Discurso del presidente del Ateneo en las Medallas 2017

ACTO DE ENTREGA DE MEDALLAS 2017

Diego Rodríguez Vargas, presidente del Ateneo.

Sr. Alcalde de Málaga, Sr. Rector de la Universidad de Málaga, Delegada de Cultura de la Junta de Andalucía… Representantes de entidades culturales y de instituciones públicas… Señoras y señores.

En estos ocho años, en los que he tenido y tengo el honor de presidir el Ateneo de Málaga, se han producido dos fenómenos que podían haber sido determinantes para la supervivencia del Ateneo.

Por un lado, la crisis económica ha supuesto una importante reducción de recursos, afectando a todas las entidades culturales de la sociedad civil, entre ellas el Ateneo.

Por otro, la ciudad se ha consolidado como el referente cultural del Sur de Europa, con el peligro de que el Ateneo se diluyese entre la extraordinaria oferta cultural y perdiese el sentido por el que se fundó.

De ambas situaciones hemos conseguido sobrevivir manteniendo nuestra identidad como espacio de reflexión, debate, fomento y difusión de la cultura en libertad.

Nuestra programación -gran trabajo de la Junta Directiva-, y nuestro modelo participativo y de gestión, son ejemplo a seguir por la mayoría de ateneos de Andalucía y de España.

No ha sido fácil, pero hubiera sido imposible sin la colaboración del Ayuntamiento de Málaga, Unicaja Banco, Junta de Andalucía, Diputación, Universidad de Málaga con ocho facultades incorporadas a nuestro proyecto, Hospital El Ángel, Copicentro, Fundación Málaga, El Pimpi, Hotel Petit Palace…

Nos honra pertenecer a esta “Ciudad de Museos”, donde habita el arte -dice el slogan-. Ciudad de Picasso, en la que su aula en la vieja Escuela de San Telmo, hoy sede del Ateneo (vídeo del inicio del acto), el mágico lugar donde despertó el genio entre los pinceles de Muñoz Degrain, Moreno Carbonero o Ferrándiz, sigue esperando decisiones administrativas para su rehabilitación.

Pero hoy quiero poner énfasis en las Medallas Ateneo. Un reconocimiento al esfuerzo y al talento, y sobre todo, al significado del trabajo intelectual como “aportación a la cultura y a su transcendencia social”.

Las Medallas Ateneo -más de cien concedidas en los 50 años de historia, 35 en estos últimos ocho años- nos fortalecen en la idea de que la cultura dignifica a un pueblo, permite ver la injusticia y combatirla, nos hace más libres, en muchas ocasiones luchando contracorriente, pero sabiendo que…

Frente a las pantallas de plasma, hay maravillosos libros y periódicos que esperan ser leídos. (Cada finlandés lee una media de 47 libros al año. En España, 10).

Frente al adoctrinamiento político y fundamentalismo religioso en cualquier lugar del mundo, está la luz de la razón, la lógica y la verdad.

Frente a la corrupción, la honestidad de miles de personas que cada día dan lo mejor en las escuelas, universidades, hospitales, empresas…

Frente al aumento de la desigualdad (más de tres millones de desempleados), el compromiso de generar una sociedad que quiera crecer en madurez democrática, y en la que la cultura, en sus diferentes manifestaciones, sea el instrumento de cohesión.

Solo así, nuestro país superará la mayor de todas las miserias: la ignorancia y la resignación.

Vivimos tiempos de codicias y corrupciones. De mercadeo de votos.

De árboles caídos si una rama se rompe… De indignación.

Al otro lado de estas miserias, cinco nuevas medallas Ateneo.

La otra cara de nuestro país. La que contribuye con trabajo y honestidad a fomentar el pensamiento crítico, la investigación y el compromiso de defender el medio ambiente, la igualdad de derechos de hombres y mujeres, la cooperación cultural y la creación artística.

Guillermo Busutil, referente de la literatura de calidad, ateneísta fiel, escritor rebelde, elegante e incansable defensor de la verdad.

Rosa Quesada Segura, a quien tanto le debemos, hombres y mujeres, en esta interminable batalla por la igualdad.

Jaime Rodríguez Martínez, humildad y sabiduría. Hombre de ciencia, artista plástico, músico… y, sobre todo, humanista e investigador.

Dickinson College, que encontró la forma de unir la cultura de Málaga y EEUU con el intercambio de dos universidades, distantes geográficamente, pero hermanadas desde hace 31 años. Gracias a quienes habéis venido de Estados Unidos a celebrar con nosotros el acontecimiento.

Escuela de Arte de San Telmo, primer núcleo de artistas y creadores en la ciudad de la luz desde hace 160 años, origen de la ciudad de las artes en que se ha convertido Málaga.

Los medallistas con el presidente.

¡Enhorabuena a los cinco! Un honor para el Ateneo y espero que también lo sea para vosotros.

Finalizo con una plática de don Quijote a Sancho: “…debemos, amigo Sancho, recuperar las sensaciones más gratas, la buena conciencia y el esfuerzo de ser mejores sin llegar a ser perfectos; y, sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que esté”.

Muchas gracias. Muchas gracias.

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