Jubileo, por Salvador Perán

Carta a sus amigos de confianza con motivo de su jubilación de Salvador Perán, profesor de la Facultad de Medicina de la UMA e investigador bioquímico.

 

Siendo algo más de las quince horas del treinta de septiembre de dos mil catorce, el que suscribe entra a formar parte de las clases pasivas. Esta mañana he estado en la Facultad para firmar mi última acta pero no ha podido ser porque ya me habían borrado de nómina. Esto me ha hecho recordar una anécdota de un tío abuelo mío, muy rico, muy tacaño y sin hijos. Su única heredera era mi madre que, efectivamente, se quedó con la fortuna del tito Cristóbal, el cual era un cicatero que no tenía nada que envidiar al mercader de Venecia o a otros avaros de fuste. No me consta que fuera usurero y se conformaba con ahorrar. Otro pariente ricacho, pero con descendencia, le decía: Cristóbal ¿por qué no disfrutas de la vida y gastas lo que tienes en lugar de guardarlo? Mira que cuando te mueras todos tus dineros irán a parar a los sobrinos que se lo gastarán sin miramiento. Él, sin inmutarse, contestaba: “por mucho que vayan ellos a disfrutar gastándoselo, más disfruto yo ahorrando”. Eso mismo les digo a los funcionarios que me han borrado unas horas antes de tiempo: por muchas ganas que tuvieran ellos de que me fuera, más tenía yo de irme.

Así que entro, por la puerta principal, al camino que conduce a la laguna Estigia donde espero ahogarme (cuanto más tarde mejor) cantando la oda a la alegría.

Salud y República.

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