¡Sssh!, que viene Godot, por José Antonio Garriga Vela

Sur, 04.03.17.

Aún no había cumplido los veinte años y ya era Samuel Beckett mi escritor favorito. Abro el libro de Barral Editores, Barcelona 1972, que contiene las obras de teatro Esperando a Godot, Fin de partida y Actos sin palabras. En la esquina superior de la primera página aparece el precio escrito a lápiz: 60. Cuarentaiún años después, cuando me dirigía a visitar la tumba de Beckett en el cementerio de Montparnasse, compré un periódico español con la foto de Roberto Bolaño en la portada y la noticia de su muerte el día 15 de julio de 2003. Una extraña sensación se apoderó de mí. Iba al cementerio a compartir el silencio con Beckett y me acompañaba el recuerdo de Bolaño. No sé por qué, precisamente hoy, me viene aquel día a la memoria.

Cuando me preguntan por mi libro preferido, no sé cuál elegir, pero durante años dije siempre el mismo: Primer amor de Samuel Beckett. Pienso en Suzanne, el amor de Beckett. Cincuenta años juntos, hasta que en abril de 1989 Suzanne murió. «A ella se lo debo todo», confesó. Él se fue en diciembre de aquel mismo año, no digo ‘nos dejó’, simplemente se fue con Suzanne. Una piedra de mármol gris cubre el recuerdo. Hay días que nunca se olvidan. Me acuerdo perfectamente dónde estaba y qué hacía el 11 de septiembre de 2001 cuando cayeron las Torres Gemelas. Existen fechas que evocan instantes concretos que jamás se olvidan. Cómo voy a olvidar la reacción que tuve cuando supe que Beckett había muerto. Como si Sam fuera un amigo íntimo, lo mismo que Buster Keaton, mi admirado Pamplinas. Me hubiera encantado verlos juntos por las calles de Nueva York en la película Film, guión de Samuel Beckett y reparto: Buster Keaton. Una película muda con un único sonido silencioso: ¡Sssh!

¿A quién esperan realmente Vladimir y Estragón en la obra Esperando a Godot?, ¿a quién suplanta Godot? Hay quienes lo relacionan con Dios. Sin embargo, yo prefiero la versión que cuenta que Samuel Beckett estaba un día al borde de la carretera para ver pasar a los ciclistas del Tour de Francia. Pasaron los corredores escapados y luego el pelotón, pero el grupo de espectadores que estaba a su lado permanecieron inmóviles. Beckett preguntó por qué permanecían quietos y uno de ellos contestó que esperaban a Godot. Godot era el ciclista más lento y también el más viejo, un hombre cansado que pasó al cabo de un buen rato y todos le aplaudieron. También aplaudieron los espectadores de la película Film durante más de cinco minutos el día que se estrenó en el Festival de Venecia, 1965. Allí estaban Fellini, Antonioni, Visconti, Godard; y yo, mientras tanto, ¡maldita ignorancia!, viendo la tele en casa.

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La conciencia poética, por Guillermo Busutil

La Opinión de Málaga, 19.03.2017.

La poesía es un arrebato de intimidad basado en hechos reales. Decía mi padre al que recuerdo mucho tiempo de ausencias este domingo que lo celebra, acercándome entre la niebla su voz leyéndome para que aprendiese que un poema es el lugar donde mejor se cuadran las cuentas con la vida. El amor, la muerte, los sueños, la pérdida, y su memoria. El Haber y el Debe en asientos contables. Siempre le gustaron los números y los sonetos. También los versos más allá de sus márgenes, como un dibujo de trazo rebelde al vuelo. Escribir poesía es encender una luz en la oscuridad para ver una realidad que no está pero sucede. Se lo decía yo a mis hijas (y se lo recordaré el martes que mundialmente la festeja) durante su infancia preguntándole a la lectura sobre el corazón, la identidad y cómo la emoción toma en trance y música el cuerpo de las palabras y entonces se entiende todo. Que ellas nos abracen, y hasta que a veces la lluvia se las lleve.

No sé si los padres de hoy leen a sus hijos novelas, relatos, periódicos o poesía entre sus brazos. Explicándoles que son mundos que se atraviesan a través de las profundidades interiores que abre el lenguaje para encontrarnos en sus historias. Puede que el tiempo precipitado con sus desencantos y cansancios, los deje ahora educarse solos y a solas explorando la vida en las calles de atrás de las pantallas de sus móviles. Tal vez algunos tienen maestros tutelándoles el encuentro con las voces de Luis García Montero, de Aurora Luque, de Caballero Bonald o de Luis Alberto de Cuenca entre otros autores de la introspección de la vida, del desafío de vivir la realidad pensándola. O que con suerte y esperanza otros hagan de la poesía su tatuaje; la guerrilla en contra del destino roto que políticamente les estamos legando. «Me niego a vivir en serio y en serie». «Prohibido hipotecar tus alas». «Nada puede detener a una oveja negra orgullosa de sí misma». Batania Neorrabioso, poeta urbano en tuits, paredes de barrio, contenedores de basura que ahora son páginas.

Aurora Luque, poeta.

Desde el uso que la música y la publicidad han hecho del relato corto y de las fórmulas poéticas, el género ha captado nuevos públicos como han conseguido Marwán y Luna Miguel con canciones, blogs y la relación con el mundo virtual -donde también triunfa Irene X con 50.000 seguidores en twitter y 17.000 en Instagram que cotillean fragmentos de su vida publicada con filtros cálidos-. Igualmente contribuyen El Gaviero, Harpo o La Bella Varsovia que asoman nuevos nombres, junto con otras editoriales como Renacimiento, Visor, Bartleby, Pretextos y Calambur con voces más consolidadas, y los recitales en directo que denominan jam. Argumentan algunos que una clave importante del aumento de lectores es la ruptura entre poesía tradicional y la aparición de nuevos formatos y lenguajes. Ignoran que ya en los sesenta, y durante los años ochenta, convivían la poesía discursiva y la experimental que tomaba mercados, autobuses, paredes urbanas y manifestaciones políticas como hicieron Ignacio Gómez de Liaño, Julio Campal, José Miguel Ullán, Fernando Millán, La Carpeta o Agustín Parejo School con la tachadura del texto, la palabra desplazada por la imagen o por el objeto, y la poesía acción. De esa estirpe procede María Eloy García, escénica e irónica voz en la misma época en la que Juan Cobos Wilkins pregunta en su último libro ¿Para qué sirve la poesía? El género que María Victoria Atencia define como la primavera de la literatura; que según Francisco Brines es lo más espiritual y escondido del hombre; aquella en la que Joaquín Pérez Azaústre encuentra el misterio y el fulgor que anida en lo invisible. Partitura en la que la que la voz se vacía en la palabra, como dice Ana Gorría; y la que a Antonio Lucas le permite crear su propia vida. Una isla desgajada del continente, sentenció Derek Walcott, Premio Nobel 1992 cuya poesía la muerte deshojó el viernes.

Este martes, con la primavera recién estrenada y a punto de saltarnos a la piel que nos transforma en pájaros, Granada, Ciudad de Literatura UNESCO y su programación, de la que es responsable Jesús Ortega, la celebran como una gincana de 18 librerías y 45 escritores: Erika Martínez, Ángeles Mora, Olalla Castro, Manuel M. Mateo, Trinidad Gan, José Carlos Rosales, Ioana Gruia y Álvaro Salvador moviendo de 18 a 21 horas a los lectores de sus poemas y de otros autores. En otras ciudades también habrá actos. Lo mismo que en Málaga donde el Centro Cultural Generación del 27 no sólo la avala con los Premios del mismo nombre y el de Emilio Prados, si no que su director, José Antonio Mesa Toré, es un poeta a punto de presentar su libro Exceso de buen tiempo, Premio Ciudad de Melilla. Sea como fuere el martes le debemos una flor azul, un instante de lectura. Habernos enseñado la humana condición de soñar y de equivocarnos; el saber que los besos a veces llegan tarde o que con ellos empezamos otras vidas. Que la conciencia poética nos permite explorar nuestras emociones y reconocernos en la ética y en las pasiones. «Y que la imaginación siembra en el aire puertas al futuro».

Ese verso de Eduardo García, forma parte del regalo que para el día del padre me ha hecho la poesía, a la que yo le adelanto con estas líneas el mío. Forma parte de su libro, editado en Vandalia por la Fundación José Manuel Lara, La Lluvia en el desierto. Lo sumo con emoción y memoria de la vocación del lenguaje y de la rebeldía a otros antídotos de venenos efectivos -contra los geómetras de la economía y los que hacen caminar a la gente con las manos a la espalda- que colecciono en el escaparate de mi biblioteca: El arrecife de las sirenas, La fruta de los mundos, El rumor de las llamas, Los mundos contrarios, Un invierno propio, Naumaquia, Las estrellas para quien las trabaja, La Hija del capitán Nemo, El Fugitivo, Fuegos japoneses en la bahía, Las entreguerras, La jaula de los mil pájaros, Universos delicados, Alfileres de luz, Diario de un flâneur, Indignación, Ficciones para una autobiografía, Los buenos propósitos, En legítima defensa o La espuma de las noches. Qué mejor lugar de identidades con su doble, geografías de piel, correspondencias con los paisajes y de cuentas rendidas a la vida, para que descanse su manera de soñarla hasta la extenuación, «tan sólo para más adentro alcanzar su secreto». Lo hizo sucediendo su batalla hasta el penúltimo poema, sin dejarse vencer cuando al asomar la muerte las palabras palidecen de miedo. Un libro como actitud e indagación de la vida en la escritura, negándose a aceptar cuanto esperan de nosotros aquellos que intentan reducirnos a piezas de una cadena de montaje. Los mismos que ocupan el tiempo anunciando que tal día anunciarán tal cosa, o nos despiden de la dignidad y los sueños nos vacían.

No saben que estamos de suerte porque somos una isla de realidad, con sus exigencias y rutinas, rodeados de poesía por todas partes. En las calles, en el encantamiento de las cosas, en los rituales cotidianos y dentro de lo que sentimos. Agazapada y lúcida está dispuesta a apoderarse en un descuido del camino de vuelta del trabajo, del desánimo de los días, de los fantasmas de nuestra agenda, enseñándonos a ser intrusos de nosotros mismos y a conjugar la certeza de lo mágico con la interrogación moral. Siempre la primera en la desobediencia y en curar con la belleza, la última en rendirse.

Sólo hace falta abrir el oído y la mirada, y volver a ser conciencia de lo que somos, en la carne y en el sueño, en la luz y en la deriva.

Guillermo Busutil es escritor y periodista.
www.guillermobusutil.es

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Orillas, por Antonio Soler

Diario Sur, 23 febrero 2017.

Un paraíso con lindes, con los mojones que delimitan la comarca electrificados. Es la aspiración de los mediocres y los temerosos. El localismo puede tener una vertiente pobre, en un descuido puede rodar hasta la más desoladora miopía intelectual. Sólo contemplado como un reflejo del resto del mundo, como una molécula hermanada con un organismo superior, puede tener sentido y resultar enriquecedor. Ese quizás sea el trasfondo del debate, a dos vueltas, que se ha completado anteayer alrededor del eje Sevilla-Málaga. Periodistas, sociedad civil, intentando ahondar en las virtudes de esa eventual comunión. Y en medio de esas vías de encuentro de inmediato aparecen los resentimientos, y la búsqueda de las razones de ese recelo. El asomo identitario a través de equipos de fútbol, semanas santas y demás orfebrería tribal no conduce demasiado lejos.

El malagueñismo a ultranza siempre miró de reojo a Granada, un viejo rival que hace décadas que se nos quedó pequeño. El pelargón económico, turístico, universitario y de infraestructuras nos hizo crecer lo suficiente como para no emprenderla con un párvulo en la hora del recreo. Además, ahí estaba la sombra de Sevilla. Una sombra que surge del ajedrez político y sus embarullados movimientos. Argumentaban los periodistas sevillanos que el recelo no tiene la misma intensidad en un sentido que en otro. Que Málaga siempre resulta más quejosa. Puede que sea porque Sevilla no atiende a los golpes de un inferior. Podría ser. Sí, pero también podría ser que existieran algunas razones que a lo largo de las últimas décadas han identificado el poder con Sevilla y a las demás capitales con sus vasallas.

Podría ser que todo comenzara con la fulminante segregación de Torremolinos, consumada bajo la aquiescencia de la Junta. Una segregación que dejó a Málaga huérfana de hoteles, sin palacio de congresos, sin algunas de sus herramientas vitales. Y también habría que preguntarse cómo se sentiría el sevillanismo cerril si Málaga fuese capital de la autonomía y todos los presidentes de la Junta hubiesen pertenecido al ámbito de poder malagueño del mismo modo que todos -Escuredo, Borbolla, Chaves, Griñán y Díaz- han pertenecido a la clase política sevillana. La identificación, voluntaria o no, merecida o no, del poder con Sevilla es un hecho. Los políticos no han sabido solventar esa rémora. Por el contrario, a veces la han fomentado. Sevilla, equivalente de la Junta como Madrid lo es del Gobierno central, ha sido también la coartada de muchos alcaldes no sevillanos para enmascarar sus errores y han convertido a la ciudad del Guadalquivir en un frontón, un muro sordomudo del rebotaban todos los dardos. Los más justos y los más envenenados. El eje, además de su sentido práctico, puede servir para paliar esos errores siempre que no cause nuevos agravios con el resto de las provincias andaluzas creando una primera y una segunda división andaluza. El mundo cada vez es más pequeño y, aunque las túnicas de los nazarenos y las velas de las vírgenes sean distintas, Málaga y Sevilla cada vez estarán más cerca.

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Holanda a través del espejo, por Ángel Valencia

La Opinión de Málaga, 19.03.2017.

 La derrota de Geert Wilders esta semana representa un primer test y un cierto alivio en la política europea en un año al que seguirán las elecciones francesas, alemanas e italianas. Más allá de unas elecciones nacionales constituyen un síntoma y una primera respuesta a uno de los grandes dilemas políticos de este largo año electoral: si Europa seguiría o no la estela del Brexit y de Trump, en una palabra, si habrá o no un ascenso de la extrema derecha en la política europea.

El relato de esta revolución ultraconservadora es consecuencia de la crisis. El deterioro de las condiciones económicas y los perdedores de la crisis han castigado a todo nuestro modelo social y ha provocado un malestar en la democracia que se ha expresado en una crítica al establishment político. Las clases medias también han sufrido la crisis, ellos lo saben y por ello se han convertido en una de los apoyos de este tipo de partidos. A la crisis se ha unido la inmigración y el terrorismo que han contribuido a generar discursos políticos excluyentes. La amenaza es un retroceso de la democracia gracias a unas políticas defensivas basadas en Estados Nacionales fuertes, proteccionistas en lo económico, restrictivas e insolidarias en el modelo social, excluyentes con la diversidad y, claro, en contra de la construcción de Europa.

Lo primero que revela la lección holandesa es la extremada peculiaridad de su caso, lo cual, limita la posibilidad de extrapolar conclusiones aplicables a los otros casos europeos. Así, por ejemplo, el peso de la crisis no es un factor decisivo en el ascenso de un partido ultraconservador, donde la economía y el desempleo han sido sustituidos por el terrorismo, la inmigración y la situación de la seguridad social como los verdaderos problemas sociales del país. Por tanto, se trata de una sociedad que ha reaccionado bien ante la crisis y, sin embargo, está preocupada por otros problemas que afectan a su modelo social. El propio sistema electoral holandés limita las expectativas de Wilders, un sistema electoral proporcional que conduce hacia un multipartidismo y propicia gobiernos de coalición. Cualquier victoria de Wilders le haría imposible gobernar, nadie querría gobernar con él. Parece más bien la reacción defensiva de una sociedad próspera y ordenada ante el temor del posible fin de su modelo social.

Lo más evidente es la aparición de una izquierda plural, social-liberal, socialdemócrata, rojiverde, junto con una derecha menos dividida. Una izquierda con una socialdemocracia que ha sufrido un enorme retroceso –de 38 a 9 escaños- y, profundamente, dividida. Si miramos a Holanda a través del espejo su problema es conseguir un gobierno de coalición que va a mirar a Europa para superar sus problemas –lo ha conseguido ya al sortear al Partido de la Libertad-. Sin embargo, sin extrapolar, sí podemos sacar algunas lecciones holandesas. Para evitar la amenaza de la extrema derecha en Europa hacen falta, al menos dos cosas: por un lado, que la socialdemocracia recupere la iniciativa política y, por otro, una revitalización del proyecto Europa que hoy resulta más urgente que nunca.

*Ángel Valencia es catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Málaga.

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El vértigo del color en la pintura de Carlos Barceló, por Antonio Abad

La pérdida de la referencia iconográfica es el signo más ostensible de la abstracción.

Basándose en el inconsciente colectivo de Jung y el automatismo psíquico de los surrealistas, los pintores abstractos desde Kandinsky, pasando por los pintores de Nueva York (Jackson Pollock, Villem de Kooning, Mark Rothko o Barnett Newman) hasta nuestros días, se ha venido apostando por una pintura no figurativa apartada de toda referencia del mundo material.

Cargarse la realidad desde una expresión del yo de lo más íntimo ha sido siempre su formulación más específica. Todo expresionismo abstracto además de arrancar de un cierto individualismo de raíces románticas ha tratado de fundamentar un alfabeto desprovisto de significado, de la destrucción de las formas pero sobre todo de posibilitar un espacio lleno de contrastes cromáticos donde el color ha de estar íntimamente relacionado con las emociones y sentimientos humanos.

Es el color, precisamente desde una acción gestual, y como cómplice misterioso de los sentidos, lo que significa y va a significar en toda la obra abstracta de Carlos Barceló.

En sus composiciones, con un alto grado conceptual, los distintos aspectos cromáticos delimitan una pintura como manifestación esencial del ser. Diríamos que es la pintura la que se enfrenta al espectador, como quería Pollock y no al contrario.

Esta especie de subordinación de la mirada implica que el color y las formas, más allá de la esfera de lo real, representan un universo imaginario específico que trasciende los límites de lo pictórico.

En efecto, tanto fulgor cromático propende a una serie de relaciones complementarias que hacen que el color tenga un significado propio para transferir al espectador las emociones más diversas.

Estamos ante una pintura que circunda lo límites de la poesía en el sentido de transferirnos más que las propiedades intrínsecas de una imagen, el lirismo que las forma y el color nos hacen viajar hasta las raíces del espíritu.

En definitiva, lo que se pretende no es que el artista nos presente un trasunto de la realidad sino que nos haga sentir la realidad misma.

Carlos Barceló conjuga hábilmente composición y grafismo, secuencias cromáticas y acción creativa sin predeterminar los resultados, como si quisiera el mismo envolverse en la esencia de la pintura.

Pintura, solo pintura, sin referencias figurativas ni innovaciones formales, basada exclusivamente en la armonía y el ritmo.

¿Qué es socialismo?, por Vicenç Navarro

Público, 17.03.17.

A raíz de la reciente publicación de mi artículo El porqué del declive electoral del PSOE: los entramados de sus equipos económicos (Público, 08.03.17), he recibido bastantes comentarios de los cuales valoro especialmente el artículo publicado en Público ¿Está el proyecto político ‘Por una nueva socialdemocracia’ inspirado en el Programa de Unidos Podemos? (10.03.17), firmado por mi apreciado colega, el economista Manuel Escudero, que dirige el equipo económico de la candidatura de Pedro Sánchez para el puesto de Secretario General del PSOE.

Escudero ha escrito, con la colaboración de otras personas, el documento Somos socialistas. Por una nueva socialdemocracia, que yo comentaba (entre muchos otros) en mi artículo. Tengo un gran respeto y una estima por Manuel Escudero, con el que he compartido proyectos en el pasado, aunque ahora veo que estamos en dos distintos: él apoya al PSOE y yo apoyo a Unidos Podemos (UP). Y ello deriva de que tenemos dos concepciones distintas del socialismo y como llegar a él. Veámoslo.

Pero antes que nada quiero agradecerle su crítica y sus observaciones, aunque algunas me sorprendan, como la que hace cuando termina su artículo escribiendo que debería dejarse de lado entre nosotros (PSOE y UP) “la actitud de aniquilar abierta o sibilinamente al vecino”, quizás insinuando que es lo que yo estaba intentando hacer en mis comentarios a su documento. Le ruego a Escudero que se lea con más detalle mi artículo, porque queda claro que mi deseo es que el programa que él ha desarrollado para la candidatura de Pedro Sánchez sea el que gane en la competición entre Sánchez y Susana Díaz, los dos candidatos con mayor soporte para el puesto de Secretario General del PSOE. Con este programa de Sánchez será más fácil para Unidos Podemos llegar a un acuerdo que con el desarrollado por José Carlos Díez, el gurú económico de El País y también de la gestora del PSOE y de Susana Díaz (que también comenté en mi artículo), que representa la vía continuista, con la cual va ser difícil para UP establecer una alianza de gobierno.

Es necesario trabajar para establecer una amplia alianza de las izquierdas

Soy consciente de que se ha dicho con cierta frecuencia que desde el punto de vista meramente partidista y electoral, le iría mejor a Unidos Podemos que ganara Susana Díaz, pues ello atraería hacia tal coalición (UP) a muchos votantes y militantes del PSOE, deseosos de romper con el continuismo de las políticas llevadas a cabo por la gestora de dicho partido, lo cual ocurriría si tal candidata ganara las primarias y fuera elegida como su Secretaria General. Yo no comparto esta lectura ni deseo que ello ocurra. Es fundamental poner las necesidades del país (que pasan por el establecimiento de una amplia coalición de fuerzas progresistas lideradas por las izquierdas) por encima de las consideraciones partidistas. Le aseguro a Escudero que no hay ningún deseo de aniquilación (repito, ninguno) de la candidatura de Pedro Sánchez. Todo lo contrario, deseo su éxito en la competición dentro del PSOE.

Tengo presente que, como resultado de lo que acabo de decir, se me critique, como hace Escudero, por inmiscuirme en negocios de otros partidos. Pero todo el mundo tiene que ser consciente de que para los que apoyamos a Unidos Podemos lo que ocurre en el PSOE es importante, pues que haya un futuro gobierno de coalición (deseado por Unidos Podemos, si se alcanzara un acuerdo de programa) depende de ello. Con el PSOE actual, liderado por la gestora o Susana Díaz, que ven a Podemos como el enemigo a aniquilar, me temo que habrá gobierno del PP para muchos años. La candidatura de Sánchez, en caso de que haga lo que dice, podría abrir posibilidades de colaboración entre el PSOE y UP para reemplazar el gobierno del PP, el gobierno más reaccionario que este país haya tenido y cuyas políticas públicas están dañando enormemente el bienestar de las clases populares.

La necesaria autocrítica dentro del PSOE

Paso ahora a responder (respuesta que, quiero aclarar, es a título personal) los argumentos de Escudero, señalando algunas distinciones importantes que él establece entre las propuestas de Pedro Sánchez y Unidos Podemos. Pero antes siento la necesidad de aclarar que si la socialdemocracia europea hubiera continuado siendo la socialdemocracia de antaño, no habrían aparecido movimientos contestatarios en toda Europa, pues estos partidos habrían canalizado el gran rechazo que las políticas neoliberales han creado entre las clases populares.

El problema que tienen estos partidos es que dejaron de ser socialdemócratas y pasaron a aplicar tales políticas neoliberales. Y esto pasó en España también. Y lo que es digno de mención es que, mientras en muchos países el enfado lo han canalizado los partidos de ultraderecha, aquí, en este país, lo han canalizado las nuevas izquierdas (Podemos, En Comú Podem, En Marea, Compromís y otros), así como las renovadas izquierdas (IU). En realidad, muchas de las demandas hechas por estas nuevas fuerzas políticas encajan claramente con esta tradición socialdemócrata, que ha sido abandonada por el PSOE. Las líneas generales del programa económico que Juan Torres y yo preparamos a petición de Podemos, y que influenció muchos de los elementos del programa económico de tal partido, eran socialdemócratas de pura cepa. El propio Manuel Escudero lo aplaudió.

¿Qué se entiende, pues, por socialdemocracia?

La diferencia no está, pues, entre socialdemocracia o no socialdemocracia, sino en el significado de socialdemocracia (que originalmente era el intento de alcanzar el socialismo por la vía democrática). Ahora bien, la aceptación por parte de la socialdemocracia (en el famoso Congreso de Bad Godesberg, y que explícitamente inspira “Somos socialistas”) del principio que en las áreas económicas la labor a realizar por los socialdemócratas era “expandir el mercado tanto como sea posible, y el Estado tanto como sea necesario”, estableció las bases para que la socialdemocracia llegara a la situación en la que se encuentra ahora.

Tal principio asume una dicotomía, mercado versus Estado, que la realidad actual ha mostrado que es insuficiente, o incluso falsa, pues la integración de los aparatos de los partidos socialdemócratas en la estructura de poder económico y financiero (lo que tradicionalmente había caracterizado a los partidos de derechas, de corte conservador y/o liberal) ha establecido un entramado que determina que los mismos poderes financieros y económicos que configuran lo que se llama mercado sean los que también dominen las políticas públicas del Estado. La incorporación del neoliberalismo (la ideología de los poderes financieros y económicos) en el argumentario de los partidos socialdemócratas actuales ha sido un indicador de ello, contribuyendo con ello (al aplicar políticas neoliberales) al enorme sufrimiento de las clases populares, que siempre habían sido sus bases electorales. Y ahí está la raíz del problema, que exige una clara autocrítica hacia el PSOE por parte de las izquierdas existentes en su seno, y que echo en falta en el documento “Somos socialistas”. Yo me permito sugerirles que lo hagan, pues, sin tal autocrítica, perderán credibilidad.

¿Cómo llegar al socialismo?

Este maridaje del poder financiero y económico con el poder político (y hay que añadir mediático) caracteriza al sistema capitalista, que es el mayor obstáculo para el desarrollo democrático de un país, como se ve claramente en España. Esta observación, avalada con una contundente evidencia, debería llevarnos a discutir la vía para llegar al socialismo. Y ahí nos encontramos con otra dicotomía que, como la dicotomía mercado versus Estado, es también falsa. Tal dicotomía aparece en las discusiones sobre cómo avanzar hacia alcanzar el objetivo deseado, que se reduce a dos alternativas: o la vía parlamentaria o la vía no parlamentaria (o como presenta Escudero, con un pelín de mala leche, la existente en las democracias “de corte popular” —refiriéndose a las experiencias soviéticas, que siempre se definieron como democracias populares—), atribuyendo esta segunda vía a Unidos Podemos.

Este sectarismo, propio de la derecha española, empobrece las posibilidades de debate y rompe con la madurez política y sensibilidad democrática que siempre ha caracterizado el trabajo de Escudero. Hay que recordar que el eslogan del 15-M, al cual apoyé con toda la intensidad con que pude, era “no nos representan”, que era una denuncia del sistema parlamentario por falta de democracia. Tal exigencia inspiró la entrada en la arena política de aquellos nuevos partidos de izquierdas, cuyo compromiso con la democracia está revolucionando el panorama político (y espero económico) del país. Y esta democratización requiere un cambio profundísimo entre lo que se llama y presenta como sistema democrático, imposibilitando la reproducción del entramado antes citado entre poder financiero y económico, por un lado, y poder político por el otro, entramado que, como he dicho antes, ha alcanzado en España unos niveles asfixiantes.

Hay varios síntomas de ello. Uno de ellos es la corrupción (“No hay pan para tanto chorizo”). Pero no es el único. Las puertas giratorias son otro. La dictadura mediática (instrumentalizada por poderes financieros, entre otros) que vive España es otro. Y así una larga lista. De ahí que los cambios necesarios para el país –que conllevan inevitablemente enfrentamientos con los establishments financieros y económicos- sean mucho más sustanciales que los propuestos en el programa de Pedro Sánchez, el cual se queda corto y tiene pocas medidas específicas. En realidad, la mayor oposición a que se estableciera una coalición de gobierno con Unidos Podemos fueron estos intereses, bien representados por la dirección del PSOE. A no ser que la nueva dirección del PSOE desactive esta relación de complicidad con aquellos poderes fácticos, no habrá cambio posible.

No es la revolución digital la que crea el precariado

Ha sido este entramado entre el poder financiero y económico, por un lado, y el poder político y mediático, por el otro, el que ha sido responsable del deterioro del bienestar de las clases populares, pues en las intervenciones del Estado (sea central, autonómico o local) los intereses de aquellos poderes fácticos toman prioridad sobre los intereses de las clases populares. La evidencia de ello es clara y contundente, como he documentado en mi libro El subdesarrollo social de España: causas y consecuencias (Anagrama, 2006). Y las políticas públicas, que dicho entramado determina, han conllevado un enorme deterioro del mercado laboral, incluyendo la aparición del precariado.

Ello me lleva a enfatizar otra dicotomía, que también considero falsa, que originó en su día un debate entre Escudero y yo, y que lleva a hacer propuestas diferentes frente al enorme deterioro del mercado laboral, que ha generado una gran expansión del precariado. En mis escritos he subrayado que este deterioro no se debe a la revolución digital. La atribución del precariado a la revolución digital olvida que la manera como se está estableciendo esta revolución digital y tecnológica no es resultado de un determinismo tecnológico (la robótica), sino que es consecuencia del contexto político que determina cómo y dónde se aplica tal robótica.

Naturalmente que no estoy en contra de la revolución tecnológica, sino de cómo se está aplicando. Y ahí detecto un excesivo determinismo tecnológico en muchos de los análisis de lo que está ocurriendo y en las propuestas que se hacen para resolver este enorme drama humano. La misma revolución tecnológica que oprime y sustituye a los trabajadores puede liberar y crear más y mejor empleo. En este sentido, me alegra ver que algunas de las propuestas de Unidos Podemos que portavoces del PSOE habían tachado de utópicas e irrealizables, como la muy marcada reducción y distribución del tiempo de trabajo que UP proponía, ahora sean presentadas como factibles y deseables por voces dentro del PSOE, como se ve en el programa “Somos socialistas”.

Entiendo la necesidad de establecer diferencias entre los dos programas, que existen y son notables. Pero sería conveniente que, para añadir credibilidad a las propuestas de reducir el tiempo de trabajo, se incluyera aquí también (como hace el programa económico de Unidos Podemos) una crítica a la reforma laboral del PSOE, que precisamente dificulta el desarrollo de tales medidas. Y es ahí donde creo que es necesario que las fuerzas progresistas dentro del PSOE hagan una crítica de su reforma laboral, que como bien denunciaron los mayores sindicatos del país (CCOO y UGT), deterioró significativamente el mercado de trabajo. Tales voces dentro del PSOE deberían así hacerlo, para recuperar la credibilidad. Y lamento que no lo hagan.

La socialdemocracia, necesaria pero insuficiente

El punto clave en el siglo XXI es si, para los que queremos alcanzar el socialismo, la vía socialdemócrata (y me estoy refiriendo no a la socialdemocracia actual –que abandonó la socialdemocracia-, sino a los propios principios socialdemócratas inspirados por el Congreso de Bad Godesberg) es suficiente o no. Y la respuesta es que es una condición necesaria, pero no suficiente, pues, a no ser que la socialdemocracia evite la gran concentración de la propiedad del capital y del poder financiero y económico generado por tal propiedad (que se ha alcanzado ahora), no se va a avanzar hacia la democratización de la sociedad que se requiere para el desarrollo del socialismo. Toda la evidencia apunta a que, a no ser que se rompa con la transformación del poder económico y financiero en poder político (y mediático), no va a haber ni democracia ni socialismo.

Han sido precisamente las políticas públicas neoliberales iniciadas por el Presidente Reagan en EEUU y la Sra. Thatcher en el Reino Unido, y hechas suyas por la Tercera Vía del Sr. Blair y del Sr. Schröder, y del Sr. Zapatero (particularmente en la segunda parte de su segundo mandato), las que han determinado esta enorme concentración de la propiedad del capital y de las rentas derivadas de ello, lo cual ha ocurrido a costa de la gran disminución de las rentas del trabajo.

Ello explica las crisis financieras y económicas que, a su vez, han creado la gran crisis política, con una pérdida de legitimidad del sistema democrático. El gran crecimiento de las desigualdades es un reflejo de ello. Y no es por casualidad que entre los países capitalistas más desarrollados económicamente, los países con mayores desigualdades sean aquellos con menor desarrollo democrático. EEUU es un ejemplo de ello. En contra de lo que promueve el pensamiento liberal, la democracia estadounidense es de las más limitadas de las democracias existentes, debido a la privatización de la financiación del sistema electoral. En esta situación, la elección de Trump (una vez se hubo destruido la alternativa Sanders), era predecible.

Es un dato a señalar que sean las nuevas izquierdas las que están canalizando el rechazo y el deseo de cambio. Y el intento de demonizarlas por parte del establishment político-mediático (incluyendo al PSOE) es un intento desesperado de destruirlas. Valoro positivamente que haya ahora una alternativa que, si hace lo que dice, pueda dar pie a una colaboración y alianza con aquellas fuerzas que hagan posible un gobierno alternativo. Así lo deseo.

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Muertes de mujer, por José Luis González Vera

La Opinión de Málaga, 27.02.2017
Hay razones que la razón no entiende. Las imágenes en que vimos a un tipo golpear y arrastrar a una mujer cogida por el pelo exhibieron toda la brutalidad con la que un hombre puede desahogarse con una mujer. El tipo, con numerosos antecedentes policiales por delitos que implicaban violencia, cumplirá 9 meses de cárcel por una agresión que horrorizó a toda España. Patadas, golpes, arrastre, más golpes y una ausencia de piedad que lo señalan como el indeseable que, además, vive entre nosotros porque nadie lo deporta. Sin embargo, la víctima no quiso declarar contra él y ni siquiera permitió que la reconociera un médico forense. Algo falla y mucho en la protección de la mujer frente a situaciones como estas. Conozco el trabajo que muchas y muchos buenos profesionales de diversas instituciones públicas realizan para intentar que las víctimas por esta violencia machista se sientan seguras de sí mismas y protegidas. Una labor quirúrjica. El maltrato en la pareja no es flor de un día. Es un arbolito que se riega desde chiquito. Una actitud ante las tareas diarias, leves insinuaciones sobre la inferioridad moral o intelectual de la otra persona que, día a día, aumentan su volumen en insultos que amedrentan y humillan, un guantazo por tu bien, dos guantazos, tres. Un tirón de pelos. Los colmillos que se exhiben. El cuchillo que firma el aire muerto del dormitorio. En un tiempo, la mujer se descubre enmarañada entre la enredadera de su verdugo doméstico. Las raíces quedan empozadas por más que la víctima contemple al señor de sus desgracias frente a la luminaria azul de la policía domado por unas esposas con las que no cabrá violencia de ningún tipo. Qué pena, que con llorarla crezca cada día un poco más la flor de la desgracia, versionando a Garcilaso. Esta víctima que no se atrevió a declarar era una mujer extranjera con el miedo en el cuerpo insuflado como un veneno perpetuo. Sabe las reglas del oficio de su pareja; en esos submundos el perdón es un trapo sucio en el suelo, la sangre limpia cualquier afrenta y, además, ella conoce el dolor de los golpes y el terror que infunden los ojos de un depredador cuando miran inyectados de sangre. Nadie en este mundo podrá darle seguridad en sí misma, ni devolverle una autoestima deformada con insistencia y método.

La erradicación de la violencia machista es una de las tareas más nobles en que nuestra sociedad se ha empeñado. Un sueño de Quijote contra molinos a los que debemos ver como gigantes; de otro modo perderíamos la ilusión a lo Sancho Panza. Hemos avanzado mucho en poco tiempo, pero aún quedan tareas pendientes como demuestran las alarmantes cifras que ya arroja 2017, o casos tan descorazonadores como el referido. Peor se siente uno cuando conoce a alguna mujer que se relaciona con un hombre con antecedentes por violencia machista. Hemos visto en las últimas semanas acercamientos de agresores declarados a sus víctimas, un problema que hoy se resuelve con dispositivos electrónicos. Hemos constatado mujeres paralizadas que no se atreven a iniciar el tortuoso camino para su independencia. No existe todavía un trasvase desde la sensibilidad con que la sociedad española contempla estas situaciones, hacia una solución integral de esos condicionantes que la mujer ha ido arrastrando hasta encontrarse en un lodazal sin salida. La atención de la mujer maltratada tiene que ser de ámbito psicológico, tecnológico, policial, económico y jurídico. Como lego en la materia, no comprendo el que aquella agresión tan brutal, grabada por unas cámaras, necesite la declaración de una víctima que se tiene que sentir sola y desprotegida en medio de una situación que no comprende y en una sociedad que apenas conoce y que redacta los autos del proceso en un idioma en el que ella no sueña. Nadie en su misma piel se fiaría de que tras el juicio su agresor no quedara libre por artes del birlibirloque leguleyo, ni confiaría en que el mismo Estado le ofreciera un trabajo en una ciudad alejada y con una identidad diferente y protegida. ¿A que no? Pues mientras esto no funcione así habrá que horrorizarse con la siguiente en la lista. Muertes de mujer, evitables.

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Mujeres en el laberinto, por Guillermo Busutil

La Opinión de Málaga, 05.03.2017.

Tierra es nombre de mujer. Y sueño, el de hombre. La conciencia puede salvarse un instante del dogma preguntándose por qué. Pero enseguida la sangre despierta su memoria de siglos de educación y susurra a la razón que acepte su Historia. Su voz lo cuenta en todos los idiomas: la mujer amamanta al campo y a los hijos, trabaja sus exigencias y las del hogar, canta a los ancianos y sonríe al hombre que se aventura de caza y regresa como un pájaro en libertad. No hace falta viajar a ningún corazón de adobe y ramas de África para entender este relato tribal. La lección sólo cambia el material de su pizarra y el trazo que la narra. Sucede en todos los mundos entre el tercero, el del medio y el invisible que se vive puertas adentro del primero. Es en el más pobre donde es más difícil rebelarse frente al escaso valor de ser mujer. A veces, hay proyectos que nos acercan su drama para motivarnos a hacer algo que no se sabe bien qué fuerza realmente tiene, más allá de la denuncia y la concienciación.

Una de las fotografías expuestas en Mujeres en el laberinto.

Ocurre con Mujeres en el laberinto, una excelente exposición, en las salas del Rectorado de Málaga, de 22 fotos de Paco Negre y Concha Casajús que nos golpean la sensibilidad con el sufrimiento de las mujeres y de las niñas de la República Democrática del Congo –el paraíso explotado del coltán con el que se fabrican los smartphones­–, donde cada año se producen 400.000 violaciones. En grupo, con bayonetas, o introduciendo un arma en la vagina que en muchas ocasiones se dispara. Sus rostros te miran de frente mientras ocultan el llanto con las alas rotas de sus manos, o la muerte seca que llevan detrás de ojos de infancia mutilada, de una vida estéril que una vez nació bella. No se puede nombrar sus miradas. Uno sabe que desangran hacia dentro y que sus derechos son más difíciles de defender allí donde las guerrillas, los códigos de honor, la religión y la pobreza las condenan, como sucede en Pakistán -mil mujeres son asesinadas al año o atacadas con ácido- y en Somalia cuyo 95% de la población femenina sufre ablación, a un laberinto de difícil salida.

Esa degradación de la mujer, mediante la violencia de género, la pederastia y la prostitución se produce igualmente en el primer mundo. El paraíso en el que se supone que la educación no necesita recodar a diario la tautología de la Conferencia de Pekín de 1995. «Los derechos de las mujeres son derechos humanos». Son otras cuestiones las que convierten a las mujeres en víctimas de la vieja canción de la tribu. Por un lado porque existen personajes que han evolucionado muy poco desde su ADN neandertal, como el eurodiputado polaco Jannis Korwin-Mikke que, basándose en que ninguna mujer aparece entre los mejore cien jugadores de ajedrez, defendió que deberían ganar menos dinero que los hombres porque son débiles y menos inteligentes. Añadió además que un 30 ó 40% mienten cuando dicen no querer mantener relaciones sexuales con un hombre. Lo curioso de sus deleznables declaraciones es que estuvo a punto de ser presidente de su país -se quedó a las puertas en las elecciones de 2015-. Y por otro por endogamias culturales que siguen relegando a las mujeres en los ámbitos laborales. Su tasa de paro es más elevada, y según un reciente informe de UGT ellas cobran al año 6.000 euros menos que los hombres. Y su presencia protagonista está por debajo de la de ellos el mundo de la cultura, de la empresa y de la política, donde siempre se juzgan su apariencia, sus cualidades y sus gestos.

Un buen ejemplo lo encontramos cuando a Hillary Clinton, durante un discurso en las primarias presidenciales del partido demócrata de 2008, se le quebró la voz y se emocionó su expresión ante la pregunta de una periodista acerca de cómo llevaba una campaña que se adivinaba dura. Aquel gesto fue interpretado como un detalle intencionado para presentar su cara más humana y por otro lado como un signo de flaqueza. Uno de sus adversarios, John Edwards argumentó que el país necesitaba un comandante en jefe fuerte y resolutivo. Una evidencia de los prejuicios extendidos entre los que se mantiene muy presente la consideración de las mujeres como afectivas, colaboradoras, sensibles y suaves en el trato y en sus discursos frente al control, la seguridad en sí mismos y el talante autoritario y dominante que transmiten los hombres; cualidades asociadas con el liderazgo. Un obstáculo más a superar según un estudio publicado en la Harvard Business Review por dos profesoras, Alice H. Eagly y Linda E. Carli, certificando que las mujeres tienen ante sí un complicado viaje a través de un laberinto que «requiere persistencia y el convencimiento de que han roto el techo de cristal en el mundo de la empresa y el político». Aún así es necesario en nuestra sociedad un progreso en la educación laboral que erradique los estereotipos de ejecutivas seductoras o con mano de hierro. Lo mismo que requiere que las empresas respalden una inteligente reorganización de horarios y métodos de evaluación y promuevan el valor de la productividad, en lugar de las horas de trabajo. También ponen en dedo en la llaga cuando argumentan que “las presiones por una paternidad más intensa, y las exigencias cada vez mayores de las carreras de alto nivel, han dejado a las mujeres muy poco tiempo para construir redes profesionales; es decir, para acumular el capital social imprescindible para ascender en la jerarquía ejecutiva”.

En esta lucha hay que tener en cuenta igualmente que después de salir del laberinto profesional ellas tienen que lidiar con otro laberinto: el familiar, que convierte en doble su jornada laboral. Llevar y recoger hijos de las actividades extraescolares, la compra, la cocina, la casa, exigen un fondo físico, psicológico y emocional que las desgasta en exceso y a diario, aunque en un aceptable porcentaje sus parejas masculinas participen en esas labores. El Servicio Nacional de Salud en Inglaterra utiliza el término Tatt (Tired all the time, cansadas todo el tiempo) para definir el cansancio femenino que, en Argentina, ha originado la aparición de psicólogas especializadas en ese síndrome. No es extraño que la onubense Sara Flores Romero haya conseguido, a través de la plataforma Change.org, más de 70.000 firmas en su petición a la RAE de que retire del diccionario la acepción sexo débil para definir a un conjunto de mujeres.

Los datos pesan mucho en las estadísticas y en la realidad, pero no todo es gris, lentitud y drama en la batalla por la igualdad de años, del próximo miércoles y del año que viene. Las mujeres, poco a poco, aumentan su presencia en importantes cargos políticos o al frente de los gobiernos. Angela Merkel, Ellen Johnson Sirleaf, Tarja Halonen, Michelle Pachelef o Portia Simpson-Miller en Alemania, Liberia, Finlandia, Chile y Jamaica, a cuyos nombres tal vez haya que sumar pronto el de Michelle O´Neill, la primera noirlandesa que lidera el Sin Féin y su aspiración convertirse en la principal fuerza política de Irlanda del Norte, representan un presente en el que la mujer es más que una promesa de talento y eficacia.

Hay países en los que continúan siendo la tierra pero existen otros en los que surcan el aire, como timón de vuelo de esos pájaros llamados Boeing 737-80 de la aerolínea Norwegian, con los rostros de Rosalía de Castro, Karen Blixen, Amy Johson y Greta Garbo entre otras 81 mujeres que cantan entre las nubes la memoria de los sueños y del dolor, y su condición de mujer. Un oficio del coraje, de la fuerza y de la sensibilidad que el mundo necesita para que el futuro sea una libertad de todos, en igualdad y en progreso.

Guillermo Busutil es  escritor y periodista.
www.guillermobusutil.es

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Avaricia, por Ángel Valencia

La Opinión de Málaga, 05.03.2017.

En tiempos de crisis de la República en Roma, Cicerón soñaba con restablecer un orden social distinto y señalaba los deberes de ciudadanos y políticos, percatándose ya entonces del origen de este problema. «No hay, pues, vicio más repugnante –para volver a nuestro tema– que la avaricia, sobre todo en la gente principal y en los que gobiernan la República. Desempeñar un cargo público para enriquecerse no es solamente vergonzoso, si no también impío contra la patria y sacrílego contra los dioses… Los que gobiernan un Estado no tienen medio mejor para ganarse fácilmente que la benevolencia de la multitud que la moderación y el desinterés» (Marco Tulio Cicerón, Sobre los deberes, Editorial Tecnos, Madrid, 1989, pag. 125).

Es obvio, que la avaricia ha poseído a algunos de nuestros políticos o personas cercanas al poder en nuestro país y han decidido utilizar su ventajosa posición para enriquecerse. Nada nuevo bajo el sol. Sin embargo, lo peor de los casos de las tarjetas Black, del caso Nóos o de la imputación del presidente de Murcia, con todas sus diferencias, es que nos hace dudar de la credibilidad de la justicia en nuestro país. Porque el que Rato, Blesa o Urdangarin hayan salido tan bien parados no cuestiona en sí la aplicación del Derecho de nuestro poder judicial, faltaría más. Lo que suscita la desconfianza de la justicia son, por un lado, las presiones políticas que se producen y que hay detrás de todos estos casos y desconocemos y, por otro lado, la evidente sensación de que todos los ciudadanos no son iguales ante la ley como consecuencia de las sentencias y del trato que se da a los imputados. En una palabra, que la justicia no es igual para todos.

Como ya he sugerido en alguna ocasión en esta columna uno de los problemas de nuestra democracia es que hemos tendido a solucionar la responsabilidad política a través del sistema judicial y de la responsabilidad penal. Esto ha producido una una politización de la justicia y una judicialización de la política que alteran y sobredimensionan el papel del poder judicial. El poder judicial podrá fijar, sin duda, los límites de la responsabilidad penal en casos de naturaleza política de gran calado –ya sean de corrupción o de otra naturaleza–, sin embargo, su aplicación del Derecho siempre será insuficiente ante una responsabilidad política exigible por una conducta inapropiada. La ciudadanía exige al poder judicial y a la responsabilidad penal también el castigo una responsabilidad política incumplida. Es un juego perverso y circular de expectativas incumplidas, desconfianza en la justicia y en el poder judicial como institución vital de la democracia que pone de manifiesto algo más grave: una democracia insuficiente.

El problema es que una insuficiente solución de la corrupción política actual nos impide establecer un marco adecuado de reflexión serio sobre medidas de control y reforma institucional que limiten este problema en nuestra democracia. Como escribió Manuel Villoria, uno de los politólogos más expertos en este tema, «si queremos que esto funcione, a los políticos exijámosle lo suyo, leyes eficaces basadas en el consenso y Administraciones que rindan cuentas. Además, a nosotros exijámonos también lo nuestro. No hay democracia sin ciudadanía. No lo harán bien los parlamentarios sin presión, sin exigencia social, siempre difícil y contradictoria, utópica en unos casos, interesada en otros. Nuestra democracia sigue reclamando liderazgo al tiempo que espera menos de los líderes, signo de madurez que debe ir acompañado de más exigencia a todos, y también de mayor implicación de todos». No hay fórmulas mágicas contra la corrupción pero sí algunas ideas fundamentales que pueden ser la base para restablecer la necesaria ejemplaridad pública y la confianza de la ciudadanía: ética pública, rendición de cuentas de las políticos e instituciones políticas, leyes eficaces y una ciudadanía crítica y exigente.

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LA música: en femenino, por Veronica García Prior

No sólo gramaticalmente hablando la música ha sido construida en femenino, sino que la realidad histórica destapa el incuestionable papel de la mujer en la música. Aquello que no debiera extrañar en ningún sentido desgraciadamente no se corresponde con el relato real de los hechos. Como a otras facetas creativas la sociedad ha vetado a la mujer su participación en la creación artísticas con argumentos bochornosamente absurdos o machistas.

Sobre esta cuestión hablaron en una mesa redonda organizada por la Vocalía de Música del Ateneo de Málaga (dirigida por Paula Coronas) cuatro mujeres protagonistas de lo creativo, meritorias en su currículum artístico y conocedoras de la génesis y el desarrollo histórico de la mujer en la música. Ellas fueron Eva Sandoval (musicóloga y periodista musical en Radio Clásica), Zulema de la Cruz (compositora), Azucena Fernández Manzano (directora de Orquesta) y la propia Paula Coronas (intérprete pianística, investigadora musical y doctora en Comunicación) promotora y coordinadora del evento.

Eva Sandoval, periodista musical de RNE.

La presencia ejemplarizante de estas cuatro mujeres dotó a la mesa redonda del aval necesario, vivo y cualificado para hablar de la música desde la perspectiva requerida: el papel de la mujer en la música a través de la historia, sus éxitos, su influencia, su repercusión, su tarea silenciada muchas veces… La disertación introductoria de las intervinientes glosó didácticamente este tema.

El rechazo que ha presenciado la mujer en la música es histórico. En la Edad Media que la mujer supiera componer música incurría en delito de herejía. El transcurrir de los siglos no contribuyó al reconocimiento de la valía de la mujer en lo artístico apartándola contundentemente del mundo musical y el de la composición. El papel creador de la música se le reconocía al género masculino, pero una mujer compositora seguía sin ser bien visto por la sociedad, ya que se pensaba que la mujer, por el simple hecho de ser mujer, no era capaz de crear música. Se le vetaba cualquier posibilidad de recibir formación musical, y las afortunadas que la recibían eran para ser expresadas en el círculo familiar. Por otro lado, las mujeres que llegaban a tener una formación musical seria eran minusvaloradas y rechazadas por la sociedad. El papel de la mujer estaba enfocado a tener hijos y satisfacer las necesidades familiares, pero muy lejos de ello se le daba la oportunidad de dar a conocer sus facultades musicales a un público o divulgar la firma compositiva de una mujer, las cuales tenían que usar artimañas como un pseudónimo o disfrazarse de hombre para dar a conocer sus obras.

Hoy en día, el papel de la mujer en la música se está igualando al de los hombres, paso a paso, pero aún queda mucho por recorrer y concienciar a la sociedad. Es curioso que si se valore más a las mujeres intérpretes musicales que a las compositoras y, ya no digamos, a las directoras de orquestas.

El hecho de la creación musical, lo que se conoce como composición, está aún muy vetado al terreno de la mujer. Parece ser que aún se valora más el acto creativo al hombre. En el mismo círculo de las enseñanzas compositivas por cada 100 compositores hay una mujer a la que muchas veces se le infravalora por el hecho de ser mujer. Siempre han existido muchas mujeres compositoras que se les ha acallado por voluntad de la sociedad masculina y existen constancia en documentos escritos de numerosos casos. Y aún en el siglo XX y XXI siguen realizando importantes trabajos compositivos. Sin embargo, muchas de ellas han tenido que salir fuera de España para que realmente se valorara ese trabajo. Otras, además de ser reconocidas internacionalmente, han hecho frente en el ámbito nacional de no esconderse y darse a conocer, hasta el punto de convertirse en un hito.

En el terreno de la dirección orquestal, es muy difícil, siendo mujer, hacerse camino en un mundo en el que no sólo debe demostrar continuamente que está preparada para ello, sino de hacerse valer y respetar ante la orquesta. El hecho de que la mujer forme parte de una orquesta y ya no digamos que la dirija es algo relativamente reciente. No fue hasta la época de R. Wagner cuando se empezaron a tomar en serio los estudios de dirección orquestal. Y de hecho, no será hasta entonces cuando aparecen los primeros tratados de dirección orquestal, institucionalizándose poco a poco en los estudios musicales. Y no será hasta aproximadamente 1910 cuando en los conservatorios de París se integren en el currículum musical. Mientras en España, no será hasta bien entrado la década de 1960-70 cuando se integren en los conservatorios. Aún en la década de 1990 no abundaban las matrículas de mujeres en la Dirección Orquestal.

En los medios de divulgación musical hay un porcentaje abrumador referido a las mujeres. Cuando se trata de la divulgación escrita hay un mayor número de porcentaje de hombres, sin embargo, cuando se trata de locuciones radiofónicas, hay un mayor número de mujeres que dirigen estos espacios. Sin embargo, a la hora de realizar entrevistas, se suelen hacer un 30 % a mujeres frente al 70 % de hombres aquí en España. Esto cambia sustancialmente fuera de nuestro ámbito nacional donde se le otorga una importancia mucho mayor a la mujer en el terreno musical que nuestro entorno.

Aunque este tema tiene unas complejas raíces sociológicas (lentas en su evolución) hemos de estar esperanzados en que la cuestión del género en la mano creadora sea algo que jamás comprometa la recepción del mensaje musical, lo mediatice o lo subordine en ningún sentido. Se están dando pasos.

[Crónica realizada por la docente, crítica musical y Licenciada en Historia y Ciencias de la Música, Verónica García Prior. Para el Blog del Ateneo de Málaga. Marzo de 2017.]

CURRÍCULUM DE LOS INTERVINIENTES EN LA MESA REDONDA

PAULA CORONAS

Pianista malagueña titulada en el Conservatorio Superior de Música de Málaga donde obtuvo las mejores calificaciones. Desde muy temprana edad (12 años) ha sido galardonada y premiada con numerosos premios nacionales de gran prestigio.

En 1993 obtiene por oposición la plaza de profesora numeraria de Piano. Desde entonces ejerce la docencia en el Conservatorio Profesional de Música Manuel Carra de Málaga.

Compagina su labor pedagógica con la concertística ofreciendo recitales, conciertos con orquesta y conferencias-concierto en España y en el extranjero (Rumanía, Francia, Portugal…), con especial dedicación a la Música Española.

Son numerosas sus actuaciones como solista con orquestas, siendo dirigida por importantes maestros como Octav Calleya, Michael Thomas, Miguel Sánchez Ruzafa, Edmon Colomer, Juan Rodríguez Romero, Antón García Abril, Massimo Paris, Manuel Hernández Silva, entre otros

Así mismo cultiva Paula Coronas la música de cámara formando duo estable con la violinista Sabina Coleasa, profesora de la Orquesta Filarmónica de Málaga, con la que grabó  un CD titulado Un Paseo  Romántico.

Ha dado a conocer en Málaga los Nocturnos de la Antequeruela para piano y orquesta del maestro Antón García Abril. Paula Coronas, posteriormente ha registrado en CD con la Orquesta Filarmónica de Málaga, bajo la dirección del propio maestro García Abril, dicha obra.

Ha grabado para diversas televisiones nacionales y emisoras de radio.

Es directora de la revista musical Intermezzo. Así mismo, es colaboradora de las revistas digitales Filomúsica, Opusmúsica y de las revistas especializadas Cuatro 42, Ritmo y Melómano.

Paula Coronas es requerida con frecuencia para formar parte de jurados en concursos nacionales.

Ha estrenado mundialmente (Málaga julio 2007) la obra Alba de los caminos del maestro García Abril, cuya partitura está dedicada a la pianista Paula Coronas, habiéndola registrado en CD para el sello Autor en octubre de 2007.

Es doctora en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Málaga dentro del programa de doctorado Comunicación y Música. El título de la Tesis es La obra pianística de Antón Garcí Abril: un paradigma de comunicación musical.

Es la directora artística del Festival Internacional de Música de Villanueva del Rosario (Málaga). Desde la fecha de su creación en el año 2005, la pianista malagueña ha desarrollado una importante labor de asesoramiento técnico y dirección al frente de dicho festival.

Su 12º disco se titula Raíces y es un homenaje a seis compositores malagueños en los que la pianista se ha preocupado de sacar a la luz obras inéditas que no habían sido estrenadas por ellos.

Es también Vocal de Música del Ateneo de Málaga y recientemente nombrada directora artística del ciclo de conciertos de Miradas al Sur de la Fundación Unicaja.

Es doctora en Comunicación y Música por la Universidad de Málaga y vocal de  música del Ateneo de Málaga. Es miembro fundador de Juventudes Musicales. Ha sido distinguida recientemente con el Premio Andalucía de la Junta por su labor musical.

ZULEMA DE LA CRUZ

Esta madrileña, nacida en 1958, es titulada superior en Piano y Composición por el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, además está especializada y titulada en el más alto nivel internacional en Composición Música compuesta por ordenador. Es doctora en Cultura y Comunicación por la IE University de Madrid presentó su tesis en 2015 con el título Laboratorio de Investigación y Composición Electroacústica y por Ordenador (L.I.C.E.O.) del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid (R.C.S.M.M.).

En el plano interpretativo, es miembro de la Fundación y del Grupo Sax Ensemble desde 1993, como responsable de los medios electroacústicos. Con este grupo alcanzó el Premio Nacional de Música en interpretación en 1997.

Premiada en numerosos concursos de composición, asesora y jurado de múltiples instituciones. Sus obras, encargo de diversas entidades, han sido interpretadas en Europa, E.E.U.U., Canadá, América del Sur, Japón, China y Australia.

Su catálogo incluye todo tipo de formaciones desde instrumentos a solo, cámara, electroacústica, multimedia, conciertos con solistas, sinfónicas, sinfónico corales, música vocal y escénica.

Desde el año 1996 ha sido premiada con títulos al más alto nivel en numerosos concursos, conciertos y encargos. Ha sido reclamada como jurado en multitud de eventos de categoría nacional y posee una discografía de más de 35 obras publicadas en CDs.

Si queremos echar un vistazo a su obra podemos mirar en su blog personal donde a golpe de ratón podremos observar una lista interminable de obras.

Su preparación, sus obras y sus innumerables éxitos hacen de esta mujer un ejemplo a seguir en la superación a sí misma y un desafío natural en un mundo vinculado normalmente al género masculino.

AZUCENA FERNÁNDEZ MANZANO:

Es pianista, investigadora y directora de orquesta.

Esta granadina, inicia sus estudios musicales en el Conservatorio de Música de esta capital obteniendo Primer Premio Fin de Carrera.

Estudia Virtuosismo en el Conservatorio Superior de Música de Madrid y es becada en numerosos curso nacionales e internacionales.

Ha estudiado y perfeccionado sus estudios con grandes maestros como R. Sabater y J. Achúcarro; perfeccionó sus estudios de composición con L. Nono y A. Gentiluci; estudió Dirección de Orquesta con I. G. Polo y E. García Asensio en el Conservatorio Superior de Música de Madrid y perfeccionó sus estudios con G. Rozhdestvenski y en el Conservatorio S. de Viena con J. Kalmar, dirigiendo varias orquestas austriacas y óperas, siendo televisadas sus actuaciones.

En 1985 funda junto a Pilar Redondo con el patrocinio del Exclmo, Ayuntamiento de Madrid, la Joven Orquesta de la Biblioteca Musical, de la que es directora y con la cual hasta 1991 ofrece más de cien conciertos, representando a España en el Festival Internacional de Orquestas Jóvenes.

Son numerosos los premios obtenidos a lo largo de su carrera musical así como sus actuaciones en conciertos, bien como solista o como intérprete de música de cámara.

Ha realizado diversas grabaciones para RNE y RTVE, actuando con la Orquesta de RTVE en el Teatro Real de Madrid.

Sigue inmersa en el desarrollo de importantes proyectos llevando su sello personal tanto en el ámbito nacional como internacional.

Eva Sandoval Díez es investigadora y periodista musical y Licenciada en Historia y Ciencias de la Música por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es directora del programa Música Viva, -un imprescindible de la radio-, que se emite la madrugada del sábado al domingo. También dirige y presenta el programa de Radio Clásica Grandes Ciclos, donde se ahonda en las figuras de compositores, directores, intérpretes solistas o conjuntos destacados tanto a nivel nacional como internacional.

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La posverdad, por Guillermo Busutil

La Opinión de Málaga, 26.02.2017.

La verdad se está convirtiendo en un no lugar. Ha perdido su identidad y sólo se habita de paso, sin darle suficiente importancia, sin que la colectividad la valore como un lugar memorable. Nadie se siente con la verdad como en su casa. Nadie la siente suya. Igual que sucede con los aeropuertos, los supermercados, las autopistas o una habitación de hotel. Los espacios a los que el antropólogo francés Marc Augé denominó no lugares. Un término que ha encontrado acomodo en el mundo del arte, especialmente, y también en la literatura a la que repentinos «escritores» de laboratorio y marketing están convirtiendo en un no lugar. En eso hemos convertido la verdad que empujamos a diario igual que un carrito de la compra o la maleta, en lugar de buscarla en la voz de las empresas de comunicación, y de exigirla a los diferentes estamentos del poder. Tendríamos que estar haciéndolo acerca de su secuestro por la Justicia en la sentencia discriminatoria del caso Nóos. También con el FMI que a finales de enero aplaude las bondades salariales del Gobierno de Rajoy y demanda subir el IVA, el copago sanitario, un endurecimiento de la reforma laboral y la reducción de la protección a los trabajadores, con una semana de diferencia. Lo mismo que con la Comisión Europea que celebra la austeridad de esas medias y sus recortes a la vez que le reprocha que el 13% de los trabajadores se encuentren en riesgo de pobreza, y el aumento de la desigualdad social, uno de los más elevados de la UE que sigue al alza.

Evidentes ejemplos de ese no lugar en el que han transformado la verdad aquellos que manejan el telar de la real y su dibujo, y nos someten a los discursos de sus intereses con ese impenetrable rostro que es la máscara de su conciencia. Un Fondo Monetario Internacional que ha sido presidido por personas de la talla de Hörst Köhler, de Rodrigo Rato, de Dominique Strauss-Khan y de Christine Lagarde, salpicados por graves actuaciones sustentadas en el abuso de su poder, no debería tener, y para mí no lo tiene, ningún crédito moral. Existen muchos más agravios frente a los que los ciudadanos perdemos continuamente la batalla. Gritamos en comunión en la calles pero ya de poco sirve protestar. Un titular de hoy, un eco en página para mañana, y pasado una cola de gente más grande que frente a la desigualdad de la justicia para comprar el nuevo Iphone del mercado. A pesar de esta dolorosa, como vergonzosa, es la única rebeldía que nos queda. La clave consiste en argumentarla con criterio y rigor y que la avale el mayor número de gente. De esa forma y siempre desde dentro de los cauces democráticos podremos exigir la integridad de la verdad y su valor. No es fácil. El poder crea la verdad y tiene los mecanismos para imponer su verdad como verdad para todos, con el fin de dominar las conciencias y voluntades en beneficio propio. Tiene además la potencialidad de sofocar las demás verdades que no disponen del poder suficiente para imponerse. Es decir, siguiendo la lógica de la jerarquía de la lucha de clases, la verdad de la clase de arriba controla la verdad de la clase de abajo.

Uno de sus viejos mecanismos es la estrategia del encantamiento de la palabra. Y el mejor ejemplo es el término: posverdad. El poder, y especialmente el político, saben que las palabras son como pájaros que buscan el mejor lugar en el que hacer nido y desarrollarse. Por esa razón ha deslizado el vocablo entre los corrillos de periodistas y las trastiendas de los analistas, muy dados a acuñar y a abrigar expresiones que más que desnudar la realidad la camuflan de matices, entre las medias verdades, la banalización, la emotividad social y la impostura, para desplazar y sustituir en un juego de prestidigitación semántica y léxica el concepto mentira. Recuerden el consejo de nuestros padres de que no dijésemos «eso es mentira» si no mejor aquello de «eso no es verdad». La manera más clara de que comprendan la tendencia inmoral del lenguaje político, permitido por la prensa, para llamar ajustes a los recortes y crecimiento decelerado a la crisis, y ahora posverdad a la mentira.

The Ecomomist explicaba recientemente que «la política posverdad es posible gracias a dos amenazas a la esfera pública: la pérdida de confianza en las instituciones y los profundos cambios en la forma en que el conocimiento llega al público». Las instituciones que hacían posible una verdad compartida en una sociedad (la escuela, los científicos y expertos, el sistema legal y los medios de comunicación) están a la baja y desarmadas y, simultáneamente, suben los nuevos gatekeepers: motores de búsqueda y redes que jerarquizan la información a base de algoritmos que no buscan la verdad sino multiplicar el número de impactos. Y lo que no, nos llega a través de una prensa controlada por el poder político como ha ocurrido de nuevo en Washington donde Trump vetó el acceso a una sesión informativa del portavoz presidencial Sean Spicer, a tres reconocidos medios como CNN, The New York Times y Político, mientras que sí se le permitió a periodistas de cabeceras más conservadoras como Washington Times y Wall Street Journal y cadenas informativas como Fox News. Al contrario de lo que hubiese sucedido en España, donde los periodistas miran generalmente para otro lado, sus compañeros de la revista Time y de la agencia Associated Press se negaron a acudir. Incluso el director de The New York Times, Dean Baquet, emitió un comunicado criticando lo sucedido por vez primera en una larga historia de cobertura a los Gobiernos de diferentes partidos.

Se nos repite Trump. Lo mismo que a él el papel de la prensa. Recién nombrado, y ante el foro más conservador de los EEUU, declaró que «tenemos que luchar contra ellos. Los medios son muy inteligentes, muy astutos y deshonestos». No sólo él alza la ira de su mano. Alain Vizier, portavoz del Frente Nacional, afirmó hace unos días que mantendrá el veto a lo largo de la campaña electoral a la prensa que no cambie su actitud hacia el partido y modifique la información de la cobertura de sus actividades. Aprovechando la celebración del Día mundial de la libertad de prensa, el 3 de mayo de 2016, Reporteros sin Fronteras dio a conocer una clasificación en la que jerarquizaba 180 países del mundo, en función de si tienen mucha o poca libertad de prensa. España se encontraba en el puesto 34, superado por la mayoría de países europeos y bajando un puesto respecto a la tabla de 2015.

En una época en la que los políticos alcanzan sus objetivos con mentiras, en la que algunas empresas de comunicación mantienen una intoxicación informativa partidista, y la mayoría acuden a ruedas de prensa en las que no se admiten preguntas, sería más necesario contratar más periodistas para que mientras unos trabajan de teléfono y al dictado amordazados, ellos pisasen la calle y hacer trabajos de campo para elaborar su propia información de los hechos. Tenemos también que devolver a las palabras su significado y llamar a las cosas por su nombre. Es lo único que puede salvar al periodismo, y a través suya a los ciudadanos y a una democracia cada vez más secuestrada.
La verdad es interpretación de los hechos, lo dijo Nietzsche, estética o narrada desde una creación de la mirada que debe dialogar con el conocimiento, con la duda y con el rigor de los datos, y alcanzar acuerdos en el espacio de la libertad de pensamiento y de análisis. Relativa o cuestionable, la verdad debe sustentarse en el mejor argumento y en su consenso pero nunca debe dejarse en manos de quienes la sesgan, la predisponen, la desnaturalizan o la disfrazan.

Guillermo Busutil es escritor y periodista.
www.guillermobusutil.es

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Tal como éramos, por Antonio Soler

Diario Sur, 26 febrero 2017.

La semana ha sido judicial. Por alguna tronera de ese cielo que escupía barro alguien podría haber pensado que estaba anunciándose el prólogo del Juicio Final. Gente que había pertenecido a la familia real, vicepresidentes de Gobierno o vigentes presidentes de regiones autónomas marchaban siguiendo el ritmo de las trompetas de su apocalipsis personal y sin tener que haber pasado previamente por el incómodo trámite de la resurrección de la carne. La lluvia de barro quiso acompañar de modo metafórico al extraño desfile. De pronto todos andábamos metidos a picapleitos y cada cual argumentaba según su olfato sobre sentencias, riesgos de fuga, recursos y apelaciones postreras. La realidad y los deseos se han mezclado en ese desbarajuste en el que la ejemplaridad quería distinguirse de la Justicia y la benevolencia del trato de favor.

Con todo, lo vivido esta semana es el reflejo de una época pasada. En cierta forma ha sido como asomarse a un álbum familiar y ver quiénes hemos sido y cómo hemos vivido. Aquí no se trataba de ver quién llevaba los pantalones más acampanados o las patillas más largas. Lo que hemos visto es el retrato moral de una época, la radiografía de un tiempo en el que supuestamente éramos felices y nos sonreía la fortuna, al menos la económica. La hormigonera de la construcción no dejaba de expeler dinero, los obreros cambiaban de coche cada tres años, se iban de vacaciones a Cancún. De modo que los patrocinadores de todo eso, los autores del milagro y repartidores de las migajas no podían menos que quedarse con el corazón del pastel. Pensábamos que eran los tiempos de la prosperidad. Y, sí, tal vez lo fueran, pero simultáneamente fue la era de la codicia. Una alegre fiebre del oro que espoleaba a los de abajo a recoger pepitas arrastradas por el río europeo, por el de la providencia o no importaba cual y que llevaba a los de arriba a explotar de modo avariento cualquier veta a la que tuvieran acceso.

Lo que ahora vivimos es la resaca de aquella borrachera de nuevos ricos. Y si en un tiempo proliferaron los jueces estrella, en este tiempo de codenas y desfiles carcelarios asistimos asombrados al nacimiento de algunos fiscales estrella. Insólitamente conocemos sus nombres, los vemos aparecer en entrevistas televisivas y desde la barra de los bares les cae la verdura podrida que antaño recibían los malos actores. Es el lodo que queda en los bordes de la acera después de la tormenta. No se trata de Urdangarines, Ratos y popes de todo tipo, sino del retrato de una sociedad envilecida que nos condujo hasta la misma orilla del desastre. Hubo quien pronosticó que en el reflujo de esa marea reaparecerían aquellos valores que formaron el esqueleto de la democracia, de la dignidad social. De momento y como efecto rebote, lo único que ha aflorado ha sido el populismo. Lo otro quizás emerja como aquella vieja estatua en El planeta de los simios, cuando ya sea demasiado tarde.

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Lo primero que necesitas saber sobre la subida eléctrica, por Pascual Serrano

El Jueves, 24 enero 2017.

La factura eléctrica ha batido un nuevo récord para las familias españolas durante los últimos días. La última explicación del ministro de Energía durante la semana de temporal de nieve y viento es que la electricidad se encarecía por falta de lluvia y viento.

Luego están los otros miembros del gobiernos, los analistas políticos, los periodistas, todos ellos nos explican cómo funciona la factura, por qué sube el precio, qué ha hecho cada gobierno… Pero yo creo que lo que está pasando es muy sencillo de entender; basta con dos o tres párrafos.

En España hubo un tiempo que la electricidad la producía y distribuía el Estado a través de una empresa pública. No había ni accionistas ni directivos que pudieran ganar sueldos millonarios. Tampoco había interés en que esa empresa ganase mucho dinero, bastaba con que prestara su servicio de producción y suministro eléctrico a los ciudadanos y pagará los costes necesarios. En 1988 arranca su privatización y los sucesivos gobiernos del PSOE y el PP van liquidando lo que quedase de público en la empresa. El resultado es que la electricidad ahora es el negocio de unas pocas empresas grandes que se reparten el pastel y procuran tener los máximos beneficios posibles a costa de los ciudadanos. Ya durante la crisis el precio de luz aumento en España un 52%, el doble de la media europea.

El resultado es que las eléctricas ganaron en 2015 5.010 millones y muchas familias no pueden pagar la factura. Entonces las empresas eléctricas les cortan la luz, concretamente a 653.772 hogares. ¿Y cuál es el siguiente paso después de cortarles la luz? Pues que se mueren. Según la ONU, la pobreza energética mata hasta 10.000 personas en España cada año.

Ahora cualquiera se preguntaría, ¿y cómo no toman medidas los diferentes gobiernos para que eso no suceda? Es decir, para que esas empresas y sus directivos no se forren a costa de la muerte de miles de personas que no pueden pagar la electricidad. Los gobiernos no hacen nada para evitarlo porque son las mismas personas que luego terminan embolsándose el dinero de las eléctricas. Tres de los cuatro ministros de Economía de los últimos veinte años han terminado cobrando decenas de miles de euros de la empresa que antes era de todos y ahora está privatizada, Endesa. Se hacían –y se hacen– llamar consejeros. Dice el actual ministro que a él no lo ha comprado ninguna eléctrica. Es verdad, no los compran cuando son ministros, es luego, cuando han hecho bien los deberes y dejan de ser ministros.

Resumiendo, el Estado, es decir, todos nosotros, dejó de ser propietario en el sector bajo la excusa de lo que denominan liberalización, ahora se ha quedado en manos de un oligopolio de cinco empresas, de las que destacan tres, que se reparten el mercado, se inventan los costes y todos pagamos sin rechistar. Pagamos la electricidad que consiguen con nuestros ríos, nuestro sol, nuestro viento o a costa de nuestra salud, ponemos a su disposición nuestras calles para que las tunelen, nuestras fachadas para que las cableen y nuestros campos para que los siembren de torres de alta tensión y, por si fuera poco, también debemos pagar los sueldos y finiquitos millonarios de sus directivos y los pufos de sus ruinosas inversiones. En eso consiste lo que denominaron liberalización. Contratan a nuestros ministros cuando dejan el cargo como pago por gobernar para sus intereses mientras mueren miles de personas por no poder pagar la electricidad.

Y, mientras tanto, cuando los gobiernos boliviano, venezolano o nicaragüense decidieron nacionalizar el suministro eléctrico para garantizar mejor servicio, más barato y con tarifas sociales para los más necesitados, un montón de gilipollas en España se escandalizaron y los llamaron dictadores.

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La mujer que canta, por Guillermo Busutil

La Opinión de Málaga, 11.12.2016.

La cultura es un consumo de felicidad con bouquet. Un libro, una exposición, un concierto, una película, una obra de teatro, te brindan el deleite de la evasión y te regalan un estado con el que cruzar después hacia el tiempo de fuera. Y cuando su propuesta es espléndida, te conquista y te embriaga, la cultura despierta más allá el paladar y hace difícil desengancharse de lo visto y lo sentido. La embriaguez provoca el deseo de seguir permaneciendo dentro de la historia, degustando de nuevo los detalles, las emociones o ideas que la lectura, las piezas plásticas, los actores te han contado atándote a ellas y a su eco. En esos momentos la cultura es una poética forma de felicidad que nos ayuda a fluir dentro de nosotros mismos. También con aquellos que han compartido esa misma experiencia sensitiva y de conocimiento, y con los que se puede crear una enriquecedora conversación de puntos de vista, de matices, de referencias. Una disección colectiva que recuerda aquellos cinefórum de los que provienen esos fieles espectadores canosos de los cines con versión original y cine de autor. El mismo público que llena los teatros en los Festivales y en cada ocasión en la que participa una buena compañía, actores de prestigio como José Sacristán, Flotats o José Luis Gómez, y textos cuya profundidad y gama continúa siendo un espejo en el que mirarse las sombras de la naturaleza humana. Esta semana me ha ocurrido con una película y una obra de teatro. Dos oasis y bibliotecas de la cultura que soy y comparto.

Empezaré con Incendios de Wajdi Mouawad. El escritor y director libanés que durante su infancia en Beirut contempló desde lo alto de un edificio cómo un autobús abarrotado de refugiados palestinos era acribillado por las milicias cristianas, al comienzo de la guerra civil libanesa de la que su familia huyó a París en 1977 y seis años después a Montreal. Aquella herida en la mirada, junto con el drama fratricida, está recreada en la historia que se hizo célebre al ser llevada al cine en 2012 por Denis Villeneuve y que ha representado en el Cervantes de Málaga el Teatro de la Abadía con dirección de Mario Gas. Toda una lección de teatro, maravillosa, trágica y poética en su turbación y en su humanidad en la que se funden la vida y la muerte, la fábula del destino y la búsqueda, la derrota y la dignidad, la lucha y la resistencia, y cómo es posible convertir la violencia en amor. Su drama y su belleza te secuestran la atención y el aplauso contenido durante tres horas, cuya única pesadez es la que causan las toses. Esa nerviosa mala educación del público español contra la que se crecen admirablemente los actores en la fragilidad de su concentración, especialmente cuando son monólogos de increíble tensión lírica como sucede en Incendios.

El mérito de que esta pieza conmueva y acaricie, atrape al espectador y ratifique la pasión por el género, se debe tanto a la fuerza de un texto coral, arraigado en su drama y en la psicología emocional de los personajes en Sófocles, Eurípides y Shakespeare, como a la sobresaliente interpretación de sus actores desdoblados en varios personajes, exceptuando a una espléndida Laia Marull, crecida en su madurez escénica en el papel de la joven Nawal Marwal, y a los actores que dan vida a sus hijos gemelos obligados por la muerte sin descanso de su madre a encontrar al padre que creían muerto y al hermano cuya existencia ignoraban para entregarles unas cartas, y descubrir una verdad que sólo entonces podrá ser contada.

Tres historias, tres incendios, tres personajes más en pie y carnalidad del teatro en la prestancia y voz de la reina Nuria Espert, Nawal madre y la mujer que canta, inconmensurable en el desgarrador discurso del juicio a su verdugo, y estéticamente Maga en los tres gestos y siete segundos en penumbra con los que se va transformando, conforme la visten, en la anciana abuela Nazira. Ninguna emoción ni credibilidad se le resiste tampoco a Ramón Barea, grande en su papel de notario Lebel, propio de O´Neill y de Miller, y fantástico hakawati del secreto y del origen como Abdessamal y Malak. 23 personajes de una caja de Pandora que indagan en la barbarie y humillación de las víctimas de la guerra y en cómo descarnar el silencio del dolor. Llueve para fertilizar la tierra de sangre seca. Llueve porque el llanto cicatriza. No puedo contar el final porque desde el 29 de diciembre al 2 de febrero y el verano después estará en Oviedo, Sevilla, Las Palmas de Gran Canaria y Tenerife. No se la pierdan, vayan, aunque no sean aficionados al teatro. Pocas veces degustarán un vino gran reserva cuya amarga persistencia en el paladar se transforma en una caricia de extraordinaria riqueza sensorial.

Familia de Nawal Marwal podría ser Golshifteh Farahani, mariposa en pop blanco y negro y mujer lúcida de Adam Driver, el conductor de autobús afable y sereno de Paterson, la última película de Jim Jarmusch por la que conduce el protagonista su oído y su mirada, sin perder la sencilla sonrisa del observador y armando domésticos y sencillos poemas al estilo de William Carlos Williams, nativo de Paterson, en pareados que encuentran su metáfora en las parejas de gemelos que continuamente aparecen y en la gramática de los pensamientos a través de las pausas, propias de Wim Wenders, una de las influencias junto con la de Kurosawa de Jim Jarsmuch. No tiene Paterson la melancolía espectral ni las graduaciones azules de la historia de Sólo los amantes sobreviven pero es un encantador cuento Capra con una hermosa atmósfera hopperiana en las escenas pictóricas de la espera, la soledad en recogimiento, el bar de las almas de noche y del amor al borde de una historia de la que no sabemos qué ha sucedido. Tampoco posee el humor negro de Flores rotas o de Noches en la tierra que se vuelve humor introspectivo en Paterson, pero tiene la misma belleza fotográfica de siempre en los planos de la catarata del río Passanic -manantial de inspiración, y flujo del tiempo-, o del cristal por cuyo interior el autobús navega como un barco en bonanza. Una bonita película sobre cómo los ecos de la rutina, la belleza de los pequeños gestos e incluso una caja de cerillas pueden convertirse en la poesía de la vida. No es poco remansar el espíritu en esta idealizada ciudad de cine, en la que todo se reconstruye cuando amanece y el destino es un turista japonés, en estos tiempos donde el ritmo es la oferta de la fugacidad o la del estrés a cambio de saldo.

Cada cual atraviesa estos días a su manera y busca la celebración de la vida en un espectáculo distinto. Para unos ha sido el puente de un viaje después de las lluvias, para otros consiste en inmortalizarse en un selfie en medio de la sinfonía de luces de la calle capital en la que desembarcan autobuses de la provincia. Y los hay que subirán hoy a Colmenar a la fiesta del mosto y la chacina. Yo me quedo entre los que consumen cultura y mañana festejaremos la apertura del Museo de Bellas Artes en la Aduana de Carlos III que fue en tiempos de revueltas una ratonera en llamas y una sede policial en la que la izquierda clandestina pernoctaba. Y mientras mañana la cultura gana la pinacoteca por la que tantos firmamos la calle, seguiré la vida adentro cruzando la ciudad en autobús y escuchando a la mujer que canta.

Guillermo Busutil es escritor y periodista.
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El PSOE, lejos de Suresnes, por Juan José Téllez

Público, 02 octubre 2016.

Larga vida a Mariano Rajoy en La Moncloa. En los últimos días, no sólo Pedro Sánchez ha perdido la secretaría general del PSOE, sino que todos los socialistas han perdido. Credibilidad, cohesión y confianza, tres cés fundamentales para seguir vivos como organización. No es la primera crisis interna que atraviesa el partido en su ya larga historia, pero quizá sea la más grave. Y no se espera un milagro a corto y medio plazo.

Felipe González lleva tiempo pareciéndose a Rodolfo Llopis, el secretario general del PSOE que él derrocó definitivamente en el decimotercer Congreso del partido en el exilio, celebrado en la localidad francesa de Suresnes, hace justo cuarenta y dos años, los días 11 y 13 de octubre de 1974. Algo estaba ocurriendo en la izquierda y el PSOE histórico, el de la diáspora, parecía no darse cuenta. Los renovadores, con aquel Isidoro y Andrés –Alfonso Guerra—a la cabeza, irrumpieron en la historia y ya nada fue igual.

Ahora, distintas visiones de la realidad española y de las incumbencias de ese mismo partido entraron en colisión en la sede socialistas de Ferraz, en Madrid. Tampoco será nada igual en el PSOE a partir de este momento. En el tardofranquismo, la frontera entre unos y otros socialismos españoles se mantuvo durante cierto tiempo pero resultó irrelevante, ya que el viento soplaba de favor para los paladines de la renovación. Esta vez, en cambio, ninguna de las partes en conflicto parece superar sus diferencias para encontrar una salida común a la habitación del pánico en la que han incurrido tras sucesivas derrotas electorales. Una larga travesía del desierto puede acecharles, incluso si logran evitar el hundimiento a través de la comisión gestora que deberá pilotar la celebración de un congreso extraordinario que ya no será exprés.

Hacia la refundación

La vida vive, pero también muere. Nada es eterno, nos cantan los boleros. Que un partido tenga ciento treinta y siete años de edad no quiere decir que sea inmortal. En caso de desvanecerse bajo el temido o anhelado sorpasso –como el Pasoc griego y según se mire– costará acostumbrarnos a su ausencia de la escena política española, aunque a su izquierda y a su derecha sus detractores se estén frotando las manos aunque de un tiempo a esta parte ensayen lágrimas de cocodrilo para los anticipados funerales socialistas. Ese muerto, sin embargo, puede gozar de mejor salud de la que se presume y, como ya ocurriera en el pasado, podría resurgir de sus cenizas. Sin embargo, la única posibilidad de que ese Lázaro se levantase y anduviera sería que el anunciado congreso abriese un proceso de refundación.

Nada será igual. Para la historia del PSOE y la de España, quedarán el cambio y el pelotazo, la ley del aborto y el referéndum de la OTAN, los cien años de honradez y unos cuantos de recreo, sus terribles reformas laborales o, en sentido contrario, su bonancible ley que permitió que los homosexuales pudieran contraer matrimonio, las formidables obras públicas o las miopes leyes de extranjería, los grandes avances legislativos a favor del progreso y las cloacas de la guerra sucia contra el terrorismo. Muchas caras y cruces en su misma moneda, que ahora parece devaluarse seriamente.

La presidenta andaluza Susana Díaz hablaba durante la reunión del comité director del PSOE de Andalucía, de la necesidad de coser los desgarros internos de los últimos meses. Al frente de la gestora, Javier Fernández, presidente de Asturias deberá ejercer como hombre bueno del armisticio. El partido está en tenguerengue, como en 1974, pero muy lejos de aquel horizonte esperanzador que se abría en Suresnes. Si quieren mantener la cohesión interna, los socialistas deberían incorporar su legado de grandes conflictos a menudo resueltos con abrazos del oso, desde el pulso entre felipistas y guerristas a las heridas que dejaron las últimas primarias, con Carme Chacón en un aparente autodestierro definitivo.

Se equivocarán los socialistas si piensan que es una crisis de nomenclatura. Es su propia crisis de valores, los de la socialdemocracia, progresivamente arrinconados en la Unión Europea y también ahora en España. Poco queda, salvo el disco duro de su memoria, de aquel partido de impresores que fundara Pablo Iglesias Possé, un tipógrafo de El Ferrol que desembocara en Madrid y que se escribía con Federico Engels. El partido socialista más antiguo de Europa, después de la socialdemocracia alemana. El perseguido, el cómplice, el progresista, el cauteloso, el que colaboró con la dictadura de Primo de Rivera mientras perseguían a los jóvenes socialistas de Tomás Meabe, el que sirvió de apoyo a los gobiernos de Azaña durante los años más esperanzadores de la Segunda República.

¿Ya nadie estudia historia en las casas del pueblo? ¿Nadie recuerda hoy que el enfrentamiento entre Indalecio Prieto y Julián Besteiro con Francisco Largo Caballero, no sólo llevó a los socialistas a alguna que otra bronca de puertas para adentro como la del comité federal sino a la revolución de octubre de 1934, sus indudables excesos y su cruentísima represión, por no hablar de su espiral de interpretaciones revisionistas?

Los años son distintos y, por fortuna, esta vez, la sangre no llegará esta vez al río. En otro tiempo, los socialistas viajaron al otro lado de los Pirineos o al otro lado del Atlántico, como muchos otros demócratas españoles, tras el golpe fascista y la guerra civil. Cuando llegaron al Congreso de Suresnes, el partido del yunque y de la pluma poco tenía que ver ya con aquella organización tan numerosa y bien estructurada que recibió con Antonio Machado a la Segunda República española, aquel 14 de abril de 1931. En el destierro, los socialistas eran una sombra de lo que fueron y ni siquiera formaron parte de la Junta Democrática que se crearía también en 1974 para aglutinar al antifranquismo patrio y donde formaban filas clandestinas desde los monárquicos de Juan de Borbón al Partido Comunista de Santiago Carrillo, que era la organización que partía la pana en el interior de un país doblegado por un partido fascista, un inquisitorial tribunal de orden público y la policía secreta de la dictadura.

Quizá muchos de los socialistas de hoy no sepan que sus compañeros convocaron el Congreso de Suresnes como respuesta a una larga tensión interna que comenzó a manifestarse en el Congreso de Toulouse de 1972, en el que Rodolfo Llopis se negó a dimitir. El asunto terminó en los tribunales y las diferencias estratégicas que ahora enfrentan a unos socialistas con otros se antojan simples juegos de videoconsola con las que entonces se esgrimieron, cuando los históricos llegaron a acusar a los renovadores de connivencia con el franquismo. Durante dos años, hasta 1974, el PSOE mantendría una dirección colegiada, de la que formaron parte Nicolás Redondo o Pablo Castellano.

La historia nunca se repite, ¿o sí? Habrá que preguntarse si los socialistas que parecen abocados ahora a un cisma quieren evitarlo o no. Todos parecen tener razón: tanto en su interpretación antípoda de los estatutos como de los motivos que parecen diferenciarles, en torno al no al Rajoy, la abstención o la concurrencia o no a unas terceras elecciones generales en las que, visto lo visto, no sólo tocarían suelo sino que empezarían a escarbar mayores profundidades todavía. Críticos y sanchistas tendrán tanta razón que morirán con sus razones puestas. Tanta razón que puede que ya la hayan perdido.

40 años de Suresnes

Cuarenta años después de Suresnes, las cosas han cambiado mucho. En la resolución del conflicto de entonces, resultó fundamental la posición de UGT. Hoy, los sueños del sindicato y del partido parecen dormir en habitaciones separadas.

 Probablemente, hoy, una dirección colegiada tampoco serviría de mucho, pero menos la bandada de benteveos leguleyos si la fractura se consume y a la postre tuvieran que ser los tribunales y no la militancia quienes diriman con sentencias y no con votos la legitimidad interna del partido.

Entre los críticos y los partidarios del ex secretario general del PSOE, hay otro PSOE, minoritario si se quiere, al que representa la izquierda socialista de Pérez Tapias que, significativamente, se fue de Ferraz sin votar siquiera. Hay un cuarto, el de los simpatizantes, absolutamente estupefactos y sin entender un pijo de galimatías estatutarios.

De las palabras de dimisión de Pedro Sánchez no parece extraerse la hipótesis de una salida del partido para crear otro. Todo lo contario. La militancia, cierto es, está revuelta, pero habrá que ver si esa rebelión se sustancia en el congreso o no llegará a nada, como ha ocurrido con frecuencia en otras ocasiones. En cualquier caso, la herida interna que sufre el PSOE no va a cicatrizar con un simple esparadrapo. O se toman en serio la reconciliación o estarán abocados a romperse en dos.

Si de toda esta encrucijada resulta un nuevo fraccionamiento del socialismo español, también quedará fragmentado el voto de la izquierda sociológica. Unas nuevas siglas que sumarse a una sopa de letras que se enfrentará sin suerte, presumiblemente, a lo largo de las próximas convocatorias electorales a una derecha mucho más fuerte y cohesionada, aunque ya no sea unívoca.

Por fortuna para sus militantes y para sus dirigentes, el PSOE es un partido con una sólida estructura interna y también con una amplia red clientelar que le aleja del modelo de aquella coalición que fue la UCD y que se vino abajo de la noche a la mañana, en aquel año horribilis de 1982, con su antiguo líder, Adolfo Suárez, fletando incluso un partido nuevo, el CDS, que jamás tuvo opción a ser lo que fue.

Gobernabilidad o gobierno alternativo

Pedro Sánchez no quiere a Mariano Rajoy y los barones tampoco quieren a Podemos, aunque muchos de ellos gobiernen con su apoyo. Pero, menuda paradoja, de persistir esos dos grupos en sus actuales diferencias sin resolverlas satisfactoriamente, los principales e inmediatos beneficiarios serán ambos adversarios.

Tras la kilométrica y peliaguda reunión del comité federal, tanto Pablo Iglesias como Alberto Garzón presumían que la baza la ganaba el Partido Popular, más cerca de la investidura de su candidato, Mariano Rajoy. El PSOE en funciones no lo ha decidido pero todo apunta a que buscarán una fórmula para garantizar la gobernabilidad. La del PP, no la de una coalición alternativa para la que, hoy por hoy, no sólo carecen de suficientes diputados para liderarla, sino de suficiente fuerza como para mantenerla. ¿Venderán cara su abstención los socialistas? Ni siquiera les quedará esa baza porque Rajoy ya no tiene que aceptarles pulpo como animal de compañía: la convocatoria de unas nuevas elecciones le otorgaría, visto lo visto, una holgada mayoría para hacer y deshacer a su antojo durante cuatro años.

La abstención le daría al PSOE un tiempo muerto para renacer de sus cenizas, pero en la oposición perderían la antorcha de la izquierda a manos de los diputados de Unidos Podemos que recordarían constantemente como sus votos sirvieron para que volviera a gobernar España un partido sentado eternamente en el banquillo de los acusados, el responsable de la reforma laboral de la precariedad, el de la ley mordaza, el de la ley Wert, el que encarcela a titiriteros y espía a partidos democráticos.

El PSOE y la autodeterminación

Entre las posiciones diferentes que los socialistas a la greña esgrimen hay una que tiene que ver con su geografía política: los críticos a Sánchez se sitúan en las comunidades autónomas donde los socialistas gobiernan y saben que el PP seguirá estrangulando sus presupuestos mientras no haya fumata blanca para La Moncloa. Todas las posturas internas, dentro del abanico socialista, tienen su razón y su sinrazón de ser. Tendrá consecuencias indeseables cualquier ficha que muevan. Por ello, cualquier decisión al respecto debería corresponder a la militancia, como pretendía el secretario general dimisionario. O incluso a los electores, como recordó Susana Díaz en su discurso sevillano. Afiliados y votantes, eso sí, podrían seguir los pasos de Pedro Sánchez y terminar dimitiendo de sus agrupaciones o de las urnas. O votándole de nuevo si decide presentarse a las primarias: sobre el PSOE planea el fantasma de Jeremy Corbin, que cada vez cuenta con más apoyos de sus compañeros de partidos y menos sufragios.

El laborismo y la socialdemocracia, de un tiempo a esta parte, no logran convencer a la ciudadanía para que compren sus idearios. En España, habrá que esperar a la celebración del congreso y de las primarias para dilucidar qué es el producto político que deberá vender el nuevo PSOE, para lograr que su marca adquiera una identidad diferente a las del resto de opciones en el gran bazar de la democracia. En Suresnes, habitaba la esperanza. Y un PSOE renovado que no sólo exhibía chaquetas de pana, carteles con arcoíris y sonrisas juveniles, sino también una hoja de ruta que, en aquella época, incluía la autodeterminación de las nacionalidades históricas que hoy se rechaza de plano, hasta el punto de que ha obstaculizado cualquier negociación en la investidura fallida de Sánchez: “La definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español”, decía entonces el PSOE renovado, que apostaba por una República federal que permitiera la cohesión del estado y “el pleno reconocimiento de las peculiaridades de cada nacionalidad y su autogobierno a la vez que salvaguarda la unidad de la clase trabajadora de los diversos pueblos que integran el Estado español”.

En la transición española, aquellos socialistas que venían de nuevas lograron seducir a la opinión pública en un breve lapso de tiempo, por encima de un PCE al que el imaginario del franquismo había logrado caricaturizar como un demonio rojo con grandes cuernos. Hoy, es un PSOE desgastado, por su propia historia y por lo que pudo haber sido y no fue. Mal lo tiene para recobrar la vitola de esa izquierda sociológica que seguía votándole a pesar de que la izquierda transformadora dijese que no lo era. Si facilitan el gobierno de Rajoy, como parecen abocados a hacerlo, ¿qué relato podrán brindar los socialistas a los suyos? Hoy por hoy, perdido el flanco izquierdo, el PSOE quizá apueste por recobrar el centro como única opción, como una tercera vía entre dos segmentos de la sociedad española visiblemente polarizados. Sería una opción, claro. Pero sus partidarios harían bien en recordar que el centro político en España no gana unas elecciones desde 1979. Cuesta trabajo aceptar que el viejo PSOE del rodillo termine acostumbrándose al traje a medida de un partido bisagra.

Quizá tendrían que olvidar a Rodolfo Llopis y recapacitar, como José Borrell en sus declaraciones a Pepa Bueno, que Podemos son sus hijos. Resulta obvio decirlo: los parientes cenan, al menos, en Nochevieja, aunque no se lleven del todo bien los cuñados. Si la familia de la izquierda no termina reconociendo sus similitudes, superando sus diferencias y buscando convergencias puntuales que sumen votos, la derecha seguirá fumando su eterno puro en La Moncloa. Lo permita el PSOE o no. Sigan unidos o no los socialistas, Suresnes continúa estando lejos del futuro.

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