Aproximación a la obra de Suso de Marcos (Superposiciones), por Antonio Abad

Frente al carácter academicista de una obra entroncada con la nueva imaginería barroca, Suso de Marcos (siendo uno de sus más destacados representantes) ha sabido desarrollar, paralelamente, una escultura basada en la experimentación analítica de las formas y las posibilidades expresivas de los distintos materiales.

Revelación II. Madera, hierro, 200 x 69 x 29 cm, 1999.

Sin entrar en esa torpe confrontación de lo figurativo y lo abstracto, que son más bien controversias basadas en planteamientos generales y en conclusiones forzadas (todo arte es realista si se entiende por realista aquello que se cuantifica como verdadero), podemos decir que esta, su otra estatuaria, responde principalmente al tratamiento de la realidad como conflicto y a la búsqueda de un lenguaje que sea además de propio, diverso.

En este aspecto, Suso de Marcos ha sabido explorar el sentido contextual del objeto, la simbología que encierra el tratamiento de cualquier material pero, sobre todo, la consideración de la primacía del espacio como otro elemento matérico. Precisamente el desafío del artista con la materia y el enfrentamiento con una nueva conceptualización de las formas, constituyen las claves de su actitud estética; sin olvidar la valoración de los volúmenes (ya sean geométricos u orgánicos), la textura, la luz, el color, todos ellos ingredientes de unos presupuestos neodadaístas que confluyen en una renovadora expresividad.

Más allá de un arte no objetivo, Suso de Marcos, ante todo, reflexiona sobre la traslación del concepto a la forma, partiendo –en la mayoría de los casos– de un texto literario para darle una significación volumétrica al contenido de ese texto. Es como si el artista quisiera volver a reproducir (tallar o construir) ese mismo contenido literario contemplado en un espacio de tres dimensiones, intentando aportar una conexión diferente con la realidad, sirviéndose únicamente de la singularidad expresiva que pueda derivarse del hierro, la madera, el bálsamo solidificado, la piedra o el cristal, por señalar algunos de los innumerables componentes que utiliza. El objet trouvé es otro de los elementos plásticos a considerar para provocar en el espectador un choque emocional que le conduzca a una nueva percepción de la obra escultórica.

Primordialmente, con este último ingrediente, nos muestra un conjunto de 12 escultopinturas que el denomina “pretextos”, realizados con una técnica collagista que nada tiene que ver con las herrumbres de Marini, los sacos corcusidos de Burri o las pastas apelmazadas de Fautrier. Son composiciones que participan de un cierto carácter ilustrativo basadas, una vez más, en la experimentación de los materiales y la capacidad evocadora de las formas a través de su fuerte contenido simbolizador.

En definitiva, Suso de Marcos viene a decirnos que como la realidad es una suerte de espacio ambiguo y polivalente, todo resultado artístico debe concebirse bajo otra realidad, independientemente de su mayor o menor intención representativa.

 

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