La Málaga de Gala

La Málaga de Gala

Diario SUR 21.03.14.  LA ROTONDA

PEDRO LUIS GÓMEZ |   unnamed (25) 

«He venido aquí a Málaga a decirle adiós a la vida». La frase de Antonio Gala ha de permanecer en la existencia de todos nosotros. Su frase, esa frase, maravillosa, espontánea y pensada a la vez, sentida y premeditada, salida del alma, entrará en la historia de Málaga y de sus citas célebres, como cuando Aleixandre la rebautizó como «ciudad del paraíso», o como cuando Manolo Alcántara la radiografiara en su pregón de la Semana Santa de Málaga. «He venido a Málaga a decirle adiós a la vida», y Málaga se revolvió en su tradicional indolencia y en su condición de madrastra, que lo es, para con sus hijos bien nacidos, para los que incluso sin ver la luz en el cielo azul Picasso se sienten identificados con la tierra de las culturas y de los mundos más allá de su propia historia.

La Málaga que ama Gala, la que quiere, la que admira, lo trató con indolencia, pero a su golpe de voz le responde. Hijo predilecto de la tierra a la que has venido a decirle adiós a la vida, qué hermoso, qué bello. Gala, el maestro, el genio de la literatura, ha entrado en la historia de Málaga con una cita para los restos de la vida. La Málaga que ama, la que eligió para vivir, es así de incontrolada, la misma que le da una calle a Pellegrini pero no a Gala, tierra de aspavientos y de falsos profetas, admiradora de mediocres, encumbradora de tibios, que sin embargo trata mal a quienes dan su vida por ella, porque dar la vida es venir a esta tierra a despedirse de ella y de la propia existencia.

Y la gente que estaba en el acto del Ateneo contuvo el aliento, sobrecogió su corazón y descubrió otra vez que esta tierra madrastra es enorme y seduce a todos, porque es así. «He venido a Málaga a decirle adiós a la vida», cuando en realidad debería decirle a Gala que Dios bendiga la vida, pero él, humilde, duro, directo, viene a decirle adiós a la vida en su tierra amada, la misma que adora tanta y tanta gente, pero que suele ser madrastra. Ya está bien.

El día que dejemos de dar nombres de calles a quienes no lo merecen y nos acordemos de los que eligen esta tierra para darle el adiós a la vida, ese día, en ese momento, está Málaga de nuestros amores habrá empezado a cambiar, y Picasso volverá a nacer, y Gala estará en su tierra amada, la que él eligió para despedirse de la vida. Porque Gala no vino a Málaga a decirle adiós a la vida, sino a vivir enteramente en Málaga. Te admiro, maestro. Desde las tierras de Moscú, emocionado, a mi Dios le pido que te otorgue la eternidad de la existencia.

Gala y yo

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