El abrazo de Toronto, por Andrés Arenas Gómez

Conferencia dictada en el Cnetro Cultural Chino de Madrid, el 5 de noviembre de este año, en el marco de unas jornadas sobre el médico canadiense Norman Bethune, conocido por su intervención en la Guerra Civil española.

original.1993Norman Bethune, médico en la Guerra Civil.

El cuartel general del CASD o sea del Comité de Ayuda a la Democracia Española [Comittee to Aid Spanish Democracy] con base en Toronto había acordado que la persona idónea para coordinar y liderar el apoyo a la República española era Norman Bethune. Ante tal oferta la duda se refleja en una de sus notas escritas:

¿Ir a España?….Estoy sorprendido por la oferta, abrumado y algo desconcertado. ¿Soy yo la persona idónea? ¿Estoy preparado para asumir tal responsabilidad? Las respuestas de ayer parecen plantear nuevas preguntas para hoy. Y mañana – ¿qué? ¡El tiempo nos impone decisiones en ocasiones crueles e irreversibles![1]

El tiempo parecía correr a favor de los insurgentes en España, aunque el médico canadiense necesitaba tiempo para tomar tan importante decisión. Una decisión que supondría un parón en su carrera exitosa como cirujano, embarcándose en una aventura de la que no se sabía si volvería con vida o no. Es un ‘turning point’ (momento decisivo) de su vida. En estos momentos ocupa la plaza de Jefe de la Unidad de Cirugía Torácica en el Hospital Sacré Coeur al norte de Montreal, trabaja también para el Hospital Grace Dart Home de la misma ciudad, es por lo tanto uno de los médicos mejor pagado y considerado de su profesión y son muchos los profesionales que lo visitan para conocer su innovadoras técnicas y su instrumental en muchos casos de creación propia. Por otro lado no le quedan demasiados años como cirujano, pues ya cuenta con 46 años. El ejército de Franco continúa avanzando y le comentará a sus amigos al enterarse de brotes violentos en su ciudad contra los judíos, siguiendo el ejemplo de lo que estaba aconteciendo en Berlín:

La locura se extiende demasiado rápidamente. Han empezado en Alemania, en Japón, ahora en España, y van a continuar por doquier. Si no les detenemosen España mientras está en nuestras manos, convertirán el mundo en un matadero.[2]

En la toma de decisión pesará su generosidad ante todo y también su descontento por un Sistema Sanitario que prioriza la capacidad económica del paciente y no busca una atención médica universal e igualitaria para todos. En Bethune se ven reunidas su capacidad técnica como profesional de prestigio y una conciencia social, seguramente inculcada por su padre el Reverendo Malcolm Nicolson Bethune quien, persuadido por su evangelista esposa, se convirtió en cristiano ‘renacido’ siendo ordenado como ministro de la Iglesia Presbiteriana en 1889.[3] En Las heridas, un libro clave para entender la vida de este canadiense, escribe textualmente afirmaciones como ésta que más de 70 años más tarde no han perdido vigencia:

La medicina es la típica industria básicamente individualista, organizada con escaso rigor, en un sistema capitalista de lucha libre que funge como monopolio sobre la base del provecho personal.[4]

Norman se entera el 17 de octubre del avance de las fuerzas franquistas apoderándose de Illescas que era la última barrera republicana entre las fuerzas rebeldes y la capital. Su respuesta echará mano de la poesía como un ‘arma cargada de futuro’ fijando su atención en una luna enrojecida:

Y la misma luna pálida que hay esta noche,

que se desliza en silencio, luminosa y alta,

espejo de nuestro mirar lívido y sombrío,

en pie ante un frío cielo canadiense.

 

Sobre las quebrantadas cumbres de España

se alzó anoche, baja, roja y salvaje,

reflejando en su escudo iluminado,

los rostros salpicados de sangre de los muertos.

 

Ante ese disco exangüe alzamos nuestros puños,

y ante esos muertos sin nombre proclamamos:

«Camaradas que nuestra libertad y futuro

disteis vuestras vidas, no os olvidaremos».[5]

Tres semanas después partirá para España, a donde llegará a comienzos de Noviembre, alojándose en el Hotel Gran Vía de Madrid, lugar habitual para escritores y corresponsales extranjeros, situado justo enfrente del edificio de la Telefónica.

Pero antes de todo esto, aún en septiembre le había comentado a su amigo Percy Newman su intención de ir a España. A continuación le pide 200 dólares para emprender el viaje. La insolvencia económica de su amigo le llevará a contactar con la Cruz Roja, donde le informarán que no tienen intención de intervenir en la guerra de España. Poco después leerá en el periódico New Commonwealth un artículo acerca de la formación de un comité de Ayuda Sanitaria a la República Española, como ya se mencionó arriba, lo que constituirá una espléndida oportunidad para realizar sus planes. Dos de sus miembros, McLeod y Tim Buck, se pondrán en contacto con Norman, quien aceptará finalmente el ofrecimiento para coordinar la ayuda al Gobierno de la República. Desde hace tiempo este comité ha venido recogiendo dinero que servirá al Dr Bethune para iniciar sus planes de intervención en España.

El 21 de octubre de 1936 el CASD escogió la celebración de una gran manifestación en el Mutual Street Arenas de Toronto para hacer público el anuncio de la misión médica de Bethune. El centro de atención de la reunión era una delegación española enviada por el gobierno republicano para celebrar un periplo de conferencias por Estados Unidos y Canadá. La mencionada comisión estaba formada por tres personas: Isabel de Palencia[6] o Isabel Oyarzábal Smith (que de ambas formas firmaba), Marcelino Domingo, ministro de Instrucción Pública con la República y el sacerdote Sarasola, un hombre de aspecto pálido y de carácter reservado, de quien dice Oyarzábal en sus memorias:

El padre Sarasola hizo su trabajo dignamente durante toda nuestra gira…..pero se mostró contrariado por la forma tan desconsiderada con la que le trataban los católicos americanos, los cuales, ignorantes de la situación, nunca habían podido comprender el verdadero significado de la causa española. Me alegra saber que este franciscano está ahora de nuevo a salvo en su convento.[7]

La primera charla de la delegación española tuvo lugar en Toronto. El ambiente durante el acto fue magnífico. Daba gusto ver el entusiasmo del público frente a la tribuna desde la que hablaban. A pesar de la lluvia, el lugar se llenó con cientos de personas. Muchas portaban pancartas y vestían ropas con franjas rojas, amarillas y moradas, acordes con los colores de la bandera española. El público se puso en pie cuando empezó a sonar la Internacional y los tres españoles, seguidos por Bethune y varios oficiales del CASD, se abrían paso hacia el escenario. Los españoles hablaron por turnos durante casi dos horas y describieron gráficamente la amarga batalla que se estaba librando en su país, con interrupciones constantes de la muchedumbre que los vitoreaba. La última oradora, Isabel de Palencia, concluyó con estas palabras: «Cuando ganemos,no si ganamos, lo habremos hecho porque hay unidad en nuestro país. Y éste es su símbolo», gritó con el puño en alto. «Sabemos que nos está ayudando el apoyo, material y moral, de todas las naciones del mundo. Por eso quiero daros las gracias a vosotros, canadienses».

La multitud se puso en pie, aclamándola con el puño levantado. Cuando terminó el aplauso, McLeod anunció que el CASD había ultimado los preparativos para mandar una unidad médica a España y que Bethune había decidido encabezarla. McLeod, en medio de un aplauso atronador, pidió donaciones para comprar el material médico necesario y la gente se abalanzó sobre el escenario para dar dinero. Los representantes de los sindicatos y otras organizaciones entregaron cheques. La aportación más cuantiosa fue la realizada por el CPC que otorgó un cheque de 1.000 dólares.[8]

No es de extrañar que I.O. comente en sus Memorias lo maravilloso que resultaba el ambiente del acto y el entusiasmo del público que se encontraba enfrente a las tribuna desde la que hablaban.

MacLeod, secretario del comité canadiense, de quien dirá I.O. que su gestión fue fundamental para que la gira del grupo español fuera un éxito, procedió después a presentar a Bethune como el «embajador canadiense en España» animándole a que saliera a hablar, así que Bethune dio un breve discurso dirigiéndose a la muchedumbre:

Estoy aquí delante de vosotros como un defensor de la democracia y como un luchador por las causas humanitarias desempeñando el papel tradicional del médico dispuesto a cuidar de aquellos que lo necesiten.[9]

Insistió en lo importante que eran las medicinas y su elevado coste: por ejemplo, quería llevar 1,5 millones de unidades de insulina a España y sólo esto representaría unos 2.500 dólares:

Recordad que van a morir más personas de peste y tétanos en el inminente sitio de la ciudad de Madrid que las que matará el enemigo.[10]

Con estas palabras concluyó su discurso. Cuando volvía a su asiento, Marcelino Domingo se fundió con él en un emotivo abrazo. Ahora entenderán vds. el porqué del título de la charla. En este abrazo se condensan lo mejor de la solidaridad de un ser humano que representa a un pueblo, el canadiense, que exhibe una generosidad sin límites ante otro país, el español, que está atravesando unas circunstancias trágicas, como son las propias de una guerra civil. En una coyuntura como la que estamos pasando donde ébolas, desfalcos, desahucios, derroches inútiles están a la orden del día, uno tiene la sensación de que con personas con la catadura moral de Norman Bethune este mundo sería mucho más habitable.

Pero no todos los canadienses de la época pensaban igual, ni la República española representaba a todos los españoles. De forma que la delegación española, en vista del caluroso recibimiento en Toronto se dirigieron hacia Montreal convencidos de que el camino estaba abierto y la gente muy consciente. Nada más lejos de la realidad. Así lo describe I.O. en su autobiografía:

Pero estábamos equivocados. En esa gran ciudad canadiense, los católicos habían movido cielo y tierra para que se desconvocara el acto, y lo consiguieron. Mientras estábamos allí, los franciscanos escribieron al padre Sarasola una carta muy amable invitándole al convento durante su estancia en la ciudad. Esta cordialidad contradecía los rumores que circulaban sobre si era un sacerdote suspendido ‘a divinis’. Desde luego, sucesos posteriores mostraron que los rumores eran falsos.

La exhortación por partede la diócesis católica instando a sus parroquianos para que no fueran a oír a la delegación española con el pretexto de que las opiniones del padre Sarasola eran contrarias a la del papa y los obispos españoles, obtuvo una gran cobertura en los periódicos francófonos y en las emisoras de radio. Mientras tanto, un grupo de elementos derechistas acusó a los españoles de comunistas y, el viernes 23 de octubre, un grupo de varios cientos de estudiantes de la Universidad de Montreal, gritando “Abajo los comunistas”, los forzó a entrar en el Ayuntamiento y, allí advirtió a los funcionarios de que esa misma tarde acudirían en mucho mayor número al Mount Royal Arena. Ante los vítores de los estudiantes que estaban esperando, concluyó con un «no permitiremos que los comunistas echen aquí raíces». Así que ni en local citado ni en el Victoria Hall de Westmount se pudo celebrar el acto, por lo que un grupo de hombres escoltó a los españoles a sus habitaciones en el cercano Hotel Windsor, y el público se dispersó. Más tarde, varios periodistas se acercaron a Bethune para que manifestara su opinión. Norman criticó a los funcionarios de la ciudad por haberse sometido a las amenazas fascistas sin rechistar y se quejó de la clara violación del derecho a la libertad de expresión que habían sufrido. Su esperanza era que la concentración organizada en el Mount Royal Arena pudiera alcanzar los 4.000 dólares que se habían obtenido en Toronto. Descargó su furia declarando:

Las autoridades de Montreal son responsables de las muertes de 1.000 mujeres y niños inocentes al haber rechazado dar voz a los delegados españoles.[11]

A la mañana siguiente, 24 de octubre, Norman se dirigió a Quebec para embarcarse en el Empress of Britain cargando con el material médico, los instrumentos quirúrgicos, antitoxinas, sueros y equipo para las transfusiones de sangre en España. Empieza pues aquí la aventura española, donde será testigo de la desbandada (desbandá) de la carretera de Málaga a Almería que le inspiraría a Neruda estos versos:

Málaga, arada por la muerte

y perseguida entre precipicios

hasta que las enloquecidas madres

azotaban la piedra con sus recién nacidos.[12)

Y que días después el Manchester Guardian recoge la tragedia en estos términos:

La evacuación de Málaga comenzó cuando la población civil supo de las dificultades de los frentes, pero nadie creyó que el éxodo voluntario iba a asumir el carácter de un cataclismo humano desconocido en la historia de Europa…..

Pronto se convirtió en una sangrienta realidad. El camino se tornó un infierno bombardeado por los barcos fascistas españoles y los aviones alemanes e italianos. Los aeroplanos, en formación masiva, bombardearon y sembraron luego con sus ametralladoras. Pronto, el camino quedó cubierto de muerte…

…niños que habían perdido a sus padres corrían gritando.[13]

El propio Bethune recoge en sus diarios la reacción personal que le provoca tanta crueldad:

¿Dónde están esta noche, los sacerdotes y los cristianos de la tierra que representan Su amor y salvación? – ¿dónde están los que no oyen nada de aquellos que imploran a su Dios? ¿En qué oscuro lugar han arrinconado el amor de los hombres? ¿Dónde están la piedad y la conciencia de un mundo que camina hacia su destrucción…?

Ojalá tuviera mil pares de manos y en cada mano miles de armas mortales, y miles de balas para cada arma, y cada una de las balas con el nombre de cada uno de los asesinos de niños – entonces sabría qué decir.[14]

Tras la experiencia de la carretera de Málaga-Almería, Bethune diseña un plan para socorrer la gran cantidad de niños huérfanos españoles para quienes creará una especie de Aldeas Infantiles que financiará con el dinero que envía el CASD. Una vez más su mente clara se pone al servicio de una causa noble.

De regreso a Madrid retomará el trabajo en el Centro de Transfusiones de Sangre con un nuevo brío. Este Servicio, ahora llamado Instituto Canadiense de Transfusiones de Sangre, ha ampliado su plantilla a 25 personas y está en proceso de convertirse en una especie de Cuartel General de la Sangre, con capacidad para atender a todo el Ejército republicano, lo cual constituye una novedad en la historia de la medicina.

El carácter inquieto de Bethune propiciará el rodaje de la película The Heart of Spain que creo que se proyectará aquí en estas jornadas. Pero no pasará mucho tiempo antes de que Bethune decida abandonar nuestro país. Pero, ¿por qué se marcha el médico canadiense de España? En un principio hay una sugerencia que le hace el comisario Contreras[15] de emprender una campaña en Estados Unidos y Canadá a favor de la República. En un momento de la contienda en que el armamento es una baza importante, parece tener cierta lógica que Contreras intente jugar la baza de Bethune como ariete que apoye la causa republicana y contribuya a romper un embargo que Alemania e Italia no respetaban. La propuesta no va a ser de su agrado, pero lo aceptará al comprobar que el CASD estaba de acuerdo en que Bethune sería más útil de regreso a casa. Esto podría explicar en parte de lo de su marcha, pero siempre quedará el recelo –así lo insinúa Roderick Stewart–[16] al señalar que hay la sospecha de que algunos hilos secretos se han movido para lograr su destitución y su repatriación. Bien es cierto que el trabajo en el Centro de Transfusiones de Sangre ha sido muy reconocido, por lo que cabe pensar que pudo haber una cierta confabulación para apartarlo de su cargo. Parece claro que Bethune no era una personalidad para callarse las verdades y esto no le favoreció. También en su vida personal había aspectos como la bebida y cierta promiscuidad con las mujeres que no le generaban demasiadas simpatías. Incluso en el partido era tildado de ‘mal comunista’ por sus polémicas declaraciones que, como director del Instituto, hacía a corresponsales extranjeros. De esta forma, con su repatriación, las autoridades españolas lograban hacer desaparecer a un personaje incómodo, el cual a su vez no veía con buenos ojos la injerencia de los españoles en un servicio que él mismo había creado. El testimonio del Premio Nobel, Herman J. Muller, señala que en la desaparición del Canadian Blood Transfusion pudo haber ciertos celos profesionales por parte de los colegas españoles.[17]

Una vez cumplida su misión propagandista por parte de EEUU y Canadá decidirá –siguiendo su compromiso ético– embarcarse en una nueva aventura: esta vez en China, donde el ejército japonés trata de invadir este país. El propio Bethune se lo cuenta a su ex esposa Frances:

El hecho de que me dirigiera a España no me concede ni a mí ni a nadie indulgencia alguna para quedarnos ahora tranquilamente al margen- España es una herida en mi corazón. ¿Lo entiendes? Una herida que nunca cicatrizará. El dolor permanecerá siempre conmigo, recordándome siempre las cosas que he visto (…) España y China son parte de una misma batalla. Me marcho a China porque es allí donde la ayuda es más necesaria; donde yo puedo ser más útil.[18]

Su estancia y trabajo en China serán de una intensidad aún mayor a la vivida en España y este tiempo ha contribuido decisivamente a forjar su leyenda de un verdadero héroe. Precisamente China será el país encargado de divulgar la ingente labor que este médico canadiense llevó a cabo. Allí se une al Ejército Popular ejerciendo una labor incansable como cirujano de campaña y como formador de médicos y enfermeras chinos. Su contribución es verdaderamente extraordinaria. Además de interminables jornadas operando, mientras lleva su instrumental a lomos de una mula y soporta toda clase de penalidades, Bethune no vacila en ejercer también de cocinero o en donar su propia sangre para las operaciones.

Finalmente esta intensidad le llevará a la muerte. Las durísimas condiciones de trabajo y la necesidad de operar con gran precariedad de medios le producirán una septicemia incontrolada cuando tenía 49 años.

A Norman Bethune, a pesar de ser una figura legendaria en Canadá y en China, aún no se le ha hecho justicia en España. Esperemos que esta charla y estas jornadas puedan paliar este olvido.

 

[1]The Scalpel, the Sword, Ted Allan y Sydney Gordon, Monthly Review Press, 1952.

[2] Ib.

[3] Bethune en España, Jesús Majada, pag. 1

[4] Las heridas, Norman Bethune, trad. Natalia Fernández, Ed. Pepitas de Calabaza, pág. 34.

[5] Traducción de Bern Dietz, pag. 54 en ‘Homenaje a Norman Bethune’.

[6] I.O.Smith (Málaga 1878-Ciudad de México, 1974), fue periodista, actriz y diplomática y una destacada defensora de la causa republicana. Tras ocupar cargos importantes durante la República, recorrerá medio mundo dando conferencias, tratando de desenmascarar la verdadera faz del régimen de Franco. Terminada la guerra, sufrirá el exilio como muchos de sus compatriotas, instalándose en México donde desarrollará una incesante labor literaria, destacando títulos como la novela En mi hambre mando yo, Rescoldos de libertad, Hambre de libertad, donde lega un testimonio fundamental para comprender los sucesos más trágicos que le tocó padecer a toda una generación de españoles progresistas.

[7] Pag. 267 de Hambre de libertad.

[8] Tomado de Las vidas del Dr. Bethune, pág. 153.

[9] Ibid. Pág. 53

[10] Ibid. Pág. 53

[11] Las vidas del Dr Bethune

[12] España en el corazón. El novelista Luis Melero narró estos sucesos en La desbandá, Roca Ed., 2006.

[13] The Manchester Guardian, miércoles 17 de febrero, 1937.

[14] Tomado del diario de N. Bethune. Citado en la pág. 145 de The Scalpel, the Sword.

[15] Carlos Contreras es el seudónimo de Vittorio Vidali (1900-1983) que fue un político y militante comunista italiano. Se unió a las fuerzas del ejército republicano durante la Guerra Civil española como comisario político en diversas unidades y fue fundador del Quinto Regimiento, siéndole atribuidas numerosas ejecuciones políticas. Poco después se incorporó a las Brigadas Internacionales siendp un activo organizador de las mismas.

[16]Bethune, Roderick Stewart, New Press, Toronto, 1973.

[17] “The collpase of the Canadian Blood Transfusion Unit was a resulto f the attacks said to have been made by a Spanish Republican Blood Transfusion Unit that was jealous of the Canadian…one. Citado en Bethune de R.S. pág. 106

[18] Carta enviada desde Hong-Kong. Citada en The Scalpel, the Sword, pág. 167.

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