El Lissitzky: La experiencia de la totalidad. Exposión en el Museo Picasso de Málaga.

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Un viaje espacio-temporal desde Málaga a la Rusia de la Revolución es posible en el Museo Picasso con la exposición del polifacético artista El Lissitzky (1890-1941). Su interesantísima obra es testimonio de los cambios socio-políticos que se produjeron en el país y de las vanguardias artísticas que allí se originaron.

Una serie de revistas y fotografías nos hablan de la consolidada estética ligada al nuevo régimen, en la que Lissitzky supera el suprematismo para plasmar el discurso del constructivismo. Otra serie de fotografías experimentales, sin embargo, nos llevan hasta las vanguardias de occidente y el trabajo de fotógrafos como Man Ray. También el neo-primitivismo está presente en unas ilustraciones para cuentos judíos, en las que inevitablemente recordamos a artistas como Natalia Goncharova y Mijail Larionov.

Una filmación nos relata la realidad que se vive en la Rusia “en construcción” en la que participa Lissitzky y nos recuerda a creadores compatriotas suyos, como el fotógrafo Alexander Rodchenko (tomas en contrapicado y en ejes complejos o la superposición de fotogramas, tal como hacía con sus fotomontajes) o el cineasta Dziga Vértov por el sentido documental de las imágenes. Los dos artistas, además, manifestaban el compromiso social en sus creaciones, coincidiendo con la actitud plástica de Lissitzky, reflejo de una ética fundamentada en la relación directa entre arte y vida, creación y trabajo.

A través de su obra pictórica, su labor como arquitecto, sus diseños gráficos y tipográficos para revistas, publicidad y para la propaganda del nuevo régimen, además de sus testimonios fotográficos y sus diseños escenográficos y de exposiciones, se descubre una fuerte personalidad creativa cuyos parámetros podrían ser la búsqueda, la experimentación, la novedad y la controversia.

El Lissitzky se sintió creador y constructor, no sólo del propio proceso personal como artista, sino también de la nueva utopía convertida en realidad que fue la Unión Soviética. Su propio nombre Eliezer, queda reducido a El, coincidiendo con “Yhvh”, tercera persona del singular del imperfecto del verbo ser: “él es”, que alude en la cultura judaica a Dios vivo. En su autorretrato fotográficoEl constructor” (1924) se funden el ojo, la mano y el compás. Estos elementos clave, usados como metáforas del intelecto, le definen como constructor: el hombre manejando el instrumento. El compás traza un nimbo tras su cabeza, a modo de los antiguos iconos religiosos rusos. Mediante la composición fotográfica experimental (muy al uso de la época), aparecen junto al artista las letras XYZ señalando los ejes espaciales, una tridimensionalidad que del arte bidimensional Lissitzky llevó al volumen, no sólo a través de los diseños arquitectónicos, sino también de los Proun, neologismo ideado por el autor en el que engloba una pintura llevada a las tres dimensiones en su Proyecto para la afirmación de lo nuevo. En el Museo Picasso una recreación de un proun raunn nos permite entrar físicamente en este concepto espacial. Dentro del proun raunn se convive con cuerpos geométricos dispuestos en planos verticales, horizontales y oblicuos que desafían la realidad espacial.

Quizás el artista supo y sintió que él y su trabajo eran uno solo, tal como refiere Paul Valery en “Eupalinos o el arquitecto”, libro que alguna vez un intelectual como Lissitzky pudo leer y hacer suyo en alguno de los numerosos viajes que realizó por Europa: “He buscado la justeza en los pensamientos a fin de que, engendrados claramente por la consideración de las cosas, se truequen como por sí solos en actos de mi arte …Cuanto más medito acerca de mi arte, más lo ejerzo; cuanto más pienso y obro, más sufro y gozo como arquitecto; y más me siento ser yo mismo, con una claridad y una voluptuosidad cada vez más ciertas. Me extravío en mis largas esperas; me recobro por las sorpresas que me doy; y por medio de esos grados sucesivos de mi silencio, avanzo en mi propia edificación, y me aproximo a una correspondencia tan exacta entre mis propósitos y mis posibilidades que me parece haber hecho de la existencia que se me dio una obra humana. A fuerza de construir, me parece que me he construido a mí mismo”.

Una exposición que enriquece la vida cultural de Málaga, de aconsejada visita.

Mónica López Soler, vocal de patrimonio artístico del Ateneo.

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