Crónica de Cannes 2019, por Carlos Crespo Castillo

 

El Festival de Cine de Cannes es el mayor evento cinematográfico del mundo. Para cualquiera que esté interesado en el cine, esto no es una sorpresa, pero desde que comencé a considerar las películas como algo más que un hobby, ir a Cannes para el festival ha sido un sueño. Este año tengo la oportunidad de estar ahí, gracias a una iniciativa del festival llamada “3 Días en Cannes”, que permite a jóvenes cinéfilos ir durante los tres primeros o los tres últimos días del festival.
Mi acreditación estará disponible desde el día 23 al 25 de mayo, por lo que esta primera semana estoy viviéndola desde el banquillo. Por lo que he leído hasta ahora, el festival ha tardado unos días en proyectar una película que haya dejado boquiabiertos a los críticos. La película inaugural, The dead don’t die, de Jim Jarmusch, vio a un reparto repleto de estrellas como Tilda Swinton, Bill Murray o el recientemente nominado al Oscar, Adam Driver, luchar contra un invasión zombi en su pequeño pueblo junto a personalidades como Selena Gomez o Iggy Pop. Para el festival, comenzar su 72ª edición con una comedia de terror era una apuesta valiente, pero el elenco y equipo prometían cierto estándar de calidad.
Sin embargo, estas expectativas solo se cumplieron parcialmente, ya que muchos críticos han recibido tibiamente una película que sintieran falta de vida y algo obvia en moraleja. No fue hasta los días 18 y 19 que la programación se avivó, con la llegada de las nuevas películas de Pedro Almodóvar, Terrence Malick, Céline Sciamma y Robert Eggers. Mientras que Almodóvar, con su semiautobiográfica Dolor y gloria, que ya se ha podido ver en salas españolas, ha sido propuesto como uno de los candidatos con más posibilidades a la Palma de Oro, tanto Sciamma como Malick deben ser tenidos en cuenta: el director americano es un cineasta visionario que ya dejó anonadado al público de Cannes con su obra maestra, El árbol de la vida, y regresa esta vez con un drama sobre la 2ª Guerra Mundial, A hidden life; por su parte, la realizadora francesa propone un drama de época con Portrait of a lady on fire y, aunque su nombre no ha sonado tanto en el circuito comercial, obras con una visión tan personal como Girlhood o Tomboy la posicionan como alguien a quien tener en cuenta.
Por su parte, Robert Eggers no debe preocuparse, ya que su nueva película, The lighthouse, compite en la Quincena de realizadores, el festival paralelo a Cannes donde, cada año, se pueden ver algunas apuestas de cine autoral interesantes y diferentes. Con su primera película, The VVitch, que definió como “un cuento popular en Nueva Inglaterra”, Eggers se posicionó como una de las principales figuras a seguir en el cine de terror. Este nuevo largometraje parece jugar en la línea de su predecesora, ya que cuenta la historia de dos fareros, interpretados por Willem Dafoe y Robert Pattinson, y la crítica no ha tardado en hacer sonar las alarmas: muchos la consideran una obra maestra, y ha generado un enorme interés en el festival tras solo una proyección.

Etiquetas: , , ,

Haga un comentario

*