. Prometen todas las recompensas antiguas (felicidad, paz, prosperidad e incluso vida eterna), pero aquí, en la Tierra, y con la ayuda de la tecnología, en lugar de después de la muerte y con la ayuda de seres celestiales. Estas nuevas tecnorreligiones pueden dividirse en dos clases principales: tecnohumanismo y religión de los datos. El tecnohumanismo conviene en que Homo sapiens, tal como lo conocemos, ya ha terminado su recorrido histórico y ya no será relevante en el futuro, pero concluye que, por ello, debemos utilizar la tecnología para crear Homo Deus, un modelo humano muy superior.»

«… en los inicios del siglo XXI, la política está desprovista de visiones grandiosas. El gobierno se ha convertido en mera administración. Gestiona el país, pero ya no lo dirige.»

«Al equiparar las experiencias humanas a los patrones de datos, el dataísmo socava nuestra principal fuente de autoridad y sentido, y anuncia una tremenda revolución religiosa, como no se ha visto desde el siglo XVIII […] Sí, Dios es producto de la imaginación humana, pero la imaginación humana es a su vez producto de algoritmos bioquímicos.»

Las ciencias de la vida ya ven a los organismos biológicos como algoritmos bioquímicos. La barrera entre animales y máquinas desaparece: las mismas leyes matemáticas se pueden aplicar tanto a los algoritmos bioquímicos como a los electrónicos. Se puede interpretar a toda la especie humana como un único sistema de procesamiento en el que hacemos la función de chips. Los humanos hemos ejercido las funciones más importantes de la red biológica, pero podemos llegar a perder nuestra importancia funcional ¿qué será de nosotros entonces?

La Palabra Creadora

Ciclo Lecturas infrecuentes

El arqueólogo del futuro

Por Vicky Molina

Juan Francisco Ferré (Málaga, 1962) concibió su cuarta y última novela con la editorial Anagrama, “Revolución” un buen día de abril de 2016, cuando Marcel, su querido erizo, se le cruzó en el camino: “Ha sido la relación no humana más intensa de mi vida”, declara el autor.

De ahí nace la génesis de esta historia recientemente publicada, sobre gente que hoy es millennial, gente en la frontera de los cuarenta dentro de dos décadas, “que vive un futuro con una educación sentimental como la que hoy tenemos” y cuya mascota es un erizo. Se trata de una pareja que vive una situación familiar especial: tienen dos hijos propios y uno “adoptado, superdotado e inadaptado”: Aníbal.

Ferré reivindica la Literatura con mayúsculas a través de la voz del cabeza de familia Gabriel Espinosa, un filósofo fracasado “en un mundo donde el pensamiento no tiene lugar” y que será contratado por la Universidad Paneuropea para enseñar Ciencias Cognitivas. A través de nuestra imprevisible aventura lectora junto a este “Quijote de la inteligencia”, intentaremos comprender el Siglo XXI: “Es un libro que en veinte años puede tener más sentido para un lector u otro, está escrito para los arqueólogos del futuro”, comenta el autor.

Justo cuando las inspiradoras púas de Marcel se instalaron en la vida de Juan Francisco Ferré, el escritor estaba a punto de ponerse a trabajar en  un ensayo sobre el cine del director estadounidense Stanley Kubrick. Y  tres de sus películas merodean por la entrañas de Revolución: Eyes Wide Shut, El Resplandor y 2001: Una Odisea del espacio. Busquen. Y a ver qué encuentran también los zoólogos del futuro, pues es esta “una novela dedicada a los animales, para reivindicar nuestra relación con el animal. Nuestra misión es hacernos cargo de los animales y darles la vida que la naturaleza no les da”, apunta el malagueño.

 

Pasen y viajen durante 33 días a través del verbo ambicioso de Juan Francisco Ferré y, no lo duden, háganse su propia revolución:

(Fragmentos  de la novela Revolución cedidos por el autor)

 

DÍA 1

Sofía y Pablo son nuestros hijos biológicos. De Ariana y míos. Gemelos. Aníbal es adoptado. Cuando Ariana y yo to­mamos esta decisión no estoy seguro de que lo hiciéramos por las mismas razones, a pesar de que lo hablamos una y mil veces antes de solicitar la adopción. Ella buscaba completar una foto­grafía de familia que se le antojaba inacabada y ya no le parecía pensable remediar de otro modo con las mismas garantías de éxito.

–Desde el punto de vista de la neurociencia, la distancia entre la inteligencia de un aldeano analfabeto y un genio de la física es insignificante. Solo un poco superior al chimpancé y al ratón.

Aun no entiendo por qué acepté hacerlo. No veía la necesi­dad de tener un nuevo hijo compartiendo el hogar y adaptán­dose a las excentricidades de la familia. Al mismo tiempo, tam­poco veía en nombre de qué podía negarme. Puedo reconocer que Ariana me convenció. O que supo proponerme que lo hi­ciéramos en el momento más oportuno. Cuando mi cerebro encontró en ello la solución a problemas de otro tipo que quizá no admitían, o no hallaban, otras respuestas más satisfactorias.

–Si te digo que me encanta la compota de manzana que has cocinado es porque mi cerebro, en realidad, quiere que te diga que te encuentro muy atractiva.

Así que dije que sí, que veía bien adoptar a Aníbal, pero no por ello dejé atrás las frustraciones de la edad, el empobreci­miento de mi vida sexual, la tortura intelectual de no haber he­cho nada de provecho antes de los cuarenta, y los celos hacia Ariana, cada vez mayores. La tentación de separarnos y la fuer­za para mantenerla a mi lado.

–Una amiga me ha enseñado en internet los cuadros y las fotografías de un artista ucraniano que amplía en gran tamaño imágenes de bacterias y microorganismos de todo tipo y las hace pasar por creaciones originales.

El problema es que Aníbal era un superdotado y no lo sabía­mos. Alguien cuya capacidad de adaptación a un entorno do­méstico normal lindaba con el autismo. Y, sin embargo, había conseguido desde su llegada establecer una relación de cariño y ternura con sus dos hermanos. Más con Pablo que con Sofía, desde luego. Pero se relacionaba con ambos, se comunicaba con ellos con regularidad y permitía que compartieran con él una parte de las actividades que ocupaban sus días e incluso, contra la voluntad de su madre, sus noches de actividad insomne.

 

Y AHORA, CONOZCAMOS A OTRO DE LOS SINGULARES PERSONAJES DE REVOLUCIÓN, EL GRAN FREDDY EL FAUNO…

…“Antes conocido como Federico Ríos.

El ermitaño institucional de la urbanización Palomar, un antiguo ejecutivo huido del mundo de las corporaciones y los negocios financieros para refugiarse aquí, en las lindes de la civilización, después de un  traspié profesional o un desengaño amoroso.

Un fauno con orejas peludas, dientes cariados, nariz aguileña, cejas pilosas, ojos de alimaña, bigote poblado, labios ennegrecidos por el consumo abusivo de setas inclasificables, como el raro espécimen que sostenía en una mano durante la conversación, contemplándola cada poco con insano apetito”.

 

Escuchen al Gran Freddy en su primer encuentro con Gabriel Espinosa pinchando aquí:

 

 

 

Voz Freddy el Fauno: Pedro Fernán, Catedrático de la Escuela de Arte Dramático de Málaga.

 

 Grupo Literario Las Tardes de Atenea