Identidad digital

Instituciones y personas tienen distintas facetas que desarrollar y cultivar; una de ellas es la virtual.
Como ya hemos comentado en este blog lo más fantástico de lo virtual es que no existe, que todo es real. El espacio virtual es una extensión del mundo presencial, tan auténtico como él mismo, en el que continuamos o simultaneamos las actividades que realizamos fuera de la red. Un ejemplo inmediato lo encontramos en el caso de los adolescentes, colectivo que va por delante en lo que a la definición de una identidad con una vertiente digital se refiere. Su actividad en las redes sociales, las imágenes que suben y los comentarios que hacen tienen como protagonistas a quienes ya conocen en persona, continuando al volver a casa la comunicación que mantienen en sus lugares de ocio o estudio en la mayoría de los casos; es más, a menudo sólo aceptan a quienes conocen a través de alguien del que tienen constancia física. Otro ejemplo nos lo ofrece Luis Jiménez, responsable de seguridad electrónica del CNI, que explica como los ciberataques son una faceta más de los conflictos que se producen en el mundo, el lado virtual de la guerra. El concepto de Realidad Aumentada, en la que se superponen información física y virtual, puede servir también para ilustrar esta afirmación; y una de sus últimas aplicaciones la encontramos en la idea de identidad aumentada, que permitirá a los dispositivos móviles reconocer nuestra imagen e identificarnos automáticamente en Internet para acceder a nuestro correo, a nuestra cuenta de Facebook, o a otros servicios on-line sin necesidad de introducir nuestros datos.

Es decir, existe una conexión natural entre el mundo que solemos llamar real y el virtual, y por tanto no tiene sentido plantearse el desarrollo de una identidad digital como una instancia aislada de lo que somos; la nuestra habrá de ser una identidad expandida, y para ello tendremos que ir encontrando los hilos que permitan que nuestra actividad fluya por la vertiente no presencial. Este es un fenómeno colectivo de escala global en el que nos desenvolvemos desprovistos de certezas pero en el que no estamos solos; el carácter colaborativo del proceso aparece de una forma espontánea a medida que vamos integrando en nuestra actividad cotidiana la participación en Internet y es una cuestión de tiempo que formemos parte de redes con cuyos miembros podemos compartir intereses e inquietudes.
Así pues cada individuo y cada organización habrá de plantearse cómo apropiarse de la tecnología para conectarla a lo que es y lo que persigue, para hacer de la red también su espacio, desarrollando el vínculo con ella y siendo así su propio avatar. Quienes no lo hagan asistirán como espectadores al vuelo libre que otros experimentarán en Internet y tendrán muchas menos oportunidades de enriquecerse desde una perspectiva tanto cultural y económica como política. Una prueba concluyente de esta última la encontramos en las últimas elecciones norteamericanas con el uso que Barack Obama hizo de la red. Este fue una extensión y amplificación de su estilo de comunicación, tal y como explica Juan Freire en un muy interesante análisis de la influencia de Internet en la victoria del candidato demócrata. Es decir, la faceta digital de su campaña electoral era consistente con su manera de hacer y entender la política, estaba conectada a la misma.

Y desde una institución cultural como el Ateneo de Málaga, que hasta ahora ha limitado su actividad en Internet a una web clásica 1.0, ¿cómo podríamos expandir nuestra realidad para desarrollar una identidad híbrida yendo más allá de la labor presencial tradicional? ¿cómo podemos conectar el ateneismo con la cultura digital? En primer lugar teniendo presente qué somos y qué objetivos nos mueven; también reflexionando sobre el valor que aportamos como agentes culturales, y sobre la necesidad de adaptarlo a un mundo en red, conectado y aumentado. Porque ese valor que se nutre de lo local tiene elementos que son susceptibles de ser compartidos en un ámbito global; de hecho para encontrar respuestas que nos ayuden a entendernos será interesante tomar en consideración la paradoja sobre la identidad que Tíscar Lara recoge siguiendo a Dubar:

lo que hay de único es lo que hay de compartido.
las formas identitarias reflexivas y narrativas nos ayudarán a comprendernos mejor que las tradicionales de carácter estatutario.

Cualesquiera que sean las conclusiones parece que el pensamiento, el debate, y la participación ciudadana habrán de ser nuestras coordenadas virtuales, por lo que las propuestas presenciales que promovamos deberán tener su continuidad en nuestra web, nuestra red social, en este blog, o en cualquiera de los espacios que conformarán la cara digital de nuestra identidad. Y ello desde la comprensión de una nueva dimensión más global que puede tener nuestra actividad, que nos permitirá abrirnos al diálogo con múltiples agentes culturales, y participar en el flujo de intercambios que Internet abre ante nosotros.

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3 respuestas a "Identidad digital"

  • José M. Domínguez says:
  • Marcelo says:
  • José María Ruiz Palomo says:
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