FICCION POWER: Una mata de salvia

 

Por MARÍA VICTORIA PÉREZ

 

El guía moro nos condujo hasta el cementerio.

Vamos paseando por entre las tumbas. Todas iguales, sencillas, sin flores y muy juntas. Enlazadas unas con otras formando dameros. Nos detenemos frente a una de ellas. El guía nos traduce la inscripción de la lápida, tan sencilla que al contemplarla me siento desolada y también decepcionada.

“Esta es la tumba de Mohamed Chukri”. En silencio, la rodeamos.

Repaso con la mirada los bordes de hierro de la tumba, envueltos en el óxido del olvido y el abandono. Siento en mis huesos la amarga soledad de sus huesos, bajo ese infame manto de hierbas secas y tierra inerte que lo cubre. Miro a mi alrededor con rabia. Es injusto – digo entre dientes. No sé si me han oído, puesto que el guía continúa recitando su lección bien aprendida y hace como si nada, y repite una vez más su relato, que yo no escucho, porque en esos momentos solo atiendo a mis resentidos pensamientos.

No fue un personaje notable, dado sus orígenes,  pero quien haya leído sus libros no podrá olvidarlos jamás. El relato, exento de hipocresía y proclive a la inmoralidad, no deja indiferente a nadie, sobre todo proviniendo de un musulmán”… -apunta el guía con una sonrisita sardónica.

Rodean la tumba varios jóvenes que nos observan y parecen esperar algo de nosotros. Seguramente dinero. Pero ya han cobrado. Recibieron el encargo de adornar la tumba. Una sencilla mata de salvia. Eso es todo. No hay flores, ni velas… nada. En esta cultura todo es austero -me digo sin atreverme a dejar allí un pequeño ramo de margaritas que llevaba oculta en el capazo. Dado el silencio reinante y viendo que mucha gente nos observa, no me atrevo a preguntar y dejo las flores en su sitio.

Me pregunto si Chukri era un musulmán creyente o sólo lo era por haber nacido en esa cultura. Sinceramente, creo que lo segundo. Su afición al alcohol, sus amistades occidentales y su vida completamente díscola me dicen que su alma volaba libre de prejuicios y remilgos. El tuvo el valor de hacerse a  sí mismo y escribía del mismo modo. En su obra cumbre: EL PAN DESNUDO,  utiliza un lenguaje sencillo, cercano al lector y nos sumerge en un mundo que nos recuerda tiempos pasados de nuestra propia historia. Pueblos olvidados, vidas miserables y abyectas, hundidas en la incultura y el analfabetismo. Sus escritos autobiográficos son descarnados y hasta crueles en el relato. El lector se sumerge en esas vidas y llega a comprender que todo lo que hacen (incluida la transgresión) es para sobrevivir. El instinto que se superpone a lo establecido…

Alguien de mi grupo pronuncia unas palabras de recuerdo y admiración hacia Chukri, los demás escuchamos en silencio. Con respeto. Cada uno reflexiona y se abandona a sus sentimientos. Mientras tanto, los jóvenes tangerinos que vigilan la tumba, siguen ahí impertérritos, observándonos. Sigo pensando que esperan recibir más dinero.

Contemplamos el paisaje que nos rodea y sacamos fotografías. Varias mujeres vestidas de negro nos miran con curiosidad. Ellas, guardianas de sus muertos, vigilan para que las tumbas estén limpias de malas hierbas. Un pastor pasea a su cabra por los alrededores y no nos quita ojo mientras el animal se alimenta de las plantas de salvia que crecen sobre los túmulos.


Ya va cayendo la tarde y decidimos dar por terminada la visita al cementerio. Nos despedimos de los restos mortales del escritor. Pero su obra no. Se va con nosotros.

 

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