Ernesto Halffter: encuentro con la inspiración, por Paula Coronas

          Paula Coronas, pianista. Doctora por la Universidad de Málaga, vocal de Música del Ateneo de Málaga y profesora del Conservatorio de Málaga.

Este año 2014 conmemoramos el 25 aniversario de la muerte (julio de 1989) del compositor Ernesto Halffter, nacido en Madrid.

La densa tradición musical protagonizada por la saga de los Halffter (apellido de origen alemán) -representada en su base por los hermanos Rodolfo (n. 1900) y Ernesto (n. 1905), y actualmente continuada por el destacado compositor Cristóbal (sobrino de ambos) y a su vez sucedida por su hijo Pedro, el más joven de la dinastía- ocupa por justicia un puesto relevante en el podium de la creación artística española.

ernesto-halffter-02El compositor Ernesto Halffter.

Por su significación especial en la denominada Generación del 27, Ernesto Halffter se convierte en una figura de referencia para los estudiosos, revelándose pronto como un creador de excepcional talento, dotado de una frescura musical pocas veces hallada.

El madrileño Ernesto Alberto Halffter Escriche fue el tercero de los seis hijos del matrimonio compuesto por la catalana Rosario Escriche Erradón y Ernesto Halffter Hein -el primer Halffter procedente de Könisberg (Alemania), afincado en España-, joyero de profesión.

Evidentemente, hallamos en el linaje halffteriano razones de sobra para comprender la posterior dedicación del joven Ernesto a la música. Su madre le inició, al parecer, en sus primeras lecciones musicales. Por otra parte, su tío materno, Ernesto Escriche, fue un destacado concertista de piano.

A los seis años, ingresa en el Colegio Alemán en Madrid, donde permanece durante una década formándose en todas las disciplinas. Posteriormente, el pianista húngaro Fernando Ember, recién llegado a Madrid por aquel entonces, influyó seriamente en la carrera pianística del joven Ernesto. Curiosamente, no se constatan estudios oficiales en el Conservatorio, por lo que podemos pensar en una cierta condición autodidacta del músico en cuestión.

Entre los principales fedatarios de este creador, encontramos al crítico y musicólogo Adolfo Salazar, garante de aquella saludable “edad de Plata” -sobrenombre que recibe el período de resurgimiento cultural que experimentó nuestro país a principios del siglo XX- , y al eminente Manuel de Falla, espejo indiscutible en la trayectoria artística de Ernesto Halffter.

Tras su primera aportación al mundo musical con su obra Crepúsculos (1922) para piano, Ernesto se descubre por su singular título de Sinfonietta (1925) obra para orquesta, a la que se le concede el Premio Nacional de Música. Ingenio y maestría brillan en tal recreación que advierte triunfos para este joven compositor, que con tan sólo 20 años consigue adscribirse a la cumbre artística nacional.

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Se multiplican los elogios y las alabanzas que el músico recoge por estos años de dinámica labor creadora. Así, Salazar comenta en referencia a la interesante Sinfonietta: “un sentido profundamente moderno, una plenitud, un optimismo, una alegría de creador que están al lado del espíritu deportivo de nuestros días”.

Halffter comienza a destacar en todos los círculos intelectuales del país, siendo requerido con frecuencia por la belleza y espontaneidad inmersas en su discurso musical.

Para conocer en profundidad su lenguaje, es necesario valorar su obra más preciada, la mencionada Sinfonietta, verdadero hallazgo sonoro del siglo XX. Las numerosas incursiones en el universo neoclasicista que el compositor propone en su estética, nos habla de una dimensión de elevados trazos cuyos pentagramas obedecen fielmente a la poderosa influencia de su mentor, Falla, quien por aquellos años le había confiado la dirección de la Orquesta Bética de Cámara de Sevilla (1924).

Este mismo año, Ernesto Halffter culmina una etapa decisiva en su vida a través de su conocimiento directo con el maestro Ravel en París, con el cual trabajó intensamente durante casi un año.

La constancia y el orden sin embargo no caracterizaron su espacio creador, por lo que se observa a menudo dificultad en la ordenación del catálogo. No obstante, la totalidad de su repertorio se ha visto salpicado por brillantes momentos de inspiración que se han materializado en piezas tan sobresalientes como el Ballet Sonatina (1928), del cual extraemos las famosísimas Danzas de la Pastora y de la Gitana para piano; la Sonata para piano Forte (1932); y L’ Espagnolade (1937).

Su matrimonio con la pianista portuguesa Alicia Cámara Santos (1928) le vincula de forma especial con el país vecino, en el que permaneció durante largas temporadas. Ernesto Halffter se identificó plenamente con el folklore y las raíces portuguesas: “Soy un gran admirador del fado por su profunda y bella esencia popular, inimitable y que expresa tan bien la marcada personalidad del pueblo portugués”, asegura el maestro.

La actividad compositiva es compaginada con la labor docente, desde el año 1934, en que es nombrado Catedrático numerario de Conjunto Vocal e Instrumental y Director del Conservatorio de Música de Sevilla, cargo que desempeña durante tan sólo dos años, ya que tal función directiva le apartaba de su quehacer creador. Posteriormente, en 1942, es nombrado Profesor Adjunto al Instituto Español de Lisboa.

Inspirado durante sus estancias continuadas en Portugal, da a luz algunos títulos de notable significación como son su Rapsodia Portuguesa para piano y orquesta (1940), y las Canciones Portuguesas (1943).

Dentro de su polifacética personalidad, la creación continúa siendo una constante en su trayectoria, alumbrando con fuerza nuevas páginas como Llanto por Ricardo Viñes (1943), para piano; Habanera; y Pregón (1945), para piano; y Fantasía Española (1953), para violoncello y piano.

También muestra sus extraordinarias cualidades en la gestación de música incidental. Tales son los ejemplos de las películas Bambú, Don Quijote de la Mancha, La Señora de Fátima, Historias de la radio. 

A partir de 1957, comienza a trabajar arduamente en la conclusión de la cantata Atlántida, obra póstuma que Falla deja inacabada a su fallecimiento en 1946. Cabe señalar que la célebre Atlántida supone un punto de inflexión en el contenido de sus pentagramas. La talla sinfónica de tal obra, en donde los caracteres tímbricos y orquestales resultan magistralmente abordados por el autor, denota la evolución de su pensamiento musical, desde aquellas primeras piezas breves, en las que Ernesto Halffter había encontrado la cómoda vía de expresión.

El reconocimiento oficial llega especialmente a partir de 1963, año en que se le impone la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio.

En 1969, nace su Concierto para Guitarra y Orquesta, estrenado por Narciso Yepes, bajo la dirección de Igor Markevitch.

La década de los años setenta es fecunda y pródiga también en relación a los méritos y recompensas obtenidas por el artista. Destaquemos pues su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid (1973).

En 1988 ofrecerá su último fruto musical: Homenaje a tres compositores españoles (a Federico Mompou, Joaquín Turina y Rodolfo Halffter, su hermano mayor). Lúcidamente, llega nuestro compositor al final de su trayecto existencial (fallece en el año 1989).

“En verdad si Ernesto Halffter -según el testimonio de Tomás Marco (1)- reclamó una y otra vez para sí mismo la ortodoxia de la línea magistral de Falla, en su música influye al menos tanto como el compositor gaditano, el lenguaje de un Ravel que en él debe ser siempre una constante a lo largo de una larga vida que, paradójicamente, quedará marcada para siempre por el madrugador éxito de la sinfonietta”.

Al hilo de esta reflexión analizamos la realidad de un creador libre, espontáneo y apasionado, como fue Ernesto Halffter, quién por otro lado arrastró ineludiblemente la herencia de dos grandes baluartes: Falla y Ravel. En su camino pues reconocemos soportes de elementos neoclasicistas e impresionistas fusionándose con nuevos enfoques de experiencias creativas.

Ernesto Halffter imprimió carácter a una música vital y pensada, renovando la fisonomía del lenguaje sonoro. Gracias a su genial aportación, la música española estrechaba sus lazos con las tendencias vanguardistas del florecimiento europeo, y así, en este esfuerzo de europeizar nuestro arte hispano, su figura   logra ser autónoma en el inventario de composiciones españolas de primera magnitud. A él debemos sinceramente una remodelación estética en el pensamiento musical de nuestro país.

El compositor de la alegría y de la espontaneidad, como es calificado por su propio hijo Manuel, es y será siempre un símbolo indiscutible en la música contemporánea. En el árbol genealógico de nuestros grandes compositores su nombre luce con especial intensidad.

(1) Reflexión de Tomás Marco en su libro El pensamiento musical y siglo XX.                                                      

Bibliografía:

Ernesto Halffter (1905-1989) Músico en dos Tiempos. Edición de Yolanda Acker y Javier Suárez-Pajares. (Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Fundación Archivo Manuel de Falla).

Pensamiento musical y siglo XX, por Tomás Marco. Edita Fundación Autor. Sociedad General de Autores.

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