El Tenorio Modernista de Melitón González

La tertulia La Palabra Creadora, revive la tradición de celebrar a Don Juan Tenorio, con el acercamiento a una versión muy particular

 Sesión presentada por Andrés Hueso

En la tercera cuarta parte del pasado siglo, las fechas del 1 y 2 de noviembre, estaban asociadas al encendido en las casas de unas velitas —lamparillas en platos o tazas de aceite— en recuerdo de los santos y los difuntos; además, con la compra de dalias, crisantemos y claveles, que se llevaban al cementerio para depositarlas en las tumbas o nichos de los familiares fallecidos. Y, además, con la representación, bien teatral, bien en televisión, de Don Juan Tenorio, de José Zorrilla. Pero estamos en 2019 y ahora estas fechas han sido monopolizadas por la estética, celebraciones y demás ritos de Halloween. Ya lo anticipó Dylan —que resultaría premio Nobel— en 1963 al cantar: «Los tiempos están cambiando».

En La Palabra Creadora, se atiende a la “tradición donjuanesca” del 31 de octubre, con una versión muy particular del texto de Zorrilla: Tenorio Modernista, de Pablo Parellada (de seudónimo Melitón González).

Tenorio Modernista es una parodia, pero no al texto de Zorrilla, ni al mito donjuanesco, sino al lenguaje modernista que explotó en el lenguaje poético —pero no sólo ahí— en los inicios del siglo XX.

De modo que el texto de Parellada se sirve del mismo texto, estructura y escenas de Zorrilla, para reescribirlas en un contexto absolutamente paródico que realiza, tanto en el texto del drama —el lenguaje de los personajes—, cuanto en el espacio del propio autor: título —«Remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos»—, acotaciones a las escenas —«El reloj cambia su esfera por otra transparente que, en vez de las horas, tiene diferentes colores y señala el rojo; de este tono se esplendoriza la escena.»—, la descripción del vestuario —«Doña Inés viste olosérica, verdegayante con brillanteces áureas», eso sí, «maguer modernista smart»»— y el propio título        —«Tenorio modernista» – «Remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos»—.

El lenguaje, pues, constituye la esencia de la obra de Parellada. Don Juan es un poeta que combate el habla “premodernista”, la seducción de doña Inés no es sensual, sino que se rinde a su forma de hablar:

«Silenciad, don Juan, por Dios
que tanta palabra glauca
me perplejiza y embauca
labializándola vos.»

Es imposible abordar en esta reseña el análisis del lenguaje paródico que presenta un gran interés. Sólo como muestra se pueden, citar entre los muchos recursos empleados, la exageración de rimas cacofónicas —«fuegaje / cenizaje; un mañano diciembrero / de celaje cenicero; en casa de un millonado / a la industria dedicado»—; empleo de sufijos cultistas —«movibundo, mancomúnido»—; o la conversión en tiempos verbales de cualquier palabra —«patalallanear, fregoplatear»—.

Tenorio Modernista se estrenó el 30 de octubre de 1906 en el Teatro Lara de Madrid.

Siguen unos breves pasajes con los textos de ambos autores, para entender un poco las características del texto de Parellada.

 

Texto de Zorrilla Texto de Parellada
En la Hostería del Laurel, Don Luis narra sus hazañas para compararlas con las de Don Juan para ver quién gana la apuesta.
D. LUIS.

[…] Allá va.
Buscando yo, como vos,
a mi aliento empresas grandes,
dije: « ¿Dó iré, ¡vive Dios!,
de amor y lides en pos,
que vaya mejor que a Flandes?
Allí, puesto que empeñadas
guerras hay, a mis deseos
habrá al par centuplicadas
ocasiones extremadas
de riñas y galanteos.»
Y en Flandes conmigo di,
mas con tan negra fortuna,
que al mes de encontrarme allí
todo mi caudal perdí,
dobla a dobla, una por una.
En tan total carestía
mirándome de dineros,
de mí todo el mundo huía;
mas yo busqué compañía
y me uní a unos bandoleros.
Lo hicimos bien, ¡voto a tal!,
y fuimos tan adelante,
con suerte tan colosal,
que entramos a saco en Gante
el palacio episcopal. […]

 

D. LUIS.

[…] Buscando mayorizar
de mi hálito los expandes,
dije: ¿Qué mejor lugar
tratando de flanear
más indicado que Flandes?
Movibundo y rapidero,
de Flandes tomé el camino
un mañano diciembrero
de celaje cenicero
verdente y melancolino.
Así que flandequicé,
a un esporman-Club subí,
allí treinta cuarenté,
y dobla que yo jugué
fue dobla que yo perdí.
Al verme tan… desdoblado,
me ofrendé como chofer
en casa de un millonado
a la industria dedicado
del cochaje de alquiler.
Bien me amusé, ¡Sacrenón!,
y manejando el volante
fue tanta mi diversión,
que atropellamos en Gante
a una santa procesión;
gasolineando entre gentes
apostólico-creyentes,
aplasté catorce oblatas,
ocho curas negrescentes
y veintisiete beatas […]

Inicio de la seducción de Doña Inés. Brígida le entrega un libro con una nota de parte de Don Juan; Doña Inés comienza a leerla
«Doña Inés del alma mía.»
¡Virgen Santa, qué principio!
BRÍGIDA. Vendrá en verso, y será un ripio
que traerá la poesía.
Vamos, seguid adelante.
D.ª INÉS.
«Luz de donde el sol la toma,
hermosísima paloma
privada de libertad,
si os dignáis por estas letras
pasar vuestros lindos ojos,
no los tornéis con enojos
sin concluir, acabad.»
BRÍGIDA. ¡Qué humildad! ¡Y que finura!
¿Dónde hay mayor rendimiento?
D.ª INÉS. Brígida, no sé qué siento.
BRÍGIDA. Seguid, seguid la lectura.
D.ª INÉS.
«Nuestros padres de consuno
nuestras bodas acordaron,
porque los cielos juntaron
los destinos de los dos. […]
«Inés, flor de Arimatea».
¡Virgen Santa, qué incipiencia!
BRÍGIDA Vendrá escrito en gaya ciencia,
y el pobre ripioplumea.
Vamos, no fragmenticéis.
DOÑA INÉS «Luz que a febea derrumba,
irisácida columba
mártir de encerrosidad,
si, exorable, en este léxico
abrí vuestros miradores,
no los cerréis con temores
místicos, epilogad».
BRÍGIDA      ¡Qué humildez y qué decires
¡Qué sentires y anhelares!
DOÑA INÉS Brígida, siento temblares…
BRÍGIDA      Seguid, seguid los leíres.
DOÑA INÉS
«Nuestros padres, mancomúnidos,
nuestra emulsión acordaron,
porque entrambos bucearon
en las almas de los dos,          […]
Parte de la “escena del sofá”
Don Juan

[…] ¡Cálmate, pues, vida mía!
Reposa aquí; y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría.
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga, llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor? […]

Don Juan

[…] Deja, pues, neurastenura
y perdona si un momento
saboreo del convento
la nostálgica foscura.

(En la anaclítera.)

¿No es verdad, fauno de amor,
que a la orilla del aguaje
fulge más puro el lunaje
y se halitea mejor?
La brisa que errabundea
entre nimbos de colorios
de los boscajiles florios
que ese fluvio regadea;
el río en que ondulantea
por su transpuril color
el cantoso pescador,
monocorde y monorrítmico,
¿no es verdad, fauno aromítmico,
que son hálitos de amor? […]

 

 

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