INSTINTO COOPERATIVO, por Salvador Perán

Cuando se acaban de publicar los resultados de un experimento que ha detectado el fondo cósmico de radiación de microondas, conviene recordar que eso representa que, por lo menos desde unos 380.000 años después del Big-bang, nada de lo que existe o ha existido en el Universo, en sus 13.800 millones de años, es individual o independiente. Todo lo que hay, todo lo que es, incluso el pensamiento neoliberal, es producto de la cooperación. Ni que decir tiene que en el futuro las cosas van a seguir siendo así por mucho que se predique el egoísmo individualista. En el patio común de la convivencia y con una fuente de riqueza limitada, lo que acaparen unos faltará a otros, hasta que no se establezca un principio de distribución equitativo.

El instinto de las partículas elementales, si es que a eso se puede llamar instinto, las llevó a encontrarse, agruparse y evolucionar hacia algo que en un planeta del sistema solar, llamado Tierra, cuajó en lo que conocemos como vida. A estas alturas de la evolución, cuando intereses corporativos, que solo buscan rentabilidad, están desestabilizando el hogar de todos, se debería plantear con seriedadsustituir criterios económicos porpolíticos a la hora de gestionar y repartir los recursos. Para ello se necesita quelas ideas racionales prevalezcan sobre las supersticiosas y que los intereses generales desplacen a los particulares. Debemos reivindicar la educación como soporte de una sociedad justa para evitar que ilustrados fulleros, con base o sin ella, se alcen con el poder para camuflar la desgracia como ventaja o imponer condiciones injustas manipulando el ejercicio de la democracia.

A pesar del estupor que ha provocado la publicación de tramas turbias de espionaje que descubren el pelaje de quienes nos gobiernan,el conocimiento de los hechos no ha tenido las consecuencias que deberían acarrear trampas tan graves, debido a la debilidad social que provoca la sobrecarga de información banal y el desinterés de los jóvenes por los asuntos públicos. Es decir, a causa de la incultura global a la que conduce la globalización asimétrica en la que andamos.

España se unificó con los Reyes Católicos al grito de Santiago y cierra España. Su mayor esfuerzo guerrero, en el que lapidó el botín del descubrimiento, consistió en combatir el progreso protestante opuesto a los abusos estrafalarios del papismo. La alianza de fanatismo religioso e ignorancia ha dibujado el estilo roñoso de gobiernoespañol a lo largo de la historia, si se exceptúa la época republicana. La última Restauración a la que se ha dado en llamar Transición, fue un ir de los Borbones a los Borbones pasando por Franco. El continuismo subconsciente que mantiene este régimen lanzadera viene a ser más de lo mismo, permitiendo que los felipes segundos, fernandos séptimos o carreros se reciclan en rajoys, aznares o gallardones.

Pero la evolución, además de cooperación, necesita innovar, mejorar, avanzar. Lo que podían hacer para respetar la memoria de Adolfo Suarez, en lugar de tanta lágrima de cocodrilo,es aprender de él. Tras la muerte del dictador, buena parte de la sociedad española se hubiera plegado auna democracia tutelada como estaba previsto. La opción arriesgada de homologación con las democracias europeas fue algo que consiguió Suarez en contra de los que le dieron la espalda, confirmando, otra vez, lo que decía Jonathan Swift: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio puede reconocerse por este signo: todos los necios se conjuran contra él”. Aquellos desapegos descifran a las claras el grado de lealtad de los que ahora lo ensalzan.

Algunosque presumían de tradición republicana se conforman hoy con la monarquía parlamentaria y con la jerarquía católica como referencia, sin atreverse a apostar por laicismo y república. En lugar de acomodarse en la política deberían honrar a los constitucionalistas que dieron la vida por la democracia y regenerar el régimen que truncó el golpe fascista. Cada generación es responsable de su futuro. La nuestra no trajo la democracia, pero peleó por evitar la de Arias y similares. Pagado el peaje realista con creces, procede reivindicarla República, ya que no supone fantasía alguna exigir que lo que es de todos se gobierne por líderes elegidos entre todos. El mantenimiento de la tutela monárquica es un anacronismo que si no viniera impuesto por el dictador sería malo, pero viniendo de donde viene resulta perverso. Tiempo es de estimular el instinto cooperativo, esa condición que nos hizo sociables y que viene impresa en la materia de la que estamos hechos. Tiempo de restablecer la República.

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