Envejecer II

 

Por MANUEL SÁNCHEZ VICIOSO

Empecé a escribir advirtiéndome de que mi piel envejecía y escribí más de la muerte, porque la muerte está al final del pasillo que abre la puerta de la constatación de que la piel está envejeciendo.

He oído decir a más de un escritor que ellos son medios para contar, yo he comprobado que muchas veces el escrito toma los derroteros que le vienen bien sin que estuviera previsto por el autor. Este es el caso que nos ocupa, quería escribir del envejecer y escribo de decir el adiós final.

Pero en definitiva el duende o la musa no se saldrá con la suya pues escribiré sobre el envejecer que empieza desde que inhalamos el primer aire que hincha nuestros pulmones. Empezamos a envejecer desde que nacemos, sólo que no somos conscientes de ello. Nos damos cuenta cuando empiezan los achaques, para algunas personas con la crisis de los cuarenta y de manera definitiva con la de los cincuenta, ya no digo con la sesentena, o cuando empiezan a ofrecerte el asiento en el autobús.

No vayan a creer los que no viajan en autobús urbano que no envejecerán, sólo tendrán la ventaja de no poder sorprenderse del dicho de una mujer joven “Siéntese usted”. Del mismo modo es significativo que te llamen abuelo sin tener nietos, a las mujeres no se les ocurre llamarlas abuelas, como no sea que las vean con un niño de la mano. Esto más que un error, inducido por la propia imagen, es una injerencia externa, casi una declaración de guerra las dos o tres primeras veces que oyes el  apelativo de gran padre. Convendría preguntar a quien te abueliza qué te ha visto, también vale preguntar en caso de la cesión del asiento en el autobús, pues con la simple pregunta ya te estás dando datos de que aparentas ser viejo, aunque tú aún no lo sepas ni lo asumas en su totalidad.

Nuestro envejecimiento se produce por oxidación o sea por contacto con el oxígeno, que es el que oxida, de aquí la moda de ingerir alimentos que contengan antioxidantes buscando la eterna juventud, pero al fin y al cabo el envejecer es consustancial con la vida misma. Dos hitos importantes son en el hombre la primera visita al urólogo, que se recomienda al cumplir los cincuenta, y para las mujeres cuando les llega la menopausia. Pero son momentos en los que no piensas aún, que vas para viejo.

Sin “pretender ser exahustivo” hay unas señales que nos acercan a que nos demos cuenta de que envejecemos, lo dicho de la piel con arrugas, y seca, la pérdida de fuerza física, la recomendación médica de que andemos, pero no corramos, la eficacia del tiempo, de mayor somos más lentos en muchas acciones, incluso en reflejos, pérdidas de memoria, a muchos hombres se les despidió la libido sin delicadezas y definitivamente cuando todos los días has de tomar algún medicamento, se habla más del pasado y menos del futuro, como no sea de viajes si la salud lo permite. Ni todos estos síntomas aparecen a la vez ni le pasa igual a todas las personas.

No nos preguntaron si queríamos nacer y no nos preguntan si nos queremos ir para siempre, lo que sí es axiomático es que nos iremos, pero no nos saldrá gratis, por ello lo mejor es acostumbrarse a envejecer, aceptar la realidad, envejecer con dignidad y tener una vida con una calidad adecuada a la dignidad que merecemos las personas.

Ser mayor tiene muchas ventajas incluidas la liberación del sexo, la mayor de todas es que somos especialistas en nosotros mismos, nadie mejor que uno conoce sus gustos ya sean sociales, de ocio, culturales o culinarios y por ello deberá procurar darse esos gustos y ser precavido, que significa hacerlo todo sin excesos. Hacer el ejercicio físico adecuado a la edad, o sea andar, comer de manera saludable, mantener relaciones sociales y sexuales adecuadas es la manera de aceptar el envejecer que nos acerque a una despedida propia de lo que merece todo ser humano.

Hacer el testamento legal justo para evitar que una vez idos nuestros herederos no tengan motivos de enfrentamientos por nuestros bienes. Hacer el Testamento Vital y para tener una muerte digna e indolora y la eutanasia para quienes la demanden.

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