Gestos, por Fernando Arcas Cubero

Publicado en La Opinión de Málaga, Tribuna, el 11/01/2015

Visitaba a una colega hispanista y rectora del Lady Margaret Hall de Oxford cuando me sorprendió con la invitación a la protocolaria cena de los profesores delante de los estudiantes iniciada en latín y con velas, en un imponente refectorio como el de las películas inglesas de época. Era unos meses antes de la invasión de Irak, y me tocó sentarme precisamente frente a un profesor de ciencia política estadounidense que impartía un seminario sobre armas de destrucción masiva. En la conversación traté de argumentar los peligros de todo tipo que se derivarían de una invasión militar en pleno siglo XXI. Y fue entonces cuando apareció ese gesto, una mezcla de subida de cejas, inclinación leve del cuerpo hacia atrás, rápida mirada de complicidad al fiel auditorio para aislar al intruso, y expresión denotante de infinita paciencia, de peso de responsabilidad sobre los propios hombros ante la ligereza del inconsciente interlocutor de un país menor.

Fernando Arcas.

El corifeo intelectual de Bush se dignó mirarme finalmente de frente, y con el gesto que acabo de describir y un tanto de fastidio interpreté que me vino a decir algo así como: «Te lo voy a explicar pequeño saltamontes».

De vez en cuando me viene a la memoria aquella desigual discusión. Entonces pensaba que si un politólogo norteamericano explicaba la guerra preventiva y las armas de destrucción masiva que escondía Saddam en el desierto nada menos que en aquel prestigioso College de Oxford, poco tenía que hacer un modesto profesor de Historia Contemporánea de la Facultad de Letras y de la de Periodismo de la Universidad de Málaga. Oxford, es decir esos rankings mundiales de excelencia universitaria privada, frente a Málaga, esa universidad pública española de provincias que comienza lentamente a asomarse a ellos. Y sin embargo esa región ha terminado por convertirse en un fenomenal y desestabilizador avispero político y bélico. ¿Dónde se habrá metido ahora aquel tipo?

Ese gesto de suficiencia, esos perdonadores de vidas, imponen a diario la razón de la sinrazón al sentido común, algo mucho más democrático por su desinterés, más sencillo e inteligente que el pensamiento interesado. Luego ha venido ese rasgo, ese talante, ese gesto en los grandes financieros, guardianes últimos de las turbinas del capitalismo dibujados hace dos siglos por Daumier.

El director de cine Ettore Scola propuso en La noche de Varennes una interpretación de la caída de la monarquía francesa en 1789. La sentencia ejecutada sobre Luis XVI y María Antonieta en 1793 se pronunció en realidad en esa pequeña aldea fronteriza francesa donde fue detenida la huída de la familia real, que pretendía traicionar la revolución uniéndose a las dinastías absolutistas europeas. La razón: que para pasar desapercibidos, los reyes de Francia se habían desprendido de sus reales ropas para vestir como campesinos. Habían renunciado a la máscara que protege a la realeza de sus debilidades, ese mismo gesto del poder financiero que ha ocultado durante estos años ante la gente normal la sala de máquinas averiada del dinero de todos. Ese gesto al que nos tenían acostumbrados de conmiseración, lástima y misterio, ante las dudas o la velada inquietud inadmisibles de tantos pequeños saltamontes.

 

*Fernando Arcas Cubero es profesor Titular de Historia Contemporánea de la UMA

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