Una tarde con Dámaso Ruano. Diego Rodríguez Vargas

Entre el espíritu y la razón

 (del libro Al Son de una Casida. 2006)

Dámaso Ruano, Abdelkrim Ouazzani, Ahmed Amrani y Saad Ben Cheffaj

El color en la abstracción de la obra de Dámaso está influenciado por los amaneceres del campo marroquí, por los tonos del atardecer en los espacios abiertos del ensanche español de Tetuán, por el silencio de la noche en el laberinto de la Medina o, incluso, por el sonido de la llamada del almuecín a la oración, que el pintor oía cinco veces todos los días desde la azotea de su estudio. Dámaso Ruano, pertenece a los grandes pintores de la Escuela de Tetuán junto a Abdelkrim Ouazzani, Ahmed Amrani y Saad Ben Cheffaj (en la foto).

En julio de 2004, con motivo de su exposición en la Casa Fuerte de Bezmiliana del Rincón de la Victoria, dijo a la periodista Cristina Fernández: “Mi pintura se mueve entre el espíritu y la razón”.
Intrigado por tan sugerente pensamiento, quise averiguar el significado de sus palabras y decidí visitar la exposición no sin antes leer la crítica que Amparo Martín del Toro, profesora de Historia del Arte, escribió hace unos años sobre su obra: “Se cierra y se abre, pero siempre queda el dilema, ¿abre una ventana o la cierra? Tampoco sabemos si está abierta desde el interior al exterior, o a la inversa”.
Mientras recorríamos las dependencias hablamos de Tetuán, su tema preferido. En sus ojos surgían destellos de nostalgia y sus palabras emanaban sonidos de amor por la tierra donde nació, creció y buscó su identidad como persona y artista.

Veo Puertas y ventanas en busca del espacio infinito –le dije al saludarlo.

-No era mi intención pintarlas, pero ya me lo han dicho otras veces. Marruecos es un pueblo sobrio. Su paisaje está lleno de luz, misterio, belleza… El árabe sabe vivir en la sobriedad y no dramatiza en exceso su pobreza. Es un pueblo noble que derrocha caballerosidad. Mi etapa figurativa fue muy corta. A partir de 1962, en Tetuán, inicié un proceso de experimentación abstracta porque necesitaba plasmar mis sentimientos y mis sensaciones sin necesidad de retratar la realidad. A veces, sorprendo a mis amigos, como el otro día, pintando un bodegón con los membrillos que me regaló mi amigo Juan José Ponce. Creían que no era capaz de pintar realismo…

Unos días después de ver su exposición en el Rincón de la Victoria lo visité en su estudio, un séptimo piso cerca de la playa con unas excepcionales vistas al mar. Un vaso de tinto y el cigarro fiel le ayudan a superar la tensión que supone crear de la nada una obra de arte.
-Cuando empiezo un cuadro lo hago de forma agresiva sin saber cuál será el resultado final. Poco a poco las formas y los colores se van suavizando a través del diálogo entre el cuadro y yo.
-¿Qué te interesa pintar?
-Siempre parto de una idea compositiva. El resto lo hace el sentimiento y la sinceridad. Eso es lo importante, nunca pinto para la galería ni tengo en cuenta las normas del comercio. Soy un pintor de la libertad y del sentimiento.
-Tus cuadros me transmiten calma.
-Suavizo los colores y busco los contrastes oportunos. Esa calma que tú percibes está en la poética de la luz de Marruecos. El pintor abstracto Motherwell decía que todo lo que pintaba eran los recuerdos de los viñedos de su infancia. A mí me pasa igual, mis pinturas son vivencias de la infancia feliz que tuve en el campo marroquí.
-Sin embargo, en tus lienzos no se ven paisajes, sino figuras geométricas verticales.
-Kandiski fue el padre de la abstracción moderna, y Picasso el que rompió todos los moldes dando libertad absoluta a la creación. A mí tampoco me gusta representar la realidad, sino jugar con ella en un concepto abstracto de la expresión.
-¿Te ha influido especialmente alguna corriente?
-Todos los estilos me han influido de alguna manera, pero en especial el expresionismo abstracto americano.
-¿Quién compra tus cuadros?
-Gente sensible a la belleza. No hay que ser un experto para apreciar el valor artístico de cualquiera de mis obras. Cuando pinto sólo me importa lo que siento en ese momento. Es la única forma de comunicárselo a los demás. A eso le llamo sinceridad. Entre el público que visita mis exposiciones percibo que los docentes en general tienen una especial sensibilidad hacia mi trabajo.
Seguimos conversando mientras yo disfrutaba de su estudio y de las maravillosas vistas al Mediterráneo. Sobre su mesa de trabajo, un meticuloso plano de las paredes de la sala donde expondrá próximamente. Estudia milimétricamente los espacios y las distancias en las que irá cada cuadro, cuidando todos los detalles como si de un proyecto arquitectónico se tratara.
-Estoy preparando mi próxima exposición en Bilbao durante el mes de octubre. La siguiente será en enero del 2005 en Madrid, coincidiendo con ARCO. El catálogo tendrá un excepcional prólogo de Manuel Alcántara.
-¿Estás de acuerdo con lo que escriben los críticos de arte sobre tu obra?
-La mejor crítica que se ha hecho de mi obra hasta ahora la ha escrito Fernando Martín, de la Universidad de Sevilla. Los mejores críticos son los poetas. ¿Te imaginas una crítica de Juan Ramón Jiménez? “Platero es pequeño, peludo, suave…”
Y continuó hasta terminar los dos primeros capítulos de Platero y yo.
-¿Qué diría Juan Ramón de uno de mis cuadros? Yo lo conocí personalmente… Era una persona excepcional.
Me incorporé, mediada la entrevista, al disfrute de un buen vaso de tinto de verano que Pilar, su encantadora esposa, me ofreció. Fue entonces cuando volvimos a hablar de Marruecos.
-Mi abuelo, con seis hijos, llegó a Ketama en 1935 – continuó-. Tenía una misión militar que cumplir: instruir a la Mejaznía, cuerpo militar marroquí encargado de vigilar el contrabando en la frontera con la zona francesa. Posteriormente la familia se trasladó a Tetuán donde nací. Mi madre falleció y me ingresaron en el colegio de huérfanos Infanta María Teresa. Después estudié magisterio, aunque mi verdadera vocación era la arquitectura. En 1967 fui director de la misión española en Kenitra, con sueldo del gobierno marroquí.

África

Amable, sencillo y culto, Dámaso posee el don de la sabiduría popular, la que se obtiene del contacto con el pueblo. Conversador incansable y cronista riguroso, su memoria es una valiosa fuente de información de la época del Protectorado Español en Marruecos, uno de sus temas preferidos al que me condujo inevitablemente.
-¿Cómo era Tetuán?
-Tetuán era un paraíso, una ciudad progresista, limpia, con equilibrio entre lo humano y lo urbano, modelo de convivencia y respeto. No había pobreza, excepto casos aislados, sobre todo de personas ciegas que eran los únicos mendigos. Pequeñas y medianas industrias, talleres, comercio… ofrecían una gran actividad urbana que se complementaba con el mercado de los productos del campo que traían los campesinos.
-¿Cómo fue el cambio con la independencia?
-Después de la independencia en el año 1956, que a todos nos sorprendió, fue cambiando rápidamente. Nadie lo esperaba. Las medidas adoptadas por el gobierno marroquí “asfixiaron” a los comerciantes españoles al prohibirse la salida de dinero. Los comerciantes, terratenientes, militares y funcionarios se habían acostumbrado a vivir al día gracias a su elevado poder adquisitivo. Los acontecimientos se sucedieron rápidamente y a muchos les cogió sin la previsión de haber ahorrado para comprar una casa en España, por lo que decidieron quedarse unos años más. Entonces, llegaron los franceses sustituyendo a los españoles en los puestos de la Administración e imponiendo su lengua.
-Pero clima de inseguridad debió ser traumático…
-El odio soterrado hacia los franceses, en la zona de su protectorado, se tradujo en violencia en la transición a la independencia. En cambio, en la zona española, esta transición se hizo pacíficamente. No se establecieron barreras como en la zona francesa, donde las ciudades se dividieron en cuatro zonas: la europea, la judería, la aristócrata marroquí y la de la población autóctona, eliminando así cualquier posibilidad de integración social.
-¿Cómo interpretaron los marroquíes esta situación?
-El pueblo marroquí reconoció en esos momentos difíciles que la zona de nuestro Protectorado había sido considerada como una provincia más por el gobierno de España. Su presupuesto económico llegó a ser igual al de Andalucía y Extremadura juntas, con una clara intención de favorecer la imagen de nuestro país y agradecer la contribución de tropas marroquíes en la guerra civil. En el ámbito administrativo había delegaciones de los distintos ministerios; y en el militar, un Alto Comisario recibía órdenes de Madrid. Los jueces, médicos, maestros y demás profesionales de grado medio y superior eran españoles ya que en Marruecos había un gran déficit de personas con estudios universitarios. Después de la independencia se estableció un sistema de relaciones diplomáticas con embajada y consulados similar al actual.
-¿Cuál es la explicación del retroceso que la zona del Protectorado Español ha sufrido en las últimas décadas?
-La falta de inversiones de los grandes capitales del país y la insuficiente ayuda exterior. Esa es la principal causa de la oleada de pateras de estos últimos meses.
-Ernesto Sábato decía que “la única esperanza es el arte. Por el camino de la razón hemos llegado a la barbarie”. ¿Podrá la razón encontrar soluciones al tráfico ilegal de seres humanos?
-Las pateras seguirán porque los gobiernos no tienen voluntad firme de que la situación cambie. Al menos a corto plazo. Siento pena y compasión. No soporto ver gente sufriendo y muriendo injustamente en busca de la dignidad que significa tener trabajo y comida. La pobreza me aterra.
-La pintura es un mundo apasionante, mucho más hablando contigo, maestro. Mi contacto con pintores contemporáneos en el Ateneo de Málaga, como José Hernández, Jorge Lindel, Sthefan, Alfonso Portús, Brikman, Rafael Alvarado y tú mismo, me ha abierto la mente hacia un mundo introspectivo apasionante. ¿Llegará el arte abstracto a ser un arte de masas?
-No lo sé. A mí sólo me interesa lo que siento en cada momento sin importarme lo que pensarán quienes lo vean. David Hume decía que la belleza de las cosas está en la mirada de quien las contempla.
-¿Por qué elegiste esta profesión?
-Ya desde muy pequeño me escondía debajo de las mesas para pintar. Yo no puedo ser nada más que pintor. Soy feliz.
Me apetecía estar mucho tiempo más hablando con él, admirando sus cuadros y contemplando desde la terraza el azul marino intenso de aquel día, pero la copa de vino se terminó y la imperdonable hora del almuerzo había llegado. Una preciosa joven entró en el estudio cuando ya nos despedíamos.
-Esta es mi hija Fátima, la menor de cinco hermanos. Se llama así en homenaje a Marruecos.
-Allí se dice Fatima, palabra llana y no esdrújula como en España -añadí.

Terminada la conversación, me fui con unas magníficas sensaciones de hospitalidad y la satisfacción de haberme enriquecido con la sabiduría de un excepcional artista de mirada noble y profunda, puerta o ventana a un paisaje interior de una belleza sin límites.
El crítico Enrique Castaño Alés dice que “Dámaso Ruano es, sin duda, junto a Manolo Barbadillo, el mejor artista específicamente abstracto surgido en Málaga en los últimos treinta años”.
En febrero de 2001, Bernardo Palomo, comisario de la exposición antológica en Málaga, dijo: “Sus cuadros crean espacios habitables para el hombre y le dan una profundidad de silencio y reflexión… Su obra no deja lugar a la indiferencia. En ella todo es poderío y fuerza plástica”.
El crítico de arte Carlos Delgado dice que “ver una exposición de Dámaso Ruano es deleitarse ante el espacio de la pintura pura, ante la transformación de la materia en planos de belleza…”
Dámaso Ruano es Medalla de Pintores de África (Madrid 1973) y Medalla de Oro del Ateneo de Málaga.
El 15 de mayo de 2014, recibió la Medalla de la Ciudad de Málaga «por su brillantísima trayectoria pictórica» y el título de Hijo Adoptivo de Málaga.
Falleció en Málaga el 1 de julio de 2014, a los 76 años de edad.  En la Galería de Artistas del Ateneo, su obra permanecerá como una ventana a la creación más sublime.

Obra perteneciente a la colección  Ateneo de Málaga

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