El braceo de Rajoy, por Juan Antonio Fernández Arévalo

Con la fina ironía que le caracteriza, el brillante periodista Miguel Ángel Aguilar, sobradamente conocido por todos, hacía referencia al peculiar braceo de Rajoy en sus apariciones televisivas como eléctrico andarín en tierras gallegas. ¡Ese braceo!, apuntaba Aguilar, consiguiendo así que nuestras miradas apercibiesen un especial movimiento de brazos en los que, como diría cualquier comentarista deportivo, “sacaba el brazo a pasear” para desprenderse de la cercana presencia de cualquier rival. Algo así como el codazo, sin querer queriendo, de Marcelo a Messi en el que el astro argentino del Barcelona tuvo que ser atendido de un aparatoso golpe en el labio.

En una interpretación, por supuesto subjetiva, se puede constatar que Rajoy se enfrenta a cuantos adversarios o críticos le dificultan el paso, utilizando los codos (“ese braceo”), las patadas en los tobillos o lo que fuere preciso para eliminar en el sentido político o en el ámbito judicial a todo aquel que ose conculcar su apacible “status”. Que la fiscal general del Estado, Consuelo Madrigal, se muestra reticente a los cambios necesarios para el cabal funcionamiento de la fiscalía, pues se le acepta gustosamente la dimisión y se nombra a otro fiscal general, más flexible, acomodaticio y comprensivo ante tramas de corrupción tan nimias como la Gürtel, la Púnica, Taula, financiación ilegal del PP y tantas otras que ocurrieron mucho tiempo atrás, que diría Mariano.

Y el fiscal general, José Manuel Maza, ya se encargará de nombrar a un fiscal anticorrupción adaptado a los nuevos tiempos, de nombre Manuel Moix, gran experto en cambios de destino y en órdenes pertinentes para el nuevo encauzamiento de un río demasiado contaminado ya. Y así, el gran jefe (“ese braceo”), con la impagable ayuda de ese demócrata ejemplar, el ministro Rafael Catalá, y un ligero movimiento de brazos, se desprende de toda una cadena jerárquica de fiscales que no estaban dispuestos a una plácida gobernación de un plácido presidente. España por encima de todo, como Dios manda.

Y en esas estábamos, que diría Don Quijote, cuando en lontananza aparece otro personaje, Pablo Manuel Iglesias, que, con un coletazo oportuno, propio de la marca, amenaza con presentar una moción de censura peculiar que, curiosamente, desvía el foco de la corrupción del PP. El presidente, que estaba con el agua al cuello, empieza a respirar hondo ante la retirada de las aguas turbias, y agradece el gesto a su compañero parlamentario. Lo que antes fue el binomio Aznar-Anguita se convierte ahora en el binomio Rajoy-Iglesias. Utilizando un francés básico tenemos la impresión de un panorama dejá vu. Codazos y coletazos armónicamente sincronizados.

Juan Antonio Fernández Arévalo (30 de abril de 2017).

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