La libertad voraz de Isabel Oyarzábal

 

Por ANDRÉS ARENAS

Se cumplen 140 años del nacimiento de la escritora malagueña

No se puede decir que corren malos tiempos para la escritora Isabel Oyarzábal, Isabel de Palencia o Beatriz Galindo (que de las tres formas firmaba), si pensamos que hace veinte años su figura era una perfecta desconocida en España. Hoy en día disponemos de una parte sustancial de su obra publicada, de un par de tesis sobre su biografía, de un documental realizado por Canal Sur que se ocupa de su retrato, de estudios sobre algunas de las muchas actividades que realizó a lo largo de su vida, y de una obra de teatro ya representada en Madrid en la que IO es la protagonista. Las razones de este desconocimiento son varias. Hasta 1974 el Gobierno de Franco se encargó de mantener silenciada su obra, además tres de sus obras más relevantes estaban escritas en inglés y aún no se habían traducido. La llegada de la democracia y el interés del feminismo por poner en valor las figuras de mujeres que habían descollado en su tarea profesional, han convertido a IO en un referente en la literatura del exilio y en una de las abanderadas del feminismo mejor estudiadas en Málaga y en el resto del país. Isabel Oyarzábal está de moda.

Isabel Oyarzábal Smith (Málaga, 1878 – Ciudad de México, 1974) fue actriz, periodista, diplomática y una gran defensora de la causa republicana. Tras ocupar cargos importantes durante la época republicana, recorrerá medio mundo dando conferencias, tratando de desenmascarar el régimen de Franco. Terminada la guerra, sufrirá el exilio como mucho de sus compatriotas, instalándose en México donde desarrollará una intensa labor literaria, destacando títulos como Hambre de libertad (2011), tal vez su mejor obra; Rescoldos de libertad (2016) y su novela En mi hambre mando yo (2005).

Este año de 2018 se cumplen ciento cuarenta años de su nacimiento en el número 31 de la calle Peligro, hoy correspondiente a Trinidad Grund. Seguro que este aniversario será una buena oportunidad para honrar  a esta gran mujer malagueña que fue la primera embajadora femenina en la historia de España. Hay que decir que nuestra ciudad no ha permanecido al margen de los homenajes justamente ofrecidos a su memoria. Buena prueba de ello es la sala Isabel Oyarzábal (antiguo salón de plenos de la Diputación) situada en el edificio de la Plaza de la Marina, que fue inaugurada hace siete años. Igualmente la Universidad se sumó a este reconocimiento dándole a su Aulario VI de la UMA el nombre de Isabel Oyarzábal, en la Facultad de Ciencias de la Comunicación.

En Málaga se gestó asimismo la publicación de su autobiografía, cuya primera parte nos da cuenta de su niñez cursando sus estudios en el colegio de la Asunción, de sus viajes a Gran Bretaña, de su noviazgo con Ceferino Palencia, de su dedicación al teatro, de sus comienzos en el periodismo, de su militancia en el feminismo, de su paso por Suecia como embajadora plenipotenciaria y finalmente del viaje a México acompañada de su familia. En la segunda parte de sus memorias se detallará su estancia en México hasta la década de los 70 en que Isabel Oyarzábal falleció y cuyos restos reposan en el Panteón de España, tras treinta y cuatro años de exilio.

Una curiosa circunstancia hizo que en marzo de 2007 mi colega Enrique Girón y yo visitásemos una exposición con el título de La mirada recuperada, memoria de mujeres malagueñas organizada por el Ayuntamiento de la ciudad. El comisario de la exposición, Víctor M. Heredia, nos fue enseñando cada una de las secciones de la muestra en la que se podían ver  las semblanzas de malagueñas que en su día habían conseguido superar convencionalismos y abierto camino a las generaciones futuras, constituyendo su trayectoria vital un esclarecedor testimonio de superación frente a las limitaciones y convencionalismos impuestos por la sociedad de entonces. Entre ellas figuraban María Zambrano y Victoria Kent, tal vez con Oyarzábal el trío femenino de más interés en el siglo XX. En la exposición mencionada pudimos hojear un libro que llevaba por título I Must Have Liberty de una tal Isabel de Palencia. El hecho de que estuviera escrito en inglés llamó poderosamente nuestra atención de traductores, así que, pasado algún tiempo, mi colega Enrique Girón y yo acabamos traduciendo al español sus dos libros de memorias y la biografía que le dedicó a su gran amiga Alejandra de Kollontai.

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