Tal como éramos, por Fernando Arcas Cubero

Publicado en La Opinión de Málaga el 29/10/2014

Fuimos a la izquierda en los 70 por rebeldía contra el franquismo. El franquismo era entonces haber sido golpeados por los curas y los profesores, pelados a la fuerza porque estaban prohibidas las melenas; prohibidos los vaqueros; pintados de payasos para que pasaran las filas de alumnos por delante como escarmiento; interrogados y tocados en los confesionarios o en las tarimas mientras que nos preguntaban la lección; adoctrinados en los ejercicios espirituales con el peligro de muerte en pecado mortal; castigados de rodillas con los brazos en cruz o azotados y pateados por nuestras risas en los interminables estudios o en los rosarios obligatorios en las tardes grises de invierno. El franquismo era después estar en la cárcel por afiliación política; que la político social tocara la puerta de tus padres por unas fotos de la miseria arrebatadas por un milquinientos gris en La Palmilla, que te interrogaran en la Aduana por las noches y te torturaran hasta lo insoportable en el Cuartel de Natera, o te azotaran con un vergajo en los cuartelillos de la Guardia Civil.

Hemos educado a esta generación que llega y se estanca en el paro, en el esfuerzo y en la educación. Hemos defendido hasta la extenuación la democracia y el socialismo, la izquierda. Hemos reivindicado la lucha contra la dictadura como el mejor de nuestros éxitos históricos, porque era un porvenir luminoso, el progreso por fin de una España condenada. La superación de la España de nuestros padres, que se habían matado entre sí como solución final. Una España de lo público, solidaria, generosa con sus ciudadanos más desprotegidos.

Y hemos fracasado. Si. Esta no es la rebelión sólo de nuestros hijos. Es la frustración completa de una generación de padres. Y un peligroso clima de decepción y de malestar que no tiene de momento una salida definida.

La última esperanza de este país, de este continente, se ha llamado Zapatero. «A por él» decía la sombra del capital en un dibujo de El Roto ante la elección de Lula en Brasil. Destruyeron a un presidente honrado con una crisis fraguada por ellos mismos para matar toda esperanza, para someter a los trabajadores de todas clases a la esclavitud de la inseguridad y del miedo. El único político honrado de una España infectada. Y le destruyeron quienes venían con toda su mercancía averiada, de tesoreros, de banqueros, de ventajistas y mercaderes. Y se quitaron para ello las corbatas, y se pusieron las cazadoras.

zapaJosé Luis Rodríguez Zapatero.

Estos jóvenes sin más historia que las de las plazas ocupadas por tenderetes y sentadas, han entrado por la grieta de la historia y del sistema. No se adonde van, ni adonde llegarán. Son exactamente como éramos nosotros en 1970: ilusionados, emocionados, confiados y esperanzados en el final del franquismo, en la aurora de la libertad.

Los viejos partidos de la izquierda, los nuestros, tienen el ejemplo de Zapatero, tienen la historia de sus sacrificios, tienen sus mártires a decenas de miles, sangre derramada y cuerpos torturados, una lucha de siglos que trajo todas las conquistas sociales de este país, gota a gota. Tienen historia viva y curriculum.
Creo que es la hora de las izquierdas, así, en plural. De mirar a Andalucía, donde se ha puesto fin a la idea suicida de que el socialismo es otra orilla, la tentación de este nuevo Podemos. La hora de confiar en los ciudadanos, en esta rebelión indignada de padres de jóvenes desesperados, de padres con sentimiento de culpa por una utopía fracasada, por unos sueños rotos. Que las urnas decidan, que los ciudadanos sopesen. No creo que sean injustos con quienes han hecho tanto por este país desde la izquierda. Pese a todo, aun queda fe. El recuerdo y la historia de aquel tiempo gris en el que sólo éramos súbditos de un general impresentable, y de un camino de siglos que ahora más que nunca debe ser continuado.

 

Haga un comentario

*