El desarrollo de la inteligencia emocional a través de la danza, por Manolo Alcalá

Ciclo Hablando de Educación, tertulia el jueves 12 de marzo de 2015:

En los años setenta del siglo pasado llegaron a nuestro entorno escolar influencias procedentes de Italia y, sobre todo, de Francia que preconizaban la expresión corporal en las aulas, aplicar el movimiento corporal al aprendizaje de conceptos académicos, ver al alumno como un todo –no solo cabeza para colmar de conocimientos. Sí, promovían la entrada en la escuela de la danza, la música, el teatro, la expresión artística, etc., esto es, en la formación de nuestros escolares. Alguien que lea estas líneas recordará que se puso de moda en ambientes renovadores la “psicomotricidad”. Y también recordará textos como “El diálogo corporal” y “El niño frente al mundo” de P. Vayer, “Simbología del movimiento” de A. Lapierre y B. Aucouturier, o “A la escuela con el cuerpo”, de un grupo de autores del italiano MCI.

Con el tiempo, la enorme “preocupación” de nuestras autoridades educativas por hacer una escuela “eficaz”, “basada en la cultura del esfuerzo” etc., etc. nos ha ido alejando de aquellas propuestas innovadoras que tanto bien hacían al alumnado que tenía la fortuna de vivirlas.

Sin embargo, la tertulia del jueves vino a poner en valor aquella antigua línea de trabajo escolar, pero, obviamente, con lenguaje y formulaciones conceptuales actuales:inteligencia emocionalaprendizaje servicio, etc. Para mí fue una sorpresa mayúscula poder comprobar esa línea de continuidad, cosa que las profesoras que la han desarrollado – Nati Cantero, maestra de Primaria y Esperanza Utrera, profesora de danza- posiblemente ignoren, creo yo, por ser jóvenes.

Es evidente, y la hermosa experiencia que ambas desarrollaron en un colegio público de Málaga lo demuestra, que la expresión corporal y la danza ayudan a aumentar el autocontrol de sí mismo, a superar bloqueos y conflictos, a establecer relaciones sanas con los demás, etc. es decir, a crecer como personas sensibles y socializadas.

A Nati y Esperanza, profesoras, al alumnado de la Escuela Superior de Danza participante en la experiencia, así como a los niños y niñas de 6-7 años y sus respectivas familias, hay no sólo que felicitarles sino también agradecerles que con su actuación mantengan viva la ilusión de una escuela en la que niños y niñas sean contemplados como personas totales y no solo recipientes de conocimientos o meros “sujetos con competencias”.

Haga un comentario

*