Al fondo del desván: A PRIMERA VISTA

Por Mitchie Martín

Aquella tarde de otoño de 1959 las nubes grises se habían apoderado del cielo malagueño. El día no invitaba a salir a la calle, pero ella tenía que recoger el traje del señor de la casa donde  trabajaba. Así que, paraguas en mano, se encaminó hacia el autobús que la llevaría desde Carretera de Cádiz hasta la Alameda Principal.

Mientras la muchacha salía del portal, los ojos verdes de un joven que andaba por allí se clavaron en ella, fascinado por su melena larga y su vestido de cuadros de talle bajo. La siguió con la mirada para saber dónde iba. Era incapaz de ignorar el mayor flechazo que había sentido en su vida. Al verla subir al mismo autobús que él iba a coger para ir a la capital encontró la excusa perfecta.

Cuando llegó a su destino, la muchacha se bajó del autobús y miró al cielo. El chaparrón era inminente, así que se encaminó a paso ligero hacia la tintorería de Calle Granada. Aunque consiguió llegar sin ver una sola gota, el pequeño local le pareció un buen refugio para la que estaba por caer.

La lluvia golpeaba el asfalto con intensidad cuando ya tenía el traje limpio y planchado en la mano. Si quería llegar a tiempo para coger el autobús de vuelta no podía refugiarse allí mucho más. Abrió el paraguas negro que su señora le había prestado y, cuando se dispuso a salir rumbo a la Alameda, escuchó a su espalda una voz masculina.

—Señorita, ¿me puedo tapar con su paraguas?

Ella, sorprendida y desconfiada, accedió.

Caminaron en silencio bajo la lluvia hasta que empezó a caer con tanta fuerza que era casi imposible seguir avanzando. La muchacha propuso que ambos se resguardaran en un portal hasta que aflojase un poco, así podría aprovechar para saber algo más del hombre que de una forma tan atrevida le había pedido compartir su paraguas.

Protegidos bajo un portal de la Alameda se pudieron presentar. Él dijo que vivía en Vistafranca con sus padres, cerca de la casa donde ella trabajaba de interina, aunque nunca se habían visto hasta ese día. Ella le repasó con la mirada y, al ver el pelo largo y rizado de aquel hombre reparó en lo marcado de sus entradas. Le vino a la cabeza la idea de que él sería mayor a pesar de que le había dicho que era del mismo año que ella.

—¡Usted seguro que está casado! —le espetó.

—Pero ¿por qué me dice eso? Le prometo que estoy soltero.

Y así estuvieron hablando un buen rato hasta que aflojó la lluvia y cada uno emprendió su camino con la promesa de volver a verse, aunque ella aún seguía algo escéptica.

Al llegar, le contó todo lo sucedido a la señora de su casa. Esta le dijo que conocía la finca del muchacho, que allí trabajaba su hermana cuidando a los niños de la finca y hablaría con ella del asunto. Saber que se enteraría de la verdad le dejó más tranquila.

Días después, su señora le contó lo que su hermana le había dicho. Se trataba del hijo del capataz de la finca de don Miguel Oliva, el tercero de cinco hermanos. Cuanto más escuchaba lo que le decía, más feliz se sentía al comprobar que no hubo ni una sola mentira en aquel portal.

Ambos comenzaron a verse hasta que se casaron al cabo de un año. Tres hijos y varias décadas de matrimonio después, él seguía sorprendiéndola con flores aunque no fuese San Valentín. Ellos se quisieron todos y cada uno de los días por encima de todo, sin que una fecha tuviese que recordárselo.

 

No sé si es la historia de amor más bonita o siquiera la más romántica. Pero para mí es la mejor historia que puedo contar este mes de febrero, porque es la historia real de cómo se conocieron mis abuelos.

Gracias, abuela, por contarme y dejarme contar esta historia. Gracias, Enrique Pérez Alameda, por su fotografía ‘Calle Trinidad’, porque ha sido la excusa perfecta para poder hacerlo.

Feliz cumpleaños, abuela.

 

Pie de foto: ‘Calle Trinidad’ de Enrique Pérez Alameda | Catálogo del Fondo Ateneo

 

‘Al fondo del desván’ es un rincón de este blog en el que el protagonista es el Fondo Ateneo. En él reseñaré las obras de la colección, les dedicaré críticas o contaré historias a través de ellas. Ha llegado el momento de conocer lo que se esconde al fondo del desván.

 

Mitchie Martín es colaboradora del Área de Artes Plásticas y Audiovisuales del Ateneo de Málaga, así como del Área de Patrimonio Artístico, donde nace este proyecto.

 

 

Etiquetas: , , , , , , , , , , , ,

Haga un comentario

*