Controversia, por Salvador Perán

Cuando entró en la habitación la encontró desnuda, abandonada en la cama como una rama a la deriva. Tenía las piernas juntas y los brazos descansaban pegados al cuerpo sin mostrar la serena inquietud que la embargaba. Un triángulo negro de porosidad de espuma destacaba en la coyuntura del vientre como un surtidor de borbotones de lava. Durante un rato admiró la bravura de zarzas acorraladas. En el momento de subir a la cama murmuró alegre. ¡Qué coñazo!  La mujer, que lo esperaba semidormida, abrió los ojos sorprendida. Se levantó con movimientos bruscos y salió del cuarto con rapidez. Todos los intentos de explicación fueron inútiles.

 

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