Acto de firma de convenio entre el Ateneo de Málaga y la RMM. Intervención de Diego Rodríguez Vargas, Presidente del Ateneo de Málaga

Sr. Alcalde de Málaga, D. Francisco de la Torre. Sr. Presidente de la RMM, Mohamed Sefiani, hospitalario e inteligente alcalde de Xauen. Sr. Abdeslam Damound, Secretario General de la RMM, hombre clave y  determinante en las buenas relaciones que siempre tuvimos en el desarrollo de los programas de cooperación.

Salam Alikum a todas las autoridades marroquíes al acto de firma del convenio de colaboración de la RMM con el Ateneo.

En esta semana un nuevo ciclo empieza en el Ateneo, nuestro Ateneo, vuestro Ateneo. Un nuevo proyecto –decía- en el que la cultura puede y debe ser un instrumento en la defensa del patrimonio, los derechos humanos, la democracia, la cultura de la diversidad y la cooperación.  Un compromiso ético con nuestro tiempo, con nuestra ciudad, con nuestro país, con la cooperación, con el que  la Junta directiva del Ateneo de Málaga, con 35 vocalías, está  dispuesta a trabajar altruistamente por ofrecer a la ciudad un programa interesante de diversificación cultural. La conservación del patrimonio histórico, industrial y artístico de Málaga y, desde hoy, las medinas del Mediterráneo, serán objeto de nuestras actividades.

Hace mil años, a una de estas medinas, el poeta judío Solomón Ibn Gabirol la llamó ciudad del paraíso y estaba rodeada por una muralla con sesenta y cuatro torres y cinco puertas: Era Malaqa, Medina de la Cora de Radjja, la ciudad a la que el poeta Abul Hachag saludaba diciendo: “Salud ¡oh Málaga! Cuán buenos higos produces. Por ellos vienen a ti las naves…” Y es que los higos, almendras, uvas, sedas, algodón, azúcar, aceite, azafrán, artesanías…, se exportaban a África y Asia, convirtiendo a Málaga en una próspera ciudad mediterránea. El comercio de la seda en la Alcaicería, las joyas en la Judería, la cerámica, el aroma de las especias y perfumes… hacían de la medina malagueña una colorista ciudad llena de vida como la de cualquier Medina de la Red Mediterránea. Los recitales poéticos eran una mezcla de romance, árabe y hebreo, prueba de la convivencia en el respeto a la diversidad de creencias en aquel mítico Al Ándalus.

Escritores, médicos, juristas e historiadores, poetas y filósofos –como Avicebrón-, llegaron a ser conocidos en todo el mundo islámico. Aben Said, viviendo en Egipto, escribió un poema titulado “A Malaqa mi corazón no olvida”.

Otro poeta la llamaba “tierra del paraíso, margarita del medio, estrella polar, corona de la luna, tesoro escondido, trono de un reino antiguo, frente de mujer seductora no cubierta con velo, ciudad de la salud donde empieza la salvación por ser la hermosura del Islam…”

Malaqa fue una importante ciudad del Califato de Córdoba. Después fue capital de la taifa hamudí y al final de su etapa musulmana, provincia del reino nazarí de Granada. La Alcazaba, la puerta de Atarazanas, la muralla y el trazado de las estrechas y sinuosas calles que aún permanecen, son huellas de la medina de Malaqa, como también lo son el legado literario y científico que nos dejaron.

Mil años después de aquel esplendor cultural, Málaga crece no solo urbanísticamente. La industria cultural emplea a 9.200 personas y la oferta museística es de unas de las mejores de España. El Ateneo, con 8.000 vistas en el mes de octubre, es un referente de la participación ciudadana y del compromiso crítico de la cultura.

En el mes de febrero de 2013, el Ateneo participó en el II Foro de la RED  DE MEDINAS AMURALLADAS DEL MEDITERRÁNEO en la ciudad de Tetuán. Acepté la invitación del Presidente Mohamed Sefiani para  sumarnos a la defensa del Patrimonio histórico y artístico siguiendo las directrices de la conferencia de Jefes de Estado en Río de Janeiro, en junio de 2012: “El futuro que deseamos”, en la que 140 países se comprometieron a la preservación del medio ambiente y del patrimonio histórico.

Finalmente, expreso mi reconocimiento a quienes dirigís y trabajáis por la recuperación y conservación de las Medinas del Mediterráneo, un legado histórico de un modelo de convivencia en el que el urbanismo está al servicio de los valores de la familia y de las relaciones humanas. Nunca al servicio de la corrupción y la especulación como la que se produjo en nuestra Costa del Sol en el desarrollismo de los años sesenta, en la burbuja del ladrillo de los últimos años y que ahora podría amenazar el proceso emergente de Marruecos con el peligro de que vuestro patrimonio natural y artístico sea agredido o destruido.

Son la política como cultura de servicio al pueblo, y la educación los instrumentos que pueden hacer que el patrimonio histórico y natural se conserven y se valoren como un legado que hay que amar y proteger para beneficio del pueblo y no de intereses especulativos.

Muchas gracias.

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