La biodiversidad, un capital natural que no podemos dilapidar (II)

La incorporación de ambos términos (bienes y servicios) en uno solo («servicios ecosistémicos») alcanza su formalización definitiva en el marco de la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (EEM) que los defi ne como los beneficios que el ser humano obtiene de los ecosistemas.
La EEM clasifica los servicios ecosistémicos en las categorías siguientes:
a) Servicios de soporte,
b) Servicios de abastecimiento o provisión,
c) Servicios de regulación y
d) Servicios culturales

Los servicios de soporte representan los procesos básicos del funcionamiento de los ecosistemas (producción primaria, reciclado de materia, procesos de formación de suelos, etc), por lo que, de hecho, están en la base de las
restantes categorías. Los servicios de abastecimiento o provisión son los anteriormente conocidos como “bienes” de
los ecosistemas: producción de alimento, agua potable, hidrocarburos fósiles, materiales, plantas medicinales, etc.
Los servicios de regulación se relacionan con los procesos ecológicos que regulan la estructura y dinámica de la
biosfera haciéndola adecuada para la persistencia de la vida en general y de la especie humana en particular: regulación
del clima (por ejemplo a través de la absorción de CO2 atmosférico por los océanos), regulación hídrica y procesos naturales de depuración de aguas, ciclos biogeoquímicos, polinización, control natural de plagas, dispersión y secuestro de contaminantes, etc. Finalmente, los servicios culturales representan todos aquellos beneficios inmateriales que los ecosistemas brindan a la sociedad humana: conocimiento, valores estéticos, recreativos, educativos, culturales, etc.
humedales

La “Evaluación de Ecosistemas del Milenio”
Dentro del proceso de seguimiento de consecución de los Objetivos del Milenio, la denominada “Evaluación de Ecosistemas del Milenio” (EEM)
surge del reconocimiento de que, a pesar de los fuertes avances en el conocimiento científico sobre la estructura, funcionamiento, dinámica y estado de conservación de muchos tipos de ecosistemas y de la biodiversidad que albergan, los resultados obtenidos no tienen la repercusión y peso deseables en los debates políticos y en la toma de decisiones relacionadas con este problema. La conclusión alcanzada por la comunidad científica y las organizaciones conservacionistas hace necesario extender el discurso sobre la necesidad de proteger la biodiversidad a la explícita identifi cación de los estrechos vínculos existentes entre el estado de los sistemas naturales y el bienestar humano en todas sus facetas. Dicho de otro modo, se hace necesario poner el énfasis en los servicios que los ecosistemas brindan a la sociedad.

Como se expresaba al principio de este artículo, la especie humana, aunque ha conseguido un cierto grado de defensa frente a los cambios ambientales gracias a la cultura y la tecnología, sigue siendo fundamentalmente dependiente del fl ujo de servicios proporcionado por los ecosistemas. La EEM, iniciativa en la que participan las principales organizaciones mundiales de carácter filantrópico, se desarrolló entre 2001 y 2005 bajo la iniciativa del Plan de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), con el objetivo de evaluar las consecuencias que los cambios que están teniendo lugar en los ecosistemas tienen sobre la calidad de vida de la humanidad y, consecuentemente, establecer las bases científicas para la conservación y uso sostenible de los ecosistemas y de su capacidad para contribuir al bienestar de la sociedad humana.
La EEM se apoya en las relaciones entre ecosistemas y bienestar humano, particularmente a través de los servicios ecosistémicos, y trata el rango completo de ecosistemas desde los más naturales (p.e. un bosque remoto) pasando por aquellos caracterizados por una trama de áreas relativamente naturales y modificadas (un paisaje con parcelas agrícolas separadas por manchas de bosque) hasta aquellos modificados intensamente por el hombre, como son los sistemas agrícolas y urbanos. La EEM identifica los servicios ecosistémicos como los beneficios que el hombre obtiene de los ecosistemas, incluyendo los tipos de servicios anteriormente descritos. El bienestar humano tiene, así mismo, varios componentes que incluyen la cobertura de las necesidades básicas, las condiciones para una vida sana en un ambiente sano, las condiciones de seguridad, las relaciones sociales y, finalmente y dependiendo de todos estos elementos, la libertad de elección y acción o, dicho de otra forma, la oportunidad de alcanzar lo que el individuo quiere ser y hacer. A su vez, la libertad de elección y acción es también condición necesaria para alcanzar varios de los otros componentes.
El marco conceptual de la EEM contempla a la población humana como parte integral de los ecosistemas. Factores sociales, económicos y culturales implican cambios en la población humana que, a su vez, provocan, directa e indirectamente, cambios en los ecosistemas que, finalmente, acaban afectando al bienestar humano. En esta visión holística de las relaciones entre sociedad y naturaleza se impone el concepto de “sistema socio-ecológico” como unidad de acción para entender cómo la actividad humana afecta al capital natural y al flujo de servicios de los ecosistemas. Es necesario hacer notar que la EEM no se limita a considerar aquellas presiones sobre los ecosistemas que pueden afectar al bienestar humano sino que reconoce el valor intrínseco de las especies y los ecosistemas (es decir, aquel que poseen en sí mismo, independientemente de su utilidad para la especie humana).

Los resultados de la EEM muestran cómo cerca de las dos terceras partes de los servicios de los ecosistemas evaluados estarían decreciendo a nivel mundial, evidenciando que nuestro crecimiento en el estado de bienestar se ha hecho a costa de una reducción significativa del capital natural del planeta, o lo que es lo mismo, que nuestra sociedad está gastando más de lo que posee y reduciendo, con ello, la capacidad de la Tierra para
sustentar a las futuras generaciones.
Las respuestas políticas ante el problema son muchas: un ejemplo significativo es las creación, dentro del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, de una Plataforma Científico-Política Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), una organización al estilo del IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático), centrada en este caso en la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas. Actualmente son también muchos los países y comunidades que han trasladado, a su escala, un programa de “evaluación de ecosistemas”, entre ellos España y, más recientemente, Andalucía.

Todo proceso de evaluación requiere una fase de valoración de las diferentes alternativas con el objeto de seleccionar aquella más ventajosa en el marco de un análisis “coste-benefi cio”. Una de las polémicas más interesantes en el contexto de la Evaluación de Ecosistemas se refiere a la valoración de los servicios ecosistémicos. La pregunta sería, a modo de ejemplo ¿Se puede dar un valor de mercado a la biodiversidad de un particular ecosistema, o al servicio de regulación hídrica que realiza la cubierta vegetal de una cuenca fl uvial? Los estudiosos de los servicios ecosistémicos se mueven entre las dos connotaciones que tiene el concepto de “valor”: “valor de uso” o “valor de cambio”. En el primer caso
se trata de valorar el grado de utilidad o aptitud que poseen los servicios para satisfacer una necesidad o proporcionar bienestar. En el segundo caso se trata de la cualidad de los servicios cuyo uso se traduce en un valor monetario o equivalente.
En el contexto de la denominada Economía Ambiental, la valoración económica de los servicios ecosistémicos se ha traducido en ejercicios altamente
especulativos que han llegado al extremo de asignar valores concretos de mercado a ecosistemas completos y servicios ecosistémicos, considerados estos como simples externalidades. Por otro lado, la Economía Ecológica asume que no existen externalidades y la asignación de un valor económico total a los servicios de los ecosistemas no es más que un artefacto contable. La valoración monetaria de los servicios ecosistémicos, independientemente de la dificultad y complejidad de su obtención, lleva aparejada un riesgo, y es que resulte desviada hacia los servicios más fácilmente cuantificables y no necesariamente hacia los más relevantes o críticos. Por otra parte, es necesario no caer en una visión absolutamente economicista de la naturaleza, reconociendo el valor intrínseco de las especies y los ecosistemas, es decir, el que poseen independientemente de su
utilidad para el ser humano. De otra forma, la conservación de la biodiversidad podría convertirse en una decisión derivada de un balance económico entre el coste que implica su conservación y los potenciales benefi cios derivados de ésta.

La EEM en España y Andalucía
La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio de España es un proyecto interdisciplinar impulsado por la Fundación Biodiversidad (Ministerio de
Medio Ambiente Rural y Marino) que pretende proporcionar información, validada científicamente, para que políticos, gestores, sector privado y público en general sean conscientes de la estrecha relación que existe entre la conservación de los ecosistemas españoles y el bienestar de su población. En último término el proyecto aspira a que sus resultados justifiquen la necesidad de considerar la capacidad de los ecosistemas y de la
biodiversidad que albergan para generar servicios en la toma decisiones en los muy diferentes ámbitos de la política territorial. Recientemente, la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía ha iniciado un proceso equivalente a escala regional. A ambas escalas (estatal y autonómica), los objetivos particulares del proyecto son:

1.Difundir en nuestro país las conclusiones más importantes del Programa de Naciones Unidas de Evaluación de los Ecosistemas del Milenio
2. Identificar y definir en términos socioecológicos el capital natural crítico de España caracterizando y estimando los impulsores indirectos y directos de cambio y su relación con el flujo de servicios que éste presta a la sociedad.
3. Generar herramientas y modelos para la toma de decisiones relacionadas con la planificación y gestión integrada del territorio conceptuado como un sistema socioeológico.
4. Identificar opciones de respuesta para alcanzar objetivos de desarrollo humano y sostenibilidad ambiental.
5. Ayudar a construir capacidad de planificación y prevención de individuos e instituciones en un mundo cambiante así como proponer opciones de respuesta frente al riesgo y la degradación ambiental.

Sin menoscabo de las respuestas tradicionales que la administración viene dando a los problemas ambientales que implican pérdida de biodiversidad (normativa legal, establecimiento de espacios naturales protegidos, programas de educación ambiental, etc), la Evaluación de Ecosistemas del Milenio debería contribuir a difundir, en un marco integrador y holístico, la relevancia de las relaciones entre actividades humanas,
flujo de servicios ecosistémicos e integridad del capital natural que representan los ecosistemas y la biodiversidad que los caracteriza.

Jaime Rodríguez Martínez
Catedrático de Ecología, Universidad de Málaga. Ex-Coordinador del Área de Biología de Organismos y Sistemas de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva.

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