Una Historia del luto

Por VICKY MOLINA

Entro al Ateneo pensando en los temas del orden del día de nuestra reunión literaria semanal y la mirada desde su inconsciencia, de repente, me da un crujido y despierta en otro mundo.

El ojo se turba entre la espesura misteriosa de lo que parecen cuadros para descubrir que el sfumato es fotográfico. Al principio me siento incómoda, interrogada por fantasmas que reconozco.

Unos cascos inalámbricos que cuelgan junto a los marcos me dan respuestas. Y entonces me cuelo en sus historias, una muestra de Historia sobre la tradición aún viva que acompaña a la muerte.

Detrás de esa estética honda, de la lente inquietante de “La Pena Negra” está Virginia Rota, fotógrafa malagueña a la que no dudo en contactar para saber más de su trabajo, de su proceso creativo:

V.M.: Pintura, cine, danza… Reconoces las influencias de estas artes en tu trabajo. ¿Cómo se te ocurrió añadir audio a las fotografías? ¿Sentiste esa necesidad para completar la historia o la comunicación?

V.R.: La Pena Negra es para mí una especie de archivo histórico (muy pequeño, claro está) de una parte importante de la historia de mi país; mi deseo no era otro que reconstruir la tradición del luto a través de personas que, a día de hoy, aún lo llevasen. En ningún momento encontré que tuviese sentido tomar yo sus voces para el desarrollo de este proyecto; me pareció que era necesario que el discurso y las vivencias de estas personas viajasen de manera directa a los sentidos del espectador.

V.M.: Llama la atención el tema elegido en La Pena Negra, reivindicando de alguna forma la autenticidad y sabiduría rural en esta era tecnológica de máscaras felices, obsesionada con posponer indefinidamente la muerte y ocultarla…

V.R.: Algunas personas que conocimos en los distintos pueblos nos hablaban de la tanatofobia (miedo a la muerte, miedo a morir) que parece haber invadido por completo a nuestras sociedades, sepultando prácticamente todo acto y pensamiento que tenga que ver con la muerte humana. Y creo que tienen razón, la sociedad en la que vivimos funciona de manera muy rápida, limpiando los hechos prácticamente antes de que sucedan, y aunque existe un negocio tremendo y horrendo alrededor de la muerte, el miedo a la misma es súper poderoso y un pilar económico importantísimo; por lo que de nada interesa detenerse aquí.

 

V.M.: ¿Crees que ya has encontrado tu estilo?

V.R.: No ando en la búsqueda de un ‘estilo’. Llegué a la fotografía por casualidad y en seguida me conecté. La imagen, los cuerpos, la luz… Todo esto me parece muy atractivo y me permite estar concentrada en esta sola cosa. Así que no sé si he encontrado mi estilo o no, yo siento que encontré un lugar sencillo y noble en el que estar (hablando de la creación, no del circuito que la rodea).

V.M.: Como Gonard, fotógrafo con el que has descubierto conexión, crees que con tu trabajo, como él dice,  se puede reconocer nuestra «part commune d’humanité» (parte común de la humanidad)…

V.R.: Totalmente, el Arte no hace otra cosa que acercarnos a lo que somos, además de manera directa, sin ningún tipo de prudencia.

V.M.: Cine, teatro, danza… ¿dónde más te gustaría sumergir tu cámara?

V.R.: No hay un lugar en el que más. Me fascina trabajar en danza porque he encontrado personas dentro de ese mundo que me vuelan la cabeza, como Luz Arcas (Laphármaco), Janet Novás o Peeping Tom.

 

V.M.: Participas el año próximo en la Factoría Echegaray, vuelves al teatro que vio nacer tu pasión por la fotografía, ¿cómo va a ser ese trabajo?

V.R.: Vuelvo junto a mi amigo Jose Andrés López (director y dramaturgo de la compañía malagueña Viviseccionados), así que estoy muy ilusionada. Jose está escribiendo textos increíbles y yo estoy dándole vueltas a todo lo visual, incluso estamos dejando la puerta abierta a hacer proyecciones. Todavía queda mucho trabajo, pero estoy muy muy muy contenta y con muchas ganas de regresar a Málaga y comenzar a trabajar allí.

V.M.: Cuál es tu próximo trabajo…

V.R.: Cada vez que finalizo un proyecto fotográfico me sumerjo en un vacío inevitable durante una temporada; así que ahora mismo no tengo nada concreto en mente, sólo esbozos. Por ahora estoy centrada, junto a Jose Andrés López, en la creación de la obra que llevaremos al Echegaray.

V.M.: Alguna recomendación de alguna exposición, película, libro y/o artista que hayas descubierto recientemente…

V.R.: Robert Henry es mi obsesión de este mes. En septiembre estuve en Encontros da Imagen (Braga, Portugal) y descubrí el trabajo hipnótico de retrato de Bryan Schutmaat. Allí estaba expuesto Grays the Mountain Sends.

 

Virginia Rota quería ser escritora. Y escribió. En la Revista Modernícolas. Y un día. Accidentalmente. La Fotografía le alargó su mano.

(Málaga, 1989), Licenciada en Psicología y Máster en Cine Experimental y Documental. En el año 2015 se estrena con una serie de retratos ‘Saudade’, que le dan el Primer premio Malagacrea 2015 y Contemporarte2015, expuesta en el Museo de Arte Moderno de Guatemala, Galería Astarté (Madrid), IRJ (Logroño), Festival Incubarte 2015 (Valencia) y Galería La casa Rosa (Málaga). Un año más tarde gana el Concurso Iberoamericano de Fotografía Nexofoto con «Saudade» y en 2018 se hace con el Premio Galicia de Fotografía Contemporánea con ‘El mundo al principio. Infans’. Ahora Ateneo de Málaga alberga hasta el 31 de octubre su exposición ‘La Pena Negra’.

 

ACTIVIDADES EN EL ATENEO en torno a “La Pena Negra”

Hoy 7 de octubre a las 19:30 horas, tendrá lugar la charla del Psicólogo y psicoanalista Pedro Angona, que realizará un análisis psicológico e interpretación de la exposición, a partir del visionado de las imágenes y de la reflexión sobre su obra que la propia artista realizó en su visita guiada en el Ateneo el pasado 18 de septiembre.

El 21 de octubre, a las 19 horas, se celebrará la ponencia “La fototerapia en la gestión emocional del duelo”, por Elena Pedrosa Puertas, fotógrafa, periodista, profesora de Artes Plásticas y Diseño en la especialidad de Fotografía artística, licenciada en Comunicación Audiovisual y Periodismo y doctora especializada en Narrativa Audiovisual. En los últimos años se ha formado como Arteterapeuta Gestalt y Fototerapeuta. Imparte los talleres “Mirando hacia adentro”, de fotografía para el autoconocimiento.

 

Reunión Las Tardes de Atenea

BOCACALLE (Grupo Literario)

El primer otoño sin Romero Esteo

Por LOLA ACOSTA

Los años 70 vienen marcados por el “Nuevo Teatro Español” donde encontramos figuras de relevancia y una andadura renovadora  para el mundo teatral de nuestro país. Encontramos en este grupo a dramaturgos de la talla de Francisco Nieva, Miguel Narros, Fernando Arrabal o Luis Riaza, entre otros y, por supuesto, destacable dentro del panorama nacional, pero esencialmente malagueño, a Miguel Romero Esteo, que desarrolla  gran parte de  su labor intelectual y trayectoria profesional  en nuestra ciudad.

El pasado 23 de septiembre de 2019, Miguel Romero Esteo habría cumplido 89 años, en conmemoración de su nacimiento, la asociación que lleva su nombre presentó el “Otoño Miguel Romero Esteo” en el edificio neo-mudéjar, sede de la actual Sala Rectorado de la Universidad de Málaga, ubicada en el Paseo del Parque. Este  acto-homenaje fue llevado de la mano de un grupo de personas que lo admiraron y luchan por preservar su memoria.

Carlos de Mesa y la Vicerrectora Doña Tecla Lumbreras presidieron un acto la pasada semana con textos, contextos, palabras e imágenes contenidos en la vida y dramaturgia del escritor, que comenzó su andadura en Málaga allá por años 70-80, tras un recorrido por festivales nacionales e internacionales, en una época difícil para la creatividad bajo la Dictadura franquista, que prohibió algunas de sus obras, mientras “Pontifical” iba pasando de mano en mano de forma clandestina.

El acto conmemorativo del pasado 23 de septiembre finalizó con un inesperado y original concierto dirigido por D. Luis María Pacetti, la soprano Lourdes Martín Leiva y el cuarteto de cuerda  de la Orquesta Málaga Camerata,  ya que los estudios musicales de composición, órgano y piano de nuestro autor  quedaron plasmados en la musicalidad de sus textos.

Se declamaron fragmentos completos, dando detalles de la terminología musical dentro de la obra de Miguel Romero Esteo y la inclusión de breves partituras en algunos de sus libros, las cuales fueron interpretadas, reviviendo “el espíritu de Miguel”, que estuvo presente durante todo el acto. Una investigación que está siendo llevada a cabo por dos grandes nombres de la lírica malacitana: la soprano Lourdes Martín y el tenor Luis Paccetti.

Si hubiese que describir la obra de Miguel Romero Esteo con algún calificativo, probablemente tendríamos que utilizar términos tales como estrafalarios inclasificables, rebeldes ditirámbicos, esperpénticos e histriónicos, pero sobre todos estos nos quedamos con su imagen humana y su carácter poético, que a pesar de desplantes y silencios se hizo fuerte en su propio camino.

La asociación pretende reafirmar su pensamiento, dada la cantidad de ideas y propuestas que surgen de su creación literaria. Éste pretende también ser el primer otoño que se continúe cada año que nos permitan aprender lo más posible sobre sus disciplinas creativas.

 

Miguel Romero Esteo flirteó, principalmente en sus comienzos, con la poesía con las denominadas “Hierofanías”, dado el marcado acento rítmico de su personalidad, era, pues,  una poesía llena de ritmo y sarcasmo, pero realmente fue el teatro el género literario que lo llegó  a absorber en su última etapa, no en vano fue premio Europa por su obra “Tartessos” y oyéronse voces y comentarios sobre la propuesta de este dramaturgo para el Nobel.

Su legado destila una manera radicalmente personal y diferente de entender desde la escritura a la propia vida. La suya fue una labor creativa abocada a una acogida desigual e intermitente.

No olvidemos que a pesar de la clandestinidad de su obra en nuestro país, “Pontifical” había sido traducida al alemán y puso a Romero Esteo a compartir el prestigioso sello de la editorial Suhrkamp con Samuel Beckett, Bertolt  Brecht o Peter Weiss.

Basta con recordar  las palabras pronunciadas por Fernando Lázaro Carreter en su etapa como presidente de la Real Academia Española de la Lengua: «No hay que olvidar que en algunas de las obras de Miguel Romero Esteo están algunas de las cumbres de la literatura europea de todos los tiempos”

Dado su nacimiento un 23 de septiembre y su fallecimiento un 29 de noviembre, será éste  el período de tiempo otoñal en que se desarrollarán una serie de eventos ya comenzados el 23 de septiembre y que proponen la Universidad de Málaga en colaboración con la Asociación Miguel Romero Esteo (http://asociacionmiguelromeroesteo.es/)

Personalmente, tuve la suerte de “no ser alumna” suya de la universidad, aunque sí de formar parte de aquellas originales aulas de poesía y teatro, así como de conocer en primera fila la arquitectura teatral que urdió en torno a sus grotescomaquias en aquellos  continuos ensayos de “Ivoña, princesa de Borgoña”, porque, eso sí, siempre estábamos inmersos en algún proyecto que mantenía viva la vena cultural de la ciudad en aquellos años en que el conocimiento de las artes y las letras se vertebraba a en torno a “los comedores universitarios”, cuando aún esa cultura no era institucional sino casi, me atrevería a decir,  “underground”. La Universidad aún no tenía Campus, las facultades estaban diseminadas por la ciudad y la creación se fraguaba en torno al patio de San Agustín, Facultad de Filología.

Podíamos pasar jornadas enteras en festivales de teatro venidos de todas partes de la geografía española con las mejores compañías y representaciones del país.

Miguel Esteo creó posteriormente el famoso Festival Internacional de Teatro, que nos dio a conocer la cara de la fama mundial en compañías de teatro traídas desde cualquier rincón del universo: Marcel Marceau, Lindsay Kempt y su  “El sueño de una noche de verano”, oímos los cascabeles del Katakali, y el incienso del Nepal, o el teatro negro de Praga.

Nos preguntábamos misteriosamente: ¿cómo lo habrá conseguido?

Málaga fue una ciudad culta por excelencia de la mano de Miguel Romero Esteo quien, junto a sus ediciones, de entre las cuales recuerdo “Cuadernos de la marinería” o los “Cuadernillos del grumete”, entre otras, nos tenía embelesados a los jóvenes  interesados por la cultura.

La travesía del escritor, que tan presente tuvo a Málaga en sus textos y tanta poesía o teatro enseñó en sus talleres de la UMA, se caracterizó por su capacidad innata para, en una dirección u otra, no dejar indiferente a nadie.

Confío en la asociación y en su empeño de que  en que  este ciclo de actividades se prolongue la estela de una figura genial como el epílogo vital de este dramaturgo.

 

LOLA ACOSTA es colaboradora de la Vocalía de Feminismo

 

*Pie Primera foto: Foto-montaje Romero Esteo (Las tardes de Atenea). Fuente: Asociación MRE

*Pie Segunda foto: “La Oropéndola” se representó en el Teatro Echegaray en 2016

AL FONDO DEL DESVÁN: La Paloma

 

Por Mitchie Martín

La planta más alta del edificio San Telmo nunca está desierta. Aunque no haya nadie, ni en la más profunda quietud de la noche es posible sentirse solo ahí. Lo sabes cuando oyes el crujir de las puertas de madera o cuando te sobresalta el aleteo de una paloma que rompe el silencio nocturno. Incluso cuando, subiendo las escaleras hacia el último piso, el busto de una mujer señala con su mirada casi perdida la puerta que vas a cruzar.

Es una puerta enorme. A pesar de su tamaño, es sorprendentemente ligera. Las sombras inquietas de las palomas que habitan el tejado interrumpen intermitentemente la luz de la luna que entra por los ventanales, dejando intuir una gran silueta que vigila desde el final de la estancia.

Una figura extraña e imponente muestra sus fauces con la boca bien abierta. Su cabeza es extraña, ridículamente descompensada con el gran volumen de su cuerpo y coronada con un único y enorme ojo que atraviesa a todo aquel que entra en su territorio.

Papel maché, tela y alambre es lo único que aguarda allí arriba. Aquella figura que en las sombras se contemplaba sólida e intimidante se convierte a la luz del día en un muñeco de estructura frágil. Los alambres que lo sujetan a la pared no protegen al visitante del ataque de la bestia, que se va haciendo más débil cuanto más te acercas a ella.

En realidad esta escultura guarda un aura revolucionaria. Enrique Brinkmann dio vida a este “muñeco”, como le gusta denominar a los trabajos de la serie a la que pertenece esta obra, bajo el encargo de la galería Vandrés de Madrid a principios de los setenta. Fernando Vijande, su fundador, organizó una exposición con la intención de hacer un homenaje a Pablo Picasso. En la España de entonces, Vijande necesitó sortear la censura que ya le había afectado años antes cuando lo procesaron tras la intervención de la policía para retirar numerosas obras de su galería. Bajo el título “La Paloma”, reunió a un grupo de artistas que conocían sus intenciones y apoyaban su causa.

Ensalzar la figura de Picasso significaba echar sal en la herida del orgullo franquista. Defensor de la República durante la Guerra Civil, fue perseguido cuando Francisco Franco tomó el poder. Aun desde Francia, el malagueño no dejó de manifestar su rechazo por la Dictadura, como ya lo hizo durante el transcurso de la guerra a través de su arte.

El Régimen utilizó el miedo como arma contra los disidentes y una ilusión de paz social para acallar a las masas. La Dictadura era una gran bestia a la que temer. Nada de ideas que cuestionasen sus principios o sus normas, de lo contrario habría un castigo. Y castigando es como esa bestia se hacía más temible para el pueblo. Se alimentaba del miedo para hacerse aún más grande e imponente. Imponente pero frágil, como el muñeco de Brinkmann.

Fernando Vijande cuestionó su poder, no tuvo miedo a la bestia. Tampoco Enrique Brinkmann, ni ninguno de los artistas que se enfrentaron con osadía a la dictadura con “La Paloma”. Un símbolo de paz que se alzó como un arma de guerra contra la opresión. Ahora uno de los soldados que libraron esa batalla descansa en la Pinacoteca del Ateneo protegiéndola con su presencia.

 

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

POESÍA POWER: Regreso

Regreso

Por ADA VALERO

Una vez dispusieron mi camino

las palabras varadas en tus labios

y perdí el mar.

Deshabité mi casa y para siempre

perdura en sus estancias

la impronta enmudecida de la ausencia.

lo que se fue no vuelve: deja

finos estambres de luz en los rellanos,

diminutos fulgores de memoria,

máscaras, voces, sílabas,

paredes descarnadas y las horas,

todas las horas que surqué en mi viaje

malheridas de tiempo.

La que se fue no ha vuelto:

llegó desde la ausencia, sin historia,

saciada de camino y de palabras,

ávida de la mar,

viajera del olvido.

Grupo Literario Atene@s

¿Será el futuro como lo ‘predice’ Harari?

Portada “The New Yorker”

Por ANDRÉS HUESO IRANZO

Tras el éxito obtenido con Sapiens: Una breve historia de la humanidad (Debate, 2014) Yuval Noah Harari (Kiryatt Atta, Israel, 24 de febrero de 1976), presenta en Homo Deus: Breve historia del mañana (Debate 2016) un ‘posible’ mundo futuro no tan lejano del actual en el cual nos veremos enfrentados a una nueva serie de retos. Harari explora los proyectos, los sueños y las pesadillas que irán moldeando el siglo XXI, desde superar la muerte hasta la creación de la inteligencia artificial. Pero en esta exploración se inquieta y nos inquieta por las dificultades que se nos van a oponer para mantener los valores humanísticos que han sido predominantes durante el siglo XX. Los cambios que se avecinan no son sólo tecnológicos, sino también ideológicos. Así pues la libertad, la democracia, los derechos humanos son valores que corren peligro «… las ideas fundamentales de las democracias liberales con las que estamos familiarizados, como “un hombre un voto”, en un mundo con castas biológicas, ciborgs e inteligencia artificial pueden quedar completamente obsoletas […] Cuanto más globalizada y automatizada es la economía, menor es el poder de la clase obrera… ».

A este futuro amenazante le pone un nombre: dataísmo «… es la situación en la que, con suficientes datos biométricos sobre mí y suficiente poder computacional, un algoritmo externo puede entenderme mejor de lo que yo me entiendo a mí mismo. Y una vez existe este algoritmo, el poder pasa de mí, como individuo, a ese algoritmo, que puede tomar mejores decisiones que yo …»

Nos guste o no, la nueva agenda de la humanidad la decide sólo una élite y esto no es previsible que cambie en los años venideros.

Harari se cuida de hablar de profecías o pronósticos. Sus ideas sobre el futuro, que el lector no puede dejar de percibir como amenazas en toda regla, las califica de ‘posibilidades’; y es verdad que —a la vista de la evolución reciente de la tecnología, el estado actual de la industria cibernética y de la galopante desigualdad social mundial— sus ‘posibilidades’ presentan una alarmante verosimilitud.

Tras exponer, en un largo capítulo introductorio, los nuevos desafíos que afronta el ser humano, Harari estructura el ensayo en tres partes. Las dos primeras son de carácter histórico y un resumen de cómo hemos llegado a la situación actual:

Primero, explora qué hay de singular en nuestra naturaleza que nos separa de los animales y nos transforma en dioses. A continuación, se ocupa de cómo el ser humano, al tiempo que conquista el mundo, lo dota de significado. Y, en la tercera parte, aborda cuáles pueden ser los factores claves que determinen el futuro de nuestra especie.

Transcendiendo la más o menos urgencia e inmediatez, los ‘verdaderos’ problemas de la sociedad humana se encuentran en tres procesos interconectados:

  1. La ciencia converge en un dogma universal, que afirma que los organismos son algoritmos y que la vida es procesamiento de datos.
  2. La inteligencia se desconecta de la conciencia.
  3. Algoritmos no conscientes pero inteligentísimos pronto podrían conocernos mejor que nosotros mismos. 

En el análisis de la virtualidad de estos postulados, Harari va desarrollando consecuencias de los hallazgos científicos:

La teoría de la evolución es contraria a la idea del libre albedrío.

No elegimos nuestros deseos, simplemente los sentimos.

Se pueden manipular y controlar los deseos con técnicas bioquímicas, biogenéticas y bioelectrónicas.

Yo somos más de uno. Tenemos un Yo experimentador, pero nuestra memoria conserva un relato de la experiencia desarrollado por el Yo narrador que se separa significativamente de la vivencia experimentada y la hace más confortable. Así pues, el Yo es un relato imaginario.

Una amenaza fundamental para los humanos proviene de que la inteligencia se está desconectando de la conciencia. Harari concluye que «… da que pensar que para los ejércitos y para las compañías comerciales, la respuesta es clara: la inteligencia es obligatoria, pero la conciencia es opcional.»

En el siglo XXI pueden surgir algoritmos que serán mejor que los humanos recordando, analizando y reconociendo pautas. Esto generará una nueva clase social inútil e inempleable: los humanos perderán su utilidad económica y militar, de ahí que el sistema económico y político deje de atribuirles mucho valor. El sistema seguirá encontrando valor en los humanos colectivamente, pero no en los individuos; aunque sí seguirá encontrando valor en algunos individuos, pero estos serán una nueva élite de superhumanos mejorados y no la masa de la población.

Por otro lado, los asistentes cibernéticos (léase Google, Cortana, Siri, …) pasarán de Oráculos a Representantes y, finalmente a ser Soberanos; el progreso tecnológico no quiere escucharnos, quiere controlarnos.

«A pesar de todos los discursos del islamismo radical y del fundamentalismo cristiano, el lugar más interesante del mundo desde una perspectiva religiosa no es el Estado Islámico o el Cinturón de la Biblia, sino Silicon Valley. Allí es donde gurúes de la alta tecnología están elaborando para nosotros religiones valientes y nuevas que tienen poco que ver con Dios y todo que ver con la tecnología. Prometen todas las recompensas antiguas (felicidad, paz, prosperidad e incluso vida eterna), pero aquí, en la Tierra, y con la ayuda de la tecnología, en lugar de después de la muerte y con la ayuda de seres celestiales. Estas nuevas tecnorreligiones pueden dividirse en dos clases principales: tecnohumanismo y religión de los datos. El tecnohumanismo conviene en que Homo sapiens, tal como lo conocemos, ya ha terminado su recorrido histórico y ya no será relevante en el futuro, pero concluye que, por ello, debemos utilizar la tecnología para crear Homo Deus, un modelo humano muy superior.»

«… en los inicios del siglo XXI, la política está desprovista de visiones grandiosas. El gobierno se ha convertido en mera administración. Gestiona el país, pero ya no lo dirige.»

«Al equiparar las experiencias humanas a los patrones de datos, el dataísmo socava nuestra principal fuente de autoridad y sentido, y anuncia una tremenda revolución religiosa, como no se ha visto desde el siglo XVIII […] Sí, Dios es producto de la imaginación humana, pero la imaginación humana es a su vez producto de algoritmos bioquímicos.»

Las ciencias de la vida ya ven a los organismos biológicos como algoritmos bioquímicos. La barrera entre animales y máquinas desaparece: las mismas leyes matemáticas se pueden aplicar tanto a los algoritmos bioquímicos como a los electrónicos. Se puede interpretar a toda la especie humana como un único sistema de procesamiento en el que hacemos la función de chips. Los humanos hemos ejercido las funciones más importantes de la red biológica, pero podemos llegar a perder nuestra importancia funcional ¿qué será de nosotros entonces?

La Palabra Creadora

Ciclo Lecturas infrecuentes

El arqueólogo del futuro

Por Vicky Molina

Juan Francisco Ferré (Málaga, 1962) concibió su cuarta y última novela con la editorial Anagrama, “Revolución” un buen día de abril de 2016, cuando Marcel, su querido erizo, se le cruzó en el camino: “Ha sido la relación no humana más intensa de mi vida”, declara el autor.

De ahí nace la génesis de esta historia recientemente publicada, sobre gente que hoy es millennial, gente en la frontera de los cuarenta dentro de dos décadas, “que vive un futuro con una educación sentimental como la que hoy tenemos” y cuya mascota es un erizo. Se trata de una pareja que vive una situación familiar especial: tienen dos hijos propios y uno “adoptado, superdotado e inadaptado”: Aníbal.

Ferré reivindica la Literatura con mayúsculas a través de la voz del cabeza de familia Gabriel Espinosa, un filósofo fracasado “en un mundo donde el pensamiento no tiene lugar” y que será contratado por la Universidad Paneuropea para enseñar Ciencias Cognitivas. A través de nuestra imprevisible aventura lectora junto a este “Quijote de la inteligencia”, intentaremos comprender el Siglo XXI: “Es un libro que en veinte años puede tener más sentido para un lector u otro, está escrito para los arqueólogos del futuro”, comenta el autor.

Justo cuando las inspiradoras púas de Marcel se instalaron en la vida de Juan Francisco Ferré, el escritor estaba a punto de ponerse a trabajar en  un ensayo sobre el cine del director estadounidense Stanley Kubrick. Y  tres de sus películas merodean por la entrañas de Revolución: Eyes Wide Shut, El Resplandor y 2001: Una Odisea del espacio. Busquen. Y a ver qué encuentran también los zoólogos del futuro, pues es esta “una novela dedicada a los animales, para reivindicar nuestra relación con el animal. Nuestra misión es hacernos cargo de los animales y darles la vida que la naturaleza no les da”, apunta el malagueño.

 

Pasen y viajen durante 33 días a través del verbo ambicioso de Juan Francisco Ferré y, no lo duden, háganse su propia revolución:

(Fragmentos  de la novela Revolución cedidos por el autor)

 

DÍA 1

Sofía y Pablo son nuestros hijos biológicos. De Ariana y míos. Gemelos. Aníbal es adoptado. Cuando Ariana y yo to­mamos esta decisión no estoy seguro de que lo hiciéramos por las mismas razones, a pesar de que lo hablamos una y mil veces antes de solicitar la adopción. Ella buscaba completar una foto­grafía de familia que se le antojaba inacabada y ya no le parecía pensable remediar de otro modo con las mismas garantías de éxito.

–Desde el punto de vista de la neurociencia, la distancia entre la inteligencia de un aldeano analfabeto y un genio de la física es insignificante. Solo un poco superior al chimpancé y al ratón.

Aun no entiendo por qué acepté hacerlo. No veía la necesi­dad de tener un nuevo hijo compartiendo el hogar y adaptán­dose a las excentricidades de la familia. Al mismo tiempo, tam­poco veía en nombre de qué podía negarme. Puedo reconocer que Ariana me convenció. O que supo proponerme que lo hi­ciéramos en el momento más oportuno. Cuando mi cerebro encontró en ello la solución a problemas de otro tipo que quizá no admitían, o no hallaban, otras respuestas más satisfactorias.

–Si te digo que me encanta la compota de manzana que has cocinado es porque mi cerebro, en realidad, quiere que te diga que te encuentro muy atractiva.

Así que dije que sí, que veía bien adoptar a Aníbal, pero no por ello dejé atrás las frustraciones de la edad, el empobreci­miento de mi vida sexual, la tortura intelectual de no haber he­cho nada de provecho antes de los cuarenta, y los celos hacia Ariana, cada vez mayores. La tentación de separarnos y la fuer­za para mantenerla a mi lado.

–Una amiga me ha enseñado en internet los cuadros y las fotografías de un artista ucraniano que amplía en gran tamaño imágenes de bacterias y microorganismos de todo tipo y las hace pasar por creaciones originales.

El problema es que Aníbal era un superdotado y no lo sabía­mos. Alguien cuya capacidad de adaptación a un entorno do­méstico normal lindaba con el autismo. Y, sin embargo, había conseguido desde su llegada establecer una relación de cariño y ternura con sus dos hermanos. Más con Pablo que con Sofía, desde luego. Pero se relacionaba con ambos, se comunicaba con ellos con regularidad y permitía que compartieran con él una parte de las actividades que ocupaban sus días e incluso, contra la voluntad de su madre, sus noches de actividad insomne.

 

Y AHORA, CONOZCAMOS A OTRO DE LOS SINGULARES PERSONAJES DE REVOLUCIÓN, EL GRAN FREDDY EL FAUNO…

…“Antes conocido como Federico Ríos.

El ermitaño institucional de la urbanización Palomar, un antiguo ejecutivo huido del mundo de las corporaciones y los negocios financieros para refugiarse aquí, en las lindes de la civilización, después de un  traspié profesional o un desengaño amoroso.

Un fauno con orejas peludas, dientes cariados, nariz aguileña, cejas pilosas, ojos de alimaña, bigote poblado, labios ennegrecidos por el consumo abusivo de setas inclasificables, como el raro espécimen que sostenía en una mano durante la conversación, contemplándola cada poco con insano apetito”.

 

Escuchen al Gran Freddy en su primer encuentro con Gabriel Espinosa pinchando aquí:

 

 

 

Voz Freddy el Fauno: Pedro Fernán, Catedrático de la Escuela de Arte Dramático de Málaga.

 

 Grupo Literario Las Tardes de Atenea

1635 LIKES

 

Por VICKY MOLINA Y PEDRO FERNÁN

 

Volvió a mirar el calendario digital. Habían pasado exactamente dos días, tres horas y cuarenta segundos, cuarenta y uno, cuarenta y dos… Y llegó el momento de vomitar sobre su compromiso con el terapeuta.

Para un like- adicto como él ya suponía un triunfo tanta contención. Segis buscó en el amplio catálogo de fotos aún sin publicar, seleccionó la que estaba de perfil con el bíceps inflado, el del brazo derecho, donde hace ahora un par de meses se tatuó esa corona de oro.

Presionó el botón actualizar y se quedó petrificado delante de la pantalla, esperando contar pulgares hacia arriba. La ansiosa expectación hizo que su corazón comenzara a bombear rápido. Segis ya sabía lo que venía después: la descarga eléctrica y la reproducción de las mismas palabras implantadas en su cerebro. Ese maldito eco prehistórico. Cuanto más agudos eran sus gritos, mejor era la audición.

Grabación implante mod. Piter74. Pulsa aquí:

 

 

Audio-Teatro: “La Vida es Sueño”, de Texto Pedro Calderón de la Barca (1635)

Voz: Pedro Fernán, Catedrático de la Escuela de Arte Dramático de Málaga.

Poesía Power: LECCIÓN DE GRAMÁTICA APLICADA

Por ADA VALERO

He amado.

Me han amado sin calma,

inundando la ausencia de palabras

tan altas como torres.

Y al fin he reunido

un diccionario útil de la pasión:

aprendo con paciencia, de memoria.

Guardo

osadas acepciones de grandes adjetivos,

un caudal de retórica probada:

cuántas interjecciones,

cuántos adverbios como golpe de yunque…

Esos siempre,

esos nunca,

esos eternamente trabados por los verbos inclementes…

Soy experta en sinónimos y antónimos,

bailan en mi cabeza

los nombres que me dieron

en el bautizo efímero de los creyentes besos.

Ahora enseño gramática

y repaso recursos expresivos,

finjo actos de fe para los crédulos

alumnos que aún no saben

que querer es un sí con su contrario:

un ven,

un quédate,

un no regreses.

Grupo Literario “Las Tardes de Atenea”

LOS VICIOS Y TORMENTOS DE ANDRÉS HUESO

 

Ayer tuvo lugar en el Ateneo de Málaga la puesta de largo del libro “Preludios”, de Andrés Hueso Iranzo, que fue presentado por el Doctor en Filología, poeta y escritor, Francisco Chica Hermoso. El acto arrancó con la interpretación de unos preludios de Bach, Chopin y Antón García Abril.

 

A continuación, las palabras de Hueso cantan a capela durante nuestro viaje por algunos de los pasajes de su composición revestida de amor, melancolía y una profunda soledad.

 

Fragmentos del libro Preludios:

 

—Pero ¿tú qué te has creído? ¡Cachomierda! —El Desconocido ha reaccionado como un relámpago y le planta cara. No solo no ha retrocedido ni un paso, sino que adelanta una pierna en un claro gesto de estar comiéndole el terreno—. ¿Crees que llevo trabajando toda mi puta vida para que ahora tú puedas llevarte mis ahorros, cachomierda? —No es una pregunta, es una increpación.

Su mano, que creía firme, está ahora vacilante, la punta del mal cuchillo que sostiene evidencia su temblor como la aguja de un sismógrafo. El Desconocido lleva su mano derecha al bolsillo del abrigo y tranquilamente saca una pistola con la que encañona directamente su cabeza.

—Tira la navaja en esa alcantarilla —le dice— y si no te pego un tiro ahora, es porque no me va a merecer la pena el dolor de oído que me producirá el disparo, pero te mataré si no te quitas ahora mismo de mi vista, cachomierda.

Fragmento de Blues de Barrio

 

Los actos de los dioses parecen estar movidos por la envidia hacia los hombres, aunque no podamos explicarnos la razón.

Perdida la paciencia, Cloto recurre a su hermana Átropos para que deshaga el nudo que no ha podido desliar. Sabe que su hermana resolverá el problema con el único arte que es capaz de ejecutar, pero ya no le quedan ganas de continuar en el intento del desenredo. Quizá no esté tan desesperada, sino simplemente ha asumido, sin rencor hacia el que lo ha provocado ni pena hacia los afectados, que es un gesto más de los que constituyen su eter­no quehacer: ella hila e hila usando fibras de oro y de lana blanca o negra, en proporciones caprichosas; Láquesis mide las hebras con cicatera exactitud y Átropos las corta, sin emoción alguna en sus ojos o sus dedos.

Fragmento de Huido objeto de deseo. II Las Moiras

 

El abuelo es consciente de la mudez sobrevenida del nieto y siente su inmovilidad. Como tantas noches se ha quedado dormido al inicio de su narración, es natural siendo tan pequeño, pero a él no le importa, de hecho, ni siquiera llega a darse cuenta de cuándo el pequeño ha dejado de escucharlo. Todas las noches el abuelo completa su narración con voz tranquila y queda, mirando fijamente el rescoldo del hogar como si de allí lo estuviera leyendo o, tal vez, como si quisiera dejarlo grabado en las ascuas para que otros en el futuro y ante otro fuego similar pudieran leer o recibir sus palabras de alguna forma o, en fin, con el único propósito que contarlo para sí, para reafirmar la convicción de no haberlo olvidado a pesar de los años transcurridos …

Fragmento de La trinchera

Crónica de Cannes 2019, por Carlos Crespo Castillo

 

El Festival de Cine de Cannes es el mayor evento cinematográfico del mundo. Para cualquiera que esté interesado en el cine, esto no es una sorpresa, pero desde que comencé a considerar las películas como algo más que un hobby, ir a Cannes para el festival ha sido un sueño. Este año tengo la oportunidad de estar ahí, gracias a una iniciativa del festival llamada “3 Días en Cannes”, que permite a jóvenes cinéfilos ir durante los tres primeros o los tres últimos días del festival.
Mi acreditación estará disponible desde el día 23 al 25 de mayo, por lo que esta primera semana estoy viviéndola desde el banquillo. Por lo que he leído hasta ahora, el festival ha tardado unos días en proyectar una película que haya dejado boquiabiertos a los críticos. La película inaugural, The dead don’t die, de Jim Jarmusch, vio a un reparto repleto de estrellas como Tilda Swinton, Bill Murray o el recientemente nominado al Oscar, Adam Driver, luchar contra un invasión zombi en su pequeño pueblo junto a personalidades como Selena Gomez o Iggy Pop. Para el festival, comenzar su 72ª edición con una comedia de terror era una apuesta valiente, pero el elenco y equipo prometían cierto estándar de calidad.
Sin embargo, estas expectativas solo se cumplieron parcialmente, ya que muchos críticos han recibido tibiamente una película que sintieran falta de vida y algo obvia en moraleja. No fue hasta los días 18 y 19 que la programación se avivó, con la llegada de las nuevas películas de Pedro Almodóvar, Terrence Malick, Céline Sciamma y Robert Eggers. Mientras que Almodóvar, con su semiautobiográfica Dolor y gloria, que ya se ha podido ver en salas españolas, ha sido propuesto como uno de los candidatos con más posibilidades a la Palma de Oro, tanto Sciamma como Malick deben ser tenidos en cuenta: el director americano es un cineasta visionario que ya dejó anonadado al público de Cannes con su obra maestra, El árbol de la vida, y regresa esta vez con un drama sobre la 2ª Guerra Mundial, A hidden life; por su parte, la realizadora francesa propone un drama de época con Portrait of a lady on fire y, aunque su nombre no ha sonado tanto en el circuito comercial, obras con una visión tan personal como Girlhood o Tomboy la posicionan como alguien a quien tener en cuenta.
Por su parte, Robert Eggers no debe preocuparse, ya que su nueva película, The lighthouse, compite en la Quincena de realizadores, el festival paralelo a Cannes donde, cada año, se pueden ver algunas apuestas de cine autoral interesantes y diferentes. Con su primera película, The VVitch, que definió como “un cuento popular en Nueva Inglaterra”, Eggers se posicionó como una de las principales figuras a seguir en el cine de terror. Este nuevo largometraje parece jugar en la línea de su predecesora, ya que cuenta la historia de dos fareros, interpretados por Willem Dafoe y Robert Pattinson, y la crítica no ha tardado en hacer sonar las alarmas: muchos la consideran una obra maestra, y ha generado un enorme interés en el festival tras solo una proyección.
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Del amor malogrado y el compromiso por la libertad

 

Por MARÍA LUISA BALAGUER

En el centro de Estudios Políticos y Constitucionales se presentan muchos libros, de hecho es uno de los objetivos del Centro, fomentar la cultura y el derecho. El pasado lunes se presentó el libro “A finales de enero. La historia de amor más trágica de la transición”, que ha escrito Javier Padilla, y que ha obtenido el Premio Comillas de 2019.

El libro de Javier es un acierto en su iniciativa y también en su oportunidad. Es un libro oportuno en el momento en que se publica por la coincidencia del aniversario de la Constitución, pero también por la coyuntura política que atraviesa España, y por la indudable calidad de su factura.

Javier es como él ha dicho, un joven demócrata, producto de la transición política del régimen de Franco a la democracia formal de Occidente. Y en él confluyen importantes elementos de esa consecuencia: su formación en una universidad moderna, con dotación de medios, apertura a Europa y EE.UU. y una identificación nacional propia de la ciudanía que construye la CE de 1978.

Pero es hijo de la generación que luchó por conseguir ese estatus. Y sus padres acudieron a las mismas manifestaciones que yo, sufrieron los miedos y los peligros de que se malograra todo aquello, tan frágil, tan amenazado de tantos dictadores que quedaron vivos, y después hubieron de votar una constitución que no satisfacía totalmente sus exigencias, pero que garantizaba la paz social y el progreso de la nación.

La Transición, tan denostada luego, tan admirada por el contexto de otras naciones que importaron y admiraron el consenso conseguido, y renacida por diversos intereses, todos legítimos pero diversos, tuvo su contra narrativa, que está por hacer.

Coincidente con este año y estos fastos, se publicó la segunda edición de la “Crónica secreta de la Transición”, y aquí mismo presentamos la obra, con toda la asistencia de público que Bonifacio de la Cuadra garantizó: un periodista de la Transición, posiblemente el mejor. A la salida, coincidíamos en la necesidad de evitar los triunfalismos y fijarnos en el sufrimiento y en el precio que para muchas personas y sus familias supuso la Transición: como en el caso del libro que presentamos, la muerte. Y las balas no venían de un lado solamente, hubo muchas muertes desde distintas ideologías y extremismos. Nos preguntábamos ese día si alguna vez se escribirá sobre todo esto, para fortalecer también la memoria histórica, para contar lo que de verdad ocurrió, todo lo que tuvo entonces lugar, y no solo la simplificación de esos años en la palabra concordia, paz, convivencia pacífica y algunos tópicos más.

Ahora sé que por estas fechas terminaba Javier su libro, y ponía en evidencia muchos mitos de esa paz beatífica de que ha querido teñirse un periodo de la historia de España lleno de zozobras, negrura y también desde luego la luz de un texto constitucional lúcido, luminoso y eficaz, pero época también de sufrimiento, conspiraciones, oscuridad y traiciones.

Si él agradece a nuestra generación haberse formado como lo que es, a Javier habría que agradecerle que haya escrito este libro, capaz de reflejar con tanta fidelidad los años finales de la década de los sesenta y los setenta, prefigurando la universidad que vivimos los que estudiamos en esos años. La intelectualidad del marxismo, acrecido con los filósofos franceses, Althusser, Poulantzas, el estructuralismo, todos aquellas ingentes fotocopias que nos torturaban, buscando la revolución por los bares y tabernas, bebiendo vino barato y cubatas de limón, y llenando las paredes de los poster del Che y del Black power-White power.

No era fácil para una persona de este siglo situarse en aquella sociología de la represión sexual excedente de Marcuse, del temor de perder la virginidad y del miedo al embarazo, de la falsa igualdad entre mujeres y hombres, y de todo lo que se dio por supuesto y que en realidad nunca existió. La tarea de desenmascaramiento de esas falsas apariencias liberalizadoras, se me antoja, porque está más en mi interés personal, uno de los mayores aciertos del libro. La identificación de estas circunstancias en los tres protagonistas del libro, es para mí el mayor valor. Igualmente, y lo señaló Cristina Almeida en su día, la narrativa de cómo se malogran algunas vidas sin la menor culpa, por las puras circunstancias del azar. Las tres, cada una por su propia azarosa circunstancia.

Javier tiene un futuro luminoso, y su capacidad para la literatura le dará mucha felicidad, pero ha tenido la generosidad de poner en la calle la vida de personas que hoy son, junto a otros, los verdaderos héroes de la transición, y de la lucha por la democracia. Todas aquellas personas que de verdad sufrieron, más allá de los aciertos de los intelectuales que dieron con las palabras y las frases idóneas para las normas que como diría Soledad, soportan hoy el estrés de las instituciones con solvencia. Porque Dolores, Arturo y Javier, y muchas otras personas, dieron su vida para la felicidad de la nuestra. Y Javier, ha contribuido con su trabajo y su esfuerzo, a rendirles el mejor homenaje.

 

Grupo Literario “Las tardes de Atenea”

Reconocer el mundo

 

Por CRISTINA CONSUEGRA

El pasado miércoles, 8 de mayo, la Vocalía de Feminismo de Ateneo de Málaga organizó un coloquio presentación en torno al libro, Dos Voces. Una mirada femenina nerjeña, de las autoras, Carmen María Sabio y Marta Sarramián, con fotografías de Juan Antonio Quiles. El libro, un trabajo de campo que ha contado con la financiación de la Concejalía de Igualdad del Ayuntamiento de Nerja, se estructura en dos partes, división que responde a los textos que firman una u otra autora y, a su vez, cada una de ellas estructura su ecosistema literario en apartados que guardan relación directa con el hecho de pensar la sociedad en clave feminista. Además, Dos voces cuenta con el prólogo de la escritora Herminia Luque, nombre propio fundamental para entender la escena narrativa feminista en la actualidad.

Las autoras conversaron con mujeres nerjeñas, tanto nacidas en esta localidad como residentes, con el fin primordial de construir sus biografías olvidadas e invisibilizadas, es decir, con el fin último de recuperar parte de la memoria sustraída a una localidad –cuestión que podemos extrapolar al plano global- para obtener así el (re)conocimiento que todas las mujeres merecen por su empeño profesional y su aportación a la cultura y costumbres de cualquier lugar en este mundo. Esta investigación literaria, este querer poner el foco de atención en aquello que ha permanecido oculto, pretende acabar con esos mecanismos patriarcales que sólo pretenden silenciar lo que ha formado parte del proceso de creación de una localidad como Nerja: la presencia de las mujeres. Ese silencio no era algo abstracto, informe, no; ese silencio alberga nombres y apellidos de mujeres cuyo trabajo ha sido fundamental para entender la sociedad actual, mujeres con historias motivadoras, inspiradoras. Mujeres como Pilar Rivas, futbolista que, en 1968, se incorporó al entramado profesional logrando superar retos muy complejos para las mujeres que elegían el camino del deporte; Isabel Jurado Márquez, una vida ilustrada por la lectura y el amor a la literatura, revolucionaria en el plano identitario; María Asunción García Escobar, fundamental para entender el avance social y político en Nerja; la cantante Nuria Fergó que sirve de espejo para las generaciones más jóvenes… Mujeres que han contribuido a la poética de un pueblo, a su respiración y aliento y que, como la otra mitad de la sociedad, merece ser escuchada y reivindicada. Se trata, al final y al cabo, de retratar la voz de las mujeres, voz que ha sido alzada y que será alzada, una y mil veces.

LA MANO DE QUIEN ESCRIBE

 

POR CHRISTINE FÉLIX GARCÍA

Las bibliotecas públicas son una tregua, un espacio de descanso en el laberinto abigarrado de los barrios de ciudad. Juguemos a perdernos en ellas, son maravillosas. Podemos por ejemplo hacer torres de Babel apilando libros hasta el techo, lograr formar poemas surrealistas con los títulos de los cantos o abrir los libros como pájaros para volar. Hasta es posible tomarle el pulso a la sociedad con echar un vistazo a los más leídos. La Biblioteca Municipal Cristóbal Cuevas es pequeñita por acogedora y grande por la curiosidad de sus lectores.  Lleva el nombre del profesor que me enseñó a amar a Góngora y, para el encuentro con el escritor Antonio Orejudo, está muy concurrida. Cristina Consuegra lo presenta; sobre la mesa su último libro: Grandes Éxitos.

Grandes éxitos es un artefacto de la escritura, obedece a los tiempos que nos han tocado vivir y como tal ofrece múltiples posibilidades. Se compone de piezas sueltas y a la vez concertadas donde hay un escritor consciente de su juego, del efecto de la luz y de las duplicidades que ofrecen los espejos, un lugar en el que la literatura es el arte de la ambigüedad.

Juguemos pues y convirtamos esa amena  charla, ofrecida  por Antonio Orejudo a raíz de su libro, en la transcripción de unas notas con sus puntos, contrapuntos y acordes; eso sí ténganlo en cuenta: Aunque está “basada en hechos reales, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”:

 

Notas y acordes sobre el arte de novelar

“Soy un novelista y el trabajo de un novelista es hacer creer a los demás cosas que no lo son.”

“Un libro es un organismo propio y es bueno o es malo independientemente de lo que el autor haya querido hacer.”

“Los seres humanos siempre vamos a consumir ficción, necesitamos que nos cuenten cosas pero no tiene que ser necesariamente la abuelita contándonos el cuento en la cabecera de la cama.”

“La literatura es un señor o  una señora en su casa en pijama escribiendo  y un señor o una señora en pijama leyendo, no hay más.”

“Cuando estoy en mi casa en pijama escribiendo un libro, hago todo lo posible para que el señor o la señora que esté en pijama leyendo mi libro, no lo cierre.”

“La relación entre esos dos seres humanos en pijama  es como la relación de los vasos comunicantes. Lo que no hace uno lo tiene que hacer el otro: el nivel tiene que ser el mismo.”

“El lector es tan responsable de lo que lee como el escritor de lo que ha escrito. La lectura es un acto tan creativo como la escritura.”

“Los buenos escritores son los que saben las cosas que no hay que decir,  pues el lector rellena esos huecos con su imaginación. Es el lector quien reescribe el libro con su imaginación.”

“No vale todo para escribir pero soy muy consciente del momento histórico en el que escribo.”

 

 

Tonos, semitonos e intervalos:  Sobre el yo escritor,  la identidad y la ficción

“Ese yo que aparece ahí, ¿soy yo? ¿Quién sabe? … Si ustedes se preguntan si son el yo que aparece en su diario, ese diario que nadie lee, esa escritura que nadie ha leído nunca… ¿Son ese yo? Pues sí y no.”

“Nos cuesta tan poco trabajo escribir que pensamos que es una actividad de lo más natural. Escribir no tiene nada de natural, es un proceso de una sofisticación cerebral enorme. Y no digamos escribir en primera persona, esto obliga a un movimiento muy complicado que es desdoblarse, salirse de uno mismo y  verse desde fuera; eso no es nada normal.”

“En el relato de uno mismo siempre hay una selección de hechos, unos favorecen más, otros menos. Y cuando se decide contar los seleccionados, hay muchas perspectivas para hacerlo.”

“Si un escritor o cualquier persona dice “yo”, sobre ello… habría mucho que hablar.”

“Cuando leemos libros en primera persona notamos esa voz cálida, tenemos la sensación de que hay una presencia humana que nos guía. Ahora bien, coge la página, mírala al trasluz -yo no veo nada-. No hay ningún corazón, ni hígado, ni riñones, ni nada. Lo que veo es una letra detrás de otra, unas palabras puestas en un orden preciso que forman algunas frases que están colocadas  en un orden, también muy preciso, que forman párrafos que forman páginas que forman textos. Lo que tú sientas al leerlas no te lo provoca ningún  ser humano. Lo que tú sientes te lo provoca el orden que tienen las palabras en esa página y nada más, no hay nada más que sintaxis. No hay otra cosa.”

“Me parece milagroso que unos signos colocados en una orden preciso, sean capaces de provocar en mi cabeza esas descargas eléctricas en no sé qué zona de mi cerebro que se convierten en ternura, rabia, tristeza, alegría… eso sí que me parece milagroso: que el orden, ese orden y no otro orden de las palabras creen en mí las mismas emociones que las experiencias vividas.”

“Cuando cogemos un libro de ficción, el terreno de juego en el que se construye no es el de la verdad y la mentira.”

“Todos sabemos que los conejos no viven en las chisteras, nos dejamos engañar porque no nos importa si es verdad o mentira,  lo que nos importa es el placer que produce ver el conejo salir de la chistera. En literatura pasa igual.”

 

El Do de pecho

“¿Por qué esta ola de novela testimonial?  Yo… Me pasa esto… Yo…  Yo sufro… Yo… A mí. … La ficción escrita ha perdido peso social en los últimos 30 años. Los escritores nos encontramos con que la ficción propiamente dicha no interesa nadie. Ahora la mayoría prefiere consumir en las series de televisión lo que antes consumía por escrito.”

“La literatura del yo ha muerto y ha resucitado muchas veces a lo largo de la historia; esta nueva resurrección de la literatura del yo: yo me confieso, abro mi pecho ¡miren ustedes!, ¡esto soy!, ¡así sangro! es una reacción de los escritores para que el público les haga caso. A nadie le va a interesar que alguien cuente la historia de Madame Bovary o Anna Karenina, lo que hemos descubierto es que es mucho mejor SER Madame Bovary o Anna Karenina. ¡Yo soy Ana Karenina!, ¡yo soy Madame Bovary!, ¡yo fui infiel!, ¡yo me aburrí de mi marido y le puse los cuernos!, yo, yo, yo… Bueno, es un recurso como otro cualquiera.”

Clave de sol o clave de fa, mejor clave de humor

“En general, en  España parece que nos alimenta más un libro sesudo (que nos  haga sufrir porque nos cuesta mucho su lectura), que un libro de humor. Parece que siempre hubiera que añadir al término humor el calificativo  inteligente; como si la naturaleza del humor fuera siempre la necedad.”

“Yo siempre he pensado que el humor junto con la claridad, a la hora de exponer una idea o un argumento, son las dos manifestaciones más claras de la inteligencia.”

 

Léanse Grandes éxitos, todos estos pensamientos y muchos más son los que hacen que se mueva la mano de quien lo ha escrito.

 

Grupo Literario “Las tardes de Atenea”

AUDIO-TEATRO: “¿To be, or not to be?”: To be, to be, dudablemente

 

Por VICKY MOLINA Y PEDRO FERNÁN

Ser o no ser, ¿o es que acaso aún no has decidido resolver de una vez esta cuestión?  Da la cara, permanece, ¡aguanta los desdenes del mundo!: SÉ … O yo qué sé, tú sabrás.

Recorremos la historia del trágico príncipe danés hasta encontrarnos con la sombra de su padre, Rey Hamlet. A través de la voz policromada de Pedro Fernán asomaremos nuestras cabezas por el agujerito viscoso de la llaga más supurante, la que grita venganza cuando el espectro desvela que su muerte tiene las manos de Claudio, su propio hermano y tío del Príncipe Hamlet, usurpándole el trono y su lado de la cama junto a Gertrudis, viuda breve y cadáver, en breve.

Pedro Fernán es el espíritu del Rey Hamlet clamando venganza. Pasen y escuchen:

 

Pedro Fernán es Catedrático de la Escuela de Arte Dramático de Málaga.

Ficción Power: UN OJO DE LUZ

 

 

Por ASUNCIÓN CABELLO LÓPEZ

 

  «Es mío», repito, para espantar

     la añoranza de un tiempo vacío de temor.

 

Dejé a mi niño en la cuna después de haberse zampado un papillón de verduras con pollo y un yogur blanco. Le había cambiado el pañal mientras le tarareaba en sonsonete una cancioncilla sudamericana cuya letra no me sabía. La persiana a medio abatir empujaba difusas rayas de luz entre sus láminas, que dejaban entrever un océano de paredes azules con gran parte de su fauna marina: delfines, caballitos de mar, caracolas; hasta algunas sirenas de esas que cantaban a Ulises con afán de volverlo loco salpicaban el rodapié, y yo, recordando La Odisea, acallé sus bocas pintándoles una cruz con rotulador malva.

Había hecho de su dormitorio un lugar silencioso, en penumbra, más placentero para mí que para él que, envuelto en espuma de mar entre sábanas de algodón, mantenía empecinado un sueño ligero, casi etéreo. Después de acomodarlo dejé en el umbral de la puerta mis zuecos con suelas de madera y pasé mis pies a unas zapatillas de lona para no hacer ruido. Si se despertaba lloraría, como siempre, con tanta intensidad que parecería querer castigarme por algo.

Durante sus sueños sentía mi pecho apretado, como si al respirar hondo el ensanche de mis pulmones conectara con sus oídos en burbujas de refrescos y lo pudiera despertar, asustándolo. Me desplazaba por la casa casi levitando, incluso podía creerse que así lo hiciera por lo escuálida que me había quedado a lo largo de los seis meses de tensión tras el parto. En esos ratos de absoluto silencio, al tiempo que mi niño soñaba, solo podía pensar en un reloj cuyas manecillas atrapaban un vacío sin llanto.

Apenas hacía diez minutos que dormía —es cierto que en días anteriores me habían venido ruidos del piso de abajo, pero lo achaqué a mi obsesión por el silencio ante sus bramidos alargados hasta enronquecer—. Entré en la cocina, con gestos medidos, a terminar el guiso y la ensalada lavada antes de dormirlo. Del grifo salía un hilillo de agua, mermado su pulso por una bayeta fina estirada sobre la base del fregadero. A esa hora cercana al mediodía el silencio apenas se sostenía con pinzas. Pronto llegarían los escolares alborotando desde el portal y mi tensión subiría de nueve a quince. Intentaba concentrarme en el verde intenso de la lechuga cuando del patio subió una voz oscura y densa, casi de eco. Sentí que la garganta se me cerraba. Me acerqué a la ventana y saqué la cabeza poniendo el dedo índice apretado contra mis labios, dejando escapar un ligero siseo, esperando como respuesta una sonrisa callada; nada más lejos de mi afán. La señora, de unos sesenta y tantos, embutida en un vestido camisero sin mangas, baja, rechoncha, sobrada de carnes por todos lados —las mismas que a mí me faltaban—, miró hacia arriba con su cara de balón playero, ojos de canica y nariz garbanzuda:

—¡Vaya, qué joven eres! —exclamó—. Soy Dolores Beltrán, tu nueva vecina —vocalizó con sus gruesos labios, como si hablase a una sorda.

—Hable más bajo, o mejor, no hable —rogué en susurro.

—¿Qué dices?

—Nada—. Metí la cabeza dentro y cerré la cristalera.

—¡Menuda estúpida! ¿Qué se habrá creído? —argumentó tan alto y profundo que su voz pareció salir de un túnel.

Noté que mis piernas temblaban. Fui al salón, me senté y eché la cabeza hacia atrás. Sentí la sangre irse a los pies. El niño seguía dormido. En un acto irracional me tapé los oídos con las manos creyendo que si yo no oía, él tampoco.

Minutos más tarde, me pareció oír un arrastre metálico por las baldosas rojizas del patio que me hizo saltar fuertes latidos del pecho. Una oleada de fuego abrasó mi cara. Me levanté del sofá y sin miramientos, a zancadas, me planté en la ventana. Abrí la cristalera y al verla trastear una barbacoa en medio del patio junto a una mesita de madera con dos cajas de sardinas sobre ella, le dije del tirón:

—La voy a denunciar a la policía. Esto es un ojo de luz, no un patio cualquiera. La inquilina anterior abrió esa puerta bajo mi ventana sin mi permiso, ¿sabe usted?, y una vez hecha no quise pleitear. Pero de eso a que truene el patio de ruidos infernales y apeste la casa con sus sardinas va un mundo, así que si no quiere que le eche un cubo de agua sobre las brasas, haga las sardinas en su cocina, y a ser posible con la ventana cerrada.

Me quedé quieta con la cabeza fuera. Sentí que podía tocar con mis dedos la pared de enfrente. La rabia en mis ojos escupió a los suyos, que me miraban con incredulidad y sorpresa. Soltó las pinzas metálicas sobre las sardinas, abrió las piernas a la anchura de las caderas —para situar en línea el eje central de su cuerpo—, puso las manos a ambos lados del voluminoso vientre arrollando el delantal gris y, echando hacia arriba la barbilla grasienta, tomó aire de todo el contorno del angosto patinillo gritando como si lo hiciera desde debajo del suelo:

—¡En mi casa hago lo que me da la gana!

En ese instante mi niño empezó a llorar sobrepasando el grito de ella. La dejé con la palabra en el aire, fui al dormitorio, cogí al niño al que con la boca abierta de par en par no se le veían los ojos. Agarré las llaves, bajé al piso de la tal Dolores y toqué el timbre. Al principio no quería abrir; entonces grité aunque menos fuerte que ella por falta de costumbre:

—¡Abra! ¡Sea valiente!

Mientras, el niño, con tanto traqueteo, gritos y desconcierto, se había callado; parecía querer aprender de lo que escuchaba para luego martirizarme aún más.

—¿Valiente?, ¿qué es eso de valiente? —inquirió tras abrir la puerta sin turbación alguna en su oronda cara.

—Nada —contesté con cierta maldad en los ojos—. Usted se queda con el niño hasta que venga mi marido. —Le planté el niño contra su voluminoso pecho y pillada en sorpresa lo cogió—. Luego vengo a por él —sentencié cerca ya de las escaleras mientras pensaba que la felicidad está en un lugar solitario y, sobre todo, silencioso.