De la necesidad de integrar a las mujeres como sujetos políticos

 

Por MARÍA LUISA BALAGUER

Acaba de presentarse en Madrid el libro de Carmen de Burgos “La mujer moderna y sus derechos”, de la editorial Huso, y en una edición preparada por Mercedes Gómez Blesa, que ha añadido 316 notas a pie de páginas, muy necesarias para situar una obra de casi un siglo, y en la que la Colombine abundaba en personajes que hoy resultan poco conocidos.

Carmen de Burgos fue una escritora, periodista, masona, comprometida con el feminismo y con la República, que por el oscuro periodo del franquismo resulta ser poco conocida, como otras autoras importantes de la II República.

Nacida en Almería huyó a Madrid después de un matrimonio difícil y en 1908 conoce a R. Gómez de la Serna, crea la revista Crítica, en la que participan las mejores plumas del momento, y colabora con Fígaro y otras revistas de la época. Publica “Cuentos de Colombine”, escribe biografías y pronto obtiene una importante notoriedad. Viaja a París, Italia, Portugal, Bélgica, Holanda, Londres, Dinamarca, América, Buenos Aires, México, Cuba. Chile. Bolivia, Brasil, y Panamá. Y de todo esto escribe. Se inspira, se relaciona y trata con Concepción Arenal, y a Pardo Bazán le hace campaña a su favor para la RAE.

“La mujer moderna y sus derechos”, libro pionero del feminismo jurídico en España, antecedente como se ha dicho de “El segundo sexo”, es un libro que mezcla varios géneros literarios. Aunque se trata de un ensayo, C. de Burgos hace un manifiesto político, una autobiografía, y relata a la vez la de otras mujeres. Es un libro de sociología, de política y de feminismo. Esta mixtura era propia de las mujeres de la época, se reivindicaban los derechos de la mujer al tiempo que se daban estadísticas, o se analizaban las circunstancias de la época.

Igualmente, parte de elementos ya analizados por Arenal, como el de que, si la mujer es contribuyente y abona sus impuestos, debe tener derechos civiles y políticos, pero da pasos muy importantes en este sentido. A diferencia de ella, universaliza esos derechos, no admite que determinadas actividades de esfuerzo físico no puedan ser desempeñadas por las mujeres, la igualdad ha de ser total. Y ha de venir por las leyes, es el derecho el que ha de cambiar las condiciones materiales de la vida de las mujeres. Puede decirse que inaugura el feminismo jurídico.

Efectivamente los cambios han de ser jurídicos. El código penal y el código civil, y el voto, los derechos políticos.  Y esto es lo que la diferencia del planteamiento solamente filosófico de la Beauvoir. En su libro “El divorcio en España” reivindica la libertad de las mujeres para divorciarse y además desvincularse patrimonialmente de sus maridos. El razonamiento de C. de Burgos respecto de la igualdad de la mujer es muy parecido al de algunas románticas de finales del XIX. Si la mujer trabaja y paga impuestos tiene que tener los mismos derechos del hombre. Y las desigualdades legales con respecto al hombre estaban sobre todo en el código civil y en el código penal. Por lo que se refiere al derecho civil en la incapacidad de obrar, equiparadas a menores y deficientes mentales, con la imposibilidad de celebrar contratos sin el consentimiento del marido, en la obediencia debida al esposo, en la facultad de este para corregirla y educarla, y en la imposibilidad de la disolver el matrimonio. En el orden penal es aún más discriminatoria la situación porque los delitos de adulterio de la mujer no tenían correspondencia con los del hombre, que solamente incurría en adulterio si tenía al amante en su casa o notoriamente fuera de ella. El hombre que sorprendiera a su mujer en flagrante delito de adulterio y mataba a alguno de ellos o a los dos, solamente era castigado con la pena del destierro, frente al delito de parricidio en que incurría la mujer.

Carmen de Burgos es una mujer intelectual, pero también con una dimensión pública que cultiva internacionalmente. En sus artículos de prensa aprovecha para formular encuestas sobre el divorcio y el derecho al voto. En este libro nos cuenta las opiniones de hombres intelectuales, escritores y políticos respecto de estos temas, y contando las campañas que lleva a cabo en este sentido.

La faceta de Carmen de Burgos en la masonería es la menos conocida. Se sabe que ingresa en 2 de diciembre de 1931, que ella funde y dirige una logia, que pronto adquiere el rango de Gran Maestre, que se reúnen en Alcalá 193, y como es sabido es cuando está en el cenit de su profesión, con idea de presentarse a las elecciones y después de aprobada en enero la ley de divorcio, muere el 8 de octubre.

La presentación de este libro, a medias entre Mercedes Gómez y yo en la librería “La Fábrica”, tuvo un lleno total, de mujeres mayores y muchas jóvenes, que originó un debate importante sobre el momento de vigencia del feminismo y la necesidad de integrar a las mujeres como sujetos políticos en las leyes y en la sociedad.

 

 Grupo Literario “Las tardes de Atenea”

 

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