Al fondo del desván: A PRIMERA VISTA

Por Mitchie Martín

Aquella tarde de otoño de 1959 las nubes grises se habían apoderado del cielo malagueño. El día no invitaba a salir a la calle, pero ella tenía que recoger el traje del señor de la casa donde  trabajaba. Así que, paraguas en mano, se encaminó hacia el autobús que la llevaría desde Carretera de Cádiz hasta la Alameda Principal.

Mientras la muchacha salía del portal, los ojos verdes de un joven que andaba por allí se clavaron en ella, fascinado por su melena larga y su vestido de cuadros de talle bajo. La siguió con la mirada para saber dónde iba. Era incapaz de ignorar el mayor flechazo que había sentido en su vida. Al verla subir al mismo autobús que él iba a coger para ir a la capital encontró la excusa perfecta.

Cuando llegó a su destino, la muchacha se bajó del autobús y miró al cielo. El chaparrón era inminente, así que se encaminó a paso ligero hacia la tintorería de Calle Granada. Aunque consiguió llegar sin ver una sola gota, el pequeño local le pareció un buen refugio para la que estaba por caer.

La lluvia golpeaba el asfalto con intensidad cuando ya tenía el traje limpio y planchado en la mano. Si quería llegar a tiempo para coger el autobús de vuelta no podía refugiarse allí mucho más. Abrió el paraguas negro que su señora le había prestado y, cuando se dispuso a salir rumbo a la Alameda, escuchó a su espalda una voz masculina.

—Señorita, ¿me puedo tapar con su paraguas?

Ella, sorprendida y desconfiada, accedió.

Caminaron en silencio bajo la lluvia hasta que empezó a caer con tanta fuerza que era casi imposible seguir avanzando. La muchacha propuso que ambos se resguardaran en un portal hasta que aflojase un poco, así podría aprovechar para saber algo más del hombre que de una forma tan atrevida le había pedido compartir su paraguas.

Protegidos bajo un portal de la Alameda se pudieron presentar. Él dijo que vivía en Vistafranca con sus padres, cerca de la casa donde ella trabajaba de interina, aunque nunca se habían visto hasta ese día. Ella le repasó con la mirada y, al ver el pelo largo y rizado de aquel hombre reparó en lo marcado de sus entradas. Le vino a la cabeza la idea de que él sería mayor a pesar de que le había dicho que era del mismo año que ella.

—¡Usted seguro que está casado! —le espetó.

—Pero ¿por qué me dice eso? Le prometo que estoy soltero.

Y así estuvieron hablando un buen rato hasta que aflojó la lluvia y cada uno emprendió su camino con la promesa de volver a verse, aunque ella aún seguía algo escéptica.

Al llegar, le contó todo lo sucedido a la señora de su casa. Esta le dijo que conocía la finca del muchacho, que allí trabajaba su hermana cuidando a los niños de la finca y hablaría con ella del asunto. Saber que se enteraría de la verdad le dejó más tranquila.

Días después, su señora le contó lo que su hermana le había dicho. Se trataba del hijo del capataz de la finca de don Miguel Oliva, el tercero de cinco hermanos. Cuanto más escuchaba lo que le decía, más feliz se sentía al comprobar que no hubo ni una sola mentira en aquel portal.

Ambos comenzaron a verse hasta que se casaron al cabo de un año. Tres hijos y varias décadas de matrimonio después, él seguía sorprendiéndola con flores aunque no fuese San Valentín. Ellos se quisieron todos y cada uno de los días por encima de todo, sin que una fecha tuviese que recordárselo.

 

No sé si es la historia de amor más bonita o siquiera la más romántica. Pero para mí es la mejor historia que puedo contar este mes de febrero, porque es la historia real de cómo se conocieron mis abuelos.

Gracias, abuela, por contarme y dejarme contar esta historia. Gracias, Enrique Pérez Alameda, por su fotografía ‘Calle Trinidad’, porque ha sido la excusa perfecta para poder hacerlo.

Feliz cumpleaños, abuela.

 

Pie de foto: ‘Calle Trinidad’ de Enrique Pérez Alameda | Catálogo del Fondo Ateneo

 

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

 

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

 

 

POESÍA SOY YO te convoca por San Valentín

¿Quieres dedicarle un poema a alguien especial?

Tráete un libro con el poema que quieras leer o nosotras te dejaremos uno.

Cupido se desboca pero no se equivoca y coge la calle de las Bocacalle, y qué mejor calle que la Compañía, la tuya, la nuestra, ¿te atreves a ser poesía?

El viernes 14 de febrero a las 21 hrs. en la puerta del Ateneo de Málaga, en Calle Compañía, 2 (junto a la plaza de la Constitución).

 

 

“POESÍA SOY YO”, en la calle con Emily Dickinson

Síguenos en Instagram

@poesiaenlacalle_bocacalle

Somos exploradoras, buscamos el momento poético. Vamos a tu encuentro.

Pedro:

“Echo en falta esa furia para afrontar creativamente en la Literatura y en el Arte los grandes temas y personajes de esta época en que nos ha tocado vivir”.

MÁQUINAS

Texto seleccionado en el Club de Escritores “Párrafos Atenienses”, que se reúnen semanalmente en el Ateneo de Málaga

POR R. PORRAS ESTRADA

La máquina de escribir

se convirtió en atronador

y frío instrumento.

La grúa rígida de un puerto en estiba por los silos vacíos del pensamiento.

Una y otra vez. Mi zarpa mano percutaba en el yunque.

Una y otra vez. Tensando

Moldeando las palabras.

Y siempre la nada, el vacío más negro

Fuera de lugar y de tiempo.

La agarré por sus carcasas grises y la tiré a la cuneta junto a mis despojos arrugados en la papelera.

Salí sin malos pensamientos a comprar

Una tablet de oriente.

Soñando con una migración de versos digitales.

Con el final de un letargo de mi incapacidad para la poesía.

Mientras volvía, observé la calle bajo los toldos ocres empolvados.

La vida cabalgaba en patinetes.

 

 

Al fondo del desván: EL MÁSTIL

Por Mitchie Martín

El sol se está poniendo. El mar comienza a perder su calma y ya puedo oír cómo las olas rompen contra las rocas cada vez con mayor estruendo. La tranquilidad de un día soleado se transforma repentinamente en el caos de una tormenta que parece capaz de arrasar con todo. Sin embargo, a lo lejos se puede distinguir una esbelta figura que, impasible, contempla la rabia que Poseidón acaba de descargar contra los humanos.

Cuentan los marineros que se trata de lo que queda del mástil de una antigua embarcación que se hundió hace muchos años y que fue habitada por una temible criatura, a la que culpan de las tormentas que acaban en desastre.

Algunos dicen haber visto a una bella y siniestra mujer de melena azabache con cola de serpiente por piernas que secuestra a los navegantes durante las noches de temporal, seduciéndolos y llevándolos a lo más profundo del agua para nunca más regresar. Otros afirman haber sido testigos de un gigantesco monstruo fruto de la fusión entre un pez abisal y una sierpe que emerge entre la espuma de las olas si un barco se acerca a aquel enorme puntal.

Ya avanzada la noche, la luna llena brilla tanto que define con precisión el contorno de cada ola que arroja el mar encrespado. Desde aquí solo se aprecia a lo lejos la estaca inmóvil que resiste el caos que le rodea. Aquella madera y agua, nada más. Aun a sabiendas de lo que me dicen mis ojos, me embarga la sensación de que algo me vigila. Su mirada se clava tanto que siento que me quema.

El sol regresa por el Este, el mar comienza a recuperar la calma. La tormenta amaina y, como cada amanecer, el mástil desaparece.

*Pie de foto: ‘Sin título’ de Fernando Wilson | Catálogo del Fondo Ateneo

Relato inspirado por la pintura Sin título de Fernando Wilson perteneciente al Fondo Ateneo desde su donación en 1996. Se puede visitar actualmente en la Pinacoteca.

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

EL ARTISTA COMO PERFECCIONAMIENTO DEL ARTESANO

Escucha el Manifiesto de la BAUHAUS después de la reciente despedida del año de su centenario

 

POR VICKY MOLINA Y PEDRO FERNÁN

Acaba de despedirse el año del centenario de la fundación de Bauhaus, la revolucionaria escuela de diseño. En sus casi quince años de funcionamiento, los más influyentes artistas modernistas impartieron clases en ella. El arquitecto Walter Gropius fue el fundador de la Bauhaus y siempre tuvo la firme intención de limar diferencias entre el artesano y el artista, así como derribar las diferencias sociales con la creatividad como puente.

Ahora puedes disfrutar de la lectura del Manifiesto de la Bauhaus de Gropius, con la dicción exaltada del catedrático de la ESAD, Pedro Fernán. Dale al Play:

 

MANIFIESTO BAUHAUS

“¡El último fin de toda actividad plástica es la arquitectura!

Decorar las edificaciones fue antaño la tarea más distinguida de las artes plásticas, que constituían elementos inseparables de la gran arquitectura. Actualmente presentan una independencia autosuficiente de la que solo podrán liberarse de nuevo a través de una colaboración consciente de todos los profesionales.

Arquitectos, pintores y escultores deben volver a conocer y concebir la naturaleza compuesta de la edificación en su totalidad y en sus partes. Sólo entonces su obra quedará de nuevo impregnada de ese espíritu arquitectónico que se ha perdido en el arte de salón. Las viejas escuelas de Bellas Artes no podían despertar esa unidad, y como podrían hacerlo si el arte no puede enseñarse. Deben volver a convertirse en talleres.

Este mundo de diseñadores y decoradores que sólo dibujan y pintan debe convertirse de nuevo en un mundo de gente que construye. Cuando el joven que siente amor por la actividad artística vuelva a comenzar como antaño su carrera aprendiendo un oficio, el artista improductivo no estará condenado a un ejercicio incompleto del arte, pues su pleno desarrollo corresponderá al oficio, en el cual puede sobresalir.

¡Arquitectos, escultores, pintores, todos debemos volver a la artesanía! Pues no existe un arte como profesión. No existe ninguna diferencia esencial entre el artista y el artesano. El artista es un perfeccionamiento del artesano. La gracia del cielo hace que, en raros momentos de inspiración, ajenos a su voluntad, el arte nazca inconscientemente de la obra de su mano, pero la base de un buen trabajo de artesano es indispensable para todo artista.

Allí se encuentra la fuente primera de la imaginación creadora. ¡Formemos pues un nuevo gremio de artesanos sin las pretensiones clasistas que querían erigir una arrogante barrera entre artesanos y artistas! Deseemos, proyectemos, creemos todos juntos la nueva estructura del futuro, en que todo constituirá un solo conjunto, arquitectura, plástica, pintura y que un día se elevará hacia el cielo de las manos de millones de artífices como símbolo cristalino de una nueva fe”.

 

Pedro Fernán es Catedrático de la Escuela de Arte Dramático de Málaga.

Vicky Molina coordina el Blog del Ateneo y el Grupo Literario BOCACALLE

 

BOCACALLE GRUPO LITERARIO

 

CUENTO DE NAVIDAD

Por Mitchie Martín

La noche anterior había sido más divertida que otras.

Nochebuena siempre animaba especialmente el hall y a Mara le encantaba ver cómo pasaba la gente. De hecho, los días en los que la cosa estaba más parada y no había muchos huéspedes en el hotel se aburría mucho. Entonces siempre recurría a sus libros.

Le gustaba observar a las personas. A veces alguien le saludaba o le sonreía, aunque normalmente ni siquiera se daban cuenta de la presencia de la niña que clavaba la mirada en ellos desde uno de los sofás de al lado de la recepción.

Primero, les analizaba con sus enormes ojos verdes. Luego, imaginaba cómo serían sus vidas: por qué se alojarían allí, con quién iban a encontrarse cuando salían por la puerta o incluso fantaseaba sobre cómo se ganaban la vida.

Había visto muchos árboles de Navidad. Cada hotel lo decoraba de una forma completamente diferente al de los demás. Si daba con algún empleado agradable donde se estuviera quedando, le pedía por favor que le dejase ayudar a poner las bolas de la parte de abajo. Las que tenían purpurina eran sus favoritas. Nunca le dejaban subirse a las escaleras para adornar las ramas más altas ni poner la estrella, pero a ella le daba igual, le bastaba con participar.

Creía que el árbol era cosa de hoteles y centros comerciales. Las pocas veces que había estado en su casa por Navidad no había visto ninguno y, como estudiaba con una profesora particular, no tenía amigos a los que preguntar. Tampoco solía hablar con desconocidos, pero, una vez, el hijo pequeño de unos huéspedes en uno de los hoteles en los que había estado le dijo que ellos también ponían un abeto en el salón de su casa. Mara no terminó de creerle. ¿Cómo iba a meter un árbol tan grande en una casa? O le estaba mintiendo, o el niño tendría que vivir en una mansión gigantesca.

La mañana del 25 de diciembre era su momento favorito. Veía a los niños correteando por todo el edificio con sus juguetes nuevos y a los mayores luciendo la ropa que les había traído Papá Noel.

Cuando su madre se acordaba, le dejaba un regalo en la cama de la habitación, aunque nunca acertaba con el contenido. Ella pensaba que, como nunca se habían visto en persona, el señor de la barba blanca no la conocía muy bien y que por eso no le ponía mucho cariño a lo que le mandaba, así que mejor no se hacía ilusiones.

Cuando se despertó aquella mañana, Mara no encontró ningún regalo en la cama vacía de al lado. Solo había un pijama arrojado de forma apresurada y una agenda abierta con un sinfín de citas escritas en la página del día.

Rauda y veloz, la niña se calzó sus zapatillas de conejitos amarillos y bajó en pijama al hall saltando las escaleras de dos en dos. Llegó a la recepción, se sentó en el suelo a los pies del árbol y allí se quedó toda la mañana, viendo con una sonrisa de oreja a oreja cómo todo el mundo disfrutaba de sus regalos. Así le hacía feliz a ella pasar su Navidad.

 

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

Foto:  ‘Sin título’ de María del Carmen Gordillo Romero | Catálogo del Fondo Ateneo

“POESÍA SOY YO” ya está en la calle

 

Ya hemos lanzado el proyecto POESÍA SOY YO. Lectura de poemas en la calle. ¡Tú puedes ser el siguiente! Publicaciones cada jueves y sábado.  @poesiasoyyo_bocacalle

También puedes seguirnos en Instagram:

https://www.instagram.com/p/B6GuNPBi5Ha/?utm_source=ig_web_copy_link

 

POESÍA SOY YO es una iniciativa de fomento a la lectura de BOCACALLE grupo literario: Ada Valero, Vicky Molina, Lidia Bravo, Christine Félix, María Luisa Balaguer, Cris Miranda, María Victoria Pérez y Mati Morata.

 

Hilario

“Hay dos cosas que me aburren infinitamente: las películas y los libros. Una vez leí una novela y la terminé con mucho esfuerzo: “El hombre que se enamoró de la luna”. Soy psicólogo y estilista. Y un paranoico del cuerpo humano. Con lo que más disfruto es con ver a la gente moverse, por eso hago una ropa que permite ver la forma de tu cuerpo y el movimiento. Soy un obseso de las matemáticas. En mi peluquería lo que hago es corte y punto, a favor del pelo, según la proporción y dimensión del cráneo, así no te tienes que peinar”.

PINCHA AQUÍ PARA VER EL VIDEO:

poesiasoyyovideo1

 

BOCACALLE grupo literario

500 años sin Leonardo

Les invitamos a escuchar el Soneto moral del maestro del Renacimiento, Leonardo Da Vinci (1452-1519) de la mano del virtuoso de la voz, Pedro Fernán. Celebremos así quinto centenario de la muerte del genio florentino. Pinche aquí:

 

Soneto moral

Quien quiera lo imposible, otro pretenda;

que es lo imposible pretender locura.

Sabio es el hombre, pues, cuando sin cura

de lo que no ha de ser se desentienda.

Eche a saber, poder o ansiar la rienda,

pues es dolor cuanto el deseo procura;

y así puede tan solo esta atadura

llevar la razón fuera de su senda.

No siempre se ha de ansiar lo que se puede,

que amargo el dulce al fin se vuelve presto:

yo al tener lo que ansié ya lloré en breve.

Así, pues, tú lector, en esto cede:

si a ti quieres ser bueno, y caro al resto;

quiere siempre poder lo que se debe.

Por Vicky Molina y Pedro Fernán

BOCACALLE GRUPO LITERARIO

ALEJANDRO PALOMAS: “ESCRIBO PARA QUE ME QUIERAN”

 

Por VICKY MOLINA

El escritor y traductor, Premio Nadal de novela, también Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, licenciado en filología inglesa y máster en poética por el New College de California, habla con el Blog del Ateneo de Málaga sobre su singular proceso creativo, de la literatura que le hace olvidarse del resto del mundo y la dificultad de encontrar libros que lo consigan, de su estrecha relación con Málaga, de sus miedos y muchas cosas más.

A pesar de que sigue sin saber por qué escribe, reconoce que también lo hace para no sentirse invisible.

Alejandro Palomas, con la verdad por delante, “aunque duela”.

 

Hoy tendrá lugar la última función de su obra “La Isla del Aire”, con dos pases, a las 19:00 y a las 21:00 horas en el Teatro Echegaray.

  

Cómo es técnicamente eso de escribir con los ojos cerrados y qué suma, en su caso, a la creación

Sumo muchísimo porque no veo palabras, veo blanco. No veo cómo el texto avanza, sino imágenes que mi imaginación, nunca mejor dicho, va creando en una pantalla irreal. Es una experiencia tridimensional en la que yo estoy dentro siempre, participo de la acción y voy viendo la trama a mi alrededor. Nunca escribo desde fuera y eso solo puede hacerse cerrando los ojos, no viendo nada más que lo que refleja la pantalla de tu mente.

Suena a proeza eso de escribir una novela en un mes, ¿cómo es ese tiempo, sus rutinas…?

Eso es una leyenda urbana, salió durante la noche del Premio Nadal porque un periodista lo publicó o se dijo en alguna radio, no recuerdo exactamente. Yo escribo esta especie de película en la que vivo y desde la que creo. Este estado de tridimensionalidad suele durar tres meses y medio o cuatro, más allá de eso no puedo seguir escribiendo, estoy totalmente agotado. Es una experiencia orgánica, no solo mental así que escribir una novela en un mes para mí sería imposible.

Sobre el tiempo y las rutinas durante el proceso: me levanto, escribo, desayuno, sigo escribiendo, hago mucho deporte, es cierto, un par de horas al día, tiro con arco, voy al gimnasio, paseo con los perros, pero estoy siempre en soledad, son cuatro meses muy solitarios. En general mi vida es muy solitaria, pero esos meses son de encierro absoluto e intento estar ajeno a lo que ocurre en el exterior, salvo contadas ocasiones y personas que forman parte de mi círculo más íntimo, el resto desaparece. Me alimento muy bien y cuido todo lo que debe ser cuidado para que mi cuerpo y mi plexo rindan lo máximo posible y ahí no escatimo en nada, tengo que estar al cien por cien, cuesta mucho pero lo consigo, que la maquinaria esté bien para que después pueda flotar tranquilamente.

¿Por qué escribe?

Eso quisiera saber yo. Creo que escribo para llegar a saber por qué escribo y creo que a muchos y muchas nos pasa exactamente lo mismo. También escribo para que me quieran, es así. Suena un poco simple, pero escribo para que me vean porque muchas veces me siento invisible.

Qué libro, de los que no ha tirado, literalmente, por la ventana, recomendaría encarecidamente

Recomendaría “La puerta”, de Magda Szabó; “Kramp”, de María José Ferrada y “El estilita”, de Uri Costak.

Cree que los concursos son una (buena) manera para poder dar el salto a la publicación. Algún consejo para los escritores desesperados…

Bueno depende del concurso, creo que la mejor forma es insistir, escribir para publicar, escribir para el otro, escribir para el público, no escribir para ti y ser consciente de que estás escribiendo para eso. Ese es el paso número uno. En segundo lugar, buscar los mecanismos para que los editores te lean, un concurso no es necesariamente la mejor opción para llegar a un editor, porque las novelas pasan muchos filtros y el editor no lee todas las novelas que se envían, con lo cual las posibilidades son pocas. Si lo ganas, muy bien, pero lo cierto es que estás jugando con muy pocas probabilidades para llegar a un fin. Hay que diversificar y moverse, hay que ser muy proactivo. Una cosa es escribir y la otra publicar.

Sobre el consejo para los escritores desesperados, pues la desesperación es muy mala consejera, por lo que debe desaparecer, y creo que una buena forma es que si estamos hablando de publicar, no de escribir que es otra cosa, lo único que puedo decir es que a quienes quieran vivir esto en profundidad es que no tengan miedo de conocerse y que cultiven la originalidad. Al final, la originalidad es lo único que va a llevarles donde quieran, no hay más. Lo demás es secundario.

Tengo entendido que ha dejado de leer, ¿qué tiene que tener un libro para recuperar a un lector como usted?

No he dejado de leer, pero me cuesta mucho encontrar lecturas, no termino de encontrar lo que quiero, salvo en el caso de las novelas que he comentado antes, en ese caso, leo con fruición y me encanta, pero me cuesta mucho encontrar lecturas. Un libro tiene que tener alma, una voz y música propia. Tiene que estar hablándome a mí, cuidándome, el autor o autora tiene que estar mirándome todo el rato, como si estuviéramos sentados en el banco de un parque y me estuviera contando un cuento para que yo me olvidara del resto del mundo.

Su experiencia en la Factoría Echegaray con la pieza “La Isla del Aire” ha sido la segunda como autor teatral, si no me equivoco, después de “El secreto de los Hoffman”, con cuyo texto original fue finalista del Premio de novela Ciudad de Torrevieja en 2009. ¿Cómo lo ha vivido?

Lo de la Factoría con estas pedazo de actrices y con Jorge Torres, el Director, ha sido lo más bonito que me ha pasado, sinceramente. En lo creativo, ha sido lo más hermoso, una experiencia muy global, una comunión brutal con el equipo artístico, con las cinco actrices, con el iluminador, con el diseñador del decorado…

Realmente maravilloso, me llevaré esta experiencia hasta la tumba, han sido todos tan generosos… Hemos creado una familia y no estoy acostumbrado a que me pase en lo creativo y ahora voy a tener mucho mono de ellos, de eso estoy totalmente seguro.

Usted que escribe transcribiendo lo que ve en su pantalla mental de forma bastante cinematográfica, no se imagina también “La Isla del Aire” convertida en película…

Sí, claro que me la imagino convertida en película y voy a luchar por ello desde ya. Creo que es un peliculón. De la segunda parte de la novela ya se compraron los derechos y ahí están y voy a hacer todo lo posible porque lo sea.

Qué tal por Málaga, ¿ha leído la ciudad entera? O se ha quedado en las primeras páginas…

Yo conozco Málaga desde hace muchos años, vengo muy seguido durante el año, vengo a dar charlas a colegios o a dar cursos. Málaga es para mí un lugar muy conocido, trabajé en el Festival de Málaga allá por el año 96 hasta el 99. La he vivido mucho, la he recorrido mucho y la he sentido mucho. Es una pequeña casa que tengo también en el mundo.

Ha dicho en alguna entrevista que el día que se atrevió a ser usted mismo su vida cambió, ¿cómo fue ese proceso y en qué ha afectado a su literatura?

Fue el día que dejé de pensar que no merecía las cosas que tengo, ni que me tocan, el día que dejé de tener el síndrome del impostor, de que siempre estoy de prestado y eso sucedió durante una presentación de “Una Madre”. Simplemente me di cuenta que estaba intentando ser lo que lo demás esperaban de mí y lo había llevado a un extremo maléfico. Ese día me quedé en blanco durante el acto y empecé a hablar así tal y como estoy hablando ahora: “Lo siento me he quedado en blanco porque lo que me ocurre es que estoy cansado de ser quien no soy”. Y en cuanto me sinceré con el foro, mi vida cambió, mi forma de relacionarme con mis lectoras y lectores, con mi público, con las expectativas que yo creo que genero, etc. y me afectaba mucho.

En cuanto a cómo esto se ha podido reflejar en mi escritura, yo siempre he escrito igual, mi proceso de creación ha sido siempre muy parecido y he tenido mucha seguridad a la hora de escribir, pero es cierto que ahora soy más lúdico, desde entonces he ganado en eso, no en seguridad en mí mismo, porque mentiría si dijera eso, pero sí juego mucho más.

Usted que le ha escrito tanto al amor, cómo cree que es el amor ideal, y también real, de pareja

Yo no creo que exista un amor ideal, creo que existe el amor a cosas, el amor a momentos, el amor a experiencias, el amor a personas en un marco determinado, pero el amor es como la vida, no sé todavía lo que es la vida, no sé lo que es la muerte, el amor, no sé, es como algo que está ahí, abres, lo sientes, vuelves a cerrar, lo quieres, lo no quieres, es como un punto de partida, un punto de llegada, un punto de referencia. El amor de pareja no lo recuerdo bien realmente, no lo sé, no tengo ni idea. Hace tanto que no tengo pareja que no lo recuerdo. Prefiero hablar del amor a circunstancias. De chispazos de amor. Esos sí existen.

Si se le apareciera un mago con una de esas lámparas maravillosas como debe ser y le concediera tres deseos y el mago se muriera tras pedir el segundo, ¿habría cambiado el orden?

No. Mi respuesta es siempre la misma. Solo le pediría un deseo y sería no tener que pasar por el duelo de la muerte de mis hermanas y mi madre. Para el resto de deseos, dejaría descansar al mago en paz.

Creo que le gustan mucho los secretos, ¿es más de guardarlos o de contarlos?

No tengo muchos secretos sinceramente, ni los cuento ni no los cuento, lo que la gente vive normalmente como secretos yo no los vivo como tal. Yo cuento las cosas como se me ocurren, cuando las vivo y como las vivo y normalmente en el marco más inadecuado, pero no confieso, simplemente comparto cosas. Normalmente lo que comparto son dudas y las dudas con quien las comparto, sobre todo, es con mi psicoanalista.

¿Qué personajes le habitan ahora y le suplican salir?

Me habitan ahora estas mujeres, las de “La Isla del Aire” y creo que me van a seguir habitando durante mucho tiempo porque las tengo muy frescas, no hay más allá ahora mismo, han taponado el resto de tubos del órgano, en este momento sólo existe la música de “La Isla del Aire” y las voces de estas mujeres.

¿Tiene algún lema?

La verdad, aunque duela.

¿Es feliz?

Bueno. A veces estoy satisfecho con lo que soy, con cómo me veo, con cómo entiendo el mundo y con cómo consigo sobrevivir a muchas cosas. La felicidad, durante mucho tiempo, en mi ideario de felicidad, ha sido el alivio y ahora muchas veces consigo estar aliviado y estar muy tranquilo conmigo mismo, eso me provoca mucha felicidad porque ha sido muy costoso para mí.

 

BOCACALLE grupo literario

Lidia Bravo se hace con el XXXIV premio Unicaja de Poesía

Nuestra compañera y amiga, la escritora Lidia Bravo, se ha alzado con el XXXIV premio Unicaja de Poesía con su obra “La muerte de Christopher Reeve”.

La malagueña ha sido la ganadora de este prestigioso premio tras ser elegida entre las más de 200 candidaturas de distintos países.

¡Enhorabuena Lidia!

 

BOCACALLE GRUPO LITERARIO

 

EL INFANTE PERDIDO

Texto del mes seleccionado en el Taller Literario “Párrafos Atenienses”

Por MARTA ZAMBUDIO MESEGUER

No parecía real, empero a día de hoy me evoca a una apología del más vívido de los sentimientos vividos en esta vivaz aventura a la que acostumbramos tildar de vida.

Lógicamente, y más todavía siendo una pueril criatura frente a lo desconocido e ignoto, no me situaba en toda aquella convulsión del todo inesperada para mí, aunque me temo que esto es una condición innata a esta nuestra especie, no nos creemos personajes de la trama de la cual somos los protagonistas, no nos creemos preparados para que empiece el rodaje, cuando verdaderamente, estamos más que hechos para triunfar. Pero a decir verdad, en aquel momento esa oferta me llegó sin buscarla, de manera totalmente fortuita, un juego inminente, como un amanecer en el cual tan solo se perciben los pequeños reflejos bermejos de un sol que asoma denodado y audaz. A una parte de mi ser le gustaba aquello, aquello a lo que un tiempo después sería adicta, y lo mejor, que esa adicción sería recíproca.

Allí estaba yo, frente al mar, teléfono en mano, me sentía valiente, con tanta curiosidad como osadía por aquel providencial y onírico muchacho. Él me había llamado esa tarde, pero yo estaba, junto a mi familia, en el apartamento de la playa de mis padrinos; no esperaba su llamada, así que se la devolví, con la naturalidad del que llama a la puerta de su amigo para tomar café los sábados por la tarde, aunque con cierto grado, cómo no, de nerviosismo, pero siendo este último agradable. Ahora me doy cuenta de la importancia de aquella llamada, y es que no me gusta hablar por teléfono, los que me conocen lo saben, son múltiples las excusas y subterfugios que utilizo para procastinar tal empresa, hasta finalmente delegar en alguien, y es que es una de las cualidades de esta personalidad tan introspectiva, aunque no tímida, es más bien que me canso rápido de la gente, preciso de un oasis con barra libre de ambrosía, paz y autoindagación, en el que en ocasiones solo hay cabida para uno, pero en aquella ocasión todo eso no surgió en mi mente, y si lo hizo, no de la manera que hasta entonces lo había hecho, además, parecía que aquella singladura estaba diseñada por y para dos, con elixir más que suficiente para ambos. Me alejé pues, avisando de que iba a llamarle, sí, como si tal, ya que, al mismo tiempo, no soy de esas personas que ocultan su vida personal, soy transparente, lo que me pasa lo cuento, con quien me pasa, lo cuento, y a la misma vez, me canso de aquellos a los que se lo cuento, es una dualidad cuanto menos, peculiar. Tras unos momentos, lo cogió, no recuerdo la conversación exacta, aunque lo que sí quedó grabado fue ese sentimiento del que quiere estar con alguien, sabiendo que ese alguien quiere estar contigo más que tú con él, pero eso de sentirme deseada, repito, me gustaba, y cada vez más. Finalmente, me transmitió sus ganas de volvernos a ver, de una manera tan sutil como osada, que calaba en mí apaciblemente, sin hacerme sentir mal ni un ápice, me sentía bien, muy bien, a pesar de no saber si quería o no ir. Habíamos pasado juntos la semana, y eso era sábado, nos veríamos domingo -un poco pronto pensé, pero por qué no- sorprendentemente frecuentaba con su familia una tetería muy famosa en un pueblo cercano al mío, como a unos treinta minutos en coche de su ciudad, pero todo eso yo no lo pensé. Nos despedimos y volví con mi familia, el contacto con él, de la manera que fuere, no me turbiaba, sin darme cuenta, provocaba situaciones nuevas para mí, y quizás más para él, me hacía experimentar, sin sufrir, por lo que me dejaba sorprender. Lo que he comentado antes de mi relación con la gente, llamo gente a todo los que no sea mi madre, mi padre y mi hermano, y él, no se aplica a cuando necesito tomar decisiones, a pesar de ser asertiva en mi quehacer, comento y pido consejo y asidero a mi familia, por ende, mi madre estaba al tanto de mi amistad, por aquel entonces, con aquel infante, aunque se podía advertir que la relación tenía una complexión y desarrollo hasta el momento algo inusual y al mismo tiempo veraz, por lo que ella arguyó -si no lo quieres, no vayas, no le hagas ilusiones- , profiriendo un vaticinio de los sentimientos profundos que se estaban cocinando, y yo, tras una enteca dubitación, ya pensando en la ropa que vestiría, dije: voy. Tiene gracia, en vez de un café el sábado por la tarde, acabaríamos tomando un té el domingo, también por la tarde.

A eso de las cuatro me estaba acicalando, y debo admitir que, de no ser por la foto que encabezó un año después nuestro primer álbum, no recordaría el modelo que elegí para la ocasión, y es que no necesitaba alardear de cierta imagen, ni resaltar o guarecerme en determinados aderezos o velos sobre mi nítida imagen, tenía la tranquilidad de gustarle; no me cambié cinco veces, ni me pasé horas frente al espejo imaginándome la óptima versión de mí misma junto a él, algo que sí había hecho con chicos anteriores, por lo tanto, llegué a pensar que, verdaderamente, tanta placidez devenía de mi falta de interés hacia él, de hecho, debo reseñar, que en un primer momento no me pareció lo suficientemente atractivo desde el prisma de mi intelecto y bajo mis juicios de valor en comunión con mi analogía a los precedentes amoríos, aunque en un estadio menos prosélito a esa primera oleada de raciocinios, se encontraba ese sentimiento oculto en el que la belleza alcanza unos umbrales de una asombrosa magnificencia, más allá de lo concreto y tangible.

No parece real, empero a día de hoy me evoca a una apología del más vívido de los sentimientos vividos en esta vivaz y apremiante aventura a la que acostumbramos tildar de muerte.

– Señorita, el cementerio cerrará en breve- dijo el sereno del camposanto.

-Enseguida marcho. Adiós cariño, me están esperando para tomar un té.

Era domingo por la tarde

EL ENSAYO QUE HIERE Y SANA DE JORGE FREIRE

Por VICKY MOLINA

El escritor Jorge Freire (Madrid, 1985) es el reciente ganador del XI Premio Málaga de Ensayo “José María González Ruiz” con su obra “La incesante manía”, en la que el pensamiento se muestra como un revólver en la sien de la agitación permanente y casi siempre improductiva en la que vivimos.

Freire habla para el Blog del Ateneo de Málaga de este libro, que pronto publicará la editorial Páginas de Espuma, en el que se reivindica la función de la filosofía y que seguro arrojará algo de luz a nuestro interior.

Cuáles son las bases de la propuesta constructiva sobre las que se asienta “La incesante manía”

Este libro es tanto una polémica de ideas como una consolatio. En primer lugar, analiza uno de los males que aquejan con mayor saña al sujeto contemporáneo, un problema viejo como el mundo que en nuestros días se agudiza hasta el paroxismo. A grandes rasgos, se asemeja a aquello que según Pascal constituía la fuente de todos nuestros dolores: nuestra incapacidad de estar quietos y a solas en una habitación. En segundo lugar, recupera la vieja noción de pharmakon que, a mi juicio, define la función de la filosofía: por un lado, nos ayuda a curarnos las heridas que los sinsabores de la existencia provocan y, por otro, nos infunde valor para acopiar argumentos con que edificarnos una vida razonable. El ensayo trata de ser, en último término, como la lanza de Aquiles, que hiere y sana.

Celebro, por cierto, que lo definas como una propuesta constructiva. Burke escribió que es más fácil desmontar un reloj y convertirlo en un batiburrillo inservible de piezas que tratar de montarlo y hacer que funcione. Robert Burns dedicó un poema a un ratoncito al que un arado había destrozado la madriguera: ese montón de hojitas / te habían costado agotadoras dentelladas… No es casualidad que ambos escribieran esto en plena Revolución Francesa, cuando los desafueros de la Convención comenzaban a ser evidentes. Es más fácil destruir que construir.

Cree que esa diversión obligada puede responder a una necesidad impuesta de abolir la realidad

Así es. Sostengo que la agitación es uno de esos movimientos apotropaicos que, desde la noche de los tiempos, los grupos humanos ejecutan para espantar aquello que les aterra: su condición finita, su mortalidad. Por desgracia, la realidad es tenaz y termina imponiéndose, pero eso da igual. Los pueblos arcaicos danzaban tres días alrededor del fuego para conjurar la fatalidad; nosotros tenemos el campo de fútbol y la rave, el teatro inmersivo y la performance independentista para hacer más o menos lo mismo.

Entronca de alguna forma su idea del eterno movimiento y constante agitación del individuo con la de auto-explotación, del pensador surcoreano Byung-Chul Han

Comparo al sujeto contemporáneo con la figura del mítico Ixión, atado a una rueda ardiente que gira sin cesar en las entrañas de la tierra, aunque quizá se parezca más al hámster que da vueltas y vueltas. La gran diferencia entre ambos y nuestro coetáneo es que éste se unce a la rueda voluntariamente. Respecto a la auto-explotación de Han, si bien comparte un sustrato común con mi concepto de agitación, media un trecho entre ambos. Lo de Han se parece al modelo de explotación taylorista que un personaje de Sueño crepuscular, de Edith Wharton, establecía para su vida privada. En aras de la productividad, cada tarea quedaba establecida con una precisión inusitada: cinco minutos y medio para sacar al perro, seis minutos para bañarse, etc. La agitación, sin embargo, no es especialmente productiva. Más que explotación, es una suerte de borrachera. Si seguimos la metáfora etílica que moteja de workaholic (o trabajólico) al adicto al trabajo, podríamos decir que la agitación equivale al delirium tremens.

Sería esa obligación de diversión una falsa creencia de que uno se está realizando

Más allá de la diversión, “hacer cosas” y “ponerse las pilas” son en nuestro tiempo mandatos de obligado cumplimiento. No es que este concepto de realización, que encuentra su ideal en el conejito de Duracell, nos obligue a imponernos metas altas y exigentes, sino que éstas son directamente estúpidas.

Es posible la diversión completa de forma virtual, sin la incorporación de todos los sentidos

Divertirse significa girar en otra dirección (di-vertere), como los surcos del arado. Para ello no hacen falta los cinco sentidos ni, naturalmente, atenerse al principio de realidad, pues lo virtual es, stricto sensu, lo contrario de lo real. Ahora bien, uno está en su derecho de pasar el rato tontamente; ¡faltaría más! Otra cosa es, por ejemplo, tratar de erigirlo en modelo pedagógico, como viene haciéndose durante los últimos años. Por mucho que bramen los próceres del “aprender jugando”, sintagma tan bobalicón como negligente, el esparcimiento no puede ser simultáneo a la instrucción, pues está solo se produce por confluencia. Sobra recordar que estar disperso es lo contrario de estar concentrado.

Volverán los niños a ser capaces de divertirse jugando en la calle sin hacer un click…

Desconfío de la nostalgia. Nunca me he creído el manriqueño lema de que todo tiempo pasado fue mejor. Aunque sean más sedentarios y se expongan a los peligros de la tecnología, ¿diríamos que los niños de hoy sean más desgraciados que los que antaño jugaban en la calle? No creo. Otra cosa es que un niño no debería pasar todas las tardes solo, con la única compañía de la tablet. Pero convendremos en que el problema en ese caso no es la tablet. Los niños requieren tiempo. Cuando carecen de presencia cercana, acaban pagándolo.

Cuáles son las manías incesantes de Jorge Freire

Están casi todas descritas en el libro. Soy el principal blanco de mis críticas, por decirlo con la expresión que suelen enarbolar quienes confunden la reflexión razonada con una espingarda llena de pólvora. Aun así, lo cierto es que vengo con la cazoleta cargada y que en este libro tiro a dar…

Nos podría recomendar algunas lecturas “curativas” que inviten a un divertimento lúcido

Basta con que esa lectura nos interpele y arroje algo de luz a nuestro interior, que es, en teoría, donde se agazapa la verdad. Y para eso sirve casi cualquiera. ¿No decía el bachiller Sansón Carrasco que no hay libro malo que no contenga algo bueno? Por eso hay que saber leer entre líneas. Eso, y no otra cosa, es lo que la inteligencia (inter-legere) significa. De todos modos, no tengo claro si los buenos libros curan o enferman… ¿Recomendaciones? Siempre es buen momento para leer las Meditaciones, de Marco Aurelio.

 

 

 

Jorge Freire es filósofo de formación. Profesor y escritor. En 2015 publicó una biografía intelectual de la novelista estadounidense Edith Wharton, titulado “Edith Wharton. Una mujer rebelde en la edad de la inocencia”, publicado por la editorial Alrevés. Su segundo libro, un ensayo sobre el “Casanova de las causas,” Arthur Koestler y la Guerra Civil, bajo el título “Nuestro hombre en España”, también publicado por Alrevés. Freire escribe en El Mundo, Letras Libres y El País.

Lleva además un blog de libros en el periódico digital “The Objective” con el nombre de “Geórgicas”:     https://theobjective.com/author/jorge-freire/

 

El Premio Málaga de Ensayo “José María González Ruiz” es convocado por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Málaga en colaboración con la editorial Páginas de Espuma y ha sido ganado en sus primeras ediciones por Vicente Luis Mora, Ignacio Padilla, Blas Matamoro, David Roas, Remedios Zafra, Cristian Crusat, Miguel Albero, Jorge Fernández Gonzalo, Fernando Iwasaki y Martín Rodríguez-Gaona.

 

  

BOCACALLE grupo literario

 

BOCACALLE, literatura en acción

BOCACALLE Grupo de escritoras y creadoras de Málaga se encuentran cada semana con la palabra. Durante la sesión se acercan a autores, autoras, tendencias, técnicas narrativas, compartiendo lo creado. Actualmente la actividad del grupo se centra en la confección y el impulso de proyectos culturales, así como de novela, relatos y poesía.

Bocacalle (Grupo Literario) está compuesto por Ada Valero, Vicky Molina, Lidia Bravo, Christine Félix, María Luisa Balaguer, Cris Miranda, María Victoria Pérez y Mati Morata.

Entra en el Blog del Ateneo de Málaga, un lugar para la información, las ideas, la reflexión y la creatividad: http://ateneomalaga.es/blog/

Coordina Vicky Molina

 

A TRAVÉS DEL ESPEJO Y EL DIABLO QUE ENCONTRÉ ALLÍ

SECCIÓN AL FONDO DEL DESVÁN

Por Mitchie Martín


«Inyección total de «Gerovital»
demoledor de bien, difusor del mal
apodérate, atrévete
nigromántico, necrofílico
miedo, miedo
solo los cobardes tienen miedo
miedo, miedo
nervios de nylon que me dan miedo
sueños, sueños
danzas peligrosas en mis sueños
vete, vete
ácido aliento de la muerte.
»


 La voz de Tino Casal resuena en mi cabeza mientras mis ojos se pierden en el ‘Espejo’ de Chema Lumbreras.

Al otro lado un diablo me clava la mirada mientras baila sobre las llamas del infierno. Su expresión es burlona, desafiante. Cierro los ojos durante un momento y los vuelvo a abrir. Cuando mi atención se enfoca de nuevo en la criatura me doy cuenta de que está quieta. De hecho, acabo de darme cuenta de que carece de rostro.

A pesar de su pequeño tamaño es una obra que da una increíble sensación de inmensidad conforme más te vas acercando, un diminuto balcón donde asomarse a un abismo azul. Sus llamas nada tienen que ver con el rojo infierno que todos tenemos en nuestro imaginario, pero no dejan de tener un significado oscuro. Ese color simboliza paz, meditación o melancolía en Occidente, pero en Oriente representa la muerte. Un color que sirve como disfraz de cordero a este lobo: un infierno con una apariencia casi inocente.


«Yo te invoco Satanás
no me aburras más
booz adonais lux tenebroe
perderos en la Atlántida
aléjate, esfúmate
perderos en la oscuridad.
»

 

Esta obra se quedó fuera de la selección de su creador, Chema Lumbreras, dentro de una serie sobre el concepto del espejo para una muestra que presentó en la antigua sala de la Diputación de Málaga.

Una exposición fruto de la experimentación del artista durante la búsqueda de sí mismo, cargada de humor e ironía como dictaban los cánones de finales de los ochenta. Fue un delirio total. Incluso su catálogo fue escrito por un amigo de juergas del artista. ¿El resultado? Un texto con la misma cordura que la exhibición de la que hablaba: ninguna.

No es una obra que se tome en serio a sí misma, tampoco lo fue la exposición para la que fue realizada y en la que jamás participó. Todo esto le otorga un aura muy kitsch que le da un sabor especial tanto por su estética como por la historia que le rodea.

¿De verdad que no tenía rostro? Juraría que lo he visto.

 

«Infusión mortal de «Pentotal»

diana la iguana, mecánica rana
apodérate, atrévete
psicofónico, «espídico»
miedo, miedo
hoy los niños ya no tienen miedo
miedo, miedo
nervios de nylon que me dan miedo
sueños, sueños
danzas peligrosas en mis sueños
vete, vete
ácido aliento de la muerte.
»

 

Los espejos, más allá de ser objetos banales, son jueces que muestran tanto la luz como la oscuridad de quien se refleja. Aunque peores jueces somos nosotros mismos delante de ellos. En el momento en el que nos enfrentamos a nuestro “yo” del otro lado comienzan a brotar las sombras hasta rebosar por encima de todo lo demás.

La obra se llama ‘Espejo’, y ¿quién no es capaz de verse reflejado en éste en algún momento de su existencia? Probablemente no haya un mejor análogo del ser humano que el mismísimo diablo. Un individuo pecador por antonomasia, incluso para las religiones es así. Si nos paramos a pensar, para las religiones occidentales Satanás no es otra cosa que la personificación de la naturaleza del ser humano, la misma que arrancó a Eva y Adán del idílico paraíso del Edén.

La propia narración del origen de esta temible criatura da las claves para formular esta afirmación tan atrevida. Lucifer se rebeló contra Dios porque no quería estar bajo su yugo, el de la dictadura del “bien” entendido a través de esta figura de perfección. Con este razonamiento por bandera reunió un ejército de ángeles que estaban de acuerdo con sus pensamientos y comenzó la lucha. Al perderla, porque era evidente que no iba a ganar en esta historia otro bando que no fuese el del Todopoderoso, es desterrado al abismo junto a sus soldados. ¿Por qué se les expulsa? Porque han sido humanos. Han tenido la osadía de desarrollar un pensamiento propio y el hacer caso a su curiosidad les ha llevado a la rebelión, y ya sabemos todos qué pasa cuando se cuestiona a la Iglesia seas ángel o seas humano.

Este espejo es capaz de desnudar la parte más profunda de tu ser, ¿te atreves a mirarte en él?


«Yo te invoco, viejo loco
no me comas el «coco»
azufre, incienso, cenizas, sal
«va de retro” Satanás
inyección de «Pentotal»
y punto final.
»

 

 

(Relato inspirado por la obra ‘Espejo’ de Chema Lumbreras, realizada en 1989 y posteriormente donada al Ateneo de Málaga, así como por la canción ‘Miedo’ de Tino Casal, que me he tomado la libertad de reproducir en mi escrito como parte de la atmósfera narrativa).

 

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

 

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

 

*Pie de foto: ‘Espejo’ de Chema Lumbreras | Catálogo del Fondo Ateneo