La deuda, por Juan López Cohard

Publicado en El Mundo el 21/01/2015

Uno de los rasgos esenciales de las crisis económicas es la continua permanencia en la mente de todos, en su incidencia sobre nuestra vida y en la persistente reiteración del término. Señalaba Fuentes Quintana que nadie permanecía ajeno a ella, porque todo lo domina, y que una sociedad que ignora los factores que la producen está condenada a seguir padeciéndola. De ahí la importancia de explicar con honestidad y claridad sus consecuencias, así como las posibles medidas que se pueden tomar para afrontarla.

De las causas que han ocasionado la larga crisis que padecemos ya ha corrido mucha tinta; pero continúa siendo tema de debate, especialmente ahora que entramos en un año de elecciones, la deuda pública y privada que pesa sobre los españoles, sus efectos sobre el crecimiento y su forma de afrontarla. No dejan de, cuando menos extrañarme, las palabras del Decano de la Facultad de Económicas de la UMA, Eugenio Luque, admitiendo que la deuda española es inasumible, impagarla no, pero reestructurarla sí. Y digo que me extrañan sus palabras porque, si como él dice, no pagar la deuda tendría consecuencias desastrosas para nuestro país, reestructurarla también tendría unas consecuencias más perjudiciales que beneficiosas. Reestructurar la deuda significa llegar a acuerdos para aplazarla, lo que significaría alargar el problema en el tiempo cargándoselo a más generaciones futuras, o acudir a “quitas”, lo que, aparte de no ser fácil de conseguir de los acreedores, nos llevaría a la lista de “malos pagadores” dificultando nuestras posibilidades de obtener créditos en los mercados financieros.

Siendo de grandísima importancia la deuda pública -la privada está decreciendo- no es el problema fundamental. La verdadera importancia es el factor que ha generado la deuda y puede seguir incrementándola: el déficit público. Cuando los ingresos del Estado son menores que los gastos necesarios de éste no queda más remedio que recurrir a la financiación, o sea, a pedir prestado a los inversores, ya sean bancos centrales o privados nacionales o internacionales, en definitiva al dinero de los ahorradores depositantes. La reestructuración de la deuda pública afectaría a éstos, ya que tendrían que reestructurar en la misma medida la recuperación de sus inversiones. La otra medida sería recurrir a una mayor recaudación vía impuestos, pero dada la dificultad de recaudar más a través de impuestos directos, el incremento impositivo, como ya hemos comprobado, habría de ser acudiendo a la (más injusta) subida de los indirectos, o sea, del IVA.

Póngase el punto de mira en que no existe razón económica alguna para que el déficit crezca, esto es, para que los gastos del Estado crezcan más que la producción total. La razón del crecimiento del gasto público por encima del incremento de la renta se encuentra en el dimensionamiento y funcionamiento de las instituciones.

Haga un comentario

*