Aproximación a la narrativa de Guillermo Busutil por Morales Lomas

Ya conocía suficientemente la narrativa de Busutil al que había incorporado en mi obra Narrativa española contemporánea, donde consideraba que su narrativa es suelta, plástica y torrencial, con un especial cuidado por el significante hasta el punto de que es el resultado de una percepción significativa sobre la trascendencia del lenguaje bien dicho como fuente de placer literario. De hecho afirmaba que ese lenguaje que con tanto acierto es “mestizo, minimalista, directo, contaminado por lo poético y lo ensayístico, posiblemente porque soy heredero del periodismo americano literario de la escuela de Tom Wolfe”. Pero sus mundos también son amplios, complejos, urbanos, generosos y actuales, penetrados de la modernidad y atentos a sus conformaciones. Una actualidad a la que nunca fue ajeno por su especial condición de periodista atento y significado.
Pero junto a ello su obra traduce un profundo conocimiento de la técnica narrativa cuentística de la que es uno de los principales cultivadores en el momento actual junto a escritores como Care Santos, Juan Bonilla, Hipólito G. Navarro… Decía este escritor granadino afincado en Málaga, que en el relato “si no atrapas y llevas sin respiración al lector hasta el final, no funciona”, y agrega que el escritor de este subgénero en el que se ha especializado es como el corredor de los mil quinientos metros: “Los entrenadores nos decían que había que salir fuerte, mantener el ritmo y esprintar en la última curva, y eso es el relato”. Y Busutil aspira a expresar esa visión atlética del escritor en sus relatos, dotados de intensidad y recorrido ajustado y preciso, tanto en la organización estructural, de la que es bastante amante, como de la significación en el plano del significante. Al respecto decía:
“El cuento es un golpe de mano, basado en el reverso de la realidad o en la imaginación de lo probable, que expresa pequeñas ráfagas de vida, misterios de un instante e intensas cápsulas de tiempo para disfrutar a contratiempo. Y aunque todavía, muchos editores y críticos lo consideren un ejercicio de iniciación o el hermano pequeño de la novela, el cuento es un género autónomo, rico en estilos y adecuado para lectores que, al igual que el resto de las personas están atrapados por la actual existencia express”.
Sobre su percepción narrativa y la función del lector en su obra advertía que “busca un lector inteligente”. Y cuando esto refería, sin duda que se alejaba de un tipo de lector actual que sólo busca en la literatura pasar un rato entretenido. No es ajeno al entretenimiento, evidentemente pero es más exigente con su lector: “Hoy predomina el lector kleenex; que busca ocupar un tiempo muerto o entretenerse. Pero la lectura es un diálogo entre el que escribe y el que lee. El escritor ejerce su condición de ciudadano a través de la literatura. A mí me interesa la literatura que dispara a la realidad que nos rodea, y eso exige un lector que sea activo, cómplice”, decía en unas declaraciones al diario El País, el nueve de abril de 2003.
Ha publicado hasta el momento varios libros de relatos: Los laberintos invisibles (1986), Confesiones de un criminal (1988), Individuos S. A. (1999), Marrón Glacé (1999), Drugstore (2003), Nada sabe tan dulce como la boca del verano (2005), Moleskine (2009) (antología de relatos) y Vidas prometidas (2011), que en el momento que escribimos estas líneas no se ha presentado aún.
Los nueve cuentos de Individuos S.A. se desarrollan en Viviana (Málaga), una ciudad ficticia, pero muy real, en la que presenta temas como el intrusismo, la violencia, la avaricia, el fraude… En su mayoría son relatos policíacos y costumbristas en los que las crónicas de seres que viven situaciones trágicas o esperpénticas son manifiestos, seres sometidos a una realidad que los aprisiona.
Según Eduardo Moga “la prosa de Busutil es suelta, plástica y levemente torrencial. Abundan las metáforas, aunque a veces se regateen a sí mismas (“la erección del índice ahorcando el gatillo”). El bagaje retórico ­en el que destaca el uso certero de la hipálage­ es lo suficientemente amplio como para que la lectura no resulte monótona. (…) La principal objeción que cabe hacer a Individuos, S.A. no es estilística, sino estructural: con frecuencia, el narrador narra demasiado”. Esto que puede resultar para críticos como Moga una realidad que desmerece el relato puede considerarse en sentido contrario como un valor en sí mismo, porque todo dependerá de la perspectiva que se quiera adoptar.
Sus relatos son, en cierto modo, un compromiso con la sociedad que le ha tocado vivir, una sociedad en la que la publicidad organiza sus conquistas y ejerce su voluntad así como los medios de comunicación y el consumo; una sociedad en la que la ambición y el materialismo son una sustancia en la que viven y se desbrozan los personajes. Claramente influido por el cine negro y la narrativa de corte policíaco, amén de la observación intelectual de la realidad.
Comienza Individuos S.A. con “Manos de plata”, una historia de psicologías antitéticas en principio que acaban pareciéndose, un proceso de desdoblaje y acercamiento, porque el chorizo Matías Vandelvira, “Manos de Plata”, no tiene nada que ver con el inspector Gonzalo Tizón “El Guapo”. Sin embargo, ambos necesitan igual del dinero. En “El fotógrafo desarmado” quiere construir la metáfora de la imagen. “El puente del arquitecto” cuenta la visión de la ciudad futurible, un artista que partía del principio de que debía “envolver la obra en sus propios sueños y necesidades interiores”, un poeta de las formas. El mundo de las mafias organizadas y la perversión de una sociedad en la que sólo triunfa la deshonestidad y el valor de uso o cambio que pueda tener el ser humano surge con fuerza en su obra.
Entre esa gama abigarrada de personajes que se mueven en los bajos fondos y llegan sin escrúpulo a convertirse en símbolos de influencia y poder, encontramos uno nuevo en “El borrador de huellas”… Guillermo Busutil en su obra es fiel al título que le ha dado, pues su operatoria narrativa se sustenta en torno a la configuración de los mundos novelescos de sus personajes y sus respectivas sicologías. No hay historias en sentido clásico, es decir, con un argumento preciso, sino más bien recreaciones y literaturizaciones sobre espacios y realidades que son empleadas por el escritor granadino para recrearse en el sabor de la palabra, su proyección verbal y los abundantes recursos expresivos que posee sustentados básicamente en la simbiosis del mundo real de la palabra y el ficticio de las imágenes en aras de dotar al texto de una textura literaria, más que de una historia encerrada en sí misma.
Historias en las que emplea la primera o la tercera persona narrativa, persistentemente omnisciente, dominando con soltura sus personajes y sustentando siempre el superestrato ideológico de que la sociedad donde se desenvuelven estos está totalmente corrompida, adocenada y envuelta en la podredumbre, tomando el realismo como horma de sus obras aunque con tendencia a la simbolización metafórica.

Drugstore (2003) habita ese mismo ámbito de expresividad narrativa culta en la que el valor de la palabra y la imagen, así como la amplitud y precisión de sus descripciones, poseen tanta fuerza como su necesidad de conseguirlas. Busutil, muy amigo del imaginario en la literatura española, que podría seguir el manifiesto expresivo de escritores como Prada o Compán (y en el pasado un Proust conciso), es un trabajador de la lengua española, a la que procura sacarle los mayores resortes expresivos con todo tipo de imágenes, metáforas, desplazamientos semánticos, asociaciones inesperadas de todo tipo, etc. Su territorio es el lenguaje y la palabra a través de las que crea un estilo personal y propio que se caracteriza por el cuidado de la lengua. Algo que en un periodista es extraño, pues el día a día impone un ritmo lingüístico desaliñado que ya en su momento advirtió Azorín. En Busutil no sucede esto y la lengua española adquiere un gran valor literario. No se puede discutir la brillantez expresiva -de la que hace también gala en su periodismo preciosista-, que ha sido vista por algunos críticos como uno de sus principales valores aunque sus mundos son heterogéneos, dilatados y envolventes. Al respecto decía Antonio Garrido Moraga que “hay mucha cultura en estos cuentos, cultura que no dato pedante impostado para demostrar que el autor no tiene más que sequedad en la punta del teclado. La cultura es asimilación y eso permite los guiños y otro rasgo clave de este libro: la contraescritura”.
Hay varios elementos comunes a las veintiuna historias que conforman Drugstore. En primer lugar los personajes: en todas sus narraciones desarrolla la historia o la vida de uno de ellos -descrito con todo lujo de detalles- a partir de un enfoque claramente antirrealista al uso; sus prototipos aspiran a crearnos una imagen amplia y vigorosa en la que Busutil despliega todas sus capacidades asociativas y semánticas para embriagar al lector. Una historia y un/una protagonista concentrados. En una gran mayoría el “héroe” de sus relatos es un hombre que frisa entre los treinta y los cincuenta años y destaca en alguna profesión (Pancho Ramos, en el boxeo; Pascual Madeira, en el cine; el inmigrante Abadie deviene un héroe en sentido estricto al final; Costa Gómez, en el periodismo; Iron Eyes, en el cine; Marolo Magallanes, haciendo castillos de arena; Simón Haendel, en el reportaje fotográfico, etc.) sobre la que Busutil despliega un detallismo preciso. De hecho es la búsqueda de éste un instrumento trascendental en su obra. En un momento determinado de un relato dirá que los detalles son más importantes en sí que las historias.
Los personajes “juegan” a la búsqueda de una identidad o a la conformación de un espacio imaginario donde esta identidad o “ilusión” sea asumida. Lo que convierte también sus relatos en propuestas sicológicas: en algunos casos como búsqueda preestablecida. Pero en la mayoría existe una identificación o si se quiere una conformidad con la vida que llevan, aunque en otros casos puede producirse un desdoblamiento como en el caso de Pascual Madeira.
Las mujeres, en cambio, poseen un papel secundario, aunque protagonizan algunos relatos: Emmanuelle García (en “La burbuja Leopardi”), seleccionada en un casting con objeto de presentar un spot publicitario de una bebida: la puesta en escena es tan perfecta que se evapora en la atmósfera del escenario. Una mágica desaparición es también la que protagoniza Jennifer T. en el cuento homónimo. La asistente social Grecia Sánchez lleva la voz en “Una pareja confortable”. Una chica de hogar, Violeta Reina, encarna el protagonismo en “El secreto sueño de Violeta Reina”. La bailarina Gloria Gumbau en “Baile Retro, Satanás”. Un canto a la pintura en libertad y el graffiti nos lleva de la mano de Siena Pantone. Sin embargo, Busutil se encuentra mucho más a gusto elaborando hombres que, en ningún caso, son problemáticos socialmente aunque sí presentan su propio conflicto interior.
Todas sus historias se centran en el ámbito urbano del que obtiene una expresividad manifiesta. Siendo su territorio imaginario la ciudad de Viviana, identificada con Málaga, que aparece con su nombre, no obstante, en algunos relatos como sucede también con la ciudad de Copenhague.
Los periodos oracionales son amplios y con abundante hipotaxis, lo que genera una lentitud elocutiva arropada por la ausencia de intriga o de una historia concreta, como no sea el desarrollo de la historia psicológica o vital del personaje protagonista. No existe una literatura de conflictos, aunque sí existe una visión liberal y comprometida en el orbe social si bien no identificado con ningún manifiesto ideológico. Unas veces son historias cerradas, en la gran mayoría, pero en otras ocasiones las prefiere abiertas dejando un halo misterioso e intrigante, evidente más en los comienzos narrativos.
En definitiva, un escritor que afianza su labor narrativa con esta nueva entrega y consolida un estilo dotado de una búsqueda incansable de la expresividad, la descripción y el desarrollo psicológico en un mundo conflictivo.

Nada sabe tan bien como la boca del verano es una bella edición de Francisco Javier Torres en e.d.a. libros, Benalmádena, 2005. Con él no sólo ha querido reflejar una creciente sensualidad o erotismo (en el primer relato) sino también la trascendencia de la memoria en la configuración de la obra literaria. A través de sus once historias penetramos en el trasiego de los sentimientos y en lo que llamaría la conformación de una memoria sentimental o de un código sentimental de la memoria. Por ello dirá el escritor al final del libro: “Siempre hay un verano al que regresa la memoria en busca de un amor, de un paisaje, de un cuerpo, de la infancia… En la vida de cada uno, siempre hay un verano para cambiar de piel, encontrarse de nuevo o contar, con palabras suaves, lo que fuimos o lo que será tal vez”. En estas historias se ha despojado, grosso modo, del lenguaje barroco, del manierismo verbal y la imagen impactante, y ha buceado en la construcción de la memoria a través de unas oraciones más directas, menos envolventes, más progresivas que permiten un mayor avance narrativo y el rescate de la narración en estado puro. El dilettantismo formal de otros tiempos cede ante un contenidismo emotivo que permite hablar de la construcción de un cancionero en prosa de los afectos.
En “Melville” (¿un homenaje al narrador americano?) una pareja va de vacaciones al pueblo de Melville para reconstruir su pasión de antaño. El hombre, Conrad (¿otro homenaje?) se muestra desanimado hasta que la excitación ante la contemplación de la joven pescadora Rhodas le reactiva la pasión hacia su mujer. Se trata de la pasión diferida y las rémoras del paso del tiempo en la conformación de la pasión amorosa. Para ello opta por un lenguaje directo en el que no puede faltar la influencia de la narrativa erótica fundamentalmente desde Manont Lescaut, La filosofía en el tocador o Las amistades peligrosas. Así dirá en un lenguaje querido para la colección La sonrisa vertical: “Ella no conseguía contener la excitación que la hizo curvarse sobre Conrad y lamerle la verga…, Lelouch notó en su pubis la súbita erección del miembro de Conrad…, pidiéndole que no dejase de follarla…., mientras él se erguía apretando sus nalgas y mordiéndole los pezones…, susurrándole que nada sabía tan bien como la boca del verano”. La construcción del deseo y la influencia de elementos exógenos al mismo, pero determinantes, ofrecen la posibilidad a Busutil para, llevado de un lirismo meticuloso, crear adecuados meandros expresivos en el que existen metáforas, perífrasis y metonimias con una ajustada adjetivación.
De una belleza dolorosa podríamos tildar los últimos días de una pintora lesbiana, Ítaca Snekya, a la que poco a poco la va consumiendo el cáncer en “Pop de la costa oeste”. Su pintura se caracteriza por la construcción con la mirada de un entomólogo y la unión de la experiencia existencial y la pura estética: “Mujeres y hombres de carnalidad mortal expresando su propia imagen escénica y sus vínculos con una realidad definida por la publicidad, la cultura y los conflicto de una sociedad cambiante”. Su enigmática y última exposición lleva el título: Nunca se consigue expresar todo lo que se ama. La acción transcurre en Málaga pero también en otros lugares que se transforman en centro de su viaje. Realiza sus últimas voluntades, legándole su casa y los derechos de su obra a su amada Cortés, para después marchar en un velero.
“Grimper”, la última historia del hombre-araña es un homenaje también a la memoria y quizá a aquellos tebeos de antaño que tanto cautivaron a los miembros de su generación. El protagonista es Wan der Waals, descrito con todo lujo de detalles, que se prepara para su última gran aventura. El puntillismo descriptivo adquiere una gran arquitectura lingüística para conformar este escalador de los sueños colocado frente al Seffer Spy Building para culminar su carrera, su última ascensión mientras se va construyendo a través del proceso de tensión-distensión el suspense necesario para saber si Waals conseguirá su propósito o la derrota será su último aliento.
La historia de una corredora de bolsa, su pasado, sus emociones…, son el germen de “Beach Stone L-40”, donde observamos la obsesión de Busutil por los objetos, el futurismo y la posmodernidad. La protagonista es Genoveva Strani, cuarenta y dos años, presentada como la mujer directiva y poderosa con la que Busutil está dispuesto a demostrar que la igualdad es un instrumento de la modernidad. Sus encuentros con Alain, las confidencias con Muriel, sus obsesiones y preocupaciones son el centro del relato en donde también descubrimos a una mujer romántica que ha descubierto lo mítico de lo cotidiano.
Muy diferente es “La piel de O´Hara”, en la que un joven corredor evoca el encuentro erótico con su amiga Santos. En esta historia la ligereza expresiva es rauda y la acción se apodera de la obra en la que se construye un fragmento de la vida de Óscar, sus primeros años en el colegio, su pasión por la educación física, sus abuelos, la mítica infancia perdida, el encuentro con Santos: “El olor despeinado de su cabello y su carnosa sonrisa (…) El aire aromaba a romero y a la resina que rezumaban los muslos entrecerrados de Santos, moviéndose sinuosa encima de mi cuerpo”.
La historia de Isabella Martel y el náufrago, así como la disputas de otras mujeres por poseerlo son como una recreación de algún pasaje de La Odisea en “Punta mujeres”, donde destaca ab initio el galicismo “en glisando” y la reiteración de la preposición “en” que recarga en demasía el relato en su primer párrafo. Es habitual en Busutil la trascendencia que adquiere la adjetivación. No ya sólo en este relato sino grosso modo, fundamentalmente los adjetivos especificativos y apreciativos, así como la transcendencia de la recreación en las descripciones que pretende construir con parsimonia y todo lujo de detalles.
En “Iguana” dos amigos (uno escritor y otro escultor) son los protagonistas de la historia que relatan una excursión a Iguana, un lugar paradisíaco. Uno de ellos es lector empedernido de La Odisea.
La historia de Ezra y Coré, él con síndrome de down, protagoniza “El salto del ángel”. Casi todos sus comienzos son in media res y unas veces el narrador es en primera persona y otras es narrador omnisciente. Lo curioso es el nombre que coloca a algunos personajes (Blake, Cavafis, Hölderlin…), como homenaje a todos ellos. De hecho Ezra no es otro que Ezra Pound. Es una historia simbólica y afectiva, un homenaje a sus lecturas y una gran metáfora, pero también un recorrido por la adolescencia y los sentimientos: “Nunca supe si mi padre se lo expuso al tío Rainer María. Pero lo cierto es que dejér de salir con Ezra y aquella ruptura resultó beneficiosa para mi primo”. Granada, la patria del escritor, aparece en esta historia con los lugares de su infancia: La Neptuno, el club de tenis, El Apolo, La Miami… Una historia de homenajes en la que el narrador confiesa que la vida le ha proporcionado “sorprendentes alegrías, recompensas y algún que otro quebradero de cabeza”.
“World woman love” refiere la historia de Sebastián Juve y su otro yo, Leopoldo Scarpa, por ganar el concurso televisivo Memoria y Gana. En ese trasiego realiza Busutil una crítica fehaciente hacia un tipo de sociedad que sólo valora la juventud y en absoluto la experiencia que es vista como un lastre. El encuentro con la joven Nguyen, a la que conoce gracias a la web World Woman Love, junto con el éxito televisivo en el concurso de marras permiten al protagonista conquistar otra vida.
La historia de Enrique Gable es la protagonista de “Coraline”. Tras obtener la baja por depresión inicia un viaje por Holanda con su mujer, Greta, y las niñas. En un momento del relato se quejará de que la vida le ha demostrado “que el talento, el coraje y el esfuerzo, no garantizan que las personas salgan adelante. Está harta de ver como triunfan muchos hijos de puta y quienes sólo saben hacer la pelota o poner zancadillas”. Una imagen agria que contrasta con la del viaje. En cierto modo, como todas estas historias, un viaje hacia el fondo de sí mismo, de sus demonios personales y del mundo en torno.
Por último en “Pandora”, de título mítico tan alusivo, vuelve circularmente al principio con un relato erótico –sólo al comienzo- en el que el protagonista es Malo de Molina (el mismo apellido del profesor de la Universidad granadina). En un lenguaje fiero y descarnado nos habla de la verga antes de embestir o el coño de Montenegro: “Sabía que lo único real, para Malo de Molina, era una buena puta de manos expertas, cálidos muslos y un silencio confortable”. La historia con la joven eslava con la que se había “arrejuntado”, su muerte y la niña que nació -a la que pondría el nombre de Pandora (el mismo lugar adonde llegó)-, Consuelo Vives, Larousse…, van conformando un relato intenso.
Una obra plural que enmarca a un narrador en plena madurez creadora y en el que ha dejado progresivamente los arropes descriptivos, el regusto por un lenguaje ornamentado para adentrarse en la fiereza de las historias y un sabor agridulce ante la existencia que es organizada por el tamiz de la memoria y el encuentro con una sociedad dispar a la que se critica con frecuencia.
Juan Carlos Palma decía que “son pequeñas y emotivas odas a la ilusión y a la felicidad, que se esfuman por arte de magia con la misma rapidez que vinieron (…) Un regusto azucarado, sin llegar a lo meloso, que deja en el lector un agradable sabor de boca. No sería justo hablar de perdedores, si acaso de personajes que arrastran cierta frustración”. Son muchos los temas presentes en estas historias: el sexo, el amor, el arte, la identidad, la incomunicación, la debilidad humana… Decía Justo Navarro en la presentación de esta obra que “trata la vida corriente, diaria y casi burocráticamente normal, como si fuera algo absolutamente fantástico, y, en un mismo movimiento sumergirse en lo fantástico como si fuera lo más normal del mundo”. Y José María de Loma hablaba de que a través de este compendio de historias se pone de manifiesto “la exaltación y el revuelo de los sentidos, la carnalidad, el gusto salobre que adquiere la vida”.

Morales Lomas y Guillermo Busutil (Ateneo de Málaga, 24 febrero 2011)

Etiquetas:

1 respuesta a "Aproximación a la narrativa de Guillermo Busutil por Morales Lomas"

Haga un comentario

*