El ordenador, un nuevo reto en la formación del docente (y III)

Primero los recursos materiales (ordenadores), después la formación del docente en su utilización didáctica como herramientas de aprendizaje. Justo al revés de lo que debe ser. El precedente de la implantación de la Logse en la década de los 90, obviando la formación del profesorado que demandaba nuevas estrategias metodológicas en la enseñanza comprensiva de la ESO, debería servir de ejemplo a la Administración Educativa para evitar otro fracaso.
La mayoría del profesorado no tiene conocimientos suficientes de la aplicación didáctica de la informática en los aprendizajes. ¿Cómo trabajar en equipo? ¿Cómo solucionar los problemas técnicos? ¿Qué hacer con los alumnos con dificultades de aprendizaje? ¿Cómo debe organizarse el proceso en cada área? ¿Cuáles son los procedimientos? Sin duda que la respuesta está en la formación obligatoria del docente.
Los detractores de las Tecnologías de la Información y Comunicación (centros TIC) que la Junta de Andalucía implanta de forma progresiva en los centros educativos de nuestra Comunidad Autónoma, ponen el énfasis en las consecuencias negativas que, según sus criterios, tendrá a corto plazo la utilización de los ordenadores en las aulas: “El ordenador deja de lado el estudio del lenguaje, el vocabulario y no presta atención a los valores mínimos de la disciplina” afirmaba un profesor de Lengua y Literatura en un medio de comunicación. “Internet arrincona la disciplina y el lenguaje en las aulas” –proclamaba un titular de periódico.
Nada más lejos de la verdad. He podido comprobar en mis últimos años de docencia que con el correcto uso del ordenador el lenguaje escrito progresa gracias a los programas de auto corrección, el lenguaje oral se enriquece al tener que utilizar un nuevo vocabulario específico, los juegos matemáticos informatizados aportan una visón más lúdica a la compleja abstracción de los números, la cooperación es continua tanto en la búsqueda de información como en la elección de formatos y desarrollo del trabajo, el alumnado con necesidades educativas específicas mejora la autonomía y la socialización si se les agrupa adecuadamente, los más capaces sienten complacencia al conseguir que un compañero desarrolle una determinada competencia gracias a su ayuda…
La utilización de fuentes de información diferentes al libro, consensuar técnicas de elaboración del trabajo, preparar la puesta en común… es esfuerzo, aunque más placentero. Las tecnologías no son recursos excluyentes, sino instrumentos sin los cuales el alumnado sería gravemente perjudicado en su futura incorporación al mundo informatizado en el que vivimos. Los libros deben seguir ocupando un lugar preferente, pero no el único en el complejo proceso de aprender.
Las teorías quedarían en simples intenciones si no las convertimos en planes de acción de acuerdo a los principios que defendemos. Los profesores y las familias que se oponen, a priori, a cualquier innovación, deben estar a la altura del nuevo reto de las competencias. Hay que prepararse para la sociedad en la que vivimos, una sociedad informatizada que exige la puesta a punto de quienes se dedican a la difícil tarea de educar.
“Que inventen, que descubran, que adivinen nuevas formas… Y entonces la cátedra es un taller y el maestro un guía de trabajo, los discípulos una familia…” -enseñaba don Francisco Giner de los Ríos, fundador y director de la Institución Libre de Enseñanza (1839-1915)-. En los albores del siglo XX, defender este pensamiento en un país tan enraizado a la transmisión del conocimiento acrítico, era una provocación. Hoy es de máxima actualidad si sabemos aplicarlo a la escuela tecnológica del futuro que ya ha empezado.

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1 respuesta a "El ordenador, un nuevo reto en la formación del docente (y III)"

  • José María Ruiz Palomo says:
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