Independencia, por Juan Gaitán

La Opinión de Málaga, 08.09.2017

«Independencia» se dice igual en español y en catalán. Varía un poco la pronunciación, es cierto, y en la escritura la diferencia está apenas en el acento grave en la última «e» que la lengua catalana coloca en el vocablo. Pero nada más. Unas diferencias muy pequeñas. Como casi todo, en general.

Pero, por lo visto, aunque se digan igual no se piensan igual. Es lo que pasa con las palabras, que deben sentirse y pensarse antes de ser expresadas. Luego no tienen retroceso. Las palabras vienen sin marcha atrás, por eso debemos intentar estar seguros de lo que vamos a decir antes de decirlo. ¿Y qué decimos cuando decimos independencia? Pues€ Depende (perdónenme el juego de palabras, no he sabido resistirme). Supongamos que estamos en 1803, año en que la Real Academia de la Lengua Española publica la cuarta edición de su diccionario. En él aparece «independencia» con una sola y escueta acepción, «falta de dependencia», mientras «dependencia» la define como «subordinación, reconocimiento a otro mayor poder o autoridad».

Entre ese diccionario y el de mediados del Ochocientos ocurren la invasión napoleónica y la llamada «Guerra de la Independencia». En esos años la palabra coge fuerza, se apodera de los discursos, los artículos, las proclamas. Había que librarse del enemigo francés y el término engorda, se carga de significado: «libertad, y especialmente la de una nación que no es tributaria ni depende de otra». Un texto del barcelonés Antonio Capmany Surís y de Montpaláu (por si hubiese que acreditar la genealogía), señala en 1808 que la voz «independencia» es «favorita de todos», refiriéndose a la «independencia y redención de España». Otros artículos de la época terminan de definir los conceptos que hoy, al parecer, tanto nos confunden. Bajo el seudónimo de Doctor Mayo, Julián Negrete proclama que «cada español ha de quedar sometido tan solo a la ley», y posteriormente dará una clara definición de nación: «una junta de hombres libres, que no pudiendo serlo por sí solos, o en el estado que llaman de naturaleza, se reúnen en sociedad para que obedeciendo todos a las leyes, ni la miseria de los unos, ni la abundancia de los otros, ni las pasiones cualesquiera turben la seguridad de cada uno». Ahí es nada. Dos siglos y mira lo perdidos que andamos, con lo claro que nos lo dejaron.

Esa es la razón de que en las dos lenguas ´independencia´ se pronuncie igual. Porque venimos del mismo sitio e, irreparablemente, vamos hacia el mismo futuro. Ya sé que yo, como andaluz, tiendo por naturaleza a lo universal, pero es que no consigo entender cómo nadie puede creer que será libre encerrándose.

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