¿Quién es Juan? (La formación del docente II)

-Si tienes que enseñar matemáticas a Juan… ¿qué debes saber primero?
-Matemáticas –respondieron los alumnos de Magisterio a la pregunta de su profesor.
-No –corrigió el profesor-, lo primero que debéis saber es quién es Juan.

De nada vale al maestro de primaria o al profesor de secundaria saber muchas matemáticas si no sabe enseñarlas a sus alumnos. Tampoco son útiles las teorías didácticas si no conoce primero a quien tiene que aprender, cuáles son sus intereses por el conocimiento, en qué condiciones puede estudiar en casa, cuál es su nivel de atención, en qué entorno cultural y social se desenvuelve…
Después del último informe PISA vino el informe Mackinsey, menos sensacionalista desde el punto de vista periodístico, pero con un análisis más exhaustivo de los resultados. En él encontramos datos valiosísimos respecto a los diez países más valorados. Todos ellos, Finlandia a la cabeza, coinciden en la gran profesionalización del profesorado como principal fundamento del éxito. En estos países, además de necesitar la máxima calificación para acceder a las diferentes especialidades docentes, la exigencia pedagógica en la formación inicial de la carrera es altísima.
Los tiempos cambian y con ellos, todas las profesiones se ponen al día en técnicas de trabajo y utilización de nuevos materiales. ¿Por qué los docentes somos tan reacios a los cambios? ¿Por qué un sector muy significativo sigue enseñando como hace décadas? Las estrategias metodológicas brillan por su ausencia, la evaluación ha sido y es poco estimulante para despertar el interés por la actividad escolar. La mayoría del profesorado de nuestro país continúa imitando las formas en que se educaron, obviando el cambio producido en la sociedad.
La fábula del árbol que tantas veces escuché a mi amigo y pedagogo Miguel Ángel Santos, ilustra estas reflexiones: se trataba de que todos los animalitos del lugar consiguieran el mismo objetivo: ubicarse en las ramas de un árbol cercano. El mono lo tuvo fácil: con dos saltos eligió la parte más alta. El pájaro también lo consiguió con prontitud. El perro, con gran dificultad, pudo encaramarse a una baja rama. La tortuga lo veía ilusorio. El pez… ¡Ay el pez! ¿Quién le ayudaría a subir al árbol? Viéndolo imposible, desistió al ver que otros, como la tortuga, fracasaron en el intento. El objetivo era inalcanzable para muchos; el tiempo de ejecución, muy diferente para otros… En fin, el planteamiento inicial era claramente erróneo por exigir a todos lo mismo. ¿No es eso lo que hacemos con los exámenes en las enseñanzas obligatorias sin tener en cuenta la heterogeneidad?
En el inicio del curso escolar sería muy saludable una reflexión de todos los agentes sociales que intervienen en la educación para que el sistema educativo sea un eficaz instrumento de cohesión social. La formación pedagógica inicial y permanente del docente, la clave.

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