LA CULTURA EN LA TRANSVERSALIDAD DEL PROYECTO DE LA CIUDAD. UNA OPORTUNIDAD ÚNICA

Teatro_Cervantes_MálagaEs una gran oportunidad. Es una oportunidad única. Y así lo perciben dieciséis ciudades españolas que han considerado presentar su candidatura a la Capitalidad Europea de la Cultura 2016.

Es un momento histórico el que ofrece el marco de oportunidades estratégicas para que una ciudad, en la iniciativa de presentar su candidatura a Capital Europea de la Cultura 2016, acometa un plan de transformación económica, social y urbana, tomando a la cultura como factor transversal.
La mayoría de las ciudades que han manifestado su deseo de presentar candidatura trabajan planes de desarrollo con orientación estratégica, algunas de éstas incluso disponen de un plan estratégico de cultura, e incluso alguna de ellas ha elaborado un plan estratégico cultural al hilo de su candidatura a Capital Europea de la Cultura 2016.
Varias de estas ciudades tienen la declaración de Ciudad Patrimonio de la Humanidad. En lo cultural, todas disponen de una dotación de infraestructuras y equipamientos culturales bastante ajustados a sus necesidades. Sus ofertas de productos y servicios culturales son muy similares entre ellas; buscando cada una la singularidad en su oferta cultural, con algún evento de dimensión nacional o internacional. En relación con el consumo y hábitos culturales existen sensibles diferencias entre las diferentes comunidades autónomas a las que pertenecen estas ciudades; basta consultar la “Encuesta de hábitos y prácticas culturales en España. 2006-2007” del Ministerio de Cultura.
Podemos considerar que el conjunto de las ciudades que presentarán sus candidaturas disponen de una vida cultural muy similar, en cuanto a creación, oferta y consumo cultural, es el patrimonio histórico monumental existente en ellas lo que puede establecer diferencias. Pero no siendo el patrimonio histórico monumental cuestión decisiva para conseguir la nominación, es el contenido del proyecto de la candidatura el elemento clave para conseguir la misma. Es en los fines, objetivos, planes y programas que las ciudades contemplen en sus proyectos de candidatura -teniendo a la cultura como elemento transversal, y con una real y activa participación ciudadana desde la base en la elaboración del proyecto-, donde las mismas se van a jugar el obtener su propuesta de designación, por parte del comité de expertos designados por la Unión Europea y por el Ministerio de Cultura de nuestro país.
Sir Robert Scout, presidente de la Comité de Expertos que elegirá a las dos Capitales Europeas de la Cultura para el año 2016 (una española y otra polaca), en una entrevista reciente sobre a los contenidos del proyecto de candidatura que presenten las ciudades, dice: “Esperamos que las ciudades sean lo suficientemente ingeniosas como para sorprendernos sin que les demos pautas”. … “Estaremos muy atentos a la innovación, a las propuestas más originales y sorprendentes”. En otro sentido, en cuanto a la participación ciudadana en la elaboración del proyecto de la candidatura, dice: “Lo que perseguimos son evidencias de que la gente participa activamente de este proyecto cultural”.
Es muy importante no perder de vista que lo que se examinará será el proyecto de candidatura que presente la ciudad, no se va a examinar a la ciudad. Por ello tiene una importancia relativa lo que la ciudad ha sido o lo que es la ciudad, lo importante es lo que la ciudad desea ser, su proyecto de desarrollo cultural futuro: lo que la ciudad plasme en su proyecto de candidatura para el medio y largo plazo. Esto sólo es posible materializarlo en un proyecto que se haya elaborado con la participación activa de las instituciones, entidades, empresas y ciudadanos; esta es una de las claves del proyecto de la candidatura, lo que hace del proyecto de candidatura un documento creíble y una acción sostenible en el medio y largo plazo.
Así lo plantearon ciudades como Liverpool CEC 2008, Linz CEC 2009 y Essen CEC 2010. Liverpool, ciudad de extremos, con grandes equipamientos culturales y barrios de alta pobreza, ante el declive de su industria, planteó su proyecto de candidatura como un profundo plan de transformación y regeneración urbana. Linz presentó su proyecto de candidatura con el objetivo de cambio para la ciudad, para pasar de una economía industrial a una ciudad cultural de alta tecnología. Essen planteó su proyecto de candidatura como medio para regenerar, a través de la cultura, el amplio ámbito de la Cuenca del Ruhr, abandonado de la actividad minera e industrial, para darle nueva vida con orientación hacia la cultura y el turismo.
Para las ciudades candidatas es el momento de aprovechar las extraordinarias oportunidades estratégicas que el momento de la designación de la Capital Europea de la Cultura les brinda. La cultura está presente en todas las políticas de desarrollo económico y social de la Unión Europea, del Estado Español y de las Comunidades Autónomas de nuestro país.
El Tratado de Lisboa, la Agenda Europea de la Cultura, la Estrategia 2020, o el Libro Verde de las Industrias Culturales son documentos que contemplan a la cultura como factor fundamental para el desarrollo de una nueva economía, para la cohesión social y para la reafirmación de la identidad europea.
El Tratado de Lisboa, en el artículo 167, en su primer apartado, se establecen tres mandatos: “contribuir al florecimiento de las culturas de los Estados miembros, respetar la diversidad cultural nacional y regional y poner de relieve el patrimonio cultural común”; en el segundo apartado se indica el compromiso de: “favorecer la cooperación entre los Estados miembros” y “si fuere necesario, apoyará y completará la acción de éstos”; en el tercer apartado la Unión Europea invita a los Estados miembros a fomentar “la cooperación con los países terceros y con las organizaciones internacionales competentes en el ámbito de la cultura, especialmente con el Consejo de Europa”; en el cuarto apartado se subraya el carácter transversal de la cultura en relación con otras acciones comunitarias, la finalidad de este apartado es que en la legislación comunitaria se tengan en cuenta la cultura de forma trasversal. Esta es una cuestión que se ha convertido en un elemento clave en la acción cultural de la Unión Europea.
La Comisión Europea impulsa la “Estrategia UE 2020”, un plan que ayudará a la UE a salir fortalecidos de la crisis y a posicionarla como una economía inteligente, sostenible e integradora, con altos niveles de empleo, productividad y cohesión social. Es una acción que apuesta por un crecimiento basado en el conocimiento, la potenciación del papel de los ciudadanos en las sociedades inclusivas, y por una economía competitiva respetuosa con el medio ambiente.
El Consejo de la Unión Europea, mediante resolución de 16 de noviembre de 2007, estableció el compromiso de los Estados Miembros de acoger la Agenda Europea de la Cultura. En esta Agenda se consolida el papel transversal de la cultura, asumiendo como objetivos estratégicos: la promoción de la diversidad cultural y el diálogo intercultural; la promoción de la cultura como catalizador para la creatividad en el marco de la Estrategia de Lisboa para el Crecimiento, el Empleo, la Innovación y la Competitividad, y la promoción de la cultura como elemento vital en las relaciones internacionales de la Unión.
La Comisión Europea, en el pasado mes de abril, presentó el Libro Verde de las Industrias Culturales, que tiene como objetivo abrir un debate sobre las condiciones necesarias para establecer entornos creativos que fomenten las industrias culturales y creativas en la Unión Europea. En la reorientación que está teniendo la industria tradicional, fruto de la aparición de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, las factorías pasan a ser comunidades creativas que utilizan como materia prima la imaginación, la creación y la innovación.
Estas nuevas industrias presentan un gran potencial para el crecimiento económico y por tanto para la creación de empleo. El sector de las industrias culturales y creativas contribuye a aproximadamente el 2,6 % del PIB de la Unión Europea, dando empleo a casi 5 millones de personas en la Europa de los 27. La Agenda Europea de la Cultura reconoció la importancia de las industrias culturales en lo que significaba la Estrategia de Lisboa y en especial en la necesidad de reforzar su potencial por lo que representa para el tejido empresarial de las PYMEs.
Las industrias culturales y creativas tienen su nacimiento y desarrollo natural a nivel local, si bien sus servicios y productos tiene un alcance global; de ahí la importancia de disponer, desde los ámbitos locales interesados, las condiciones para facilitar la movilidad de los creadores y profesionales de la cultura, desde cualquier lugar del mundo hacia el ámbito local de interés y viceversa, así como las de crear las condiciones que hagan atractiva y fructífera, desde el punto de vista de la creación, la residencia en estos entornos locales de los creadores y profesionales de la cultura.
El Ministerio de Cultura Español y la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, para el caso de nuestra comunidad, también apuestan decididamente por las industrias culturales y creativas, proponiendo una consideración de la cultura que penetre transversalmente el conjunto de las políticas que se diseñan desde los gobiernos correspondientes, estableciendo líneas de actuación específicas, con ayudas e incentivos, como el fomento de la creación, el apoyo a los creadores y emprendedores culturales y las ferias comerciales.
Algunos datos estadísticos sobre la dimensión del sector de las industrias culturales en España y en Andalucía nos muestran la importancia que estas industrias tiene en la creación de riqueza y en la generación de empleo. La Cuenta Satélite de la Cultura en España, para el período 2000-2007 nos aporta el dato de la contribución de las actividades culturales vinculadas con la propiedad intelectual al VAB, resultando un porcentaje sobre el total nacional del 4,2%, y una media anual de unos 600.000 puestos de trabajo. La Cuenta Satélite de la Cultura en Andalucía, correspondiente al año 2005, nos indica que el sector cultural aporta el 3,3% del total del VAB generado por la economía de Andalucía, con 45.496 empresas y 113.729 puestos de trabajo.
El momento es único para que las ciudades españolas presenten sus proyectos de candidaturas a ser elegida Capital Europea de la Cultura 2016. Es a los Ayuntamientos de las ciudades candidatas a los que les corresponde acometer el reto de apostar decididamente con proyectos ganadores, liderando los mismos con convicción y firmeza y poniendo todos los medios y recursos necesarios a disposición de éstos. Los Gobiernos Municipales de las ciudades candidatas deberían implicarse plenamente, creando comisiones especiales, con el cometido de coordinación entre las diferentes delegaciones municipales para que las mismas, en sus acciones, tengan en consideración el apoyo decidido y permanente al proyecto de la candidatura; así como creando consejos sectoriales municipales de cultura, en el que se integren todas las instituciones y entidades de carácter cultural, existentes en sus municipios, constituyendo el mismo el ámbito natural para la participación, en el que se intercambie información, se propicie el debate y se canalicen propuestas por las instituciones y entidades culturales locales, en relación con los temas y asuntos de interés cultural.
El proyecto de la ciudad candidata tiene que ser ambicioso, transformador de la ciudad, apoyado en la identidad cultural local, inmerso en la creatividad, cruzado por la imaginación, y con la mirada permanentemente en la innovación. Ha de ser un proyecto sostenible en lo entendido por Jon Hawkes en su modelo donde la cultura cuadra el triángulo del desarrollo sostenible.
El concepto desarrollo sostenible responde a lo definido en el llamado Informe Brundtland, titulado “Nuestro futuro común” (1987), “un desarrollo que responda a las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras”; un desarrollo sostenible fundamentado en tres pilares: el crecimiento económico, el equilibrio ecológico y el progreso social. La consideración, en el mundo académico y político, de estrechas relaciones entre la cultura y la sostenibilidad ha abierto la opción de contemplar a la cultura como el cuarto pilar de la sostenibilidad. En palabras de Jon Hawkes el progreso hacia una sociedad culturalmente sostenible se alcanza de una forma más efectiva si la vitalidad cultural se incluye como uno de los requerimientos básicos. La cultura como el cuarto pilar de la sostenibilidad orienta a la cultura en la consideración de una acción que fomenta la creatividad, acepta la diversidad cultural como una riqueza y promueve la conservación y difusión del patrimonio cultural local, con el fin de colaborar al desarrollo económico y social.
Málaga dispone de un II Plan Estratégico elaborado en el año 2006, con horizonte temporal al 2010 y proyección hasta el año 2015. La misión y visión que el Plan tenía para Málaga era la de una “metrópolis que mira al mar, la Málaga de Picasso, cultural y atractiva, en la vanguardia de la nueva sociedad del conocimiento, en definitiva, una ciudad renovada, para sus ciudadanos y visitantes”.
El II Plan Estratégico de Málaga se orientaba en cuatro líneas estratégicas para plantear la Málaga del futuro: “Málaga ciudad litoral”, “Málaga ciudad de la cultura”, “Málaga ciudad del conocimiento, y “Málaga revitalización urbana”. La visión que hacía el Plan, en el año 2006, para la Málaga del 2010, en lo referente a la línea estratégica “Málaga ciudad de la cultura”, con el título “La cultura, núcleo de desarrollo social y económico”, era la siguiente… “la ciudadanía disfruta de un tejido cultural de calidad, participando e implicándose activamente en él, generando un entramado cultural que impregna toda la ciudad”. … “Se apuesta por una industria cultural que aprovecha todos los recursos endógenos de la ciudad en una estrategia integral…”.
Si la visión que se proyectaba, en el año 2006, para la Málaga de 2010 se hubiera hecho realidad, hoy nuestra ciudad podría, con solvencia cultural, presentar su candidatura a la Capitalidad Europea de la Cultura 2016. No es así, pero hemos de mantener nuestros sueños, y haciendo nuestra la frase de Eleanor Roosevelt, que se insertaba en el frontispicio del libro del Plan, “El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”, deseamos seguir soñando y apostar en estos momentos por una Málaga inmersa en cultura: que cree cultura, oferte cultura y consuma cultura, y por ello su desarrollo social y económico debería tener como clave fundamental a la cultura.
El marco de oportunidades estratégicas es muy favorable, como se ha apuntado más arriba, para acometer un proyecto de transformación de Málaga, teniendo al factor cultura como clave transversal. La creación, el pasado día 6 de mayo, de la Fundación Málaga Ciudad Cultural, aunque con retraso en el calendario para gestionar el proyecto de la candidatura, ha venido a constituir una fortaleza estratégica de primer orden para el mismo, al margen del conjunto de otras fortalezas de infraestructuras, equipamientos y bondades que la ciudad puede exhibir.
La creación de la Fundación representa la clave central en la apuesta para poder desarrollar el proyecto cultural deseado para Málaga, su área metropolitana y la provincia. La Fundación está impulsada, como se sabe, por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, la Diputación Provincial de Málaga, el Ayuntamiento de Málaga y la Universidad de Málaga. Tiene un ámbito de actuación en Málaga ciudad y su provincia, de una manera especial, y en Andalucía de manera general, y deseos de realizar actuaciones puntuales en España y Europa. En sus fines se contempla desarrollar proyectos culturales que permitan la cooperación europea, el apoyo al desarrollo de la creación individual y colectiva, la promoción para la movilización y participación de la ciudadanía en los proyectos culturales, y la disposición a la colaboración con las instituciones y entidades del ámbito cultural.
La Fundación por su potencial de representatividad, es la organización ideal para gestionar el proyecto de la candidatura. Un proyecto que a nadie se le escapa debe tener dimensión provincial, partiendo de la consideración de Málaga como capital metropolitana, que deberá contar con la participación de las instituciones, entidades, empresas y ciudadanos en general, y que resulte el mejor de entre los presentados por las otras ciudades candidatas.
El momento para Málaga de ser elegida Capital Europea de la Cultura 2016 es único y los beneficios que obtendría la ciudad serían extraordinarios, en términos económicos, sociales y culturales. Las oportunidades estratégicas son de lo más favorables, tanto en el ámbito europeo, nacional y de la comunidad autónoma y las fortalezas digamos que similares a las otras ciudades candidatas, es en el proyecto en el que nos la jugamos. El proyecto de la candidatura de Málaga es fundamental, tiene que estar lleno de imaginación e ingenio, ser original y sorprendente en sus planteamientos y ambiciones, participado por la ciudad, sostenible y con horizonte de desarrollo a largo plazo.
La oportunidad es única y sería muy importante contar con el liderazgo decidido y comprometido del Ayuntamiento de Málaga, con el Alcalde a la cabeza presentando y defendiendo la candidatura en todos los ámbitos y especialmente en aquellos donde se resuelva la decisión de la designación de la Capital Europea de la Cultura 2016.

Carlos de Mesa Ruiz
Vocal de Participación Ciudadana del Ateneo
Coordinador del Foro de Opinión Ciudadana:
Málaga ante la Candidatura a Capital Europea de la Cultura 2016

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