FICCIÓN POWER: Viceversa

 

Por SALVADOR PERÁN

Sin una explicación racional que lo justificara y, desde luego, sin datos fehacientes que lo respaldaran, resulta que un buen día todos le dimos por muerto. A mí nadie me comunicó su fallecimiento, pero estaba convencido de que había abandonado este extraño mundo. No hubo esquelas ni duelo, simplemente se le tuvo por finado; hasta el punto de que cuando se cruzaba por la calle, las pocas veces que salía, se hacía como si no se le viera. Lo curioso es que se le olvidó en el presente y en el pasado. Nadie lo recordaba ni conservaba datos que demostraran que había existido. Claro que, si alguien te preguntaba, cosa que no ocurría nunca, qué si conocías a fulano, tenías que decir que sí como disculpándote, porque su presencia era tan irreal como su memoria.

El caso es que de vez en cuando se hacía notar mandando artículos a la prensa local que pasaban como si fueran espacios en blanco. No se sabe de alguien que hubiera leído algún trabajo suyo y mucho menos después del ostracismo. Aislado en su domicilio y sin relaciones conocidas pasaba los días entregado a la misantropía, cuando saltó la noticia. Un visitador social enviado por el ayuntamiento encontró en su casa un túnel que conectaba con antiguos pasadizos que fueron calles de una ciudad sepultada hace más de mil años por las nuevas construcciones. Avisados los bomberos se buscó su rastro durante más de un año sin resultado alguno, hasta que un día un compañero de colegio lo reconoció sentado en un banco del parque mostrando un aspecto inmejorable. Estuvieron hablando un rato y al despedirse vio que se marchaba con la agilidad de siempre hasta la parada del autobús en el que se subió sin volver la vista atrás.

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