¿Generaciones perdidas?, por Jorge Andújar Escobar

En estos años de crisis que nuestro país está soportando, podemos escuchar o leer con muchísima frecuencia el término de: “generación o generaciones perdidas” para definir la situación de nuestros jóvenes en referencia a la falta de empleo y a las perspectivas próximas de poder conseguir un puesto de trabajo; realmente las cifras oficiales son demoledoras y están ahí a lo largo y ancho de toda la geografía española.

 

El término “generación perdida” lo usó por primera vez el norteamericano Ernest Hemingway en el epígrafe de su novela Fiesta, y posteriormente se le aplicó a diferentes escritores americanos de los años veinte, como Scott Fitgerald y John Dos Passos, aunque también, y en sentido figurado a los jóvenes que habían alcanzado la mayoría de edad durante la Primera Guerra Mundial y que habían perecido en ella o, que habiendo sobrevivido, les resultaba muy complicado adaptarse a la vida civil.

Ciertamente, y salvando las distancias y las circunstancias, la recesión económica que sufrimos, está teniendo efectos devastadores sobre las posibilidades de empleo de los jóvenes en España, y a pesar de que aseguran algunos expertos que ya se atisban síntomas de recuperación, es más que probable que pasarán varios años antes de que la situación en el mercado de trabajo vuelva a los niveles que podríamos llamar “normales” para este país. No obstante los estudios menos pesimistas, afirman que por lo menos hasta 2025 no se habrá recuperado el nivel de empleo del año 2007. Con todo lo expuesto anteriormente, podríamos preguntarnos si esta recuperación tan lenta puede acabar creando unas mal llamadas “generaciones perdidas” en España, formadas en concreto, por todos aquellos ciudadanos que tienen ahora entre 20 y 40 años.

Sin entrar en cifras, porcentajes, curvas o cuadros estadísticos, que no es el objeto concreto de este escrito, si habría que recordar que, diferentes generaciones de numerosas regiones de España, sufrieron también en tiempos pasados, durísimas crisis económicas que les obligaron a salir fuera de sus lugares de nacimiento, emigrando a países de América, (caso de nuestros abuelos o bisabuelos), a Alemania, Francia, Holanda, etc., o a Cataluña, Valencia o el País Vasco, nuestros padres o tíos. Es verdad que, hace pocos años, —los de las “vacas gordas”—, la mayoría de nosotros, no pensábamos que podría volver a ocurrir dichos fenómenos, pero tenemos la obligación, todos los que por edad, ya hemos cumplido nuestra vida laboral, de animar a todos nuestros jóvenes, aconsejándoles a los que se ven forzados a emigrar, que trabajen, luchen y se formen sin mirar atrás con ningún tipo de resentimiento, y a los que se quedan que sigan formándose en lo posible de sus fuerzas, tarde o temprano seguro que encontrarán la recompensa.

Es cierto que junto con los jóvenes españoles que han partido buscando trabajo, también han regresado a su lugar de origen muchos de los inmigrantes que llegaron hace una o dos décadas, junto con sus hijos (nacidos en España), pero no es el momento de analizar problemas del siglo XXI con mentalidad del siglo pasado. En un mundo globalizado, con una Europa económicamente integrada, que nuestros jóvenes logren en Francia o Alemania un trabajo que ahora no existe en España, no significa que los hayamos perdido. Lo que sí está en nuestras manos y en el de los diferentes gobernantes, es intentar recuperarlos, creando las condiciones para que los empleos de calidad estén aquí. Por favor, llamarles “generación perdida” parece más un insulto que una mera definición de una situación económica coyuntural. Por otra parte, muchísimos ciudadanos con edades que podríamos llamar “avanzadas”, tampoco se consideran en absoluto “generaciones perdidas” por el hecho de no ser sujetos productivos. El ejemplo que les expongo seguidamente, es un claro ejemplo de que en este mundo todos somos necesarios y útiles, tengamos la edad o la preparación que tengamos y que en definitiva todo es cuestión de trabajo, esfuerzo, ilusión y sacrificio.

John Forbes Nash, es un economista y matemático estadounidense nacido en Bluefield en 1928. Extraordinariamente dotado para el análisis matemático, Nash ingresó en la actual llamada Universidad Carnegie-Mellon de Pittsburgh, con la intención de estudiar Ingeniería química; pero tras cursar algunas asignaturas de Matemáticas, decidió orientar su carrera hacia esta materia, obteniendo en 1948 la licenciatura con notas extraordinarias. Tras recibir varias ofertas para realizar el doctorado, se decidió por la Universidad de Princeton. En 1949 y como parte de sus investigaciones publicó un extraordinario artículo titulado “Non-cooperative Games”, en el que se recogían las ideas principales de su tesis. Una vez finalizada la misma, trabajó durante unos meses para la Corporación RAND, volviendo a la Universidad de Princeton poco después. En 1952 se incorporó al cuerpo docente del prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde realizó una importante labor de investigación sobre variables algebraicas reales múltiples. También fue profesor en el MIT de Massachusetts. Cuando contaba 29 años se le diagnosticó una esquizofrenia paranoica que lo apartó del trabajo científico durante dos décadas. Viajó de manera errante de un país a otro, entraba y salía de los hospitales sin parar y, se convirtió en un fantasma que deambulaba por las aulas de Princeton, mendigando monedas o cigarrillos o formulando cuestiones enigmáticas, que casi nadie comprendía; finalmente y tras una sorprendente recuperación, en los años setenta regresó a la docencia y la investigación. Fue galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1994, con 61 años, compartido con John Reinhart Selten por sus análisis del equilibrio en la teoría de los juegos no cooperativos.

John Nash.

El pasado año 2014 con 86 años, John Forbes Nash recibió el Premio Abel que entrega la Academia Noruega de Ciencias y Letras, considerado el Nobel de las matemáticas, por sus trabajos en ecuaciones no lineales en derivadas parciales. Como vemos ni la terrible enfermedad de la esquizofrenia ni la edad, han podido con la férrea voluntad de trabajo y superación de este notabilísimo matemático. Ya ven ustedes, eso de las “generaciones perdidas”.

Linares 11 de abril de 2015

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