¡Disuélvanse!, por Juan López Cohard

BELVEDERE 15-2-2015

Al jueves que precede a la celebración del Carnaval se le conoce con distintas denominaciones a lo largo y ancho de nuestra España. La más común es la de jueves lardero que significa tocinero, ya que se suele celebrar la entrada de la carnal fiesta a base de pantagruélicas comidas grasientas. El pasado jueves lardero los españoles nos desayunamos con un plato fuerte y digno de la citada celebración. Un plato tan fuerte que sólo la política española podía proporcionárnoslo: La destitución vía decretazo de toda la ejecutiva del PSOE de Madrid. ¿Qué ha llevado al Secretario General, Pedro Sánchez, a tomar tal decisión en plena carrera electoral? Las explicaciones dadas no tienen entidad por sí mismas para justificar tan inusual y sorprendente acción, habida cuenta de que el destituido, Tomás Gómez, había sido elegido democráticamente Secretario General de los socialistas madrileños. Ni siquiera la sospecha de una posible imputación en el caso del sobrecosto del tranvía de Parla en su época de alcalde justificaría, ni el hecho ni, menos aún, la forma.

 

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE.

En política, más aún que como en la vida misma, el que no mata, muere. La historia de Pedro Sánchez, desde que fue elegido Secretario General del PSOE, es una historia de acechanzas, menosprecios, apoyos hipócritas y camas ensobradas, amenazas constantes de levantarle la silla y desprecios a su liderazgo, que llegó al colmo con el realizado por Zapatero y Bono reuniéndose con Podemos a sus espaldas. Pero, con todo, la `peor amenaza es la que ha venido haciéndole, de forma no explicita, Susana Díaz, enarbolando disimuladamente y de forma permanente la espada de Damocles que siempre posee el que ostenta el poder, aunque, en su caso, no lo ostente por las urnas, causa de su efectivo y calculado golpe electoral.

Ante tal situación, Pedro Sánchez, ha dado un golpe de mano. El que da primero da dos veces, y se lo ha dado a todos en las narices de Tomás Gómez que, por otra parte, nunca había sido vencedor. Era el más débil. Sánchez tenía que hacerlo o era Secretario General muerto. Pero, incluso en las formas, ha dejado claro quién manda, y manda el que es obedecido por el cerrajero. En tiempos, el viejo dictador, general de altísimo grado, mandaba a un motorista y quitaba el cargo, Pedro le ha enviado al cerrajero y, además del cargo, le ha quitado su Vespa en miniatura.La autoritaria decisión de Pedro Sánchez hay que entenderla como un serio aviso a navegantes y así ha de recogerla Susana Díaz. Su fuerza está en los votos que saque y el Secretario General la espera a la vuelta de las urnas. A éste Pedro no parece temblarle la voz para, llegado el caso, ordenar: ¡Disuélvanse!

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