Cojan al ladrón Agustín Gallardo

Durante el mes de abril las salas expositivas del Ateneo de Málaga acogieron  la exposición COJAN AL LADRÓN del artista Agustín Gallardo (Málaga, 1961).

Agustín es  un artista autodidacta – estudió Historia del Arte – que estuvo activo en torno a los 80, pero que  luego se desvinculó del mundo del arte ,  aunque  siguió trabajando privadamente, sin volver a exponer ni mostrar su obra al público hasta esta exposición en el Ateneo de Málaga

De aquella etapa cabe destacar  su selección por parte del  artista granadino José Guerrero para participar en unos  talleres en el Círculo de Bellas Artes de Madrid  y dos   exposiciones en el Colegio de Arquitectos de Málaga. En los años 90 expone en Bélgica y Holanda.

El   título de esta muestra, COJAN AL LADRÓN, elegido  por el propio Gallardo  refleja muy bien su trabajo. Para realizar su obra Gallardo se  apropia  de lo que otros  ya han hecho, jugando al equívoco con el espectador y obligándole a hacer un esfuerzo para detectar donde empieza la imagen  apropiada y  la  pintura del propio artista.

Por ello, podemos encuadrarle  dentro de lo que  se ha denominado en el arte “apropiacionismo”.  Tiene también una fuerte influencia del Pop que se refleja en sus fuentes de inspiración: la publicidad, las revistas, el mundo del comic… añadiendo habitualmente un toque de erotismo suave

Utiliza como soporte lienzo, papel y materiales reciclados (cartón, planchas de plástico…) y  su técnica siempre es el  óleo con collage

Ese interés   por el reciclaje le lleva en ocasiones a adquirir cuadros en los rastros y mercadillos,   de los que incluso conserva los marcos originales, y sobre los que luego pinta, planteando  de nuevo al  espectador un acertijo ¿dónde está lo original y dónde la copia?

Otro aspecto singular en el trabajo de Agustín es que realiza las obras por paneles,  ensamblados luego  de manea imperceptible, jugando una vez más con lo que parece y lo que realmente es, algo continuamente  presente en su obra.

Su amigo, el  también artista Pepe Garfia,  ha escrito un texto con motivo de esta exposición y que – con su permiso- recogemos aquí.

¡MANOS ARRIBA!

(A modo de presentación).

Un ladrón anda suelto por el acéfalo y dispar mundo del arte. Y atraparlo no ha de ser cuestión baladí, dado el origen único y bandoleril del susodicho granuja. Ahora bien, no se trata de un usurpador cualquiera, ni hablar: es de esos de verbo ilustrado y convincente, tanto que, a veces, va y nos regala palabras, dilucidando Picassos y Dalís, desmotando, en otras, los caminos inexpugnables del pretérito imperfecto. Y, cuando menos te lo esperas, cual profesional a mano armada, pum, el atraco perfecto, la fechoría irremediable: el chamarileo de su más preciado botín, tan íntimo, tan bien guardado. Gallardo, el ladrón, nos muestra hoy parte de su último arrebato. Yo las llamo gamberradas creativas. No se dejen engañar por tan drástico vocablo, porque se trata de un trabajo honesto e intenso, un juego único y secreto donde el alarde compositivo no deja indiferente a la víctima propiciatoria que se acerca a contemplarlo. Y en ese arrimamiento no valen las normas, ni las reglas prefijadas, ni los recuerdos acabados en –ismo (vale, oteando Basquiat, Condo o Dix, por poner), aunque bien pudiera inventarse alguno empezado por anti-. El ladrón es un provocador que así lo quiere, porque sabe que en el juego la victoria es siempre suya. Su rebeldía rebosa con fluidez, se mire por donde se mire, desde la desarmonía manifiesta en el tratamiento del color (toda una lucha abierta de violetas, verdes, negros, rojos), las diversas y constantes contraposiciones temáticas (algunas únicas, rescatadas del olvido), la súbita afrenta erótica, el constante vagabundeo de imágenes desmontadas y bien sintonizadas hasta el más mínimo detalle, la paisajística arquitectónica desacorde, destemporalizada, desubicada, el uso indiscriminado de cualquier soporte, que no de técnica (culto al grafitero y al óleo), en fin, una clase de universo perverso en constante ebullición, inacabable en la interpretación, donde lo más fácil es perderse en sus profundidades, entre multitud de flashes que nos acercan al relato cinematográfico. El forcejeo con el ladrón es constante: te da, te quita, te muestra, te engaña, te oculta, te mira, te incita, voyeur perfecto de la insinuación. Así que disfrute, si puede, de este desencuentro. Y, si no, cuidado, no se le vaya a descolocar el alma con tanta provocación. ¡Valiente, el irreverente, farolero!

José Garfia, ladrón también y amigo.

Yolanda Ochando Ordóñez
Vocal de Artes Plásticas del Ateneo de Málaga

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