La formación del docente

Con una licenciatura y un curso de adaptación pedagógica se ha accedido al oficio de profesor de secundaria, anteponiendo la instrucción a la educación en la etapa más compleja de la vida. No es de extrañar que el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, en la inauguración oficial del curso escolar 2010-2011, anunciase en Málaga un plan de formación permanente del profesorado en la línea de las medidas que el ministro de educación, Ángel Gabilondo, pretende impulsar para mejorar la calidad del sistema educativo español.
Los docentes en la enseñanza secundaria obligatoria y, en menor medida, en el tercer ciclo de primaria, como consecuencia de la escasa preparación profesional desde el punto de vista psicológico y pedagógico, eligen el camino más fácil para estimular el rendimiento académico: la amenaza del suspenso. Los procedimientos, elemento fundamental en la motivación, ya vienen en los libros de cualquier editorial, por lo que es fácil acomodarse, evitando el esfuerzo de programar de acuerdo con los intereses del alumnado.
Seguimos obsesionados con los contenidos cuando la clave es el dominio de las herramientas para acceder a ellos. ¿Por qué no enseñar el conflicto palestino o la Guerra del Congo donde han muerto cinco millones de personas por el control del cortan, mineral necesario en nuestro progreso tecnológico? O cualquiera de las treinta guerras que hay actualmente en el mundo. Son las de nuestro tiempo y por los mismos intereses de siempre: el poder económico y la hegemonía territorial. ¿No deberíamos enseñar en la enseñanza secundaria las verdaderas causas de la inmigración africana a Europa? Así comprenderían mejor por qué los herederos de la miseria en que dejamos a los países del Sur se juegan la vida dejando en el olvido millones de cadáveres bajo la arena del desierto o en el fondo del mar sin que esto suponga problema político para nadie.
En otro orden de cosas, el déficit de educación ciudadana tiene mucho que ver en esta forma de entender la participación colectiva en la construcción de la sociedad del bienestar. No hay suficiente información en los programas sobre los impuestos y la declaración de Hacienda, por lo que seguimos siendo un país de analfabetos contribuyentes. En agosto de 2010 los medios de comunicación informaron del resultado de una encuesta en la que el 43% de los españoles justificaba el fraude al fisco.
En cuanto a la evaluación del proceso de enseñanza aprendizaje, ¿cómo mejorarlo respetando los ritmos, las capacidades y la diversidad? Contenidos, procedimientos y evaluación son el reto de la escuela democrática, diversa y heterogénea, espacio para la cooperación, donde los niños, niñas y adolescentes deben desarrollar la capacidad de estructurar el conocimiento y la competencia de aplicarlo con sentido crítico a la vida cotidiana.
Por fin, se oye hablar de planes de formación permanente de los docentes y de pacto de Estado para que el sistema educativo no esté sometido a reformas continuas. Nunca es tarde.
La escuela necesita entrega y entusiasmo. Quienes se dedican a la educación no pueden permitirse el desánimo en los tiempos cambiantes que vivimos. Hay que educar para la democracia practicándola cada día en las aulas, descubrir metodologías que ayuden a quienes tienen dificultades de aprender por las razones que fueren. No son las calificaciones la solución para estimular el aprendizaje en las enseñanzas obligatorias. La alternativa pasa por la formación permanente del profesorado en el dominio de técnicas y estrategias didácticas que le faciliten el desarrollo de un trabajo más creativo e innovador.

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4 respuestas a "La formación del docente"

  • Susana González Márquez says:
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