La mitología de lo cotidiano en Kai Savelsberg, por Antonio Abad

Desde Fautrier y Dubuffet hasta nuestros días, el interés por la materia, las texturas, y los materiales inusuales en la superficie del cuadro, ha venido tratándose como un elemento sobre el que actuar y no como un fondo ilusionista. Era como si la pintura al óleo no fuera suficientemente expresiva y se estuviera en la necesidad de recurrir a otros materiales poco apropiados para el trabajo artístico, pero con mayor capacidad de sugestión.

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El suelo en el que nos  encontramos, 140x 240 cm, técnica mixta / lienzo y  madera. 2014.

Toda la obra de Kai Savelsberg parte precisamente de esta consideración, como si la manipulación de la superficie del cuadro, del soporte, le sirviera para descubrir un nuevo aliento en el proceso creativo.

De este modo, periódicos viejos, arena, telas, gasas, maderas, pigmentos, y cualquier otro material susceptible de consideración plástica, se irán integrando en diversas capas sucesivas con un acentuado impulso del más puro expresionismo abstracto hasta configurar la base de la que irá emergiendo una serie de imágenes que responden a la plasmación de una iconografía envuelta por un cierto realismo crítico y angustia existencial.

El acoplamiento de estas dos realidades a lo largo de sus cuadros, abstracción y figuración, implica una nueva mirada no solo sobre el contenido de su obra sino también sobre los distintos aspectos del individualismo, la soledad y el comportamiento humano.

Podemos decir que aunque en el primer estadio de su creación el subconsciente es quien regirá cualquier espacio pictórico a partir una resolución ostensiblemente informalista, a continuación Kai Savelsberg nos propone un arte de testimonio para mostrar al hombre/mujer actual en sus circunstancias más diversas.

Estamos, pues, ante una pintura, que independientemente de su tratamiento formal, nos presenta una mitología de lo cotidiano. Sus personajes, sin rasgos individuales muchos de ellos por la profusión de siluetas, y aprovechando algunos recursos de la fotografía y del cine, se debaten dentro de un dramatismo expresivo con figuras y escenas que nos invitan al reconocimiento y la identificación de un espejo que nos devuelve la imagen de todo aquello que representa la coexistencia en esta sociedad que nos ha tocado vivir.

De algún modo se trata de un arte de testimonio, de una figuración con un fuerte carácter narrativo como si el artista, en algún momento, no quisiera hacer ninguna distinción entre lo que es pintura y lo que es poesía debido a que su espíritu literario todo lo impregna.

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