Herida abierta, un poema de Alfonso Millán Quintana

Hoy las baldosas nos escupen las lágrimas derramadas ayer.

El quejido de la palabra líquida.

De un mundo que sufre y agoniza.

Que llora y desespera.

Y que, aún así, sin guardarnos ningún rencor,

nos regala cada día su paleta de colores

derramada sobre el horizonte,

para gozo y deleite de las nubes…

Y algún que otro despistado.

 

Nosotros, estigma milenario.

Enfermos del TÚ y el YO.

Seguimos sangrando la herida.

Cabalgando contra la cura.

 

Nosotros, patética esperanza de endiosada

y refinada figura.

Cínica promesa edulcorada.

 

Nosotros… No ellos, ni vosotros,

ni los aquí presentes, que no son otros que los que,

día tras día, siglo tras siglo

y herida tras herida,

seguimos preguntándole por qué, al cielo.

Seguimos ignorando sus lágrimas amargas y mudas.

Y seguimos mirando hacia otro lado.

Cubriéndonos, una vez más,

con el paraguas de nuestra

falsa e hipócrita realidad.

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