No todo se lo ha tragado la tierra

 

 

BOCACALLE grupo literario
Vocalía ACCIÓN LITERARIA

La creatividad es contagiosa, ¡pásala!

 

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Premio a la dramaturgia femenina

Las escritoras Cris Miranda y Vicky Molina, del grupo literario Bocacalle, ganan el Concurso Internacional de Microteatro Radiado para Dramaturgas.

Su obra, MUNDO LISPECTOR, ha sido seleccionada junto con otros siete textos procedentes de cinco países distintos.

Las dramaturgas han apostado por la figura de la escritora brasileña Clarice Lispector, de la que este año se cumple el centenario de su nacimiento. En el texto se recrea una de las últimas entrevistas que concedió unos meses antes de morir a los 56 años de edad, para acercarnos a la creadora y a la mujer, y ya de paso homenajear a esta enigmática artista, reconocida como una de las más importantes literatas del siglo XX, con su lenguaje poético e innovador.

MUNDO LISPECTOR, será grabado por actores y actrices para ser radiado y para la creación de un podcast que será difundido en diversos medios.

 

Os seguiremos contando!

 

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ANDERSEN LLORA (“El patito feo” para adultos)

Texto seleccionado en el Club de Escritores “Párrafos Atenienses”, que se reúnen semanalmente en el Ateneo de Málaga

 

Por ASUNCIÓN CABELLO LÓPEZ

 Sol ardiente de agosto caía con virulencia sobre montes altos y encrespados, cercando a La Granja Luden, al tiempo que la pata más engreída de la parvada empollaba siete huevos. Veintiocho días después vio salir, entre cáscaras fragmentadas, seis magníficos ejemplares que casi la matan de placer ante tanta perfección, cayéndosele la baba frente a sus compañeras, menos agraciadas que ella, a las que comentó, estirando el cuello ¡No se puede ser más feliz!; sin observar que aún le faltaba el séptimo por nacer. Nunca hubiera imaginado un castigo mayor que ver al último de su estirpe: cabezón, larguirucho, escuálido, sin plumas, bizco; buscándola con frenético amor. La humillada no pudo satisfacer el deseo al recién nacido, al que mostró indiferencia, miró hacia otro lado, escupió alejándose de él. Más tarde se acercó pomposa a sus bienaventurados bajitos, redondos, chillones. Helando las exiguas carnes del repudiado.

Seis consanguíneos perfectos, según ley, cargaban maldad adulta hacia el diferente del ADN de la madre. No tardaron ni una hora en compincharse para infringir al inadaptado sufrimientos intolerables gritando: asqueroso, cara culo, peste de cloaca, hocícate en el barro, aguanta zancadillas, chinazos en la cabeza. ¡Feo!

El despreciado, ante tanta mala leche, comenzó a esconderse detrás del granero, bajo algunos arbolillos, entre matorrales. Dejó de comer, de dormir, hasta que, harto de una familia tan perversa, ideó venganza de sangre.

Durante un tiempo se ocultó a los suyos e investigó las posibilidades del lugar.

La primera noche sin luna de un septiembre sombrío salió de detrás del granero, entró en la casa, cogió las cerillas de la dueña del corral con el pico, abrió el gas que caldeaba gran parte de la granja, encendió un fósforo raspándole la cabeza contra las baldosas y salió fuera meneando la cajetilla como sonajero. En minutos, el fuego se extendió de dentro afuera lanzando llamas altas, alumbrando al huido. La pata, protectora siempre de sus empollados bellos, vio al Feo correr patoso hacia la alambrada, colarse por un agujero camuflado entre la maleza. ¡Maldito!

El matricida, fuera de la quema, miró al cielo cubierto de humo tan oscuro como el corazón de su madre. Siguió campo través sin descanso, trastabillando sus dedos pegados, cayendo de bruces, gritando ¡No soy malo, ella y mis hermanos merecen morir!

El camino le pareció jungla de bichos: garrapatas, culebras, ratones. ¡¿Es que no hay en el mundo un lugar para mí?! La noche densa sin nada en el cielo lo abrumaba. Temía estrellarse contra un árbol, un peñasco, caer en una trampa. ¡Ayuda!

Con la ansiedad del solitario vio amanecer lentamente, miró a su alrededor sin ver más que soledad de bosque. El frío del alba atravesó sus escasas plumas. A punto de agotar sus fuerzas encontró una cabaña entre pinares. Se acercó al portalón de madera oscura y golpeó con la frente dos veces. Abrió una anciana soñolienta, apoyada en un bastón de metal con puño de cabeza de perro. ¿Quién es?

Nada más verlo dobló la cintura, pasó la mano por las sucias plumas carentes de amor de madre, sin percatarse de que provocaba en el visitante afecto total. El Feo se dejó acariciar. ¡Cuánto placer me tenía reservado el destino!

El primer mes de convivencia, la vieja lo atiborró de nueces, semillas, granos de alto valor calórico. ¡Come cariño, que estás muy flaco!

La víspera de Halloween le llegó al olfato un olor exquisito que alertó su curiosidad. Sin previo aviso saltó a la encimera, desde allí vio hervir, en la olla grande, todo tipo de verduras. ¿Solo verduras? Mal presentimiento agarró su corazón envenenado tiempo atrás por el rechazo de su madre biológica. Tenía que saber qué clase de proteína echaría al caldo. Minutos después la enlutada entró, dejó el bastón con cabeza de perro apoyado en el marco, fue al cajón de la mesa alta, cogió un cuchillo de carnicero, agarró el pescuezo del adoptado, se sentó en la banqueta vieja, lo subió a sus faldas, lo miró desde arriba. El Feo, impactado por tan mal querer, pataleó, roncó, abrió al límite su pastulado pico. La inquilina apretó y apretó cuanto pudo doblando sus huesudas manos. De golpe, sin saber cómo, el Feo se soltó, saltó al suelo ajedrezado, brincó hasta la hornilla, empujó la olla a la cara de la asesina, derramándola entera. Chillidos atroces salieron de la desdentada boca. Cabrioló a un ladrillo negro, corrió torpemente hacia la puerta, arrastró el bastón con su pico plano hasta ella que seguía chillando, buscando a tientas mantequilla para untar en su achicharrada cara. Sin dar tiempo a más, le metió hasta la tráquea la cabeza de perro hasta asfixiarla.

Tras tanta violencia y decepción, salió de allí más asesino que nunca. Deambuló por caminos solitarios, comió insectos, yerbajos; tuvo miedo, sintió dolor, amargura.

Después de varios días perdido por senderos turbios colmados de cazadores, esquivados gracias a su desarrollado sentido de supervivencia, encontró una cueva vacía. ¡Aquí me quedaré, lejos de todo! Así pasó el invierno, sin más calor que los amaneceres anunciadores del nuevo día. Una mañana olió la primavera en la oquedad de su casa. ¡No moriré aquí, solo, haré frente a mi destino!

Tras semanas caminando desorientado, sin querer pensar en suicidio, sintió un sol suave calentar sus plumas. Horas más tarde vio un lugar extraordinario: Coto Lucena, Patrimonio de la Humanidad.  ¡Vaya!

Entró despacio, mirando alrededor. Varios cisnes en pareja paseando amistosamente, se acercaron y le ofrecieron asilo. Sin fe más que en sí mismo, temiendo otra maldad sin merecerla, buscó la salida a carrera junto al estanque. Al mirar el agua vio un bello cisne corriendo a su par. De pronto se le hizo la luz: ¡Ya sé, aquella desnaturalizada no era mi madre, ni sus malditos hijos mis hermanos; alguien me dejó allí por error! No tengo qué justificar mis asesinatos. Es más, si alguno de estos engreídos intenta hacerme daño le pego fuego al Coto Lucena.

Al fondo del desván: A PRIMERA VISTA

Por Mitchie Martín

Aquella tarde de otoño de 1959 las nubes grises se habían apoderado del cielo malagueño. El día no invitaba a salir a la calle, pero ella tenía que recoger el traje del señor de la casa donde  trabajaba. Así que, paraguas en mano, se encaminó hacia el autobús que la llevaría desde Carretera de Cádiz hasta la Alameda Principal.

Mientras la muchacha salía del portal, los ojos verdes de un joven que andaba por allí se clavaron en ella, fascinado por su melena larga y su vestido de cuadros de talle bajo. La siguió con la mirada para saber dónde iba. Era incapaz de ignorar el mayor flechazo que había sentido en su vida. Al verla subir al mismo autobús que él iba a coger para ir a la capital encontró la excusa perfecta.

Cuando llegó a su destino, la muchacha se bajó del autobús y miró al cielo. El chaparrón era inminente, así que se encaminó a paso ligero hacia la tintorería de Calle Granada. Aunque consiguió llegar sin ver una sola gota, el pequeño local le pareció un buen refugio para la que estaba por caer.

La lluvia golpeaba el asfalto con intensidad cuando ya tenía el traje limpio y planchado en la mano. Si quería llegar a tiempo para coger el autobús de vuelta no podía refugiarse allí mucho más. Abrió el paraguas negro que su señora le había prestado y, cuando se dispuso a salir rumbo a la Alameda, escuchó a su espalda una voz masculina.

—Señorita, ¿me puedo tapar con su paraguas?

Ella, sorprendida y desconfiada, accedió.

Caminaron en silencio bajo la lluvia hasta que empezó a caer con tanta fuerza que era casi imposible seguir avanzando. La muchacha propuso que ambos se resguardaran en un portal hasta que aflojase un poco, así podría aprovechar para saber algo más del hombre que de una forma tan atrevida le había pedido compartir su paraguas.

Protegidos bajo un portal de la Alameda se pudieron presentar. Él dijo que vivía en Vistafranca con sus padres, cerca de la casa donde ella trabajaba de interina, aunque nunca se habían visto hasta ese día. Ella le repasó con la mirada y, al ver el pelo largo y rizado de aquel hombre reparó en lo marcado de sus entradas. Le vino a la cabeza la idea de que él sería mayor a pesar de que le había dicho que era del mismo año que ella.

—¡Usted seguro que está casado! —le espetó.

—Pero ¿por qué me dice eso? Le prometo que estoy soltero.

Y así estuvieron hablando un buen rato hasta que aflojó la lluvia y cada uno emprendió su camino con la promesa de volver a verse, aunque ella aún seguía algo escéptica.

Al llegar, le contó todo lo sucedido a la señora de su casa. Esta le dijo que conocía la finca del muchacho, que allí trabajaba su hermana cuidando a los niños de la finca y hablaría con ella del asunto. Saber que se enteraría de la verdad le dejó más tranquila.

Días después, su señora le contó lo que su hermana le había dicho. Se trataba del hijo del capataz de la finca de don Miguel Oliva, el tercero de cinco hermanos. Cuanto más escuchaba lo que le decía, más feliz se sentía al comprobar que no hubo ni una sola mentira en aquel portal.

Ambos comenzaron a verse hasta que se casaron al cabo de un año. Tres hijos y varias décadas de matrimonio después, él seguía sorprendiéndola con flores aunque no fuese San Valentín. Ellos se quisieron todos y cada uno de los días por encima de todo, sin que una fecha tuviese que recordárselo.

 

No sé si es la historia de amor más bonita o siquiera la más romántica. Pero para mí es la mejor historia que puedo contar este mes de febrero, porque es la historia real de cómo se conocieron mis abuelos.

Gracias, abuela, por contarme y dejarme contar esta historia. Gracias, Enrique Pérez Alameda, por su fotografía ‘Calle Trinidad’, porque ha sido la excusa perfecta para poder hacerlo.

Feliz cumpleaños, abuela.

 

Pie de foto: ‘Calle Trinidad’ de Enrique Pérez Alameda | Catálogo del Fondo Ateneo

 

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

 

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

 

 

POESÍA SOY YO te convoca por San Valentín

¿Quieres dedicarle un poema a alguien especial?

Tráete un libro con el poema que quieras leer o nosotras te dejaremos uno.

Cupido se desboca pero no se equivoca y coge la calle de las Bocacalle, y qué mejor calle que la Compañía, la tuya, la nuestra, ¿te atreves a ser poesía?

El viernes 14 de febrero a las 21 hrs. en la puerta del Ateneo de Málaga, en Calle Compañía, 2 (junto a la plaza de la Constitución).

 

 

“POESÍA SOY YO”, en la calle con Emily Dickinson

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Somos exploradoras, buscamos el momento poético. Vamos a tu encuentro.

Pedro:

“Echo en falta esa furia para afrontar creativamente en la Literatura y en el Arte los grandes temas y personajes de esta época en que nos ha tocado vivir”.

MÁQUINAS

Texto seleccionado en el Club de Escritores “Párrafos Atenienses”, que se reúnen semanalmente en el Ateneo de Málaga

POR R. PORRAS ESTRADA

La máquina de escribir

se convirtió en atronador

y frío instrumento.

La grúa rígida de un puerto en estiba por los silos vacíos del pensamiento.

Una y otra vez. Mi zarpa mano percutaba en el yunque.

Una y otra vez. Tensando

Moldeando las palabras.

Y siempre la nada, el vacío más negro

Fuera de lugar y de tiempo.

La agarré por sus carcasas grises y la tiré a la cuneta junto a mis despojos arrugados en la papelera.

Salí sin malos pensamientos a comprar

Una tablet de oriente.

Soñando con una migración de versos digitales.

Con el final de un letargo de mi incapacidad para la poesía.

Mientras volvía, observé la calle bajo los toldos ocres empolvados.

La vida cabalgaba en patinetes.

 

 

Al fondo del desván: EL MÁSTIL

Por Mitchie Martín

El sol se está poniendo. El mar comienza a perder su calma y ya puedo oír cómo las olas rompen contra las rocas cada vez con mayor estruendo. La tranquilidad de un día soleado se transforma repentinamente en el caos de una tormenta que parece capaz de arrasar con todo. Sin embargo, a lo lejos se puede distinguir una esbelta figura que, impasible, contempla la rabia que Poseidón acaba de descargar contra los humanos.

Cuentan los marineros que se trata de lo que queda del mástil de una antigua embarcación que se hundió hace muchos años y que fue habitada por una temible criatura, a la que culpan de las tormentas que acaban en desastre.

Algunos dicen haber visto a una bella y siniestra mujer de melena azabache con cola de serpiente por piernas que secuestra a los navegantes durante las noches de temporal, seduciéndolos y llevándolos a lo más profundo del agua para nunca más regresar. Otros afirman haber sido testigos de un gigantesco monstruo fruto de la fusión entre un pez abisal y una sierpe que emerge entre la espuma de las olas si un barco se acerca a aquel enorme puntal.

Ya avanzada la noche, la luna llena brilla tanto que define con precisión el contorno de cada ola que arroja el mar encrespado. Desde aquí solo se aprecia a lo lejos la estaca inmóvil que resiste el caos que le rodea. Aquella madera y agua, nada más. Aun a sabiendas de lo que me dicen mis ojos, me embarga la sensación de que algo me vigila. Su mirada se clava tanto que siento que me quema.

El sol regresa por el Este, el mar comienza a recuperar la calma. La tormenta amaina y, como cada amanecer, el mástil desaparece.

*Pie de foto: ‘Sin título’ de Fernando Wilson | Catálogo del Fondo Ateneo

Relato inspirado por la pintura Sin título de Fernando Wilson perteneciente al Fondo Ateneo desde su donación en 1996. Se puede visitar actualmente en la Pinacoteca.

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

EL ARTISTA COMO PERFECCIONAMIENTO DEL ARTESANO

Escucha el Manifiesto de la BAUHAUS después de la reciente despedida del año de su centenario

 

POR VICKY MOLINA Y PEDRO FERNÁN

Acaba de despedirse el año del centenario de la fundación de Bauhaus, la revolucionaria escuela de diseño. En sus casi quince años de funcionamiento, los más influyentes artistas modernistas impartieron clases en ella. El arquitecto Walter Gropius fue el fundador de la Bauhaus y siempre tuvo la firme intención de limar diferencias entre el artesano y el artista, así como derribar las diferencias sociales con la creatividad como puente.

Ahora puedes disfrutar de la lectura del Manifiesto de la Bauhaus de Gropius, con la dicción exaltada del catedrático de la ESAD, Pedro Fernán. Dale al Play:

 

MANIFIESTO BAUHAUS

“¡El último fin de toda actividad plástica es la arquitectura!

Decorar las edificaciones fue antaño la tarea más distinguida de las artes plásticas, que constituían elementos inseparables de la gran arquitectura. Actualmente presentan una independencia autosuficiente de la que solo podrán liberarse de nuevo a través de una colaboración consciente de todos los profesionales.

Arquitectos, pintores y escultores deben volver a conocer y concebir la naturaleza compuesta de la edificación en su totalidad y en sus partes. Sólo entonces su obra quedará de nuevo impregnada de ese espíritu arquitectónico que se ha perdido en el arte de salón. Las viejas escuelas de Bellas Artes no podían despertar esa unidad, y como podrían hacerlo si el arte no puede enseñarse. Deben volver a convertirse en talleres.

Este mundo de diseñadores y decoradores que sólo dibujan y pintan debe convertirse de nuevo en un mundo de gente que construye. Cuando el joven que siente amor por la actividad artística vuelva a comenzar como antaño su carrera aprendiendo un oficio, el artista improductivo no estará condenado a un ejercicio incompleto del arte, pues su pleno desarrollo corresponderá al oficio, en el cual puede sobresalir.

¡Arquitectos, escultores, pintores, todos debemos volver a la artesanía! Pues no existe un arte como profesión. No existe ninguna diferencia esencial entre el artista y el artesano. El artista es un perfeccionamiento del artesano. La gracia del cielo hace que, en raros momentos de inspiración, ajenos a su voluntad, el arte nazca inconscientemente de la obra de su mano, pero la base de un buen trabajo de artesano es indispensable para todo artista.

Allí se encuentra la fuente primera de la imaginación creadora. ¡Formemos pues un nuevo gremio de artesanos sin las pretensiones clasistas que querían erigir una arrogante barrera entre artesanos y artistas! Deseemos, proyectemos, creemos todos juntos la nueva estructura del futuro, en que todo constituirá un solo conjunto, arquitectura, plástica, pintura y que un día se elevará hacia el cielo de las manos de millones de artífices como símbolo cristalino de una nueva fe”.

 

Pedro Fernán es Catedrático de la Escuela de Arte Dramático de Málaga.

Vicky Molina coordina el Blog del Ateneo y el Grupo Literario BOCACALLE

 

BOCACALLE GRUPO LITERARIO

 

CUENTO DE NAVIDAD

Por Mitchie Martín

La noche anterior había sido más divertida que otras.

Nochebuena siempre animaba especialmente el hall y a Mara le encantaba ver cómo pasaba la gente. De hecho, los días en los que la cosa estaba más parada y no había muchos huéspedes en el hotel se aburría mucho. Entonces siempre recurría a sus libros.

Le gustaba observar a las personas. A veces alguien le saludaba o le sonreía, aunque normalmente ni siquiera se daban cuenta de la presencia de la niña que clavaba la mirada en ellos desde uno de los sofás de al lado de la recepción.

Primero, les analizaba con sus enormes ojos verdes. Luego, imaginaba cómo serían sus vidas: por qué se alojarían allí, con quién iban a encontrarse cuando salían por la puerta o incluso fantaseaba sobre cómo se ganaban la vida.

Había visto muchos árboles de Navidad. Cada hotel lo decoraba de una forma completamente diferente al de los demás. Si daba con algún empleado agradable donde se estuviera quedando, le pedía por favor que le dejase ayudar a poner las bolas de la parte de abajo. Las que tenían purpurina eran sus favoritas. Nunca le dejaban subirse a las escaleras para adornar las ramas más altas ni poner la estrella, pero a ella le daba igual, le bastaba con participar.

Creía que el árbol era cosa de hoteles y centros comerciales. Las pocas veces que había estado en su casa por Navidad no había visto ninguno y, como estudiaba con una profesora particular, no tenía amigos a los que preguntar. Tampoco solía hablar con desconocidos, pero, una vez, el hijo pequeño de unos huéspedes en uno de los hoteles en los que había estado le dijo que ellos también ponían un abeto en el salón de su casa. Mara no terminó de creerle. ¿Cómo iba a meter un árbol tan grande en una casa? O le estaba mintiendo, o el niño tendría que vivir en una mansión gigantesca.

La mañana del 25 de diciembre era su momento favorito. Veía a los niños correteando por todo el edificio con sus juguetes nuevos y a los mayores luciendo la ropa que les había traído Papá Noel.

Cuando su madre se acordaba, le dejaba un regalo en la cama de la habitación, aunque nunca acertaba con el contenido. Ella pensaba que, como nunca se habían visto en persona, el señor de la barba blanca no la conocía muy bien y que por eso no le ponía mucho cariño a lo que le mandaba, así que mejor no se hacía ilusiones.

Cuando se despertó aquella mañana, Mara no encontró ningún regalo en la cama vacía de al lado. Solo había un pijama arrojado de forma apresurada y una agenda abierta con un sinfín de citas escritas en la página del día.

Rauda y veloz, la niña se calzó sus zapatillas de conejitos amarillos y bajó en pijama al hall saltando las escaleras de dos en dos. Llegó a la recepción, se sentó en el suelo a los pies del árbol y allí se quedó toda la mañana, viendo con una sonrisa de oreja a oreja cómo todo el mundo disfrutaba de sus regalos. Así le hacía feliz a ella pasar su Navidad.

 

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

Foto:  ‘Sin título’ de María del Carmen Gordillo Romero | Catálogo del Fondo Ateneo

“POESÍA SOY YO” ya está en la calle

 

Ya hemos lanzado el proyecto POESÍA SOY YO. Lectura de poemas en la calle. ¡Tú puedes ser el siguiente! Publicaciones cada jueves y sábado.  @poesiasoyyo_bocacalle

También puedes seguirnos en Instagram:

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POESÍA SOY YO es una iniciativa de fomento a la lectura de BOCACALLE grupo literario: Ada Valero, Vicky Molina, Lidia Bravo, Christine Félix, María Luisa Balaguer, Cris Miranda, María Victoria Pérez y Mati Morata.

 

Hilario

“Hay dos cosas que me aburren infinitamente: las películas y los libros. Una vez leí una novela y la terminé con mucho esfuerzo: “El hombre que se enamoró de la luna”. Soy psicólogo y estilista. Y un paranoico del cuerpo humano. Con lo que más disfruto es con ver a la gente moverse, por eso hago una ropa que permite ver la forma de tu cuerpo y el movimiento. Soy un obseso de las matemáticas. En mi peluquería lo que hago es corte y punto, a favor del pelo, según la proporción y dimensión del cráneo, así no te tienes que peinar”.

PINCHA AQUÍ PARA VER EL VIDEO:

poesiasoyyovideo1

 

BOCACALLE grupo literario

500 años sin Leonardo

Les invitamos a escuchar el Soneto moral del maestro del Renacimiento, Leonardo Da Vinci (1452-1519) de la mano del virtuoso de la voz, Pedro Fernán. Celebremos así quinto centenario de la muerte del genio florentino. Pinche aquí:

 

Soneto moral

Quien quiera lo imposible, otro pretenda;

que es lo imposible pretender locura.

Sabio es el hombre, pues, cuando sin cura

de lo que no ha de ser se desentienda.

Eche a saber, poder o ansiar la rienda,

pues es dolor cuanto el deseo procura;

y así puede tan solo esta atadura

llevar la razón fuera de su senda.

No siempre se ha de ansiar lo que se puede,

que amargo el dulce al fin se vuelve presto:

yo al tener lo que ansié ya lloré en breve.

Así, pues, tú lector, en esto cede:

si a ti quieres ser bueno, y caro al resto;

quiere siempre poder lo que se debe.

Por Vicky Molina y Pedro Fernán

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ALEJANDRO PALOMAS: “ESCRIBO PARA QUE ME QUIERAN”

 

Por VICKY MOLINA

El escritor y traductor, Premio Nadal de novela, también Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, licenciado en filología inglesa y máster en poética por el New College de California, habla con el Blog del Ateneo de Málaga sobre su singular proceso creativo, de la literatura que le hace olvidarse del resto del mundo y la dificultad de encontrar libros que lo consigan, de su estrecha relación con Málaga, de sus miedos y muchas cosas más.

A pesar de que sigue sin saber por qué escribe, reconoce que también lo hace para no sentirse invisible.

Alejandro Palomas, con la verdad por delante, “aunque duela”.

 

Hoy tendrá lugar la última función de su obra “La Isla del Aire”, con dos pases, a las 19:00 y a las 21:00 horas en el Teatro Echegaray.

  

Cómo es técnicamente eso de escribir con los ojos cerrados y qué suma, en su caso, a la creación

Sumo muchísimo porque no veo palabras, veo blanco. No veo cómo el texto avanza, sino imágenes que mi imaginación, nunca mejor dicho, va creando en una pantalla irreal. Es una experiencia tridimensional en la que yo estoy dentro siempre, participo de la acción y voy viendo la trama a mi alrededor. Nunca escribo desde fuera y eso solo puede hacerse cerrando los ojos, no viendo nada más que lo que refleja la pantalla de tu mente.

Suena a proeza eso de escribir una novela en un mes, ¿cómo es ese tiempo, sus rutinas…?

Eso es una leyenda urbana, salió durante la noche del Premio Nadal porque un periodista lo publicó o se dijo en alguna radio, no recuerdo exactamente. Yo escribo esta especie de película en la que vivo y desde la que creo. Este estado de tridimensionalidad suele durar tres meses y medio o cuatro, más allá de eso no puedo seguir escribiendo, estoy totalmente agotado. Es una experiencia orgánica, no solo mental así que escribir una novela en un mes para mí sería imposible.

Sobre el tiempo y las rutinas durante el proceso: me levanto, escribo, desayuno, sigo escribiendo, hago mucho deporte, es cierto, un par de horas al día, tiro con arco, voy al gimnasio, paseo con los perros, pero estoy siempre en soledad, son cuatro meses muy solitarios. En general mi vida es muy solitaria, pero esos meses son de encierro absoluto e intento estar ajeno a lo que ocurre en el exterior, salvo contadas ocasiones y personas que forman parte de mi círculo más íntimo, el resto desaparece. Me alimento muy bien y cuido todo lo que debe ser cuidado para que mi cuerpo y mi plexo rindan lo máximo posible y ahí no escatimo en nada, tengo que estar al cien por cien, cuesta mucho pero lo consigo, que la maquinaria esté bien para que después pueda flotar tranquilamente.

¿Por qué escribe?

Eso quisiera saber yo. Creo que escribo para llegar a saber por qué escribo y creo que a muchos y muchas nos pasa exactamente lo mismo. También escribo para que me quieran, es así. Suena un poco simple, pero escribo para que me vean porque muchas veces me siento invisible.

Qué libro, de los que no ha tirado, literalmente, por la ventana, recomendaría encarecidamente

Recomendaría “La puerta”, de Magda Szabó; “Kramp”, de María José Ferrada y “El estilita”, de Uri Costak.

Cree que los concursos son una (buena) manera para poder dar el salto a la publicación. Algún consejo para los escritores desesperados…

Bueno depende del concurso, creo que la mejor forma es insistir, escribir para publicar, escribir para el otro, escribir para el público, no escribir para ti y ser consciente de que estás escribiendo para eso. Ese es el paso número uno. En segundo lugar, buscar los mecanismos para que los editores te lean, un concurso no es necesariamente la mejor opción para llegar a un editor, porque las novelas pasan muchos filtros y el editor no lee todas las novelas que se envían, con lo cual las posibilidades son pocas. Si lo ganas, muy bien, pero lo cierto es que estás jugando con muy pocas probabilidades para llegar a un fin. Hay que diversificar y moverse, hay que ser muy proactivo. Una cosa es escribir y la otra publicar.

Sobre el consejo para los escritores desesperados, pues la desesperación es muy mala consejera, por lo que debe desaparecer, y creo que una buena forma es que si estamos hablando de publicar, no de escribir que es otra cosa, lo único que puedo decir es que a quienes quieran vivir esto en profundidad es que no tengan miedo de conocerse y que cultiven la originalidad. Al final, la originalidad es lo único que va a llevarles donde quieran, no hay más. Lo demás es secundario.

Tengo entendido que ha dejado de leer, ¿qué tiene que tener un libro para recuperar a un lector como usted?

No he dejado de leer, pero me cuesta mucho encontrar lecturas, no termino de encontrar lo que quiero, salvo en el caso de las novelas que he comentado antes, en ese caso, leo con fruición y me encanta, pero me cuesta mucho encontrar lecturas. Un libro tiene que tener alma, una voz y música propia. Tiene que estar hablándome a mí, cuidándome, el autor o autora tiene que estar mirándome todo el rato, como si estuviéramos sentados en el banco de un parque y me estuviera contando un cuento para que yo me olvidara del resto del mundo.

Su experiencia en la Factoría Echegaray con la pieza “La Isla del Aire” ha sido la segunda como autor teatral, si no me equivoco, después de “El secreto de los Hoffman”, con cuyo texto original fue finalista del Premio de novela Ciudad de Torrevieja en 2009. ¿Cómo lo ha vivido?

Lo de la Factoría con estas pedazo de actrices y con Jorge Torres, el Director, ha sido lo más bonito que me ha pasado, sinceramente. En lo creativo, ha sido lo más hermoso, una experiencia muy global, una comunión brutal con el equipo artístico, con las cinco actrices, con el iluminador, con el diseñador del decorado…

Realmente maravilloso, me llevaré esta experiencia hasta la tumba, han sido todos tan generosos… Hemos creado una familia y no estoy acostumbrado a que me pase en lo creativo y ahora voy a tener mucho mono de ellos, de eso estoy totalmente seguro.

Usted que escribe transcribiendo lo que ve en su pantalla mental de forma bastante cinematográfica, no se imagina también “La Isla del Aire” convertida en película…

Sí, claro que me la imagino convertida en película y voy a luchar por ello desde ya. Creo que es un peliculón. De la segunda parte de la novela ya se compraron los derechos y ahí están y voy a hacer todo lo posible porque lo sea.

Qué tal por Málaga, ¿ha leído la ciudad entera? O se ha quedado en las primeras páginas…

Yo conozco Málaga desde hace muchos años, vengo muy seguido durante el año, vengo a dar charlas a colegios o a dar cursos. Málaga es para mí un lugar muy conocido, trabajé en el Festival de Málaga allá por el año 96 hasta el 99. La he vivido mucho, la he recorrido mucho y la he sentido mucho. Es una pequeña casa que tengo también en el mundo.

Ha dicho en alguna entrevista que el día que se atrevió a ser usted mismo su vida cambió, ¿cómo fue ese proceso y en qué ha afectado a su literatura?

Fue el día que dejé de pensar que no merecía las cosas que tengo, ni que me tocan, el día que dejé de tener el síndrome del impostor, de que siempre estoy de prestado y eso sucedió durante una presentación de “Una Madre”. Simplemente me di cuenta que estaba intentando ser lo que lo demás esperaban de mí y lo había llevado a un extremo maléfico. Ese día me quedé en blanco durante el acto y empecé a hablar así tal y como estoy hablando ahora: “Lo siento me he quedado en blanco porque lo que me ocurre es que estoy cansado de ser quien no soy”. Y en cuanto me sinceré con el foro, mi vida cambió, mi forma de relacionarme con mis lectoras y lectores, con mi público, con las expectativas que yo creo que genero, etc. y me afectaba mucho.

En cuanto a cómo esto se ha podido reflejar en mi escritura, yo siempre he escrito igual, mi proceso de creación ha sido siempre muy parecido y he tenido mucha seguridad a la hora de escribir, pero es cierto que ahora soy más lúdico, desde entonces he ganado en eso, no en seguridad en mí mismo, porque mentiría si dijera eso, pero sí juego mucho más.

Usted que le ha escrito tanto al amor, cómo cree que es el amor ideal, y también real, de pareja

Yo no creo que exista un amor ideal, creo que existe el amor a cosas, el amor a momentos, el amor a experiencias, el amor a personas en un marco determinado, pero el amor es como la vida, no sé todavía lo que es la vida, no sé lo que es la muerte, el amor, no sé, es como algo que está ahí, abres, lo sientes, vuelves a cerrar, lo quieres, lo no quieres, es como un punto de partida, un punto de llegada, un punto de referencia. El amor de pareja no lo recuerdo bien realmente, no lo sé, no tengo ni idea. Hace tanto que no tengo pareja que no lo recuerdo. Prefiero hablar del amor a circunstancias. De chispazos de amor. Esos sí existen.

Si se le apareciera un mago con una de esas lámparas maravillosas como debe ser y le concediera tres deseos y el mago se muriera tras pedir el segundo, ¿habría cambiado el orden?

No. Mi respuesta es siempre la misma. Solo le pediría un deseo y sería no tener que pasar por el duelo de la muerte de mis hermanas y mi madre. Para el resto de deseos, dejaría descansar al mago en paz.

Creo que le gustan mucho los secretos, ¿es más de guardarlos o de contarlos?

No tengo muchos secretos sinceramente, ni los cuento ni no los cuento, lo que la gente vive normalmente como secretos yo no los vivo como tal. Yo cuento las cosas como se me ocurren, cuando las vivo y como las vivo y normalmente en el marco más inadecuado, pero no confieso, simplemente comparto cosas. Normalmente lo que comparto son dudas y las dudas con quien las comparto, sobre todo, es con mi psicoanalista.

¿Qué personajes le habitan ahora y le suplican salir?

Me habitan ahora estas mujeres, las de “La Isla del Aire” y creo que me van a seguir habitando durante mucho tiempo porque las tengo muy frescas, no hay más allá ahora mismo, han taponado el resto de tubos del órgano, en este momento sólo existe la música de “La Isla del Aire” y las voces de estas mujeres.

¿Tiene algún lema?

La verdad, aunque duela.

¿Es feliz?

Bueno. A veces estoy satisfecho con lo que soy, con cómo me veo, con cómo entiendo el mundo y con cómo consigo sobrevivir a muchas cosas. La felicidad, durante mucho tiempo, en mi ideario de felicidad, ha sido el alivio y ahora muchas veces consigo estar aliviado y estar muy tranquilo conmigo mismo, eso me provoca mucha felicidad porque ha sido muy costoso para mí.

 

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Lidia Bravo se hace con el XXXIV premio Unicaja de Poesía

Nuestra compañera y amiga, la escritora Lidia Bravo, se ha alzado con el XXXIV premio Unicaja de Poesía con su obra “La muerte de Christopher Reeve”.

La malagueña ha sido la ganadora de este prestigioso premio tras ser elegida entre las más de 200 candidaturas de distintos países.

¡Enhorabuena Lidia!

 

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