Frank Rebajes

(Puerto Plata, 1906 – Boston, 1990) 

Artista, joyero y orfebre. Pensador, investigador, experimentador, científico, creador, soñador.

Frank Rebajes joyero, en Nueva York. Imagen cedida por Juan José Vázquez.

Frank Rebajes joyero, en Nueva York. Imagen cedida por Juan José Vázquez.

En 1922, apenas cumplidos los 16 años y con 300 dólares en el bolsillo, Francisco Rebajes decidió lanzarse a la conquista del gran sueño americano. Dominicano de padres españoles, pudo sobrevivir en Harlem trabajando en cafeterías, mendigando y vendiendo durante la Gran Depresión “aquellas innobles manzanas que no eran las de la inmortalidad”. Diez años después de su llegada al Imperio, dio comienzo su carrera vital, cuando descubrió en una fiesta a su gran amor, Paula Schwartz, con quien compartió toda su vida. Se casaron al poco de conocer­se, pasaron la noche de bodas en el metro y su primera residencia conyugal fue el sótano de un amigo peruano. Las inquietudes de Rebajes hicieron que un viejo juego de herramientas de fontanero que había en el sótano se convirtiera en el aliado de sus aun ignotas habilidades. En una tarde realizó sus primeras esculturas: una serie de animales hechos con latas de conserva, que al día siguiente expuso en la primera exposición al aire libre que se celebraba en Washington Square. La directora del Museo Whitney de Arte Estadounidense, Juliana T. Force, compró el lote completo por 30 dólares, dinero que Rebajes invirtió en el alquiler de un angosto pasillo ubicado entre dos edificios de Greenwich Village, espacio que fue su primer taller-tienda y hogar. En un mes su clientela englobaba un abanico variopinto de perfiles, incluyendo intelectuales y artistas que apreciaron su trabajo por su buena factura, originalidad e imaginación. De las latas pasó al cobre, de una tienda a otra, de la supervivencia al superávit. En 1939 su obra cubría las paredes de uno de los pabellones de EE.UU.  en  la Exposición Universal de Nueva York. A comienzos de la década de los 40 ya había expuesto en el Museo Metropolitano de Arte y en el Museo de Brooklyn.

Continua­ron años de exposiciones, premios y reconocimientos mientras abría una tienda en la 5ª Avenida, cuyo interior, diseñado y decorado por Rebajes, rezumaba modernidad y se imbuía en la línea artística que había hecho propia. Este espacio museo, visitable en la actualidad, continúa siendo la joyería Frank Rebajes, aquella que abasteció a todo el país y que tuvo una sucursal en Los Ángeles y otra en Chicago.

Amparado por su talento y su audacia, como escultor y joyero excepcional, alcanzó el sueño americano, hasta que en 1958, cansado de la rueda de la producción y la esclavitud de la abundancia, dejó la casa que había diseñado en Long Island y vendió su negocio al encargado, Otto Bade, marchándose con Paula a vivir a Torre­molinos, entonces un pequeño pueblo pintoresco de grandes hoteles llenos de aristócratas y artistas de todo el mundo, donde el famoseo y el glamour se daban cita. Allí abrió una tienda y se sumergió en el estudio de la Geometría Secreta de los Símbolos…

Rebajes en Torremolinos

 “Personalidad artística inclasificable, extraña, enigmática, cuyos intereses parecen dirigirse tanto hacia el esoterismo y los secre­tos de la filosofía oriental, como al íntimo comportamiento de la materia física”. Enrique Castaños Alés (Diario Sur, 20/08/1989)

Cuando a comienzos de los años 60 Paula y Frank se fueron a vivir a Torremolinos tras vender el jugoso imperio logrado en Nueva York, abrieron una pequeña tienda-taller en la que Frank continuó trabajando como joyero artesano. Entre su cliente­la destacaron personalidades como la princesa Alejandra de Kent,  el Duque de Windsor o Massiel, propias de un Torremolinos mítico, paraíso de la fiesta y el descoque, por donde paseaban como noctívagos famosos de la talla de Frank Sinatra, Orson Welles y Ava Gardner. En realidad esta joyería fue una excusa para la subsistencia porque Frank, realmente, estuvo imbuido desde 1972 en el estudio de la Geometría Secreta de los Símbolos, explayándose en una afanosa investigación científica, filosófica y lúdica de resultados artísticos, que compartió con su ayudante y amigo Aurelio Ariza. Tras 9 años de investigación, patentó su idea convencido de la importancia de su aportación y decidió “sacar el gato entero del saco y mostrárselo al mundo” (F.R.). La primera muestra de esta investigación quedó grabada en video, bajo la intitulación Experiencia metamórfica: el huevo de Colón, en el que el artista presenta las esculturas resultantes asociadas a citas del I Ching.

Óvulo. Frank Rebajes. Imágenes cedidas por la Fundación Picasso Museo Casa Natal.

“Homenaje a la oculta metáfora del infinito en la cinta de Möbius”

En su labor como escultor y joyero aunó multitud de lenguajes, pero siempre bajo la influencia de un elemento inseparable de su concepción del mundo: la curva, la S, el infinito, que le llevaron finalmente a su sagrada obsesión: la cinta de Möbius (cinta cerrada de un solo lado de recorrido infinito, inventada por el matemático y astrónomo alemán A. F. Möbius (1790-1868)).

Para Rebajes, la investigación creativa se basó en “el diseño de un elemento al mismo tiempo simple y complejo, base metodológico-formal de infinitas variaciones tridimensionales escrutadoras del espacio, la materia y el movimiento: la cinta de Möbius” (E. Castaños). Materializó todas las posibilidades de figuras geométricas que surgen a partir de la experimenta­ción con la cinta en cuanto a forma y concepto, resultando piezas móviles que discurren sobre su superficie continua en un movimiento perpetuo.

El resultado: el Óvulo

Teniendo como base el movimiento continuo de la cinta de Möbius y la forma conceptual del ying-yang (además de otras realidades como el huevo, la rueda, la letra griega sigma o el mandala) concibió la figura del óvulo y sus indeterminadas variantes, que recreó en volúme­nes escultóricos bajo denominaciones como astroide, tetracordio de Pitágoras, tetrapétalo bilateral y un largo muestrario de cabales creaciones posiblemente al borde de lo incomprensible. En numerosas ocasiones patentó sus ideas, convencido de que en ellas se encontraban respuestas a eternas búsquedas.

Según Rebajes, su pretensión fue el “descubrimiento de una nueva forma geométrica que comunica verdades estéticas, filosófi­cas y matemáticas, y cuyo origen se remonta al más viejo y común de los símbolos herméticos”.

Su investigación caminó por la simbología mística, la filosofía oriental, astrología, matemáticas, física… Reinterpretó e inventó ámbitos como las matemáticas constructivistas, la mecánica ondulatoria o el arte ambidiestro, en busca de nuevas lecturas y concepciones en torno a las ideas de movimiento-cambio, relativo-absoluto, vacío inexistente, tiempo, silencio…

Compiló todo este trabajo en el cuaderno Óvulo (1989), donde trató de “recoger espíritu y forma de la obra”, expuesto a modo de collage e hilado a través de citas, ideas, imágenes, planos, dibujos, reflexiones… que construyen su ideario y su particular cosmogonía, viajando a través de pensamientos tan diversos como Pitágoras, Borges, Lao Tsé, Flaubert, John Lennon, Jung, Hofstadter, Confucio, Goethe, Platón, Leibniz,… y de distintas expresiones artísticas como el op art, optical art, arte cinético, la obra de Da Vinci, Dali, Vasarely o Brancussi, siendo sus referentes más cercanos los hermanos Naum Gabo (1890-1977), Antoine Pevsner (1886-1962) y el Neoconcretismo brasilero como la artista Lygia Clark.

Variaciones sobre el Óvulo, Frank Rebajes. Imagen cedida por la Fundación Picasso Museo Casa Natal.

Un final para la interminable cinta de Möbius

En 1988 su inseparable compañera Paula fallecía tras años padeciendo alzheimer. Frank se sumió en una progresiva tris­teza. Ese año se celebró la primera y la única muestra que se hizo en Málaga del artista, organizada por la comisaria Tecla Lumbreras en el Colegio de Arquitectos, en la que se expuso su serie Óvulo bajo el nombre de El mundo de Cirilo os da la bienvenida. Después abandonó España y marchó a EE.UU. En 1990 presentó su trabajo sobre la cinta de Möbius en el MIT (Massachussets Institute of Technology) con gran éxito. Esa noche se suicidó en la habitación del hotel consciente de que él pondría fin a su vida cuando lo considerase oportuno, dueño de su geometría vital; o quizás no, quién sabe qué pudo supo­ner el descubrimiento de esa nueva forma geométrica.

Mónica López.

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