¿Es posible crear en la escuela un espacio autónomo para el teatro?, por Mª José Serván Núñez

El pasado nueve de octubre se inauguró el ciclo Hablando de Educación, organizado por las Vocalías de Educación y Proyectos de Innovación Educativa con la colaboración de la Asociación REMANDO. Este ciclo continúa el anterior de Tertulias Pedagógicas con aires renovados, con el propósito de dirigirse a un público aún más amplio y variado, dando cabida a temas más cercanos a colectivos como el alumnado y las familias y a nuevos formatos que refuercen el espíritu de involucrar, en la mayor medida posible, al público asistente.

En esta ocasión, continuamos con el formato de tertulia a cargo de Juan Ángel Guzmán, profesor de Lengua y Literatura en Educación Secundaria. Él vino a compartir con nosotros y nosotras lo que ha sido su pasión durante toda su trayectoria docente: el teatro.

_ANGEL GUZMAN DSC9760Juan Ángel Guzmán.         Foto: Pepe Ponce

Juan Ángel estructuró su intervención en torno a los diferentes espacios que el teatro puede ocupar en la escuela: un espacio empírico o físico, un espacio cultural, un espacio curricular y, por último, un espacio autónomo.

Con respecto al espacio físico, Juan Ángel nos expuso las dificultades que el teatro tiene para encontrar un lugar donde desarrollarse en la escuela ya que los salones de actos no reúnen condiciones, en muchas ocasiones, para representar una obra teatral e incluso muchos centros no disponen de salón de actos, últimamente sustituidos por las salas de usos múltiples que, a veces, ni siquiera tienen una tarima que pueda servir de escenario. Nos compartió su experiencia en el IES Emilio Prados donde, poco a poco, fueron creando ese espacio.

En cuanto al espacio cultural, Juan Ángel nos contó como en el IES Emilio Prados se programaban entre cinco y siete producciones al año además de que la sala se prestaba al Ayuntamiento, la Universidad o distintas asociaciones que no tenían un espacio donde ensayar. Esta vida teatral demostró la necesidad del teatro en la escuela como apoyo, ya que fomenta la lectura o funciona muy bien con los chicos y las chicas que tienen un diagnóstico. Sin embargo, esto supone el uso del teatro como instrumento didáctico y no como el objeto didáctico en sí mismo.

Por ello, también examinó el espacio del teatro en el currículum oficial. Recordó como la etapa de experimentación de la LOGSE había sido el único momento en que el teatro había tenido un espacio por derecho propio en el currículum pero eso se había perdido tras la promulgación de dicha Ley y no había mejorado, sino todo lo contrario, desde entonces.

Llegados a este punto, ¿puede tener el teatro un espacio autónomo en la escuela? Juan Ángel nos mostró las múltiples razones por las que debería tenerlo. En primer lugar, tiene un gran valor en el desarrollo de la lectura comprensiva, además de modo progresivo, porque se puede avanzar hasta la improvisación donde los actores y las actrices producen sus propios textos. Por otra parte, promueve una memoria que no es mecánica ni repetitiva sino incorporada, física y emocionalmente. Además, destaca por su interdisciplinariedad, tanto por los temas que se pueden tratar, como por las distintas labores que hay que desarrollar (vestuario, decorado, tramoya, luces, sonido…). También desarrolla el trabajo en grupo, un trabajo en grupo verdaderamente cooperativo donde no cabe el parasitismo puesto que cada uno tienen una función imprescindible para que funcione la obra. Por último, compartió con nosotros y nosotras cómo el teatro cambia la relación docente-estudiante y aumenta la participación en clase de los estudiantes implicados.

A la intervención de Juan Ángel siguió una agradable tertulia con la intervención de alumnos y alumnas y de sus madres que contribuyeron a que los asistentes enriqueciéramos nuestra visión sobre el potencial del teatro en la escuela.

Mª José Serván Núñez. Departamento de Didáctica y Organización Escolar. Facultad de Ciencias de la Educación

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