A Pedro, alcalde perpetuo y escritor, por Juan López Cohard

Publicado en el diario El Mundo el 26/09/2014

pedro aparicio

Pedro Aparicio en una imagen de archivo.

Las 10 y 52 de la mañana de este último jueves de septiembre. Suena mi móvil y descuelgo:

-Hola, Pedro ¿Cómo estás?

Hola, mi niño. Tengo una llamada tuya perdida.

Sí, Pedro. Te llamé para saber si vienes hoy a la tertulia.

¡Ay, mi niño, discúlpame con todos porque, con estos calores, cuando salgo del gimnasio a la una, tomo algo y me echo una siesta hasta las cinco de la tarde. Es solo en verano, cuando no haga calor me incorporaré a la tertulia.    

-Vale, Pedro, nos veremos la semana que viene.

-Adiós, mi niño.

Fui el último de los amigos de la tertulia que habló con él. Nuestro querido y admirado Pedro Aparicio, “alcalde perpetuo de Málaga”, como le calificó el maestro Alcántara, murió sin salir del gimnasio. Una hora después recibí la noticia con tanto dolor como incredulidad.

Málaga recuerda a Pedro Aparicio como el primer alcalde de la democracia. Un alcalde que tuvo la sensibilidad de recuperar el Teatro Cervantes cuando estaba condenado a su desaparición, un alcalde que obtuvo para Málaga esa joya botánica que es La Concepción, un alcalde que promovió el mejor Plan General de Urbanismo que jamás tuvo la ciudad y que acabó con el anárquico urbanismo anterior. Un alcalde que atendió y adecuó las deficientes infraestructuras de todos y cada uno de los barrios de Málaga, entre otras muchas actuaciones para la ciudad.

Pero Pedro Aparicio fue mucho más que un gran político, alcalde y eurodiputado. Doctor en Medicina y Periodista, fue profesor de la UMA y un gran escritor. Sus artículos son un ejemplo de la perfección estilística y, sobre todo, un extraordinario goce para el lector. Expresaba con verdadera maestría sus sentimientos. Así decía del Teatro Cervantes cuando, con su empeño, consiguió legarlo a la ciudad. “Un teatro es más que un lugar para la emoción; es la misma emoción”. O cuando hablaba de la política con esa distancia que solo sabe dar la sabiduría: “En cada ser humano hay un espacio anterior a la política en el que están la cortesía, el atardecer, la Sinfonía Pastoral o la ternura” ¡Qué bellas palabras! Y qué decir de su visión de la vida y las actitudes humanas: “Hoy sigo creyendo que la mayor ofensa posible es acusar a alguien de carecer de honor”.

En los escritos de Pedro Aparicio trasluce su grandísima humanidad. Hombre de honor, educado, ecuánime, prudente y sabio. Sin duda, como todo hombre, con sus luces y sus sombras, pero si unas y otras se pudiesen pesar, el platillo de las luces de la balanza de Pedro se inclinaría de tal manera que las sombras se difuminarían.

Se nos ha ido un gran político, un gran alcalde, un gran escritor, pero sobre todo, se nos ha ido un gran hombre. Querido Pedro, allá donde estés, espéranos, porque estoy seguro de que volveremos a reanudar nuestra tertulia del Búho de Oro.

Juan López Cohard  

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