El blues de Frank y Luiso, por Juan Gaitán

Mueble•Bar (Serie Suite Sinatra), 2010. /Acrílico y grafito sobre papel, 45 x 65 cm. / Obra del artista Joaquín Peña-Toro, con la barra de bar del Ateneo diseñada por Frank Rebajes.

Mueble•Bar (Serie Suite Sinatra), 2010. /Acrílico y grafito sobre papel, 45 x 65 cm. / Obra del artista Joaquín Peña-Toro, con la barra de bar del Ateneo diseñada por Frank Rebajes.

A mí me lo contó Luiso. Luiso decía que Frank era su tío, pero en Luiso, como en Frank, era difícil distinguir la sinuosa línea que separaba realidad y ficción, biografía y leyenda, yin y yang.

Pero aún así fui sabiendo cosas.

La primera fue impactante. Luiso acababa de sacar un celtas corto sin boquilla del paquete. Me lo ofreció y cogió otro para él. Yo prendí una cerilla y le di fuego. Mientras encendía mi cigarrillo le oí decir con aquella voz suya tan profunda, tan grave, con aquel modo de hablar que atropellaba sus propias palabras:

– Mi tío Frank Rebajes lleva siempre un anillo en el que guarda una cápsula de cianuro. Se la tomará el día que decida que ya no merece la pena estar aquí.

Aquello me sobrecogió. Yo era entonces un muchacho recién llegado al periodismo, Luiso era poco menos que un mito para los reporteros jóvenes y rebeldes de la ciudad, alguien a quien admirábamos y envidiábamos a partes iguales. Luiso era brillante, cultísimo, ácido y, además, sobrino de Frank Rebajes. Para nosotros, en aquellos días, Luiso lo tenía todo.

Otra vez, algún tiempo después, andaba yo con Luiso, que me estaba descubriendo la magia sonora de Miles Davis. Kind of blues sonaba con esa calma inmensa que sólo Miles daba a la trompeta, que parecía hacer llorar al silencio. No hacía mucho había terminado la exposición de Frank Rebajes en el Colegio de Arquitectos. Frank no estaba del todo contento con el trato que le daba la ciudad, pero ¿quién lo ha estado alguna vez? Hablábamos de eso, de la puñetera manía que tiene esta ciudad de fastidiar la vida a sus hijos, naturales o adoptivos, con verdadero talento, y que es inversamente proporcional a su gusto por empujar hacia la cumbre a los más mediocres.

– Cuando mi tío llegó a Torremolinos abrió una joyería en la calle San Miguel. En la vitrina tenía varios gatos persas vivos que exhibían collares de piedras preciosas que él fabricaba.

A mí todo lo que tenía que ver con Frank Rebajes me sonaba muy literario, muy novelesco. Sabía un poco de oídas, con ese eco lejano a mitad de camino entre la fábula y la realidad, que estaba obsesionado con la cinta de Moebius, que estudiaba su arcano y, que un buen día, empezó a decir que había hecho un descubrimiento crucial para la Humanidad.

Luiso, de vez en cuando, aparecía con otro disco de blues y una nueva historia fabulosa sobre su tío Frank. En una de aquellas me contó que Rebajes iba a presentar sus estudios en el prestigioso MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets). Se dice que allí lo escucharon con atención, que quedaron vivamente impresionados, que estaban entusiasmados con su trabajo. Sin embargo, al día siguiente apareció muerto en la habitación de su hotel. Suicidio, dijeron.

Días después fui a ver a Luiso para darle el pésame.

– Se lo ha cargado la CIA, niño –me dijo desde la profundidad de su voz de barítono pasado de cazalla-. No convenía que se supiera lo que había descubierto, habría cambiado el mundo para siempre.

Y sacó un celtas cortos y lo encendió. Me tendió el paquete.

– Toma uno, niño.

Yo, para entonces, ya había dejado de fumar.

Juan Gaitán

Sobre Frank Rebajes: http://palotic.es/blogateneo/?p=2367

                                        http://palotic.es/blogateneo/?p=2322

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