Málaga, ¿existe?, por Juan López Cohard

Conocí a Málaga cuando abrí los ojos al mundo, y me enamoró a primera vista. Por entonces ya tenía más de dos mil años, pero a mí me pareció que crecíamos juntos. Estaba por aquellos años maltrecha, rota, dolorida por el sufrimiento y con las huellas, que nunca se borraron del todo, ocasionadas por el mal de guerra. Pero siempre la vi alegre. Con esa alegría que solo puede tener una ciudad que es hija del sol y de la mar, amante de arroyos, montes y riscos, y madre de peñas y cofradías.

5205950103_251a613e9d_zEl Puerto de Málaga.

Decía que vi a Málaga crecer conmigo. Y la vi crecer incongruente y desaforadamente hasta convertirse en una sinfonía inacabada interpretada por una desafinada orquesta de heavy metal. Pero, a pesar de ello, seguía teniendo el hechizo de lo mágico, porque mágica es una ciudad donde se ofrecen, en un cenacho, lágrimas plateadas del mar que la baña o donde florece, entre los dedos de una hermosa mujer, la flor de jazmines, la biznaga. Esa magia que enamora y subyuga está tan fuera de lo real, es tan ideal, que llevó a José Bergamin, en su poema “Hija de la espuma”, a preguntarse: “Málaga, ¿existe?” Fue Ángel Caffarena quién, en el prólogo de su “Antología de la poesía malagueña contemporánea”, le respondió: “Pues sí, existe, es. No sólo en su ámbito geográfico sino que, rebasado, toda ella se hace espíritu poético para tomar la vida que no tiene principio ni fin y que es más vida que la puramente vividera.

jose_bergaminEl escritor José Bergamín.

 Y la sinfonía comenzó a acabarse y a ser interpretada por una orquesta con todos los instrumentos necesarios para deleitar a propios y extraños. Fue con la democracia. Años de esperanza en los que Málaga emprendió la senda para ser la ciudad soñada. Y la emprendió al compás que marcaba la batuta de nuestro, siempre presente, alcalde Pedro Aparicio. Después siguió creciendo con cierta armonía y se fue dotando de infraestructuras, de equipamientos, de zonas verdes y de cultura hasta convertirse en una metrópoli. Y hoy, transcurrido bastante más de medio siglo desde que nos conocimos, siento que Málaga todavía no es la ciudad de mis sueños y que, a su sinfonía, aún le falta el último movimiento, el rondó, que suele ser un movimiento rápido, y no es precisamente la rapidez y la finalización lo que caracteriza la ejecución de los proyectos necesarios para acabarla. Con todo y con eso, y a pesar de los pesares, si me preguntan ¿qué es Málaga?, sólo puedo contestar como Ángel Caffarena: “es más vida que la puramente vividera”.

Juan López Cohard

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