La fantasía visionaria de Schulz

Por ANDRÉS HUESO

Bruno Schulz (1892 – 1942) es considerado uno de los escritores polacos más importantes del siglo XX, a pesar de que su obra literaria es muy escasa que se limita a dos volúmenes: Las  tiendas de canela (1934) y Sanatorio de la Clepsidra (1937). Actualmente es uno de los autores polacos más conocidos en el ámbito internacional. Sus obras se componen sobre la base de breves relatos, narrados en primera persona, centrados en la figura del padre del protagonista.

En su narrativa podemos observar un cierto gusto por lo onírico, se pueden percibir algunas influencias del surrealismo, expresionismo o del psicoanálisis freudiano. Un motivo recurrente en sus relatos es el miedo a la figura de la mujer, simbolizado en la sirvienta autoritaria, Adela.

El autor atribuye a situaciones y objetos cotidianos un significado mágico; el padre, Adela, los empleados de la tienda familiar y los habitantes de Drohobycz, su ciudad natal, se convierten en personajes de su propia mitología. Esa población adquiere un significado universal, parecido al que tenía Macondo en Cien años del soledad; un microcosmos, en el que se junta la sociedad tradicional y la nueva civilización de consumo. La problemática de su obra se centra en la condición humana en el mundo industrial y la pérdida de la individualidad del sujeto.

 

Vivió toda su vida en Drohobych, actualmente parte de Ucrania. Se ganaba la vida como profesor de dibujo en la escuela secundaria de su pueblo. Consideraba su labor como una misión, intentó acercar a sus alumnos los principales conceptos del arte, apoyaba a los jóvenes más relevantes. Sus artistas favoritos eran Zuloaga y El Greco. Aparte de su trabajo, era extremadamente solitario. Escribió los cuentos en el marco de la correspondencia con una amiga suya, Deborah Vogel, poeta y doctora en filosofía que vivía en el pueblo cercano de Lvov. Murió a los 50 años, el 19 de noviembre de 1942, a manos de la Gestapo.

 

La calle de los cocodrilos fue publicado en 1934, en una colección titulada originalmente Las tiendas de color canela. En este volumen se incluyen algunos de los relatos que tuvieron luego mayor trascendencia: como el que nos ocupa, Las tiendas de color canela (o de canela fina, según otras traducciones) y el Tratado de maniquíes. El volumen Sanatorio de la Clepsidra también está formado por relatos cortos, entre los que destacan Primavera y el que da título al volumen.

En 1992 Editorial Siruela publicó lo que probablemente sea la “edición completa” en español de su obra.

Bruno Schulz explicaba así su escritura en una carta a su amigo, artista, escritor y filósofo, Stanisław Witkiewicz:

«No sé cómo es que en la niñez llegamos a ciertas imágenes, imágenes de significancia crucial para nosotros. Son como filamentos dentro de una solución alrededor de la cual el sentido del mundo se cristaliza… Son significados que parecen estar predestinados para nosotros y estar esperándonos en el mismísimo comienzo de nuestra vida… Estas imágenes constituyen un programa, establecen el fondo fijo de capital de nuestra alma, que se nos es otorgado en intuiciones y sensaciones parcialmente conscientes. Me parece que el resto de nuestra vida se pasa en una interpretación de estas percepciones, en un intento de comprenderlas con la sabiduría que adquirimos, de pasarlas por el rango del intelecto que poseemos. Estas imágenes tempranas marcan las fronteras de la creatividad del artista. Su creatividad es una deducción de suposiciones ya hechas. No se puede descubrir nada nuevo. Sólo aprender al conocer más el secreto que le ha sido confiado a uno al principio. Su arte es una exégesis continua, un comentario sobre ese único verso que se le fue asignado. Pero el arte nunca desenredará ese secreto completamente. El secreto se mantiene irresoluble. El nudo en cual el alma fue atada no es un falso nudo que se desata con un truco. Al contrario, se hace más y más apretado. Intentamos desatarlo, trazamos el camino de sus cuerdas y de estas manipulaciones viene el arte…»

Dos de los relatos de Bruno Schulz han sido llevados al cine: El sanatorio de la clepsidra, en largometraje del mismo título, de Wojciech Has en 1973. Este cineasta ya había cobrado justa fama con su versión cinematográfica de El manuscrito encontrado en Zaragoza, magnífica obra ilustrada del también polaco Jan Potocky; a ambas obras, literaria y cinematográfica le dedicaron dos sesiones en la tertulia La Palabra Creadora del Ateneo de Málaga.

El segundo relato llevado al lenguaje cinematográfico es La calle de los cocodrilos, escrito en 1934, vertido al cine en un corto de animación, de título homónimo en inglés, del género stop motion, del que  Terry Gilliam considera como una de las diez mejores películas de animación de todos los tiempos y con el que los hermanos Quay se hicieron con el marchamo de artistas de culto.

La descripción de Stephen y Timothy Quay de lo narrado en su cortometraje dice: «En la exhibición dentro de un museo provincial hay una vieja máquina del Kinetoscope con un mapa que indica el distrito exacto de la calle de los cocodrilos. Al interior de este esófago de madera se encuentran las configuraciones internas y los mecanismos de Street of Crocodiles como una exposición cuasi-anatómica. La ofrenda anónima de la saliva humana por un cuidador de turno activa y libera el teatro ‘schulziano’ de la estasis en flujo permanente. El mito acecha las calles de esta zona parasitaria donde la ascensión mitológica de lo cotidiano es trazada por un intruso marginal que se enrosca a través de esta noche. No se puede llegar a ningún centro y la fútil persecución concluye en las habitaciones traseras más profundas de una tienda de sastre un poco dudosa.»

 

 

El interés de los Quay por la transformación de la materia, las marionetas, la textura y las tonalidades que utilizan en sus cortos recuerdan la estética de la prosa y grabados de Bruno Schulz. Comparten su fascinación por los pequeños objetos cotidianos, modestos, que pueden adquirir un significado simbólico, casi mágico. Los Quay admitieron en una entrevista que podrían dedicar el resto de su vida a rodar películas basadas en la prosa de Bruno Schulz. Película rodada con marionetas animadas fue, en su opinión, el medio más conveniente para traducir la obra de Schulz al lenguaje fílmico.

The Street of crocodriles está inspirada básicamente en el cuento que lleva el mismo título, pero también contiene elementos de los tres Tratados de maniquíes, que podemos observar en el propio uso de las marionetas, o en la presencia de los maniquíes que atienden al protagonista en la sastrería.

Aparte de leer y comentar unas notas sobre autor, texto y contexto, lógicamente más extensas que este resumen, en la sesión se leyó el propio relato La calle de los cocodrilos y se visionó el mencionado corto de los Quay Brothers.

El texto del relato puede encontrarse disponible en internet en varios sitios, como por ejemplo:
https://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/la-calle-de-los-cocodrilos/

 

Por otra parte, el corto también puede verse en Youtube:
https://www.youtube.com/watch?v=rKzh6ZBVD_Y

 

Ciclo de la literatura al cine: La calle de los cocodrilos, de Bruno Schulz a The Quay Brothers, onirismo, surrealismo y expresionismo.

Tertulia La Palabra Creadora.
Vocalía Nuevas Líneas

Envejecer II

 

Por MANUEL SÁNCHEZ VICIOSO

Empecé a escribir advirtiéndome de que mi piel envejecía y escribí más de la muerte, porque la muerte está al final del pasillo que abre la puerta de la constatación de que la piel está envejeciendo.

He oído decir a más de un escritor que ellos son medios para contar, yo he comprobado que muchas veces el escrito toma los derroteros que le vienen bien sin que estuviera previsto por el autor. Este es el caso que nos ocupa, quería escribir del envejecer y escribo de decir el adiós final.

Pero en definitiva el duende o la musa no se saldrá con la suya pues escribiré sobre el envejecer que empieza desde que inhalamos el primer aire que hincha nuestros pulmones. Empezamos a envejecer desde que nacemos, sólo que no somos conscientes de ello. Nos damos cuenta cuando empiezan los achaques, para algunas personas con la crisis de los cuarenta y de manera definitiva con la de los cincuenta, ya no digo con la sesentena, o cuando empiezan a ofrecerte el asiento en el autobús.

No vayan a creer los que no viajan en autobús urbano que no envejecerán, sólo tendrán la ventaja de no poder sorprenderse del dicho de una mujer joven “Siéntese usted”. Del mismo modo es significativo que te llamen abuelo sin tener nietos, a las mujeres no se les ocurre llamarlas abuelas, como no sea que las vean con un niño de la mano. Esto más que un error, inducido por la propia imagen, es una injerencia externa, casi una declaración de guerra las dos o tres primeras veces que oyes el  apelativo de gran padre. Convendría preguntar a quien te abueliza qué te ha visto, también vale preguntar en caso de la cesión del asiento en el autobús, pues con la simple pregunta ya te estás dando datos de que aparentas ser viejo, aunque tú aún no lo sepas ni lo asumas en su totalidad.

Nuestro envejecimiento se produce por oxidación o sea por contacto con el oxígeno, que es el que oxida, de aquí la moda de ingerir alimentos que contengan antioxidantes buscando la eterna juventud, pero al fin y al cabo el envejecer es consustancial con la vida misma. Dos hitos importantes son en el hombre la primera visita al urólogo, que se recomienda al cumplir los cincuenta, y para las mujeres cuando les llega la menopausia. Pero son momentos en los que no piensas aún, que vas para viejo.

Sin “pretender ser exahustivo” hay unas señales que nos acercan a que nos demos cuenta de que envejecemos, lo dicho de la piel con arrugas, y seca, la pérdida de fuerza física, la recomendación médica de que andemos, pero no corramos, la eficacia del tiempo, de mayor somos más lentos en muchas acciones, incluso en reflejos, pérdidas de memoria, a muchos hombres se les despidió la libido sin delicadezas y definitivamente cuando todos los días has de tomar algún medicamento, se habla más del pasado y menos del futuro, como no sea de viajes si la salud lo permite. Ni todos estos síntomas aparecen a la vez ni le pasa igual a todas las personas.

No nos preguntaron si queríamos nacer y no nos preguntan si nos queremos ir para siempre, lo que sí es axiomático es que nos iremos, pero no nos saldrá gratis, por ello lo mejor es acostumbrarse a envejecer, aceptar la realidad, envejecer con dignidad y tener una vida con una calidad adecuada a la dignidad que merecemos las personas.

Ser mayor tiene muchas ventajas incluidas la liberación del sexo, la mayor de todas es que somos especialistas en nosotros mismos, nadie mejor que uno conoce sus gustos ya sean sociales, de ocio, culturales o culinarios y por ello deberá procurar darse esos gustos y ser precavido, que significa hacerlo todo sin excesos. Hacer el ejercicio físico adecuado a la edad, o sea andar, comer de manera saludable, mantener relaciones sociales y sexuales adecuadas es la manera de aceptar el envejecer que nos acerque a una despedida propia de lo que merece todo ser humano.

Hacer el testamento legal justo para evitar que una vez idos nuestros herederos no tengan motivos de enfrentamientos por nuestros bienes. Hacer el Testamento Vital y para tener una muerte digna e indolora y la eutanasia para quienes la demanden.

La voz de mi cambija: BELLEZA

 

Por CRISTHINE FÉLIX

A veces pasear entre los despojos de la cultura es un ejercicio vital. Una estatua, un cuadro, una imagen o una melodía son capaces de iluminar los lugares más ocultos de nuestro ser donde habitan  los conceptos que acumulamos tras años de experiencia y reflexión. En este caso, Vivian Gornik relata el deseo de traspasar el concepto de belleza, porque más allá de la belleza se encuentra el anhelo de comunicación y la constatación de que un hilo invisible, más allá de las palabras, nos une a los primeros seres vivos que se conmovieron ante lo innombrable:

BELLEZA

Deambulando sin rumbo por el Metropolitan Museum, voy a parar a la sección egipcia. Es época de vacaciones -¿qué demonios me ha empujado a venir aquí hoy?- y el museo está plagado de turistas: cada vecina está rodeada de hombres, mujeres y niños armados con esas terribles cápsulas de cultura grabada en cintas cuyos auriculares emiten un sonido siniestro a los que se encuentran a menos de tres metros de ellos. En este momento odio la democracia.

Pero entonces las hordas se marchan y me encuentro frente a una pequeña estatua de madera recubierta de pan de oro, con los ojos perfilados de koh. Es la imagen de una joven diosa,  (se llama Serket) cuya labor era proteger los intestinos que habían sido extraídos del cuerpo momificado de Tutankamón y colocados en un pequeño ataúd dorado hecho a su imagen. La diosa es increíblemente hermosa; sus pechos, sus hombros y su estómago son curvas de ternura esculpida.  Está de pie y tiene los brazos delgados extendidos,  como si conjurara la oscuridad en la que Tutankamón está entrando para dejar que la pureza de espíritu de su fragilidad humana interceda por él. De un modo que no espero,  me conmueve tan profundamente que el ruido a mi alrededor se desvanece y en el repentino silencio siento que las lágrimas salen a raudales no de mis ojos, sino de un lugar mucho más hondo en mi interior.

Aunque estoy a solas con la diosa, y no hay nadie a quien pueda decirle nada, siento que no tengo palabras: soy incapaz de encontrar las palabras para describir la sobrecogedora emoción que este pequeño pedazo de madera y pan de oro ha despertado en mí.  Una terrible melancolía me abate. De nuevo, como me ha ocurrido con frecuencia a intervalos irregulares durante toda mi vida consciente, tengo esa inquietante sensación de que un lenguaje enterrado a mucha profundidad me recorre los brazos, las piernas, el pecho, la garganta. Si lograra que llegase al cerebro, tal vez podría empezar la conversación que tengo pendiente conmigo mismo misma.

 

Vivian Gornick:  La mujer singular y la ciudad. Traducción de Raquel Vicedo

Editorial Sexto Piso, Madrid, 2018. Páginas 111-112

Grupo Literario Las tardes de Atenea

Envejecer (I parte)

 

POR Manuel Sánchez Vicioso

De Antonio Fernández Bermúdez aprendí muchas cosas. Fue el abuelo materno de mis hijos que vivió 96 años y se despidió de nosotros el 27 de enero de 1994, día de la segunda huelga general convocada por CCOO y UGT contra las políticas genticidas de Felipe González.

Sus últimos meses los pasó postrado, su cabeza viajaba entre la realidad, los recuerdos y la fantasía, en muchos momentos jugaba al ajedrez. Un día ya cerca de su marcha estaba yo sentado en su cama y en un momento de lucidez me dijo “Ves ese ropero, yo valgo menos que él, el vale para guardar ropa y yo sólo para dar trabajo” Y se preguntó “Qué hago yo aquí

En los días de estío es habitual que andemos ligeros de ropajes, cuando la canícula aún no ha empezado a apretar, tengo por costumbre afeitarme, semitapado mi torso con una camiseta de tirantes blanca. Entraba la luz natural por la derecha y al levantar el brazo para enjabonarme la cara me fijé en las arrugas de la piel que se vislumbraban por encima de la axila hacia el cuello. Vi mi piel envejecida, acartonada, deshidratada, ajada. Entonces recordé la igualdad del aspecto de mi piel con la de mis padres cuando fueron viejos, en las manos la piel de mi madre era transparente. La primera emoción que sentí fue de sorpresa y después la conclusión: estoy envejeciendo. Ya he inaugurado la séptima década.

Mi madre siendo mayor, pero no vieja, decía que de mayor no le gustaría depender de nadie, que antes prefería la muerte, no se salió con las suyas, pasó de los noventa y en los últimos meses repetía con asiduidad que quería irse, que ella aquí ya no pintaba nada.

No está preparado el ser humano para pensar en la muerte cuando  es joven, pero cuando ya has despedido para siempre a tus mayores y vas demasiadas veces a los campos santos te das cuenta de que perteneces a la generación que está en la puerta de este último lugar.

Cuando el abuelo de mis hijos me dijo que quería morirse no lo entendí, no tenía edad para entenderlo. Cuando se lo oía decir a mi madre ya lo entendía, mi padre la asumió sin decirlo. Lo mismo que comprendía que enfermos terminales desearan la muerte y que la compasión me convenciera de la necesidad de la eutanasia. Me sorprendía con qué placidez, sin amargura y sin rencor pidieron mis mayores la muerte.

La causa de que quieran irse para siempre no es la que esgrimía mi suegro la de la utilidad sino la de que ya habían vivido lo suficiente, ya habían visto bastante, disminuían la ingesta por más que alguien les insistiera de que tenían que comer, pocas o ninguna cosa o acontecimiento les motivaba ni interesaba. Habían decido morirse.

He escrito morirse no suicidarse, pues si uno se lo propusiera ordenaría a su cerebro que mandara a los órganos de su cuerpo ponerse en situación de irse para siempre y creo que lo lograría. Es una leyenda que los inteligentes elefantes saben que ya se les acerca la última hora y se despiden de la manada y aceptan la muerte. Muchas personas perciben su último momento y se despiden de los suyos.


        La piel envejecida es la muestra física de que el camino de despedirse de la vida está más cerca que lejos. Aunque no desee irme ahora. No soy creyente pero creo en la reencarnación por conveniencia, por puro egoísmo, creo que cuando me vaya me dejaré cosas por hacer, entonces volveré para hacerlas. Quien no sea reencarnacionista no se reencarnará, así que al loro.

Muérdame, por favor

 

Por VICKY MOLINA Y PEDRO FERNÁN

Haga un breve viaje a los Montes Cárpatos con la voz prismática de Pedro Fernán esta noche… sí esta noche en la que todos queremos ser transilvanos, sólo por una noche. La más roja. No comeremos en presencia de nadie, haremos vida nocturna y decidiremos no mirarnos al espejo por si acaso nos deslumbramos con alguna estupidez. Saldremos ansiosos a la calle, seguramente nuestros niveles de azúcar estén pidiendo socorro por esa tontería de no comer y en el fondo lo sabemos: estamos cansados de buscar. Queremos gritar que no estamos muertos sin darnos cuenta de que no nos hace falta disfraz.

No tarde, se lo suplico no tarde, muerda y aprovéchese…mientras espero me desangro…

Escuchen la descripción del vampiro más famoso de todos los tiempos, gracias al escritor irlandés Bram Stoker. Fernán da voz al abogado Jonathan Harker en su escalofriante encuentro con el Conde Drácula.

Pinche aquí y acceda al Audio-Relato:

 

Voz: Pedro Fernán es Catedrático de la Escuela de Arte Dramático de Málaga.

Texto: Vicky Molina, Grupo Literario Las Tardes de Atenea

El relato de la caducidad del amor


Por ADA VALERO

En el marco del Festival Eñe, el Ateneo acogió el pasado sábado la presentación de la novela Feliz final, de Isaac Rosa, a cargo del escritor y periodista Guillermo Busutil. Ya en la reseña, publicada en la Revista Mercurio, destacaba Busutil las líneas maestras de su presentación: la consideración de estar ante una novela Bergman donde se disecciona la gestión de la felicidad de un matrimonio, con sus ficciones y su desgaste de realidad. Lapidariamente, Busutil inició su intervención afirmando que el amor también tiene su obsolescencia, pero, aunque todas las rupturas se parezcan en sus causas aparentes, cada cual requiere su terapeuta y su personal cuaderno de contrición. Isaac Rosa explora en Feliz final el proceso de la erosión y la ruptura de la pareja compuesta por Antonio y Ángela y lo hace sin concesiones, dejando al descubierto toda la carnalidad y la putrefacción del amor, literatura epidérmica que se lleva a cabo sin anestesia en el habitual estilo directo del novelista sevillano.

Isaac Rosa se mostró consciente de que haber escrito una novela diferente a las anteriores, aunque Busutil viera ya en La habitación oscura (2013) un germen de la que nos ocupa. El punto de partida lo constituyó una intuición relacionada con la observación de su entorno: la sensación de que algo no funciona en nuestras relaciones amorosas, de que no nos estamos queriendo bien. Feliz final surge como modo de comprobar si su intuición tenía razón de ser. Para ello, además del habitual proceso de documentación, recurrió a su círculo de amigos y de afectos, a los que hizo llegar un cuestionario con preguntas elementales y con él experimentó la sorpresa de que existía una necesidad de hablar, de abrir los corazones y poner en común, hasta el punto de que se incorporaban a su muestrario desconocidos que habían sabido del cuestionario y de su peculiar búsqueda. Este proceso ha convertido a la novela en un libro muy conversado, en palabras de su autor. Desde ese principio de experiencias personales, Isaac Rosa amplió el prisma, preguntándose cuánto de ese malestar amoroso proviene del yo y cuánto de la vida que llevamos hoy, del malestar social que resulta de las condiciones materiales, de la precariedad, del dolor reflejo del capitalismo como sistema cultural y de valores que provoca vidas llenas de ansiedad, de cortoplacismo y de obsolescencia. Aun sabiendo de la complejidad del amor y sin querer tratarlo de manera reduccionista, a la relación amorosa se le ha aplicado en buena medida la lógica del mercado y es que el amor funciona para el novelista como un microcosmos en el que se puede explorar qué tipo de sociedad hemos construido. En esta exploración recurrió al saber de la socióloga Eva Illouz (Por qué duele el amor. Una explicación sociológica, 2012), donde analiza la paradoja de que el amor, que nos conforma como seres humanos y sociales, está viviendo un enfriamiento emocional producido por la organización social de nuestros días, y de Arlie Russell Hochschild con su libro La mercantilización de la vida íntima (2008), serie de ensayos sobre el modo en que el capitalismo se infiltra en lo doméstico a partir de la incorporación de la mujer al mercado laboral.

El resultado de su exploración es una novela que provoca en el lector una forma de desolación ˗la primera con la que hace llorar a sus lectores, confiesa el autor˗ que ahoga, según la filósofa Marina Garcés, acompañante en la presentación del libro en Barcelona, pero que, en opinión de Isaac Rosa, no debe paralizar, sino movilizar.

Su estructura es interesante, pues empieza por el epílogo de la ruptura, contada a dos voces por sus protagonistas. Según su autor, la sustancia narrativa del amor es el relato, el contarse desde la verborragia del minuto uno del enamoramiento, en el que ya se empieza a armar el relato del amor ˗verdadera metáfora que recorre todo el libro˗ con una voz compartida, hacia la diversificación de las versiones, cuando la batalla por el relato es símbolo y desencadenante de la ruptura, pero también discusión por quién re-cuenta el relato, porque el componente verbal, el lenguaje, es conflicto en ese proceso doméstico de ajuste de cuentas que convierte a las familias en empresas, en un tiempo en que cada vez más las empresas pretenden parecerse a las familias.  Antonio y Ángela son dos personajes atrapados en el discurso del amor, en la autorreferencia para certificar el desgaste, la erosión que desemboca en ruptura.

Preguntado sobre la alternativa, Isaac Rosa confesó no tener respuestas y aludió a las palabras de Marina Garcés en su artículo El amor libre (publicado en catalán). El ideal del amor libre, según la filósofa, no contaba con dos factores: el malestar social, que no decae, y el capitalismo emocional, que se acentúa. El amor libre formaba parte de un proyecto de emancipación que no era solo sexual o afectiva, sino sobre todo social, económica y política, y no contaba con la liberalización capitalista del sexo y del amor, una nueva forma de dominio que necesita la frustración personal para incentivar el deseo colectivo, de modo que ahora, con este amor liberalizado, que no libre, tenemos muchas opciones, pero más miseria afectiva y nuestras soledades lo siguen siendo también en pareja. Para salir del encierro en que se encuentran esos dos en soledad, es necesario no cargar la relación de expectativas de felicidad, sino lograr construir un entramado de afectos.

Feliz final no es literatura del yo, que a Isaac Rosa no le interesa como género, sino una novela de exploración creada por un narrador que Busutil cuenta entre los mejores del panorama literario actual, un libro que, en su opinión, logra retratar desde lo microscópico a lo panorámico la catarsis de la separación como pérdida de un relato común.

 

Grupo Literario Las Tardes de Atenea

La cultura malagueña hace piña




Nos hacemos eco de la nota que refleja el éxito de la tercera edición de #EAmálaga 2018, un evento que ha sido capaz por tercer año consecutivo de aglutinar una buena de la representación de los espacios culturales que pueblan la ciudad de Málaga y que conviven con los grandes Museos.

Como resumen desde #EAmálaga, Bajo el timón de La Casa Amarilla y Veo Arte en todas pArtes, veintiún espacios se dieron cita en esta ocasión, formando parte del debate en el Salón de Actos del Ateneo de Málaga y organizando actividades especiales para la fecha. Una gran diversidad de espacios entre los que se encontraban Museum Jorge Rando, Mahatma Showroom, Antinoo Fine Arts, Escuela Apertura, Gravura Taller de grabado, Espacio de Dentro, La Casa Amarilla, VillaPucheroFactory (VPF), La Polivalente, Artsenal, Ateneo, El Retorno de Lilith, Kipfer and Lover, La Cajonera, Matraca, Galería Javier Román, TRANSDISCIPLINA A/V, entre otros…

La lluvia no aguó la fiesta, la gente se echó a la calle para recorrer plano en mano todos aquellos espacios que formaban parte de esta nueva edición. Una ocasión en el que dos proyectos Espacio de Dentro y La cajonera hacían su presentación en sociedad con la inauguración de los mismos.

Tras la visita a los espacios se dieron cita en el Ateneo, bajo el título “La Deriva Cultural”, representantes de todos los espacios que explicaron la razón de ser de su existencia, sus estrategias de desarrollo y lo que motiva esa forma de trabajar. Espacios que, pese a su diversidad, coincidían en afirmar que la razón que les lleva llevar a cabo sus proyectos es el amor al arte y que el trabajo duro es la única forma de capear las dificultades.

La principal conclusión a la que se llegó fue la importancia de tomar conciencia como colectivo y aunar los esfuerzos por una pasión compartida, pues esta será la única manera de conseguir un reconocimiento real y los apoyos externos que ayuden a crear más cultura. Los propios espacios culturales de Málaga son los generadores de su propio Clouster Cultural.

La jornada de tarde fue protagonizada por la presentación del proyecto multidisciplinar TRANSDISCIPLINA A/V con un showcase en la sede de la Fábrica de Cervezas Victoria. TRANSDISCIPLINA A/V creado como proyecto para la reflexión y experimentación de prácticas audiovisuales contemporáneas, integra diferentes corrientes artísticas trascendiendo géneros y etiquetas. Y cerrando la jornada un año más en Kipfer and Lover acogió en su espacio la Fiesta Networking.

Todo ello ha sido posible gracias al esfuerzo de los espacios participantes, a las entidades y empresas colaboradoras como Área de Cultura del ayuntamiento de Málaga, FGUMA (Fundación General Universidad de Málaga), Cervezas Victoria, Automóviles Torres, Ateneo Málaga, Copicentro, El Bar Jamones, El último Mono, Kipfer and Lover, 7trescuatro y Más Málaga.

De la necesidad de integrar a las mujeres como sujetos políticos

 

Por MARÍA LUISA BALAGUER

Acaba de presentarse en Madrid el libro de Carmen de Burgos “La mujer moderna y sus derechos”, de la editorial Huso, y en una edición preparada por Mercedes Gómez Blesa, que ha añadido 316 notas a pie de páginas, muy necesarias para situar una obra de casi un siglo, y en la que la Colombine abundaba en personajes que hoy resultan poco conocidos.

Carmen de Burgos fue una escritora, periodista, masona, comprometida con el feminismo y con la República, que por el oscuro periodo del franquismo resulta ser poco conocida, como otras autoras importantes de la II República.

Nacida en Almería huyó a Madrid después de un matrimonio difícil y en 1908 conoce a R. Gómez de la Serna, crea la revista Crítica, en la que participan las mejores plumas del momento, y colabora con Fígaro y otras revistas de la época. Publica “Cuentos de Colombine”, escribe biografías y pronto obtiene una importante notoriedad. Viaja a París, Italia, Portugal, Bélgica, Holanda, Londres, Dinamarca, América, Buenos Aires, México, Cuba. Chile. Bolivia, Brasil, y Panamá. Y de todo esto escribe. Se inspira, se relaciona y trata con Concepción Arenal, y a Pardo Bazán le hace campaña a su favor para la RAE.

“La mujer moderna y sus derechos”, libro pionero del feminismo jurídico en España, antecedente como se ha dicho de “El segundo sexo”, es un libro que mezcla varios géneros literarios. Aunque se trata de un ensayo, C. de Burgos hace un manifiesto político, una autobiografía, y relata a la vez la de otras mujeres. Es un libro de sociología, de política y de feminismo. Esta mixtura era propia de las mujeres de la época, se reivindicaban los derechos de la mujer al tiempo que se daban estadísticas, o se analizaban las circunstancias de la época.

Igualmente, parte de elementos ya analizados por Arenal, como el de que, si la mujer es contribuyente y abona sus impuestos, debe tener derechos civiles y políticos, pero da pasos muy importantes en este sentido. A diferencia de ella, universaliza esos derechos, no admite que determinadas actividades de esfuerzo físico no puedan ser desempeñadas por las mujeres, la igualdad ha de ser total. Y ha de venir por las leyes, es el derecho el que ha de cambiar las condiciones materiales de la vida de las mujeres. Puede decirse que inaugura el feminismo jurídico.

Efectivamente los cambios han de ser jurídicos. El código penal y el código civil, y el voto, los derechos políticos.  Y esto es lo que la diferencia del planteamiento solamente filosófico de la Beauvoir. En su libro “El divorcio en España” reivindica la libertad de las mujeres para divorciarse y además desvincularse patrimonialmente de sus maridos. El razonamiento de C. de Burgos respecto de la igualdad de la mujer es muy parecido al de algunas románticas de finales del XIX. Si la mujer trabaja y paga impuestos tiene que tener los mismos derechos del hombre. Y las desigualdades legales con respecto al hombre estaban sobre todo en el código civil y en el código penal. Por lo que se refiere al derecho civil en la incapacidad de obrar, equiparadas a menores y deficientes mentales, con la imposibilidad de celebrar contratos sin el consentimiento del marido, en la obediencia debida al esposo, en la facultad de este para corregirla y educarla, y en la imposibilidad de la disolver el matrimonio. En el orden penal es aún más discriminatoria la situación porque los delitos de adulterio de la mujer no tenían correspondencia con los del hombre, que solamente incurría en adulterio si tenía al amante en su casa o notoriamente fuera de ella. El hombre que sorprendiera a su mujer en flagrante delito de adulterio y mataba a alguno de ellos o a los dos, solamente era castigado con la pena del destierro, frente al delito de parricidio en que incurría la mujer.

Carmen de Burgos es una mujer intelectual, pero también con una dimensión pública que cultiva internacionalmente. En sus artículos de prensa aprovecha para formular encuestas sobre el divorcio y el derecho al voto. En este libro nos cuenta las opiniones de hombres intelectuales, escritores y políticos respecto de estos temas, y contando las campañas que lleva a cabo en este sentido.

La faceta de Carmen de Burgos en la masonería es la menos conocida. Se sabe que ingresa en 2 de diciembre de 1931, que ella funde y dirige una logia, que pronto adquiere el rango de Gran Maestre, que se reúnen en Alcalá 193, y como es sabido es cuando está en el cenit de su profesión, con idea de presentarse a las elecciones y después de aprobada en enero la ley de divorcio, muere el 8 de octubre.

La presentación de este libro, a medias entre Mercedes Gómez y yo en la librería “La Fábrica”, tuvo un lleno total, de mujeres mayores y muchas jóvenes, que originó un debate importante sobre el momento de vigencia del feminismo y la necesidad de integrar a las mujeres como sujetos políticos en las leyes y en la sociedad.

 

 Grupo Literario “Las tardes de Atenea”

 

La libertad voraz de Isabel Oyarzábal

 

Por ANDRÉS ARENAS

Se cumplen 140 años del nacimiento de la escritora malagueña

No se puede decir que corren malos tiempos para la escritora Isabel Oyarzábal, Isabel de Palencia o Beatriz Galindo (que de las tres formas firmaba), si pensamos que hace veinte años su figura era una perfecta desconocida en España. Hoy en día disponemos de una parte sustancial de su obra publicada, de un par de tesis sobre su biografía, de un documental realizado por Canal Sur que se ocupa de su retrato, de estudios sobre algunas de las muchas actividades que realizó a lo largo de su vida, y de una obra de teatro ya representada en Madrid en la que IO es la protagonista. Las razones de este desconocimiento son varias. Hasta 1974 el Gobierno de Franco se encargó de mantener silenciada su obra, además tres de sus obras más relevantes estaban escritas en inglés y aún no se habían traducido. La llegada de la democracia y el interés del feminismo por poner en valor las figuras de mujeres que habían descollado en su tarea profesional, han convertido a IO en un referente en la literatura del exilio y en una de las abanderadas del feminismo mejor estudiadas en Málaga y en el resto del país. Isabel Oyarzábal está de moda.

Isabel Oyarzábal Smith (Málaga, 1878 – Ciudad de México, 1974) fue actriz, periodista, diplomática y una gran defensora de la causa republicana. Tras ocupar cargos importantes durante la época republicana, recorrerá medio mundo dando conferencias, tratando de desenmascarar el régimen de Franco. Terminada la guerra, sufrirá el exilio como mucho de sus compatriotas, instalándose en México donde desarrollará una intensa labor literaria, destacando títulos como Hambre de libertad (2011), tal vez su mejor obra; Rescoldos de libertad (2016) y su novela En mi hambre mando yo (2005).

Este año de 2018 se cumplen ciento cuarenta años de su nacimiento en el número 31 de la calle Peligro, hoy correspondiente a Trinidad Grund. Seguro que este aniversario será una buena oportunidad para honrar  a esta gran mujer malagueña que fue la primera embajadora femenina en la historia de España. Hay que decir que nuestra ciudad no ha permanecido al margen de los homenajes justamente ofrecidos a su memoria. Buena prueba de ello es la sala Isabel Oyarzábal (antiguo salón de plenos de la Diputación) situada en el edificio de la Plaza de la Marina, que fue inaugurada hace siete años. Igualmente la Universidad se sumó a este reconocimiento dándole a su Aulario VI de la UMA el nombre de Isabel Oyarzábal, en la Facultad de Ciencias de la Comunicación.

En Málaga se gestó asimismo la publicación de su autobiografía, cuya primera parte nos da cuenta de su niñez cursando sus estudios en el colegio de la Asunción, de sus viajes a Gran Bretaña, de su noviazgo con Ceferino Palencia, de su dedicación al teatro, de sus comienzos en el periodismo, de su militancia en el feminismo, de su paso por Suecia como embajadora plenipotenciaria y finalmente del viaje a México acompañada de su familia. En la segunda parte de sus memorias se detallará su estancia en México hasta la década de los 70 en que Isabel Oyarzábal falleció y cuyos restos reposan en el Panteón de España, tras treinta y cuatro años de exilio.

Una curiosa circunstancia hizo que en marzo de 2007 mi colega Enrique Girón y yo visitásemos una exposición con el título de La mirada recuperada, memoria de mujeres malagueñas organizada por el Ayuntamiento de la ciudad. El comisario de la exposición, Víctor M. Heredia, nos fue enseñando cada una de las secciones de la muestra en la que se podían ver  las semblanzas de malagueñas que en su día habían conseguido superar convencionalismos y abierto camino a las generaciones futuras, constituyendo su trayectoria vital un esclarecedor testimonio de superación frente a las limitaciones y convencionalismos impuestos por la sociedad de entonces. Entre ellas figuraban María Zambrano y Victoria Kent, tal vez con Oyarzábal el trío femenino de más interés en el siglo XX. En la exposición mencionada pudimos hojear un libro que llevaba por título I Must Have Liberty de una tal Isabel de Palencia. El hecho de que estuviera escrito en inglés llamó poderosamente nuestra atención de traductores, así que, pasado algún tiempo, mi colega Enrique Girón y yo acabamos traduciendo al español sus dos libros de memorias y la biografía que le dedicó a su gran amiga Alejandra de Kollontai.

El Concierto sinfónico de la casualidad

 

Por MANUEL SÁNCHEZ VICIOSO


Este pasado verano, mi compañera y yo, vivimos la suerte de asistir a un concierto sinfónico en el auditorio Edgar Neville de la Diputación Provincial, a menos de dos kilómetros de la casa, gracias a la información que nos facilitó Fali R. Madrid, amigo y presidente de la Asociación de Amigos del Museo Málaga, al que estamos agradecidos.

El concierto lo organizó la nueva Academia Orquestal de Málaga que es una organización apoyada por de la Fundación Musical de Málaga.

La Academia Musical de Málaga está compuesto por once profesores de ambos sexos de los conservatorios de música de Málaga y la provincia, cuyo “objetivo es la formación de los jóvenes estudiantes de música en el repertorio orquestal sinfónico” Está apoyada por la Fundación de Música de Málaga.

Dicha fundación que “Creada en el año 2006 por un grupo de patronos amantes de la música clásica entre los que figura en Ayuntamiento de Málaga, Galería Benedito, Ielco Construcciones y Grupo Mayoral y el Grupo Vera. La Fundación Musical de Málaga trabaja para apoyar la música clásica, promover actuaciones, ayudar a agrupaciones musicales, crear nuevas orquestas, dotar de material necesario para el aprendizaje, organizar ciclos formativos y conciertos, apoyar a los jóvenes solistas con una beca anual de 30.000€ para el mejor expediente académico del Conservatorio Superior de Música y difundir la música clásica

Dicho lo cual, para situarnos: Decidimos tomar el autobús para acercarnos al Auditorio y evitar pasar calor de haber ido andando y llegar a tiempo. Tanto el 15 como el 7 se nos fue por la cara cuando esperábamos que se nos abriera un semáforo, así que estábamos en la marquesina de la parada cuando vimos una funda que parecía de una sombrilla de playa. Conchi la examinó y dijo “Mira es un trípode”. Al momento paró un coche a nuestra altura y una señora nos dijo que venía a buscar el trípode, que también era un atril, que se lo había dejado su hija que iba a tocar en el concierto al que nosotros pretendíamos ir.

Pusimos el trípode en el asiento de acompañante del coche y antes de que Susana, la madre de la joven clarinetista, que se lo había dejado en un asiento de la primera parada en la Avda. Sor Teresa Prat en dirección al poniente, le pregunté, de manera retórica, si iba al concierto y dijo que sí, entonces le propuse que si nos podía llevar y Susana accedió. Tuvimos la suerte de poder aparcar cerca y aceleramos el paso para llegar y poder tener asiento, pues no teníamos entradas y el concierto era público y gratuito hasta completar aforo.

Llegamos justo para coger las dos entradas y ocupar dos plazas en la penúltima fila y escorado a la izquierda de la orquesta.

El programa del concierto era:

Obertura “Romero y Julieta” de P.I. Tchaikovsky

Concierto para violín y orquesta Op.35 en Re m, de P.I Tchaikovsky

El solista, Jesús Reina

Directora, María del Mar Muñoz Varo

A poco de la hora prevista empezó el concierto con un lleno total y apagadas las luces, pero no todos los móviles, pues alguno sonó durante el concierto, comenzó la orquesta a hacer de las suyas después de una ovación y a las órdenes de la batuta de María del Mar. La orquesta para la primera pieza estaba compuesta por unos sesenta músicos que llenaban el escenario, con su elegante indumentaria de negro y mucha juventud, pues la edad media estimo que andaría por menos de los treinta años.

Puedo y debo decir que me emocioné hasta ponérseme la piel de gallina y mis ojos evacuar algunas lágrimas de emoción. En momentos determinados de las dos piezas. Debo destacar que la actuación del solista al violín Jesús Reina el que nos regalara un bis al final que puso en pie a muchos asistentes.

Nos llamó la atención que hubiera asientos reservados en el centro del auditorio y nos informaron de que eran para los profesores miembros de la academia, pero luego pudimos ver cómo había otros asientos en sitios privilegiados también reservados sin justificación aparente que en los tiempos que corren viene a ser un privilegio insostenible.

El periodista como testigo en la fila cero de la historia

 

                                Nativel Preciado inaugura el curso 2018-2019 del Ateneo

Por ADA VALERO

El pasado 5 de octubre el Ateneo contó para la inauguración del nuevo curso con el amadrinamiento de la periodista y escritora Nativel Preciado. Flanqueada en la mesa por la presidenta, Victoria Abón, por la vocal de feminismo, Cristina Consuegra, y por el director del CAL, Juan José Téllez, Nativel Preciado conversó sobre el papel del periodista en la transmisión de la Historia, evocó el tiempo frágil y efervescente de la transición española y reflexionó sobre la oportunidad de la Constitución y su vigencia en la actualidad.

Victoria Abón destacó en la presentación su rigor profesional y su independencia como testigo del pasado y del presente, exactamente como lo que quiso ser: no protagonista de la Historia, como tantos periodistas que pueblan hoy en día las tertulias, sino testigo de cerca, desde esa fila cero que concede el periodismo, desde la impaciencia de su juventud, que la llevaba todos los días al Congreso y le permitió conocer a todos los implicados en el traspaso de la dictadura a la democracia, en el diseño de esa transición tan cuestionada por las nuevas generaciones, pero que obedecía al mandato ciudadano, y en la elaboración de una Constitución que persiguió con enorme esfuerzo el consenso para sostener la fragilidad del momento, amenazado por la violencia del terrorismo y del extremismo de ultraderecha o por la omnipotencia de los poderes fácticos, por el ruido de sables: años siempre al borde de la ruptura y del regreso a las dos Españas y que solo se salvaron gracias a la renuncia de los partidos a sus intereses sectarios.

Recordó Nativel Preciado la impaciencia que asaltó a muchos en el proceso hacia la democracia (también a ella, que consideraba caducos a muchos de los implicados), la necesidad desbordante de conquistar la libertad, de dejar atrás esa arbitrariedad que traen consigo las dictaduras: poder leer a Miguel Hernández, no tener que atravesar la frontera para ver una película en Perpignan, coger al fin el testigo de los corresponsales extranjeros que sirvieron de altavoz de los cambios y vencer la mordaza de la censura, haciendo uso de la libertad de expresión, tan necesaria para el ejercicio del periodismo, que también vivió su propio proceso de transición.

 

De la evocación, pasó a hablar del momento actual, del desencanto, comprensible si se tiene en cuenta que todo lo que en la transición y en la elaboración de la Carta Magna quedó sin hacer, debería haberse completado en los años inmediatamente siguientes, cuando la democracia se asentaba. Esa oportunidad se dejó pasar, por eso es la periodista partidaria de una reforma de la Constitución ̶ que cuente con la contribución igualitaria de las mujeres ̶ , que esté a la altura de los tiempos y que detenga el retroceso en materia de libertades que se observa en la actualidad. Concedió Nativel Preciado que también hace 40 años hubo desencanto, porque muchos esperaban que se produjera una gran explosión de libertades, pero se trataba entonces de un desencanto más estético, porque la democracia es, en realidad, “muy poco épica”; el desencanto actual tiene que ver con unos partidos que, parafraseando a Albert Rivera, “parecen comités electorales” y con unos políticos que solo comparó con los de la transición en cuanto a su posicionamiento a la altura de las circunstancias históricas y esas, hace 40 años, eran más elevadas que las actuales: entonces era, de alguna manera, más fácil: había un objetivo contra el que se unían todos; hoy, la globalización ha ampliado y dispersado los poderes: no sabemos contra quién disparar ̶ añadió.

Del papel del periodismo actual alabó la independencia de los medios digitales y lamentó la regresión en materia de libertad de expresión en las líneas editoriales o el papel de los periodistas que se erigen en protagonistas de la actualidad, en lugar de limitarse a la labor de contarle el presente a la ciudadanía.

Y advirtió: es necesario defender los derechos que tanto costó conquistar.

Audio-relato: Fredric Brown, la fantasía desmesurada

 

Por VICKY MOLINA Y PEDRO FERNÁN

¿Qué se puede decir de este genio y efervescente creador? Además de conocer algunos de sus datos biográficos, desde el Blog del Ateneo de Málaga tendrás la oportunidad de escuchar un audio-relato fragmentado de su texto ¡No mires atrás! a través de la inquietante interpretación de Pedro Fernán, Catedrático de la Escuela de Arte Dramático de Málaga.

Volviendo a Fredric Brown, tendremos que empezar por su primer contacto con el mundo de aquí, con el planeta Tierra: Nació en Cincinnati Ohio, Estados Unidos, el 29 de octubre de 1906. Fue mucho tiempo corrector de pruebas de imprenta. En 1936, Brown empezó a escribir para los pulps, las famosas y baratas revistas de narrativa popular que acogía géneros como la ciencia ficción, el relato policial de detectives o las historias de vaqueros. Jugador de póquer y bebedor, es sin duda hoy reconocido como escritor de culto de ciencia ficción y misterio. Lewis Carroll le inspiró profundamente, hasta el punto que en 1950, Brown publicó Night of the Jabberwock (La noche a través del espejo), considerada su obra maestra dentro del género negro, inspirada en “Alicia a través del Espejo”.

Sus cuentos se caracterizan por contener unas buenas dosis de humor y unos finales que no dejan ni mucho menos indiferentes. Es uno de los escritores más originales y osados a la hora de experimentar en la búsqueda de nuevas formas narrativas en ficción. En 1948 ganó el Premio Edgar Allan Poe a la mejor obra de narrativa criminal con su primera novela policíaca, “The Fabulois Clipjoint”, (La trampa fabulosa, también conocida como El fabuloso cabaret).

También cabe destacar que su cuento “Arena” (1944) fue seleccionado por sus compañeros como una de las 20 mejores historias de ciencia ficción jamás escritas y fue adaptado con el mismo título para un capítulo de Star Trek. Siempre estuvo mejor considerado por sus compañeros de profesión que por el público en general. Muchas traducciones no permiten apreciar en toda su magnitud la gran destreza del escritor. Su imaginación portentosa y su dominio del idioma son factores que sitúan a Brown a la altura de Bierce o Salinger como autor de relatos breves y hacen de él una figura única en el campo de la ciencia ficción.

Y después de este breve pero intenso acercamiento a la figura del Gran Brown, con un solo clic podrás adentrarte en el final de una de sus historias y recuerda… ¡No mires atrás!

Pincha el enlace y escucha el audio-relato ¡No mires atrás!

 

Cinefiliadas: “Call me by your name” o las emociones inaugurales

Por ADA VALERO

Frente a una chimenea, iluminado por las variaciones de las llamas, el rostro de Elio refleja en una larga escena las emociones provocadas por el final de su historia de amor con Oliver. En sus ojos asoman lágrimas que no acaban de brotar, sus labios ahogan suspiros, se muerden, se contraen y derivan lentamente hacia el dibujo de una sonrisa leve en el momento en que escucha su nombre llamándole a la mesa para la celebración de Janucá. Magnetismo sostenido en el desenlace de una película que araña, que conmueve, que se queda prendida en los ojos y en ese espacio innombrable de la conmoción que situamos a la altura del corazón, pero que en realidad abarca entrañas, terminaciones nerviosas, la columna vertebral donde se alojan las emociones inaugurales.

Todo está conjugado para que el espectador participe en cuerpo y alma de la historia que nos cuenta Call me by your name. Una villa rodeada de albercas en el verde veraniego del norte de Italia, en los años 80, habitada por una familia judía, cosmopolita, culta, tolerante. El padre, profesor de Arqueología, acoge cada verano a un estudiante de posgrado procedente de Estados Unidos para que colabore en sus quehaceres académicos. El hijo, Elio, de 17 años, es un muchacho introvertido, lector ávido, con talento musical (toca el piano, la guitarra), y la curiosa afición de transcribir en partituras la música que escucha con los auriculares de su walkman.  Desde la ventana de su habitación, Elio ve llegar a Oliver, el estudiante invitado, un joven que tiene las exactas proporciones para contrastar con el cuerpo aún aniñado del adolescente Elio. La cámara observa a Oliver como si adoptara la mirada de Elio: su hambre, su estatura atlética jugando al boleyball, su bailar alegre acompasado al flirteo con una chica del lugar, sus huidas. Curiosidad, atención, atracción, deseo, amor. Atravesamos con Elio el recorrido de sus sentimientos, compartimos su ansiedad en el momento de la confesión, algo brinca en nosotros cuando se revela la coincidencia; algo sabemos de ese júbilo de la pareja en el viaje de tres días a Bérgamo, que será la antesala de la despedida con el regreso de Oliver a Estados Unidos.

Hemos asistido a la fragua donde se macera el primer deseo, el que nos moldea para los sucesivos; hemos presenciado el primer dolor de la primera pérdida. Lo reconocemos, igual que lo ha reconocido el padre de Elio, quien en una emocionante conversación le expresa a su hijo su envidia y le exhorta a no ahogar la pena: Damos tanto de nosotros mismos para recuperarnos del dolor que a los treinta estamos exhaustos. Con el corazón agotado, cada vez somos menos generosos cuando volvemos a empezar con otra persona.

Ahogar el dolor es perder la alegría de lo vivido. Nos lo enseña Elio frente al fuego de la chimenea, en esa oscilación de gestos que atraviesan su rostro desde las lágrimas a la sonrisa.

Call me by your name, le propuso Oliver a Elio y yo recuerdo los versos de la Noche oscura del alma, donde esta en su unión con Dios siente que es la amada en el amado transformada. La idea de la película es que la otra persona te haga bella, te ilumine, te eleve, afirmó su director, Luca Guadagnino.

Música, fotografía, interpretación, ambientación, todo arrastra al espectador hacia esa villa italiana donde despierta el deseo con su equipaje de ansiedad, de placer, de belleza, de inauguración vital.

En su estreno en el Festival de Cine de Sundance, recibió la ovación del público puesto en pie. Me dicen que la novela, de André Aciman, supera la película. Habrá que buscarla.

FICCION POWER: Una mata de salvia

 

Por MARÍA VICTORIA PÉREZ

 

El guía moro nos condujo hasta el cementerio.

Vamos paseando por entre las tumbas. Todas iguales, sencillas, sin flores y muy juntas. Enlazadas unas con otras formando dameros. Nos detenemos frente a una de ellas. El guía nos traduce la inscripción de la lápida, tan sencilla que al contemplarla me siento desolada y también decepcionada.

“Esta es la tumba de Mohamed Chukri”. En silencio, la rodeamos.

Repaso con la mirada los bordes de hierro de la tumba, envueltos en el óxido del olvido y el abandono. Siento en mis huesos la amarga soledad de sus huesos, bajo ese infame manto de hierbas secas y tierra inerte que lo cubre. Miro a mi alrededor con rabia. Es injusto – digo entre dientes. No sé si me han oído, puesto que el guía continúa recitando su lección bien aprendida y hace como si nada, y repite una vez más su relato, que yo no escucho, porque en esos momentos solo atiendo a mis resentidos pensamientos.

No fue un personaje notable, dado sus orígenes,  pero quien haya leído sus libros no podrá olvidarlos jamás. El relato, exento de hipocresía y proclive a la inmoralidad, no deja indiferente a nadie, sobre todo proviniendo de un musulmán”… -apunta el guía con una sonrisita sardónica.

Rodean la tumba varios jóvenes que nos observan y parecen esperar algo de nosotros. Seguramente dinero. Pero ya han cobrado. Recibieron el encargo de adornar la tumba. Una sencilla mata de salvia. Eso es todo. No hay flores, ni velas… nada. En esta cultura todo es austero -me digo sin atreverme a dejar allí un pequeño ramo de margaritas que llevaba oculta en el capazo. Dado el silencio reinante y viendo que mucha gente nos observa, no me atrevo a preguntar y dejo las flores en su sitio.

Me pregunto si Chukri era un musulmán creyente o sólo lo era por haber nacido en esa cultura. Sinceramente, creo que lo segundo. Su afición al alcohol, sus amistades occidentales y su vida completamente díscola me dicen que su alma volaba libre de prejuicios y remilgos. El tuvo el valor de hacerse a  sí mismo y escribía del mismo modo. En su obra cumbre: EL PAN DESNUDO,  utiliza un lenguaje sencillo, cercano al lector y nos sumerge en un mundo que nos recuerda tiempos pasados de nuestra propia historia. Pueblos olvidados, vidas miserables y abyectas, hundidas en la incultura y el analfabetismo. Sus escritos autobiográficos son descarnados y hasta crueles en el relato. El lector se sumerge en esas vidas y llega a comprender que todo lo que hacen (incluida la transgresión) es para sobrevivir. El instinto que se superpone a lo establecido…

Alguien de mi grupo pronuncia unas palabras de recuerdo y admiración hacia Chukri, los demás escuchamos en silencio. Con respeto. Cada uno reflexiona y se abandona a sus sentimientos. Mientras tanto, los jóvenes tangerinos que vigilan la tumba, siguen ahí impertérritos, observándonos. Sigo pensando que esperan recibir más dinero.

Contemplamos el paisaje que nos rodea y sacamos fotografías. Varias mujeres vestidas de negro nos miran con curiosidad. Ellas, guardianas de sus muertos, vigilan para que las tumbas estén limpias de malas hierbas. Un pastor pasea a su cabra por los alrededores y no nos quita ojo mientras el animal se alimenta de las plantas de salvia que crecen sobre los túmulos.


Ya va cayendo la tarde y decidimos dar por terminada la visita al cementerio. Nos despedimos de los restos mortales del escritor. Pero su obra no. Se va con nosotros.

 

Moreno Villa: UN MALAGUEÑO EN NUEVA YORK-II Parte

Por ANDRÉS ARENAS

Hay un aspecto de su estancia en Nueva York que no le va a pasar desapercibido durante el tiempo que permanecerá en la gran urbe  y es la importancia excesiva del dinero en una sociedad como la americana. La causa principal del rechazo del padre es que el escritor, a pesar del informe de Mr. Fitt, no dispone de fortuna ni dispondrá de ella en el futuro. Esto parece ser norma sagrada para Mr Loucheim. Así lo testimonia Moreno Villa al escribir que «Todo aquí es negocio». Su libro Pruebas de Nueva York  es una manera de devolverle el golpe a su nefasto suegro quien antepone la riqueza material a cualquier otra cosa. JMV por el contrario hace gala de su señorío frente al materialismo que le rodea:

Yo siento el señorío de una manera más compleja que el hombre neoyorquino. Éste quiere tenerlo sobre los dólares, y yo, sobre mi sueño, sobre mi mujer, sobre mis pensamientos, sobre mis horas, sobre mi vida total. Montado en un concepto viejo, si se quiere; montado en una ilusión vana, yo soy más señor que ese hortera de hoy, millonario de mañana… ¿Para qué los dólares, si a los cuarenta años estoy en la ruina que veo? Prefiero paladear la vida…prefiero ser hidalgo de migajas a ser ganapán desriñonado y con oro.

Tal vez el malagueño esté pensando en Quevedo y en su ‘Poderoso caballero’, pero no ofrece duda de que esas reflexiones le hacen sentir una superioridad moral  que se puede comprobar en los versos de Jacinta la pelirroja:  «Abre Jacinta los ojos a la creación/ las manos y todo tu ser./ Que se caigan y se pierdan los dólares./ Hay un dólar de más alta valía,/ el que no resbala de la bolsa de cuero;/ el que se acuña y sale nuevo cada mañana;». Una vez más, presente en su obra esa actitud pigmaleónica de iniciación que le llevará a titular ‘Jacinta es iniciada en la poesía’ la segunda parte de su obra poética más conocida. Nada de extrañar tiene, habida cuenta de la diferencia de edad entre Florence, alumna suya seguramente, y una especie de tutor artístico suyo que tiene casi cuarenta años. Ya en el viaje de vuelta recapitulará en estos términos analizando la relación que parece resumirse en aquello de ‘ni contigo ni sin ti’: «Me había hecho a la idea de una compañera, y guapa. A mi edad debería haber escogido una mujer sensata y un tanto madura. No lo hice y lo pagué…Siempre me he enamorado de locas, tontas y brutas…Ella fue un remolino en mi vida». Así se entiende lo de liarse la manta a la cabeza que es como él titula ese capítulo en su autobiografía.

Los padres de Florence recurrirán a la artimaña de imponer una separación de tres meses a la pareja, circunstancia que ya le obligará a MV a pensar en regresar a España y a esperar a nuevos acontecimientos. Entre otras razones porque se va acabando el permiso que le han concedido en su trabajo e igualmente porque sus recursos económicos se están agotando. Sería conveniente señalar otro aspecto en el que Moreno Villa insiste mucho y que tiene que ver con la actitud necesaria para poder sobrellevar la serie de desventuras que le están sobreviniendo en su estancia en EEUU y que él expresa con dos palabras inglesas:

good sport. Esta expresión inglesa de no fácil traducción es la elegancia que él reclama para sí mismo a la hora de afrontar el trato vejatorio que está recibiendo por parte de sus posibles suegros, en especial del padre.  El mismo Moreno Villa, que en ocasiones afirma que nunca llegó a dominar la lengua de Shakespeare, se aventura aquí con una traducción de la expresión mencionada antes. Así para definir la situación de caos reinante entre la familia Louchheim y él mismo, escribe en sus memorias: «Todos queríamos guardar una compostura de buen jugador». Más tarde, ya en el muelle donde se despiden los dos amantes, Moreno reflexiona sobre el tiempo pasado con Florence/Jacinta en EEUU resumiendo su actitud en estos términos:  «Había que sostenerse digno. Hacerse el crédulo. No ofender. ‘Ser buen jugador’, como ellos dicen. Y en el barco, abrazos y llanto porque algo moría, en efecto». También se refiere a todo esto en Pruebas de Nueva York desarrollando la idea que le parece estar presente en el alma estadounidense:

Yo quisiera que el lector recordase lo dicho en estas cartas sobre el sentimiento pedagógico del ‘good sport’, y lo relacionase ahora con el sentimiento de fracaso. Se comprende que existiendo aquel no puede existir éste. Si ser ‘good sport’ no fuese más que poner a mal tiempo buena cara, quedaría en la bolsa del alma el resentimiento. Pero como no se trata de un disfraz sino de una convicción arraigada, puede más que los reveses de la fortuna. Y ella trae consigo elasticidad de ánimo, capacidad de reacción.

TEN YEARS LATER

No es difícil imaginar el estado de ánimo del escritor en un viaje de vuelta a España que no tendrá un final feliz como en caso de la pareja Juan Ramón Jiménez y Zenobia de Camprubí. Esta vez regresará a Madrid, citando a Gerardo Diego, “recién soltero”. Las palabras que recogen el comportamiento de los Louchheim con él son bastante generosas, aunque se permite alguna perla como cuando describe al que podría haber sido su suegro como a un enorme besugo, de ojos saltones y sin idea alguna en la cabeza.  El viaje de regreso durará poco más de diez días y el barco atracará en Vigo. Su estancia en los Estados Unidos se prolonga casi dos meses, desde finales de febrero hasta finales de abril. Tiempo suficiente para comprender que la suya es una relación prácticamente imposible, y no dudará en denominar la relación como un remolino, que produjo alegrías y también sufrimiento.

Diez años más tarde, mientras JMV se encuentra en el Valencia de la Guerra Civil recibirá un encargo por parte del Gobierno de la nación. Se trata de un viaje de propaganda cultural para pronunciar una serie de conferencias, que en principio no implicaban un contenido político. Una duda le va asaltar y es el que esta partida podría ser definitiva. El temor no será infundado. Su avión saldrá el día 3 de febrero  en dirección a Barcelona, luego pasa por Burdeos, llegando enseguida a París. Desde la capital francesa se dirigirá a embarcarse en el trasatlántico ‘Île de France’.

Han transcurrido diez años desde la anterior travesía a América. Diez años sin verse con Florence que ya está casada y  se apellida Osborn,  nombre original de su marido, curiosamente también escritor. Hubo posibilidad de un nuevo encuentro en estos diez años de intervalo, pues la pareja de los Osborn pasarán por Madrid en 1930 e intentarán ver a JMV, sin éxito pues  las heridas estaban todavía recientes y el malagueño no desea remover viejos sufrimientos. Pero si a los tres años de su ruptura aún era demasiado pronto para volver a verse, ya a los diez la cosa cambió y sucumbirá a la tentación de volver a verla.  Así que tras pronunciar varias conferencias en centros educativos, se reunirá –tras escribirle una carta- con el hermano de Florence y con sus padres en Washington. Las cosas habían cambiado desde 1927 y ahora los Louchheim se mostraban mucho más amables al ver a JMV ya no como a un posible candidato a la mano de Florence (pues ya estaba casada), sino como un personaje con un cargo importante de en la Embajada española. En la citada reunión se enterará el español de que Florence estaba en México, curiosamente arreglando su divorcio. La ocasión parecía ideal pues Moreno Villa se encontrará  con un antiguo amigo mexicano, Genaro Estrada, que le propone trasladarse a vivir a México, siguiendo la estela de muchos de los exiliados que tuvieron que huir de la España franquista. El caso del malagueño será uno de los ejemplos más claros de integración en el nuevo país, así escribirá sobre arte, geografía y literatura del país azteca.

Una vez que MV ya conoce la ubicación de su antiguo amor el encuentro con Florence parece ser buscado, a pesar de que él insinúa que todo fue fruto de la casualidad. Así lo expresa en su autobiografía: «A mediados de junio, estando en Prendes con Genaro, distinguí a Jacinta cenando con un individuo…Me acerqué lentamente dominándome. Nos dimos  las manos con un apretón largo  y me senté con ella y su acompañante». Se reanuda entonces una relación que, a juzgar por el testimonio de MV, está más viva de lo que cabría esperar en un hombre ya de 50 años. Una vez terminada la comida, se traslada todo el grupo al hotel de Florence donde cantan y beben, con lo que la pasión de JMV parece avivarse.

El escritor malagueño nos da cumplida cuenta de los días pasados en Taxco, donde se desplazarán tras el encuentro en Ciudad de México. Allí relata la intensa vida social que lleva Florence: deporte, excursiones a caballo, tertulias, alcohol….y relaciones sexuales. Diez años después la ´flapper` americana sigue haciendo una vida parecida a la que llevaba en 1927 cuando se conocieron en Madrid. Seguro que JMV ya no siente celos con la misma intensidad que diez años antes en New Haven. La historia parece repetirse una vez más y esto provoca una sensación parecida a la que siente al embarcar de regreso a España: «Salí de Taxco sin sentir el corazón». En cualquier caso se cierra la posibilidad real de reanudar una relación que a Moreno Villa ya le coge con demasiada edad para nuevas aventuras amorosas y a Florence ya en proceso de divorcio de su primer marido. Sin embargo entre ellos dos quedará una amistad residual que se mantendrá hasta la década de los 50.

En el año 1939 se casarán tanto JMV como Florence. Él se casará con la viuda de Genaro Estrada que fue el artífice de su llegada a México. En Vida en claro nos relata de una forma conmovedora como su amigo agonizante le encarga que cuide de su familia, petición que hace igualmente la madre de Consuelo, su futura esposa. Florence se va a casar en segundas nupcias con un holandés Bastian Stol, cuyo apellido tomará, habida cuenta que su padre  le ha prohibido el uso del apellido familiar. A pesar de todo Mr. Louchheim le pasa una asignación mensual que le permitirá ejercer de marchante en el mundo del arte. Así se explica lo que JMV había escrito en el poema XII de la primera parte de Jacinta la pelirroja en donde queda de manifiesto la querencia de su amada por el dinero:  «Jacinta compra un Picasso a tres tonos:/ rosa, blanco y azul./ Me recibe brincando. Y me abraza:/  ̶¿No ves qué línea?  ̶dice./ ¿No ves qué fuerte y qué dulce?/ Y Jacinta besa la mano./ La mano que dio los dineros./ Dinero por arte». De hecho a su sobrina Mary le legará dos Mirós.

En la década de los años ’50 Florence  compra una casa antigua en Vernon (Vermont) con animales de granja, allí se carteará con JMV. Se conservan dos de ellas en el Archivo del autor en la Residencia de estudiantes. Por su interés reproducimos aquí fragmentos de las dos últimas cartas que se conservan de Florence a JMV, tomadas del archivo del escritor en la Residencia de Estudiantes de Madrid. En la primera (11 abril de 1951) la americana explica sus razones para radicarse en esa casa: «Tengo aquí en Vermont mi casa de campaña donde puedo vivir cuando la vida y los ruidos de Nueva York me den demasiado miedo… N.Y. ha mucho cambiado y hoy es la gran capital cultural del mundo con gente de donde quiera». Su dedicación al mundo del arte queda patente en el final de la carta: «A Nueva York hubo hace una semana chez Pierre Matisse una exposición hermosíssima de las pinturas y esculturas de Miró, uno de mis predilectos». Queda claro que Florence ha olvidado el español, ahora que ya no tiene un profesor particular como en 1927. La siguiente carta está fechada el 18 de mayo, seguramente del mismo año que la anterior y en ella le contesta a las preguntas del malagueño sobre su apariencia física actual: «Sobre qué aspecto tengo, creo que más o menos lo mismo. Las mismas medidas, el mismo color. Aunque tengo un toque gris en el pelo no parece gris, sino que la mezcla me da un color rubio más claro». En esta carta se trata de un asunto que pudo tener su importancia en la relación de los antiguos enamorados. Florence deja caer que la redacción de VenC  pudo haber liquidado la relación entre ellos dos, igualmente sugieren Neira y Ballesteros y esto es una hipótesis plausible a tenor de sus palabras:

Sabes que eras siempre un poco malicioso, y tus juicios sobre la gente eran a menudo muy subjetivos, lo que probablemente explique todas las cosas malas que dices dijiste sobre mí en tu autobiografía. ¿Cuándo me enviarás un ejemplar?

Cabe suponer que si en verdad le mandó a ella la autobiografía seguro que no le hizo mucha gracia, pues el papel que allí se le asigna no es como para estar orgullosa. Por otro lado la idea del ‘good sport’ debería haberle hecho a ella entender que la deportividad para encajar las situaciones adversas de la que tanto alardeaban empieza por uno mismo. Muchas de las piezas de este rompecabezas que empezó con la relación inicial entre JMV y Florence Louchheim se pudieron encajar gracias a la investigación del profesor Maurer. En ella logró localizar a Mary, sobrina de Florence, quien al parecer no le habló apenas de su novio español. Jacinta murió el 11 de junio de 1967 como consecuencia de un cáncer en un hospital de Vermont. Doce años antes murió José Moreno Villa en Ciudad de México, quien en 1952 menciona en un poema a Florence: «Topé contigo una noche fría. Eras caliente y acerba. Del brazo nos fuimos./ (…) Me equivoqué y nos fuimos lejos, lejos. A pasear por aceras que soportan un centenar de pisos./ Y allí luchamos con nuestros destinos adversos./ (…) Pero el error fue mío. La equivocación sólo mía./  (…) La equivocación me fue favorable. La prueba está en que te mando un abrazo después de un cuarto de siglo». Lo que cual deja en claro que la relación de Florence y de Pepe fue, por lo menos para el español, una experiencia que marcó su vida, y que hubo un antes y un después. En su libro Carambas  (1931) introduce JMV unas palabras que podría ser el colofón de esta fascinante historia de amor, pues tal vez esté pensando en Jacinta cuando las escribe: «Fíjate que depende de ti la vía láctea/ y que nada está suelto en esta carambólica vida”.