Discurso por la Medalla del Ateneo de Eugenio José Luque Domínguez

Ante todo quiero felicitar a todos los galardonados que me han precedido: José María Puyana, músico; José Infante, poeta; Flor de Torres Porras, fiscal; Miguel Ángel Santos Guerra, pedagogo.

Gracias al Ateneo por esta medalla. Tenemos un origen y un pasado común, desde que en 1965, hace 50 años, la Facultad comienza su andadura como centro académico, y un año más tarde lo hace el Ateneo como proyecto cultural. Desde entonces mantenemos una estrecha relación que ha continuado y fructificado durante todo este tiempo.

Quiero destacar que este es un reconocimiento a un Centro Público que pertenece a una universidad pública en unos tiempos en los que, injustamente, se está poniendo en entredicho el sector público y parece que hemos entrado en una campaña de desprestigio para justificar la progresiva descapitalización de recursos humanos y materiales que se está llevando en la universidad y en el sector público, en general.

El mercado y el sector privado son necesarios e imprescindibles pero no son perfectos. Ambos tienen fallos y carenciasque deben ser corregidos. Ahora bien, por un lado, no debemos cuestionar la importancia de lo público en el funcionamiento de una economía moderna que, aunque es mejorable, también es indispensable. Por otro, lo público y lo privado no son incompatibles sino que deben complementarse y colaborar para conseguir la mejora de la sociedad.

Sanidad universalizada, ayuda a los dependientes y para los más desfavorecidos, seguro de desempleo, jubilación para los mayores y, como es nuestro caso, una mayor formación y mejor educación al alcance de todos, son los cinco pilares en los que descansa la Economía del Bienestar, necesarios para una sociedad justa, libre e igualitaria. Y esto solo es posible con un sector público fuerte donde la Universidad y la Facultad formen parte de él.

La historia de la Facultad, es la historia de un centro público ejemplar con una tradición singular porque, aunque cinco décadas son pocas frente a los siglos de vida de muchas instituciones universitarias europeas, son suficientes para situarse entre los centros de economía y empresa con más antigüedad del mapa universitario español.

El cumplimiento de los objetivos que, desde su creación, ha ido alcanzando ha sido posible gracias al apoyo de las instituciones (Ayuntamiento, Diputación y Junta de Andalucía) que hicieron posible su creación, puesta en marcha y desarrollo hasta llegar a ser lo que hoy somos. Es obligado, reconocer, también el trabajo de muchas personas. Profesores que con su esfuerzo y dedicación, convencidos de que su principal función era la formación de la población universitaria, han logrado que la Universidad de Málaga aparezca bien situada en algunos rankings de reconocido prestigio internacional. Personal administración y servicios que desarrollan sus funciones con diligencia contribuyendo día a día a la buena marcha de la Facultad. Y, por supuesto, a los alumnos, a todos los alumnos que han pasado por el centro, más de 30.000, y que dan testimonio de lo que la Facultad representa. Titulados que nos prestigian y que ocupan puestos destacados y de responsabilidad en el mundo de la empresa, de la administración pública, de organismos internacionales, de la política y de la propia universidad, y que han contribuido, de esta manera, al desarrollo de la sociedad en todas sus facetas. Son nuestro gran activo y nuestra principal transferencia.

Durante todo este tiempo, el impacto en el entorno provincial y regional de la Facultad ha sido muy importante por diferentes razones que han convertido a Málaga y a su Facultad de Económicas en un referente de los estudios de economía y empresa para muchos alumnos de Andalucía, y para otros procedentes de otros lugares: por su inequívoco compromiso social, asumiendo, en sus primeros años, la responsabilidad de proporcionar un foro de discusión y contestación política; por su estímulo a la movilidad social, al permitir el acceso a la educación superior a personas que, de otra manera, no hubieran tenido esa oportunidad; por su dinamismo y modernidad; por su proyección internacional; por la posición de liderazgo que, en muchos ámbitos, mantiene en la actualidad; y, sobre todo, en estos 50 años, por su aportación al desarrollo económico, formando a titulados que han nutrido a las empresas y a las Instituciones Públicas, de profesionales cualificados.

Podemos decir con orgullo que nosotros, la Facultad, formamos bien y que llevamos 50 años haciéndolo. Ahora nuestro reto es formar en valores. No podemos culpar al análisis económico de las crisis recurrentes del sistema. El conocimiento económico se ha perfeccionado para diagnosticar y recomendar medidas, pero no es responsable de las acciones que ignoran las normas éticas.

Quiero terminar con unas palabras de Albert Camus: “El éxito y el reconocimiento son fáciles de obtener, lo difícil es merecerlo”. Permítanme decirles que, después de 50 años, la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Málaga ha logrado ser una referencia, no por una serie de afortunadas circunstancias, sino por el trabajo constante y generoso de todos los que han contribuido a su desarrollo. Su éxito y reconocimiento son realmente merecidos.

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