Del amor malogrado y el compromiso por la libertad

 

Por MARÍA LUISA BALAGUER

En el centro de Estudios Políticos y Constitucionales se presentan muchos libros, de hecho es uno de los objetivos del Centro, fomentar la cultura y el derecho. El pasado lunes se presentó el libro “A finales de enero. La historia de amor más trágica de la transición”, que ha escrito Javier Padilla, y que ha obtenido el Premio Comillas de 2019.

El libro de Javier es un acierto en su iniciativa y también en su oportunidad. Es un libro oportuno en el momento en que se publica por la coincidencia del aniversario de la Constitución, pero también por la coyuntura política que atraviesa España, y por la indudable calidad de su factura.

Javier es como él ha dicho, un joven demócrata, producto de la transición política del régimen de Franco a la democracia formal de Occidente. Y en él confluyen importantes elementos de esa consecuencia: su formación en una universidad moderna, con dotación de medios, apertura a Europa y EE.UU. y una identificación nacional propia de la ciudanía que construye la CE de 1978.

Pero es hijo de la generación que luchó por conseguir ese estatus. Y sus padres acudieron a las mismas manifestaciones que yo, sufrieron los miedos y los peligros de que se malograra todo aquello, tan frágil, tan amenazado de tantos dictadores que quedaron vivos, y después hubieron de votar una constitución que no satisfacía totalmente sus exigencias, pero que garantizaba la paz social y el progreso de la nación.

La Transición, tan denostada luego, tan admirada por el contexto de otras naciones que importaron y admiraron el consenso conseguido, y renacida por diversos intereses, todos legítimos pero diversos, tuvo su contra narrativa, que está por hacer.

Coincidente con este año y estos fastos, se publicó la segunda edición de la “Crónica secreta de la Transición”, y aquí mismo presentamos la obra, con toda la asistencia de público que Bonifacio de la Cuadra garantizó: un periodista de la Transición, posiblemente el mejor. A la salida, coincidíamos en la necesidad de evitar los triunfalismos y fijarnos en el sufrimiento y en el precio que para muchas personas y sus familias supuso la Transición: como en el caso del libro que presentamos, la muerte. Y las balas no venían de un lado solamente, hubo muchas muertes desde distintas ideologías y extremismos. Nos preguntábamos ese día si alguna vez se escribirá sobre todo esto, para fortalecer también la memoria histórica, para contar lo que de verdad ocurrió, todo lo que tuvo entonces lugar, y no solo la simplificación de esos años en la palabra concordia, paz, convivencia pacífica y algunos tópicos más.

Ahora sé que por estas fechas terminaba Javier su libro, y ponía en evidencia muchos mitos de esa paz beatífica de que ha querido teñirse un periodo de la historia de España lleno de zozobras, negrura y también desde luego la luz de un texto constitucional lúcido, luminoso y eficaz, pero época también de sufrimiento, conspiraciones, oscuridad y traiciones.

Si él agradece a nuestra generación haberse formado como lo que es, a Javier habría que agradecerle que haya escrito este libro, capaz de reflejar con tanta fidelidad los años finales de la década de los sesenta y los setenta, prefigurando la universidad que vivimos los que estudiamos en esos años. La intelectualidad del marxismo, acrecido con los filósofos franceses, Althusser, Poulantzas, el estructuralismo, todos aquellas ingentes fotocopias que nos torturaban, buscando la revolución por los bares y tabernas, bebiendo vino barato y cubatas de limón, y llenando las paredes de los poster del Che y del Black power-White power.

No era fácil para una persona de este siglo situarse en aquella sociología de la represión sexual excedente de Marcuse, del temor de perder la virginidad y del miedo al embarazo, de la falsa igualdad entre mujeres y hombres, y de todo lo que se dio por supuesto y que en realidad nunca existió. La tarea de desenmascaramiento de esas falsas apariencias liberalizadoras, se me antoja, porque está más en mi interés personal, uno de los mayores aciertos del libro. La identificación de estas circunstancias en los tres protagonistas del libro, es para mí el mayor valor. Igualmente, y lo señaló Cristina Almeida en su día, la narrativa de cómo se malogran algunas vidas sin la menor culpa, por las puras circunstancias del azar. Las tres, cada una por su propia azarosa circunstancia.

Javier tiene un futuro luminoso, y su capacidad para la literatura le dará mucha felicidad, pero ha tenido la generosidad de poner en la calle la vida de personas que hoy son, junto a otros, los verdaderos héroes de la transición, y de la lucha por la democracia. Todas aquellas personas que de verdad sufrieron, más allá de los aciertos de los intelectuales que dieron con las palabras y las frases idóneas para las normas que como diría Soledad, soportan hoy el estrés de las instituciones con solvencia. Porque Dolores, Arturo y Javier, y muchas otras personas, dieron su vida para la felicidad de la nuestra. Y Javier, ha contribuido con su trabajo y su esfuerzo, a rendirles el mejor homenaje.

 

Grupo Literario “Las tardes de Atenea”

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