La fantasía visionaria de Schulz

Por ANDRÉS HUESO

Bruno Schulz (1892 – 1942) es considerado uno de los escritores polacos más importantes del siglo XX, a pesar de que su obra literaria es muy escasa que se limita a dos volúmenes: Las  tiendas de canela (1934) y Sanatorio de la Clepsidra (1937). Actualmente es uno de los autores polacos más conocidos en el ámbito internacional. Sus obras se componen sobre la base de breves relatos, narrados en primera persona, centrados en la figura del padre del protagonista.

En su narrativa podemos observar un cierto gusto por lo onírico, se pueden percibir algunas influencias del surrealismo, expresionismo o del psicoanálisis freudiano. Un motivo recurrente en sus relatos es el miedo a la figura de la mujer, simbolizado en la sirvienta autoritaria, Adela.

El autor atribuye a situaciones y objetos cotidianos un significado mágico; el padre, Adela, los empleados de la tienda familiar y los habitantes de Drohobycz, su ciudad natal, se convierten en personajes de su propia mitología. Esa población adquiere un significado universal, parecido al que tenía Macondo en Cien años del soledad; un microcosmos, en el que se junta la sociedad tradicional y la nueva civilización de consumo. La problemática de su obra se centra en la condición humana en el mundo industrial y la pérdida de la individualidad del sujeto.

 

Vivió toda su vida en Drohobych, actualmente parte de Ucrania. Se ganaba la vida como profesor de dibujo en la escuela secundaria de su pueblo. Consideraba su labor como una misión, intentó acercar a sus alumnos los principales conceptos del arte, apoyaba a los jóvenes más relevantes. Sus artistas favoritos eran Zuloaga y El Greco. Aparte de su trabajo, era extremadamente solitario. Escribió los cuentos en el marco de la correspondencia con una amiga suya, Deborah Vogel, poeta y doctora en filosofía que vivía en el pueblo cercano de Lvov. Murió a los 50 años, el 19 de noviembre de 1942, a manos de la Gestapo.

 

La calle de los cocodrilos fue publicado en 1934, en una colección titulada originalmente Las tiendas de color canela. En este volumen se incluyen algunos de los relatos que tuvieron luego mayor trascendencia: como el que nos ocupa, Las tiendas de color canela (o de canela fina, según otras traducciones) y el Tratado de maniquíes. El volumen Sanatorio de la Clepsidra también está formado por relatos cortos, entre los que destacan Primavera y el que da título al volumen.

En 1992 Editorial Siruela publicó lo que probablemente sea la “edición completa” en español de su obra.

Bruno Schulz explicaba así su escritura en una carta a su amigo, artista, escritor y filósofo, Stanisław Witkiewicz:

«No sé cómo es que en la niñez llegamos a ciertas imágenes, imágenes de significancia crucial para nosotros. Son como filamentos dentro de una solución alrededor de la cual el sentido del mundo se cristaliza… Son significados que parecen estar predestinados para nosotros y estar esperándonos en el mismísimo comienzo de nuestra vida… Estas imágenes constituyen un programa, establecen el fondo fijo de capital de nuestra alma, que se nos es otorgado en intuiciones y sensaciones parcialmente conscientes. Me parece que el resto de nuestra vida se pasa en una interpretación de estas percepciones, en un intento de comprenderlas con la sabiduría que adquirimos, de pasarlas por el rango del intelecto que poseemos. Estas imágenes tempranas marcan las fronteras de la creatividad del artista. Su creatividad es una deducción de suposiciones ya hechas. No se puede descubrir nada nuevo. Sólo aprender al conocer más el secreto que le ha sido confiado a uno al principio. Su arte es una exégesis continua, un comentario sobre ese único verso que se le fue asignado. Pero el arte nunca desenredará ese secreto completamente. El secreto se mantiene irresoluble. El nudo en cual el alma fue atada no es un falso nudo que se desata con un truco. Al contrario, se hace más y más apretado. Intentamos desatarlo, trazamos el camino de sus cuerdas y de estas manipulaciones viene el arte…»

Dos de los relatos de Bruno Schulz han sido llevados al cine: El sanatorio de la clepsidra, en largometraje del mismo título, de Wojciech Has en 1973. Este cineasta ya había cobrado justa fama con su versión cinematográfica de El manuscrito encontrado en Zaragoza, magnífica obra ilustrada del también polaco Jan Potocky; a ambas obras, literaria y cinematográfica le dedicaron dos sesiones en la tertulia La Palabra Creadora del Ateneo de Málaga.

El segundo relato llevado al lenguaje cinematográfico es La calle de los cocodrilos, escrito en 1934, vertido al cine en un corto de animación, de título homónimo en inglés, del género stop motion, del que  Terry Gilliam considera como una de las diez mejores películas de animación de todos los tiempos y con el que los hermanos Quay se hicieron con el marchamo de artistas de culto.

La descripción de Stephen y Timothy Quay de lo narrado en su cortometraje dice: «En la exhibición dentro de un museo provincial hay una vieja máquina del Kinetoscope con un mapa que indica el distrito exacto de la calle de los cocodrilos. Al interior de este esófago de madera se encuentran las configuraciones internas y los mecanismos de Street of Crocodiles como una exposición cuasi-anatómica. La ofrenda anónima de la saliva humana por un cuidador de turno activa y libera el teatro ‘schulziano’ de la estasis en flujo permanente. El mito acecha las calles de esta zona parasitaria donde la ascensión mitológica de lo cotidiano es trazada por un intruso marginal que se enrosca a través de esta noche. No se puede llegar a ningún centro y la fútil persecución concluye en las habitaciones traseras más profundas de una tienda de sastre un poco dudosa.»

 

 

El interés de los Quay por la transformación de la materia, las marionetas, la textura y las tonalidades que utilizan en sus cortos recuerdan la estética de la prosa y grabados de Bruno Schulz. Comparten su fascinación por los pequeños objetos cotidianos, modestos, que pueden adquirir un significado simbólico, casi mágico. Los Quay admitieron en una entrevista que podrían dedicar el resto de su vida a rodar películas basadas en la prosa de Bruno Schulz. Película rodada con marionetas animadas fue, en su opinión, el medio más conveniente para traducir la obra de Schulz al lenguaje fílmico.

The Street of crocodriles está inspirada básicamente en el cuento que lleva el mismo título, pero también contiene elementos de los tres Tratados de maniquíes, que podemos observar en el propio uso de las marionetas, o en la presencia de los maniquíes que atienden al protagonista en la sastrería.

Aparte de leer y comentar unas notas sobre autor, texto y contexto, lógicamente más extensas que este resumen, en la sesión se leyó el propio relato La calle de los cocodrilos y se visionó el mencionado corto de los Quay Brothers.

El texto del relato puede encontrarse disponible en internet en varios sitios, como por ejemplo:
https://www.lashistorias.com.mx/index.php/archivo/la-calle-de-los-cocodrilos/

 

Por otra parte, el corto también puede verse en Youtube:
https://www.youtube.com/watch?v=rKzh6ZBVD_Y

 

Ciclo de la literatura al cine: La calle de los cocodrilos, de Bruno Schulz a The Quay Brothers, onirismo, surrealismo y expresionismo.

Tertulia La Palabra Creadora.
Vocalía Nuevas Líneas

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