Aquellos gitanos de entonces por Morales Lomas

Es cierto que el tiempo nada es, como bien dijo el gran poeta y amigo Rafael Guillén, pero, al cabo de los años, la memoria redescubre lo vivido y vuelve con más fuerza que nunca con sus ensoñaciones y afectos: el magma incandescente de lo que fuimos y seguimos siendo.
En 1977 yo fui emigrante en Francia. Era un estudiante de Filología que quería descubrir el mundo y, como no había becas Erasmus ni mis padres se podían permitir pagarle la profundización en la lengua de Baudelaire a un sujeto como yo, no había otra forma de descubrir el mundo que trabajando. Como hoy día van a trabajar en la vendimia francesa los más de veinte mil compatriotas de Granada o Jaén. Ni éramos ricos entonces ni los somos hoy: todo es un liviano espejismo infecundo.
Mi cuadrilla la componíamos entonces cinco gitanos y tres payos. Durante más de un mes y otros tantos en los años sucesivos, trabajé con gitanos, nos reímos, hablamos, nos contamos nuestras cuitas, nos embromamos e incluso soñamos. Como ciudadanos del mundo. Nadie en Francia osó decir que algunos de nuestros compatriotas eran gitanos españoles a los que había que expulsar del país. Eran otros tiempos.
Francia siempre fue para mí el paraíso de la libertad, el compromiso con lo humano, acaso desde las ideas de la revolución francesa y años después con Sartre, un referente para una época oscura en la que Franco había decidido apagar la luz y jugar al juego del miedo y del ahorcado.
Las noticias que llegan estos días de Francia son tristes. La política de acoso y derribo a la comunidad de gitanos rumanos es el peor signo de los tiempos y un retroceso histórico en el país de las libertades y la defensa de los humildes
Ese pequeño presidente, que usa plantillas ortopédicas gigantescas para dar altura a su ensimismamiento exiguo, ha roto el sueño de muchos que creíamos en Francia. El aristócrata húngaro Nicolás Sarkozy ha conmocionado nuestra memoria, nos ha devuelto a otra época, a otro tiempo oscuro, triste, desolado. Sus veleidades de limpieza étnica no sólo revelan el auge de la extrema derecha en el mundo con su correlato de terror nunca superado, sino sobre todo revelan un gran mal para Francia, que ha dejado de ser el referente de la lucha por la libertad. Nuestro sueño de entonces está muerto gracias a alguien que, curiosamente, ni siquiera es francés de origen.

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