Cartografía del dolor, por Juan Gaitán

El verano se ha incendiado por Oriente, una vez más, y nadie está en condiciones de poder aclarar si esta vez será la última o no, si quedará suficiente como para prender otro incendio. Miles de años lleva aquella zona que hemos dado en llamar «Oriente Medio», quizás porque no encontramos una denominación definitiva que agrade a todo el mundo, calentando el mapa de la guerra, trazando la cartografía del dolor. Hace dos milenios que el emperador Adriano le cambió el nombre a la levantisca, incorregible provincia romana de Judea por el de Palestina, queriendo así humillar a aquellos ingobernables judíos. Por lo visto no sirvió de mucho. Dos mil años después todo sigue más o menos del mismo modo.

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Niños en Gaza.

Pero nunca hay razón alguna para la masacre, no hay justificación posible para que caiga sobre un pueblo desarmado una tormenta de bombas que no dejan a nadie vivo ni nada en pie. Hay una más que sutil diferencia entre la defensa y la venganza, entre el derecho a protegerse y el crimen de guerra. Uno nunca termina de entender, quizás porque ha visto demasiadas cosas, que a estas alturas alguien crea que todo termina con el exterminio del otro, y menos que lo crean quienes descienden directamente y en primer grado de consanguinidad de aquellos hebreos que sufrieron el holocausto. A veces parece como si de pronto las ovejas hubieran parido lobos rabiosos.

Siempre he sentido una inmensa simpatía por los judíos. El sionismo, como cualquier nacionalismo, ya me gusta bastante menos. Tampoco me agrada el islamismo. En realidad, cualquier intento de que la religión sea la base de la sociedad y de su organización política me da mucho miedo, porque la práctica ha demostrado que esas cosas siempre acaban muy mal. La fe debería ser una práctica personal y privada que afectase sólo al individuo, pero jamás debería permitirse que interfiera en el orden social y mucho menos que lleve a la guerra, al crimen, que provoque muerte y destrucción. Hace dos mil años, cuando Adriano tuvo la brillante idea de llamar Palestina a lo que hasta entonces fue Judea, la religión dominante en el mundo era eso que ahora llamamos mitología romana. Los dioses que formaban el Olimpo eran tan venerados como ahora lo son Yahvé o Alá. Miradas las cosas con perspectiva generalmente pierden trascendencia. Que levante la mano quien esté dispuesto a matar y morir defendiendo que Júpiter es el padre de todos los dioses y Mercurio su alado mensajero. Pues eso.

Juan Gaitán

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