El castillo, por Antonio Soler

Sur, 11.06.2017

Susana Díaz, que siempre dijo que estaría donde le dijeran los suyos, en la cabeza o en la cola del tren, ha decidido que de no ser conductora, su sitio no está ni en la cola ni en la butaca de ningún tren sino en lo alto de una colina y dentro de un castillo. De modo que ha reformado su Gobierno con peones, torres y alfiles que hagan más sólidos los muros de su fortaleza. Por fin, tal como le pedía la oposición, parece que se va a centrar sólo en Andalucía. Un Gobierno fuerte para un invierno duro y de duración imprevisible. Hombres y mujeres con el aliento renovado para hacer una larga travesía del desierto. Aquellos acompañantes con agujeros en las sandalias o señalados por la plebe han sido abandonados en la orilla del camino a la espera de que un generoso coche escoba los instale en cualquier torre de marfil con vistas al poder.

Susana Díaz no ha atendido ni a la paridad de género ni a equilibrios territoriales. Lo único que en esta ocasión parece haberle interesado es la efectividad, el blindaje. Ante esa actitud cabe preguntarse qué habría ocurrido si en vez de a la cola del vagón, el revisor de las bases le hubiera señalado el mando del convoy socialista. ¿Se habrían producido estos cambios o el estado de euforia permanente y triunfalista de doña Susana habrían hecho continuar un Gobierno que ahora, sola frente al espejo, se le ha antojado anémico? ‘Andalucía primero’ parece haberse dicho en clara sintonía con aquello que parecen dictarse a sí mismo los líderes del mundo.

‘Andalucía primero’ o ‘Andalucía lo único’. Roto el cuento de la lechera de Ferraz, Andalucía es el inmenso salvavidas, el virreino hinchable que se le ofrece a Díaz. Y no va a permitir que se le vaya el aire por ningún poro. Ya anuncia un tiempo de nuevas políticas, giros que traerán a la comunidad más ecuanimidad y más justicia distributiva. Alumnos pobres en los campus universitarios, hospitales y asistencia sanitaria más equitativa para todos. Un PSOE-A más blanquiverde, más aceitunero y más altivo. Y más trianero. La periferia de Sevilla ve mengüado su poder. Los sesudos del análisis lo atribuyen a una posible estrategia de cara a los congresos provinciales y a una renovación generacional. A saber. Lo que sí está claro es que Susana Díaz se atomiza, se repliega sobre sí misma para hacerse más fuerte, probablemente más eficaz. Y que en ese proceso de concentración Málaga pierde poder y queda representada con una sola consejería en el nuevo Gobierno. Algo que muchos atribuyen a la influencia menguante de Miguel Ángel Heredia, incapaz de hacer valer la voz de una provincia que es el principal motor económico de la región y que históricamente pertenece al graderío de sombra de la Junta. Sea como fuere, tras la remodelación se atisban muros más gruesos y más altos. Y a la oposición, como el agrimensor de Kafka, sin poder traspasar nunca el umbral del castillo.

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